58 – Pedir la bendición: una imagen vale más que mil palabras, ciertos gestos más que un documento…

Con razón se dice que una imagen vale más que mil palabras. Por eso, el elocuente mensaje mudo que nos envían ciertos gestos merece muchas veces nuestra atención tanto como ciertas declaraciones o documentos, a fortiori en la persona de aquel que tiene ex officio la misión de representar a Jesucristo, de ser su Vicario en la tierra. Para comprender mejor lo que nos “dicen” las imágenes que acompañan esta entrada, puede ayudarnos recordar algo de la doctrina de la Iglesia acerca de la bendición.

Según el Catecismo es un sacramental, “una alabanza de Dios y oración para obtener sus dones” (n. 1671). Algunas bendiciones más solemnes están reservadas a los obispos, otras corresponden a los sacerdotes y otras a los diáconos, en cuanto “administradores de los misterios de Dios” (1 Cor 4, 1). También a los fieles, en virtud del sacerdocio común recibido en el bautismo, les corresponden algunas bendiciones específicas como, por ejemplo, las que tradicionalmente dan los padres a sus hijos.

Algunas “bendiciones”, sin embargo, causan inquietud… ¿Es válida la bendición dada por un hereje? ¿Es lícito pedírsela? ¿Qué significado tiene un gesto así? El Magisterio, los Padres y los Doctores nos responden con la precisión acostumbrada.

Francisco

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Como cardenal, siendo bendecido por Evangelicos en el Luna Park. 19 de junio de 2006. Buenos Aires. Argentina.

Con el Patriarca Bartolomé I, de la Iglesia Ortodoxa de Constantinopla. Pide su bendición sobre él y sobre “toda la Iglesia de Roma”. 29 de noviembre de 2014.

Enseñanzas del Magisterio

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ContenidoAutores
 

I – ¿Es válida la bendición de un hereje?
II – ¿Es lícito pedirla?

I – ¿Es válida la bendición de un hereje?

 Catecismo de la Iglesia Católica

La bendición es concedida por intercesión de la Iglesia

Entre los sacramentales, las bendiciones ocupan un lugar importante. Comprenden a la vez la alabanza de Dios por sus obras y sus dones, y la intercesión de la Iglesia para que los hombres puedan hacer uso de los dones de Dios según el espíritu de los Evangelios. (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1678)

Pío XII

Recibe su eficacia de la Iglesia en cuanto obra en unión con su Cabeza

La eficacia, cuando se trata del sacrificio eucarístico y de los sacramentos, proviene ante todo del valor de la acción sacramental en sí misma (ex opere operato); […] cuando se trata de los sacramentales y de otros ritos instituidos por la jerarquía eclesiástica, entonces la eficacia se deriva más bien de la acción de la Iglesia (ex opere operantis Ecclesiae), en cuanto es santa y obra siempre en íntima unión con su Cabeza. (Denzinger-Hünermann 3844. Pío XII, Encíclica Mediator Dei, n. 40, 20 de noviembre de 1947)

Código de Derecho Canónico

Se prohíbe al excomulgado celebrar los sacramentales

El apóstata de la fe, el hereje o el cismático incurren en excomunión latae sententiae. […] Se prohíbe al excomulgado: tener cualquier participación ministerial en la celebración del Sacrificio Eucarístico o en cualesquiera otras ceremonias de culto; celebrar los sacramentos o sacramentales y recibir los sacramentos; desempeñar oficios, ministerios o cargos eclesiásticos, o realizar actos de régimen. (Código de Derecho Canónico, can. 1364, §1; can. 1331, §1)

San León Magno

La fuerza del Espíritu Santo sólo se recibe de ministros católicos

En efecto, los que han recibido el bautismo de los herejes no habiendo sido anteriormente bautizados, deben ser confirmados con la sola invocación del Espíritu Santo mediante la imposición de las manos, ya que han recibido sólo la forma del bautismo sin la fuerza de la santificación. […]. Su ablución no se debe profanar con ninguna repetición, sino, como hemos dicho, se debe sólo invocar la santificación del Espíritu Santo: a fin de que lo que nadie recibe de los herejes lo consiga de los sacerdotes católicos. (Denzinger-Hünermann 316. San León Magno, Carta Regressus ad nos al obispo Nicetas de Aquileya, c. 7, 21 de marzo de 458)

San Agustín

Como miembro amputado, el hereje no tiene la vida del Espíritu

El Espíritu Santo obra en la Iglesia lo mismo que el alma en todos los miembros de un único cuerpo. […] Acontece que en un cuerpo humano, mejor, de un cuerpo humano, hay que amputar un miembro: la mano, un dedo, un pie. ¿Acaso el alma va tras el miembro cortado? Mientras estaba en el cuerpo, vivía; una vez cortado, perdió la vida. De idéntica manera, el hombre cristiano es católico mientras vive en el cuerpo; hacerse hereje equivale a ser amputado, y el espíritu no sigue a un miembro amputado. Por tanto, si queréis recibir la vida del Espíritu Santo, conservad la caridad, amad la verdad y desead la unidad para llegar a la eternidad. (San Agustín. Sermón 267, 4)

San Cipriano de Cartago

Jesucristo no se complace con la oración de los cismáticos

Cuando el Señor aconsejaba la paz y la unión a sus discípulos, les decía así: “Yo os digo que si dos de vosotros se conformaren sobre la tierra, cualquiera cosa que pidiereis se os otorgaré por mi Padre, que está en los cielos. Donde quiera que estuvieren congregados dos o tres en mi nombre, allí soy con ellos”. En lo que nos da a entender que no a la muchedumbre, sino a los unánimes se concede el buen despacho de sus oraciones. […] Mas ¿cómo podrá vivir de acuerdo con nadie aquel que no vive de acuerdo con la Iglesia, y con todos los hermanos? ¿Cómo podrán juntarse dos o tres en nombre de Jesucristo, después de separados de Jesucristo y de su Evangelio? No fuimos nosotros los que nos apartamos de ellos, sino que ellos fueron los que se apartaron de nosotros. Cuando hicieron brotar después cismas y herejías […]. El Seño sólo habla de su Iglesia, y de los que están en ella, al decir que si fueren concordes […]. Con decir pues: “Donde quiera que estuvieren congregados dos o tres en mi nombre, allí soy con ellos”, no quiso dividir la Iglesia el que estableció y levantó la Iglesia; sólo si dio en rostro a los pérfidos con su espíritu de cizaña, y recomendó la paz a los fieles, manifestando que antes se avendría con dos o tres, los cuales orasen de conformidad, que con muchos que entre sí fuesen discordes; y que más podrían los ruegos de pocos, pero bien unidos, que los de la muchedumbre adherida a cismas y partidos. (San Cipriano de Cartago. De la unidad de la Iglesia, XII: PL 4, 508-509)

León XIII

Las ordenaciones anglicanas son absolutamente inválidas y totalmente nulas

Así, pues, asintiendo de todo punto a todos los decretos de los Pontífices predecesores nuestros sobre esta misma materia, confirmándolos plenísimamente y como renovándolos por nuestra autoridad, por propia iniciativa y a ciencia cierta, pronunciamos y declaramos que las ordenaciones hechas en rito anglicano han sido y son absolutamente inválidas y totalmente nulas. (Denzinger-Hünermann 3319. León XIII, Carta “Apostolicae curae et caritatis”, 13 de septiembre de 1896)

II – ¿Es lícito pedirla?

Pío XI

Falaz deseo de unión que falsea la religión cristiana

Pero donde con falaz apariencia de bien se engañan mas fácilmente algunos, es cuando se trata de fomentar la unión de todos los cristianos. ¿Acaso no es justo —suele repetirse— y no es hasta conforme con el deber, que cuantos invocan el nombre de Cristo se abstengan de mutuas recriminaciones y se unan por fin un día con vínculos de mutua caridad? […] Estos y otros argumentos parecidos divulgan y difunden los llamados “pancristianos”; los cuales, lejos de ser pocos en numero, han llegado a formar legiones y a agruparse en asociaciones ampliamente extendidas, bajo la dirección, las más de ellas, de hombres católicos, aunque discordes entre si en materia de fe. […] Estos tales entienden que la Iglesia visible no es más que la alianza de varias comunidades cristianas, aunque las doctrinas de cada una de ellas sean distintas. […] Claramente se ve que ni la Sede Apostólica puede en manera alguna tener parte en dichos Congresos, ni de ningún modo pueden los católicos favorecer ni cooperar a semejantes intentos; y si lo hiciesen, darían autoridad a una falsa religión cristiana, totalmente ajena a la única y verdadera Iglesia de Cristo. (Pío XI. Encíclica Mortalium animos, n. 4-5; 8; 10, 6 de enero de 1928)

No pueden estar unidos los que defienden doctrinas contrarias

Podrá parecer que dichos “pancristianos”, tan atentos a unir las iglesias, persiguen el fin nobilísimo de fomentar la caridad entre todos los cristianos, pero, ¿como es posible que la caridad redunde en daño de la fe? Nadie, ciertamente, ignora que San Juan, el Apóstol mismo de la caridad, […] prohibió absolutamente todo trato y comunicación con aquellos que no profesasen, íntegra y pura, la doctrina de Jesucristo: Si alguno viene a vosotros y no trae esta doctrina, no le recibáis en casa, y ni siquiera le saludéis. Siendo, pues, la fe integra y sincera, como fundamento y raíz de la caridad, necesario es que los discípulos de Cristo estén unidos principalmente con el vínculo de la unidad de fe. Por tanto, ¿como es posible imaginar una confederación cristiana, cada uno de cuyos miembros pueda, hasta en materias de fe, conservar su sentir y juicio propios aunque contradigan al juicio y sentir de los demás? ¿y de qué manera, si se nos quiere decir, podrían formar una sola y misma asociación de fieles los hombres que defienden doctrinas contrarias, como, por ejemplo, los que afirman y los que niegan que la sagrada Tradición es fuente genuina de la divina Revelación; los que consideran de institución divina la jerarquía eclesiástica, formada de Obispos, presbíteros y servidores del altar, y los que afirman que esa jerarquía se ha introducido poco a poco por las circunstancias de tiempos y de cosas; los que adoran a Cristo realmente presente en la Sagrada Eucaristía por la maravillosa conversión del pan y del vino, llamada “transubstanciación”, y los que afirman que el Cuerpo de Cristo esta allí presente solo por la fe, o por el signo y virtud del Sacramento; los que en la misma Eucaristía reconocen su doble naturaleza de sacramento y sacrificio, y los que sostienen que solo es un recuerdo o conmemoración de la Cena del Señor; los que estiman buena y útil la suplicante invocación de los Santos que reinan con Cristo, sobre todo de la Virgen María Madre de Dios, y la veneración de sus imágenes, y los que pretenden que tal culto es ilícito por ser contrario al honor del único Mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo? (Pío XI. Encíclica Mortalium animos, n. 13-14, 6 de enero de 1928)

San Agustín

Por no estar en todo con la Iglesia, no aprovecha a los herejes y cismáticos las cosas en que lo están

“Su paz rescata mi alma de los que se me acercan”. Porque de los que están lejos no hay problema; no me engaña tan fácilmente el que me dice: Ven, adora este ídolo; está muy lejos de mí. Le preguntas: ¿Eres cristiano? Sí, soy cristiano, responde. Ése es tu enemigo cercano, está a tu lado. “Su paz rescata mi alma de los que se me acercan, ya que en muchas cosas estaban conmigo”. ¿Por qué dijo: Los que se me acercan? Porque en muchas cosas estaban conmigo. […] El bautismo lo tuvimos todos: en eso estaban conmigo; el Evangelio lo leíamos unos y otros: estaban conmigo; celebrábamos la fiesta de los mártires: allí estaban conmigo; asistíamos a la solemnidad de la Pascua: estaban juntos conmigo. Pero no totalmente conmigo: en el cisma no están conmigo, en la herejía tampoco. En muchas cosas sí están conmigo, pero sólo en pocas no lo están. Y por estas pocas cosas en que no están conmigo, no les aprovechan las muchas en que sí lo están. (San Agustín. Comentarios a los salmos. Salmo 54, 19)

San Ignacio de Antioquía

No escuchéis quien no habla de Jesucristo en la verdad

Onésimo mismo eleva muy alto vuestra disciplina en Dios, expresando con sus alabanzas que todos vosotros vivís según la verdad, y que ninguna herejía reside entre vosotros, sino que, por el contrario, vosotros no escucháis a persona alguna que les hable de otra cosa que no sea de Jesucristo en la verdad. Porque algunos hombres con perversa astucia tienen el hábito de tomar para todo el Nombre, pero obrando de otro modo y de manera indigna de Dios; a aquellos, debéis evitarlos como a las bestias salvajes. Son perros rabiosos, que muerden a escondidas. Debéis estar en guardia, pues sus mordeduras esconden una enfermedad difícil de curar. (San Ignacio de Antioquia. Carta a los Efesios, VI, 2-VII, 1)

San Cipriano de Cartago

Huyamos de quien se separa de la Iglesia

Huyamos de un hombre, quienquiera que sea, el cual se hubiere separado de la Iglesia. “Un hombre de este linaje es un perverso, es un pecador, y se condena a sí mismo” (Tit III, 11). […] Este tal contra la Iglesia es contra quien toma las armas: contra las disposiciones del mismo Dios se revela. Enemigo del altar, opuesto sin rebozo al sacrificio de Jesucristo; pérfido, sacrílego, siervo desobediente, hijo impío, falso hermano con mofa de los obispos, con abandono de los sacerdotes del Señor se atreve a erigir otro altar distinto, a decir otras preces con ilícitas fórmulas, a profanar la verdadera hostia del mismo Señor con espurios sacrificios, sin hacerse cargo que los que resisten a las órdenes de Dios, serán castigados por Él mismo en pena de su insolente temeridad. (San Cipriano de Cartago. De la unidad de la Iglesia, XVII: PL 4, 513)

Santo Tomás de Aquino

La Iglesia prohíbe el trato con los herejes

Prohíbe la Iglesia a los fieles el trato con los infieles que se apartan de la fe recibida, sea corrompiéndola, como los herejes, sea abandonándola totalmente, como los apóstatas. Contra unos y otros, en efecto, dicta la Iglesia sentencia de excomunión. (San Tomás de Aquino. Suma Teológica, II-II, q. 10, a. 9)

Sagradas Escrituras

Quien recibe a un hereje se hace cómplice de sus malas acciones

Todo el que se propasa y no se mantiene en la doctrina de Cristo, no posee a Dios; quien permanece en la doctrina, este posee al Padre y al Hijo. Si os visita alguno que no trae esa doctrina, no lo recibáis en casa ni le deis la bienvenidaquien le da la bienvenida se hace cómplice de sus malas acciones. (2 Jn 9-11)

Sínodo de Letrán

Condenación a quien no rechaza a los herejes

Si alguno, de acuerdo con los santos Padres, a una voz con nosotros y con la misma fe, no rechaza y anatematiza, de alma y de boca, a todos los nefandísimos herejes con todos sus impíos escritos hasta el último ápice, a los que rechaza y anatematiza la santa Iglesia de Dios, católica y apostólica, esto es, los cinco santos y universales Concilios, y a una voz con ellos todos los probados Padres de la Iglesia —esto es, a Sabelio, Arrio, Eunomio, Macedonio, Apolinar, Polemón, Eutiques, Dioscuro, Timoteo Eluro, Severo, Teodosio, Coluto, Temistio, Pablo de Samosata, Diodoro, Teodoro, Nestorio, Teodulo el Persa, Orígenes, Dídimo, Evagrio, y en una palabra, a todos los demás herejes— […], ese tal sea condenado. (Denzinger-Hünermann 518-520. Sínodo de Letrán, Quinta sesión, Condena de los errores acerca de la Trinidad y de Cristo, can. 18, 31 de octubre de 649)

Congregación para la Doctrina de la Fe

No se puede tolerar que eclesiásticos oren guiados por herejes

Nada ciertamente puede ser de más precio para un católico que arrancar de raíz los cismas y disensiones entre los cristianos, y que los cristianos todos sean “solícitos en guardar la unidad del espíritu en el vínculo de la paz” (Ef 4, 3), … Mas que los fieles de Cristo y los varones eclesiásticos oren por la unidad cristiana, guiados por los herejes y, lo que es peor, según una intención en gran manera manchada e infecta de herejía, no puede de ningún modo tolerarse. (Denzinger-Hünermann 2887. Congregación para la Doctrina de la Fe, Carta a los obispos de Inglaterra, 16 de septiembre de 1864)


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