29 – Una comunidad cerrada se enferma. Una comunidad que no sale se equivoca

Desde el principio del Cristianismo hubo hombres y mujeres que, deseosos de mayor entrega a Dios, se apartaron del mundo y dedicaron sus vidas a la oración, el ayuno y la penitencia en intimidad con el Señor. Muchos alcanzaron tal fama de santidad que acabaron por atraer muchedumbres a su alrededor y el ejemplo de sus vidas despertó en muchos el deseo de imitarlos en las vías de la perfección. Surgieron de esta manera pequeñas comunidades que fueron el germen de las órdenes religiosas.

Desgraciadamente, no es raro encontrar quien, afectado por una visión despojada de todo cariz sobrenatural, tenga este santo aislamiento por cobardía egoísta. Ignoran éstos el valor que tiene la oblación de las almas contemplativas para la acción evangelizadora de la Santa Iglesia. Ella sabe muy bien que la inacción del misionero sería tan culposa como el abandono de la contemplación por parte de aquellos que fueron llamados a esa vocación. En vista de estos presupuestos, ¿tienen cabida ciertas generalizaciones?

Francisco

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Enseñanzas del Magisterio

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ContenidoAutores

I- Preeminencia de la vida contemplativa sobre la activa
II- Valor apostólico de la vida contemplativa

I- Preeminencia de la vida contemplativa sobre la activa 

Concilio Vaticano II

Por la inspiración del Espíritu Santo, muchos se consagraron en familias religiosas

Ya desde los orígenes de la Iglesia hubo hombres y mujeres que se esforzaron por seguir con más libertad a Cristo por la práctica de los consejos evangélicos y, cada uno según su modo peculiar, llevaron una vida dedicada a Dios, muchos de los cuales bajo la inspiración del Espíritu Santo, o vivieron en la soledad o erigieron familias religiosas a las cuales la Iglesia, con su autoridad, acogió y aprobó de buen grado. De donde, por designios divinos, floreció aquella admirable variedad de familias religiosas que en tan gran manera contribuyó a que la Iglesia no sólo estuviera equipada para toda obra buena (cf. Tim, 3, 17) […] sino también a que, hermoseada con los diversos dones de sus hijos, se presente como esposa que se engalana para su Esposo, y por ella se ponga de manifiesto la multiforme sabiduría de Dios. (Concilio Vaticano II, Perfectae caritatis, n. 1, 28 de octubre de 1965)

 San Antonio de Padua

La vida activa existe para servir a la contemplativa

La vida activa fue instituida para servir a la vida contemplativa, no la vida contemplativa para servir a la activa. (San Antonio de Padua, Sermón del III Domingo de Pascua, n. 14)

Juan Pablo II

La Iglesia manifiesta la preeminencia de la contemplación sobre la acción

El abandono de la clausura significaría fallar en lo específico de una de las formas de vida religiosa, con las cuales la Iglesia manifiesta frente al  mundo la preeminencia de la contemplación sobre la acción, de lo que es eterno sobre lo que es temporal. La clausura no “aísla” a las almas contemplativas de la comunión del Cuerpo Místico. Más aún, las sitúa en el corazón de la Iglesia. (Juan Pablo II, Discurso a los participantes de la Sagrada Congregación para los religiosos e institutos seculares, 7 de marzo de 1980)

La vida de los religiosos manifiesta el primado de Dios

Vuestra vida, que con su apartamiento del mundo, manifestado de forma concreta y eficaz, proclama el primado de Dios, constituye una llamada constante a la preeminencia de la contemplación sobre la acción, de lo eterno sobre lo temporal. En consecuencia, se propone como una representación y una anticipación de la meta hacia la que camina la comunidad eclesial: la futura recapitulación de todas las cosas en Cristo. (Juan Pablo II, Discurso a las monjas de clausura, n. 4, 28 de septiembre de 1997) 

Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica

El monasterio es el lugar donde se puede buscar más libremente a Dios

El monasterio, situado en un lugar apartado o en el centro de la ciudad, con su particular estructura arquitectónica, tiene precisamente por objeto crear un espacio de separación, de soledad y de silencio, donde poder buscar más libremente a Dios y donde vivir no sólo para Él y con Él, sino también sólo de Él. (Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica, Verbi Sponsa, n. 5, 13 de maio de 1999)

Representación del rostro orante de la Iglesia

Un monasterio contemplativo es un don también para la Iglesia local, a la que pertenece. Representando su rostro orante, hace más plena y más significativa su presencia de Iglesia. Se puede parangonar una comunidad monástica con Moisés, que en la oración determina la suerte de las batallas de Israel (cf. Ex 17, 11), y con el centinela que vigila en la noche esperando el amanecer (cf. Is 21, 6). El monasterio representa la intimidad misma de una Iglesia, el corazón, donde el Espíritu siempre gime y suplica por las necesidades de toda la comunidad y donde se eleva sin descanso la acción de gracias por la Vida que cada día Él nos regala (cf. Col 3, 17). (Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica, Verbi Sponsa, n. 8, 13 de maio de 1999)

Juan Pablo II

Los religiosos son motivo de gloria para la Iglesia y testigos del señorío de Dios sobre la historia

Los Institutos orientados completamente a la contemplación, formados por mujeres o por hombres, son para la Iglesia un motivo de gloria y una fuente de gracias celestiales. Con su vida y su misión, sus miembros imitan a Cristo orando en el monte, testimonian el señorío de Dios sobre la historia y anticipan la gloria futura. En la soledad y el silencio, mediante la escucha de la Palabra de Dios, el ejercicio del culto divino, la ascesis personal, la oración, la mortificación y la comunión en el amor fraterno, orientan toda su vida y actividad a la contemplación de Dios. Ofrecen así a la comunidad eclesial un singular testimonio del amor de la Iglesia por su Señor y contribuyen, con una misteriosa fecundidad apostólica, al crecimiento del Pueblo de Dios. (Juan Pablo II, Vita consecrata, n. 8, 25 de marzo de 1996)

La vida contemplativa ocupa un puesto de honor en la Iglesia

La vida contemplativa ha ocupado y seguirá ocupando un puesto de honor en la Iglesia. Dedicada a la plegaria y al silencio, a la adoración y a la penitencia desde el claustro. […] La Iglesia sabe bien que vuestra vida silenciosa y apartada, en la soledad exterior del claustro, es fermento de renovación y de presencia del Espíritu de Cristo en el mundo. Por eso decía el Concilio que las religiosas contemplativas “mantienen un puesto eminente en el Cuerpo místico de Cristo… […] Vuestra vida de clausura, vivida en plena fidelidad, no os aleja de la Iglesia ni os impide un apostolado eficaz. Recordad a la hija de Teresa de Jesús, a Teresa de Lisieux, tan cercana desde su clausura a las misiones y misioneros del mundo. Que como ella, “en el corazón de la Iglesia seáis el amor”. […] El mundo necesita, más de lo que a veces se cree, vuestra presencia y vuestro testimonio. […] A este respecto quiero hacer una llamada a las comunidades cristianas y a sus Pastores, recordándoles el lugar insustituible que ocupa la vida contemplativa en la Iglesia. Todos hemos de valorar y estimar profundamente la entrega de las almas contemplativas a la oración, a la alabanza y al sacrificio. Son muy necesarias en la Iglesia. Son profetas y maestras vivientes para todos; son la avanzadilla de la Iglesia hacia el reino. Su actitud ante las realidades de este mundo, que ellas contemplan según la sabiduría del Espíritu, nos ilumina acerca de los bienes definitivos y nos hace palpar la gratuidad del amor salvador de Dios. Exhorto pues a todos, a tratar de suscitar vocaciones entre las jóvenes para la vida monástica; en la seguridad de que estas vocaciones enriquecerán toda la vida de la Iglesia. (Juan Pablo II, Discurso a las religiosas de clausura en el Monasterio de la Encarnación de Ávila, 1 noviembre de 1982)

Benedicto XVI

Los religiosos disponen de una sabiduría que el mundo no posee

Las mujeres y los hombres que se retiran para vivir en compañía de Dios, precisamente gracias a esta opción suya, adquieren un gran sentido de compasión por las penas y las debilidades de los demás. Amigas y amigos de Dios, disponen de una sabiduría que el mundo, del cual se alejan, no posee y, con amabilidad, la comparten con quienes llaman a su puerta. Pienso, por tanto, con admiración y reconocimiento, en los monasterios de clausura femeninos y masculinos que, hoy más que nunca, son oasis de paz y de esperanza, tesoro precioso para toda la Iglesia, especialmente a la hora de recordar el primado de Dios y la importancia de una oración constante e intensa para el camino de fe. (Benedicto XVI, Audiencia general, 1 de diciembre de 2010)

En este mundo incapaz de silencio, los cartujos son un don precioso

En las últimas décadas, además, el desarrollo de los medios de comunicación ha difundido y amplificado un fenómeno que ya se perfilaba en los años sesenta: la virtualidad, que corre el peligro de dominar sobre la realidad. Cada vez más, incluso sin darse cuenta, las personas están inmersas en una dimensión virtual a causa de mensajes audiovisuales que acompañan su vida desde la mañana hasta la noche. […] Algunas personas ya no son capaces de permanecer por mucho tiempo en silencio y en soledad. He querido aludir a esta condición sociocultural, porque pone de relieve el carisma específico de la cartuja, como un don precioso para la Iglesia y para el mundo. (Benedicto XVI, Celebración de las Vísperas, Iglesia de la Cartuja de Serra San Bruno, 9 de octubre de 2011)

En la Iglesia ninguna vocación es marginal

Por esto he venido aquí, queridos hermanos que formáis la comunidad cartuja de Serra San Bruno. Para deciros que la Iglesia os necesita, y que vosotros necesitáis a la Iglesia. Vuestro puesto no es marginal: ninguna vocación es marginal en el pueblo de Dios: somos un único cuerpo, en el que cada miembro es importante y tiene la misma dignidad, y es inseparable del todo. También vosotros, que vivís en un aislamiento voluntario, estáis en realidad en el corazón de la Iglesia, y hacéis correr por sus venas la sangre pura de la contemplación y del amor de Dios. (Benedicto XVI, Celebración de las Vísperas, Iglesia de la Cartuja de Serra San Bruno, 9 de octubre de 2011)

Concilio Vaticano II

Los institutos contemplativos ocupan lugar eminente en el Cuerpo Místico

Los Institutos destinados por entero a la contemplación, o sea, aquellos cuyos miembros se dedican solamente a Dios en la soledad y silencio, en la oración asidua y generosa penitencia, ocupan siempre, aun cuando apremien las necesidades de un apostolado activo, un lugar eminente en el Cuerpo Místico de Cristo, en el que no todos los miembros tienen la misma función. En efecto, ofrecen a Dios un eximio sacrificio de alabanza, ilustran al Pueblo de Dios con frutos ubérrimos de santidad y le edifican con su ejemplo e incluso contribuyen a su desarrollo con una misteriosa fecundidad. De esta manera son gala de la Iglesia y manantial para ella de gracias celestiales. (Concilio Vaticano II, Perfectae caritatis, n. 7, 28 de octubre de 1965)

Pablo VI

Los religiosos de clausura son señal de la presencia de Dios

En un mundo, como el que nos rodea, olvidado de Dios, indiferente a Dios, negador de Dios, vosotros testimoniáis tranquilos, austeros y gentiles, y recogidos en vuestros monasterios casi que para observar una especie de encantamiento religioso. Vuestra presencia se hace señal de la presencia de Dios entre los hombres. Vosotros cantáis, ¿quién vos escucha?; vosotros celebráis, ¿quién vos observa? Parece como si os rodeara la incomprensión y os mortificara la soledad. Pero no es así. Cualquiera puede descubrir que habéis encendido un fuego: que vuestro claustro difunde luz y calor. Alguno se detiene, mira y piensa: Sois un reclamo para el mundo de hoy. Un principio de reflexión que es con frecuencia saludable y regenerador. (Pablo VI, Alocución a los abades y priores benedictinos, 30 de septiembre de 1966) 

San Agustín

Vivir en contemplación es vivir libre de preocupaciones temporales

En efecto, nadie me superaría en ansias de vivir en esa seguridad plena de la contemplación, libre de preocupaciones temporales; nada hay mejor, nada más dulce, que escrutar el divino tesoro sin ruido alguno; es cosa dulce y buena; en cambio, el predicar, argüir, corregir, edificar, el preocuparte de cada uno, es una gran carga, un gran peso y una gran fatiga. (San Agustín, Sermón 339, 4) 

Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica

En la vida contemplativa el religioso se conforma a Jesucristo

Las contemplativas claustrales, de modo específico y radical, se conforman a Jesucristo en oración sobre la montaña y a su misterio pascual, que es una muerte para la resurrección. La antigua tradición espiritual de la Iglesia, seguida por el Concilio Vaticano II, une expresamente la vida contemplativa a la oración de Jesús “en la montaña”, o en cualquier caso, en un sitio solitario, no accesible a todos, sino sólo a aquellos a los que Él llama consigo, en un lugar apartado (cf. Mt 7, 1-9; Lc 6, 12-13; Mc 6, 30-31; 2 Pe 1, 16-18). Este asociar la vida contemplativa a la oración de Jesús en un lugar solitario denota un modo especial de participar en la relación de Cristo con el Padre. […] La celda solitaria y el claustro cerrado son el lugar donde la monja, esposa del Verbo Encarnado, vive plenamente recogida con Cristo en Dios. El misterio de esta comunión se le manifiesta en la medida en que, dócil al Espíritu Santo y vivificada por sus dones, escucha al Hijo (cf. Mt 17, 5), fija la mirada en su rostro (cf. 2 Co 3, 18), y se deja conformar con su vida, hasta la suprema oblación al Padre (cf. Flp 2, 5ss) como expresa alabanza de gloria. (Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica, Verbi Sponsa, n. 3, 13 de maio de 1999)

En la clausura se cumple en sumo grado el primer mandamiento

La monja de clausura cumple en grado sumo el primer mandamiento del Señor: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con toda tu mente” (Lc 10, 27), haciendo de ello el sentido pleno de su vida y amando en Dios a todos los hermanos y hermanas. Ella [la monja] tiende a la perfección de la caridad, acogiendo a Dios como el “único necesario” (cf. Lc 10, 42), amándolo exclusivamente como el Todo de todas las cosas, llevando a cabo con amor incondicional hacia Él, en el espíritu de renuncia propuesto por el Evangelio (cf. Mt 13, 45; Lc 9, 23), el sacrificio de todo bien, es decir, “haciendo sagrado” a Dios solo todo bien, para que sólo Él habite en el silencio absoluto del claustro, llenándolo con su Palabra y su Presencia, y la Esposa pueda verdaderamente dedicarse al Único, “en continua oración e intensa penitencia” en el misterio de un amor total y exclusivo. (Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica, Verbi Sponsa, n. 5, 13 de mayo de 1999)

Juan Pablo II

Por su vida de oración los religiosos de clausura anticipan la contemplación de Dios

Una atención particular merecen la vida monástica femenina y la clausura de las monjas, por la gran estima que la comunidad cristiana siente hacia este género de vida […]. En efecto, la vida de las monjas de clausura, ocupadas principalmente en la oración, en la ascesis y en el progreso ferviente de la vida espiritual, “no es otra cosa que un viaje a la Jerusalén celestial y una anticipación de la Iglesia escatológica, abismada en la posesión y contemplación de Dios”. A la luz de esta vocación y misión eclesial, la clausura responde a la exigencia, sentida como prioritaria, de estar con el Señor. (Juan Pablo II, Vita consecrata, n. 59, 25 de março de 1996)

II- Valor apostólico de la vida contemplativa

 Pío XII

Las monjas participan en el apostolado a través del ejemplo

Es evidente que estas monjas exclusivamente contemplativas participan en el apostolado del amor del prójimo en sus tres formas, del ejemplo, de la oración, y de la penitencia. (Pío XII, Radiomensaje a las religiosas de clausura, 2 de agosto de 1958) 

Pablo VI

Los religiosos de clausura están en solidaridad con toda la Iglesia

Vuestra vocación monástica requiere la soledad y la clausura; pero no debéis jamás consideraros por esto aisladas y sustraídas de la solidaridad con toda la Iglesia. No estéis separadas, decíamos, de la comunión eclesial; os distinguís para dedicaos al designio especial de vuestra vida religiosa. (Pablo VI, Discurso a las abadesas y prioras de los Monasterios Benedictinos de Italia, 28 de octubre de 1966) 

Juan XXIII

A los religiosos de clausura corresponde la primacía en el servicio de Dios

Desde aquí Nos place enviar un saludo especialmente paternal a nuestras amadas hijas, a quienes la vida del claustro retiene en cada una de las casas de Roma y del mundo. A las religiosas de clausura corresponde la primacía en el servicio de Dios, que es plegaria incesante, desprendimiento absoluto de todo y de todos, amor al sacrificio, expiación por los pecados del mundo. (Juan XXIII, Sínodo diocesano de Roma, Discurso a las religiosas de Roma, 29 de enero de 1960) 

Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica

Los religiosos de clausura no deben ser mirados como excluidos de la Iglesia

No porque los monjes y las monjas estén separados de los demás hombres deberán ser mirados como aislados y excluidos del mundo y de la Iglesia; antes al contrario, están presentes a ellos “de manera más profunda en las entrañas de Cristo” (Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica, Venite seorsum, sobre la vida contemplativa y la clausura de las monjas, III, 15 de agosto de 1969) 

Juan Pablo II

No se debe considerar la vida contemplativa como una actividad anacrónica o inútil

Aun amando profundamente nuestra época, hay que reconocer que el pensamiento moderno fácilmente encierra en el subjetivismo todo lo que se refiere a las religiones, a la fe de los creyentes, a los sentimientos religiosos. Y esta visión no hace excepción con la vida monástica. Hasta tal punto, que la opinión pública e incluso a veces desgraciadamente algunos cristianos más sensibles al compromiso concreto, se ven tentados de considerar vuestra vida contemplativa como una evasión de lo real, una actividad anacrónica e incluso inútil. Esta incomprensión puede haceros sufrir y hasta humillaros. Os diré como Cristo: “¡No temáis, pequeño rebaño!” (cf. Lc 12, 22). Un cierto florecimiento monástico, que se manifiesta en vuestro país, debe manteneros además en la esperanza. (Juan Pablo II, Alocución a las religiosas contemplativas en el Carmelo de Lisieux, 2 de junio de 1980) 

Pío XII

Las monjas contemplativas poseen una vocación plena y enteramente apostólica

La Madre Iglesia exige que todas las monjas consagradas canónicamente a la contemplación, junten el perfecto amor de Dios con la caridad perfecta hacia el prójimo […] Por tanto, entiendan bien todas las monjas que su vocación es plena y enteramente apostólica, no circunscrita a límite alguno de tiempo, lugar o cosa, sino que se extiende, siempre y en todas partes […] se practica principalmente por […] el ejemplo de la perfección cristiana; porque su vida, aun sin uso de palabras, continua y altamente lleva los fieles a Cristo y a la perfección cristiana, y para los buenos soldados de Cristo es como estandarte o guión que los excita al legítimo combate y los estimula a la corona. (Pío XII, Sponsa Christi, n. 39, 21 de noviembre de 1950)

Concilio Vaticano II

Importancia singular de los contemplativos para la conversión de las almas

Los Institutos de vida contemplativa tienen una importancia singular en la conversión de las almas por sus oraciones, obras de penitencia y tribulaciones, porque es Dios quien, por medio de la oración, envía obreros a su mies, abre las almas de los cristianos, para escuchar el Evangelio y fecunda la palabra de salvación en sus corazones. (Concilio Vaticano II, Ad gentes, n. 40, 7 de diciembre de 1965)

Benedicto XVI

La vida de los cartujos es fuente de fecundidad misionera

La vocación a la oración y a la contemplación, que caracteriza la vida cartuja, muestra particularmente que sólo Cristo puede dar a la esperanza humana una plenitud de sentido y de alegría. ¿Cómo dudar entonces, aunque sólo sea por un instante, de que esa expresión del amor puro da a la vida cartuja una extraordinaria fecundidad misionera? […] ¡Feliz la Iglesia, que puede contar con el testimonio cartujo de disponibilidad total al Espíritu y de una vida entregada totalmente a Cristo! […] Queridos hermanos, vosotros habéis encontrado el tesoro escondido, la perla de gran valor (cf. Mt 13, 44-46). (Benedicto XVI, Celebración de las Vísperas, Iglesia de la Cartuja de Serra San Bruno, 9 de octubre de 2011)

Juan Pablo II

Los religiosos de clausura difunden el Reino de Dios

La Iglesia está firmemente convencida, y lo proclama con fuerza y sin vacilar, de que hay una relación íntima entre oración y difusión del Reino de Dios, entre oración y conversión de los corazones, entre oración y aceptación fructuosa del mensaje salvador y sublime del Evangelio. Sólo esto es ya bastante para garantizaros a vosotras y a todas las religiosas contemplativas del mundo lo necesaria que es vuestra función en la Iglesia, lo importante que es vuestro servicio al pueblo, y cuán grande es vuestra aportación a la evangelización. (Juan Pablo II, Discurso a las religiosas de clausura en el Carmelo de Nairobi, n. 2, 7 de mayo de 1980)

La oración de los contemplativos sostiene el fervor de los sacerdotes

En algunos lugares de África se ha situado el monasterio de religiosas contemplativas en las cercanías del seminario mayor. ¿Acaso no es significativo que quienes captan la necesidad de estimular las vocaciones al sacerdocio para que las Iglesias jóvenes lleguen a implantarse plenamente en la tierra natal, tengan asimismo la convicción de que sólo la gracia de Dios, humildemente pedida en oración constante, puede sostener el fervor del sacerdocio? Por tanto, os pido con interés especial en esta ocasión que la súplica al Señor para que mande obreros a su mies. (Juan Pablo II, Discurso a las religiosas de clausura en el Carmelo de Nairobi, n. 4, 7 de mayo de 1980)

Los religiosos ejercen apostolado de gran valor eclesial y redentor

Tras los pasos de San Benito, o de San Bernardo, de Santa Clara de Asís o de Santa Teresa de Ávila, las monjas de clausura asumen a tiempo completo, en nombre de la Iglesia, este servicio de la alabanza divina y la intercesión. Esta forma de vida es también un apostolado de gran valor eclesial y redentor, que Santa Teresa del Niño Jesús ilustró magníficamente en el curso de su breve existencia en el Carmelo de Lisieux. No olvidemos que el Papa Pío XI la proclamó “Patrona de las misiones”. (Juan Pablo II, Discurso a las religiosas reunidas en el Carmelo de Kinshasa, n. 4, 3 de mayo de 1980)

Los religiosos de clausura acompañan la misión apostólica de los evangelizadores

Queridas hermanas, vosotras sois representantes de la especial vocación a la vida contemplativa que atraviesa toda la historia de la Iglesia recordando a todos la urgencia de caminar constantemente rumo al encuentro definitivo con Dios y con los bienaventurados. […] ¡Cuán preciosa es la vuestra vocación de especial consagración! Es verdaderamente un regalo que se encuentra en el corazón del misterio de la comunión eclesial, que acompaña la misión apostólica de cuantos se esfuerzan en el anuncio del Evangelio. Singularmente es importante la colaboración que sois llamadas a ofrecer en la nueva evangelización. (Juan Pablo II, Discurso a las religiosas de clausura, Loreto 10 de septiembre 1995)

Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica

El religioso de clausura es el corazón misionero de la Iglesia

Las monjas de clausura la viven permaneciendo en el corazón misionero de la Iglesia mediante la oración continua, la oblación de sí mismas y el ofrecimiento del sacrificio de alabanza. De este modo, su vida se convierte en una misteriosa fuente de fecundidad apostólica y de bendición para la comunidad cristiana y para el mundo entero. (Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica, Verbi Sponsa, n. 7, 13 de mayo de 1999)

Benedicto XVI

El auténtico espíritu misionero de Santa Teresa de Lisieux

Santa Teresa de Lisieux, sin salir jamás de su Carmelo, mediante su oración contemplativa y la correspondencia mantenida con sacerdotes —el abad Bellière y el padre Roulland—, vivió, a su manera, un auténtico espíritu misionero, acompañando a cada uno en su servicio al Evangelio y dando al mundo un nuevo camino espiritual, que le valió el título de Doctora de la Iglesia, hace exactamente diez años. Desde Pío XII hasta nuestros días, los Papas no han dejado de recordar el vínculo que existe entre oración, caridad y acción en la misión de la Iglesia. (Benedicto XVI, Mensaje en el 80º aniversario de la proclamación de Santa Teresa del Niño Jesús como patrona de las misiones, 12 de septiembre de 2007)

Juan Pablo II

Santa Teresa de Lisieux, patrona de las misiones

Santa Teresa del Niño Jesús y de la Santa Faz, a la que esta mañana he tenido la alegría de proclamar Doctora de la Iglesia universal. Es modelo de compromiso misionero y patrona de las misiones, a pesar de no haber salido nunca de la clausura del Carmelo de Lisieux. (Juan Pablo II, Angelus, 19 de octubre de 1997)

Pío XI

Los contemplativos hacen bajar del cielo la abundancia de la gracia

En cuanto a lo demás, fácilmente se comprende que contribuyen mucho más al incremento de la Iglesia y a la salvación del género humano, los que cumplen el deber asiduo de la oración y de la penitencia, que los que cultivan y trabajan en el campo del Señor; porque, si aquéllos no hicieran bajar del cielo la abundancia de gracias al campo que ha de ser regado, entonces seguramente cosecharán frutos más escasos de su labor los operarios evangélicos. […] siendo ellos obedientes a las propias Constituciones de la Orden, no sólo con exactitud, sino más bien con cierto ímpetu generoso del alma, y disponiendo fácilmente la observancia de las mismas Constituciones los ánimos a una más elevada santidad, es imposible que estos Religiosos no se hagan y sean delante de Dios misericordiosísimo intercesores poderosos en favor del pueblo cristiano. (Pío XI, Umbratilem, 8 de julio de 1924)

Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica

Los fieles deben reconocer el papel de los contemplativos

Es importante que los fieles aprendan a reconocer el carisma y el papel específico de los contemplativos, su presencia discreta pero vital, su testimonio silencioso que constituye una llamada a la oración y a la verdad de la existencia de Dios. (Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica, Verbi Sponsa, n.8)

Los obispos son los primeros custodios de la vida contemplativa

Los obispos, como pastores y guías de todo el rebaño de Dios, son los primeros custodios del carisma contemplativo. Por tanto, deben alimentar la Comunidad contemplativa con el pan de la Palabra y de la Eucaristía, proporcionando también, si es necesario, una asistencia espiritual adecuada por medio de sacerdotes preparados para ello. Al mismo tiempo, han de compartir con la Comunidad misma la responsabilidad de vigilar para que, en la sociedad actual inclinada a la dispersión, a la falta de silencio y a los valores aparentes, la vida de los monasterios, sostenida por el Espíritu Santo, permanezca auténtica y enteramente orientada a la contemplación de Dios. (Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica, Verbi Sponsa, n. 8, 15 de mayo de 1999)


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