124 – “Un recuerdo para los queridos inmigrantes musulmanes que esta tarde comienzan el ayuno del Ramadán, con el deseo de abundantes frutos espirituales. Mis mejores deseos y oraciones para que vuestras vidas puedan glorificar al Altísimo”

Todos los años la Iglesia se une al misterio de Jesús en el desierto al celebrar la Cuaresma. Así como Él quiso ayunar y vencer los asaltos del demonio durante cuarenta días, los católicos tienen en el tiempo de Cuaresma un periodo particularmente favorable para los ejercicios espirituales y las obras de piedad y caridad. Todo esto es orientado hacia la Pascua y nos hace revivir los momentos dolorosos de la Pasión del Señor y al mismo tiempo fortalece nuestra esperanza con la perspectiva de la Resurrección. Es, por lo tanto, un tiempo de conversión en el cual a través de la liturgia los fieles son exhortados a revisar su modo de vivir y conformarlo al Evangelio, utilizando las “armas de los cristianos” que son la oración, el ayuno y la limosna.

Si bien los musulmanes hagan a su manera oración, ayuno y den limosna durante el mes del Ramadán, sus objetivos nada tienen en común con la Cuaresma puesto que no consideran el valor de la sangre de Cristo, indispensable para hacer agradables a Dios los sacrificios de los hombres. Así, pese a que algunos intentan equiparar las dos celebraciones, no es necesario mucho esfuerzo para concluir que el Ramadán es más bien una caricatura de la Cuaresma…

¿Qué pensar, entonces, de un cristiano que felicita a quienes celebran el Ramadán? Quizás, lo mismo que pensaríamos de una persona que felicita a otra por hacer esfuerzos inútiles…

Francisco

 

 

Inédito en la Historia: un pontífice saluda en primera persona los musulmanes al final del Ramadán…

Cita A

Quiero tener un recuerdopara los queridos inmigrantes musulmanes que esta tarde comienzan el ayuno del Ramadán, con el deseo de abundantes frutos espirituales. La Iglesia está a su lado en la búsqueda de una vida más digna para ustedes y para sus familias. A ustedes: o’scià! (Homilía en la visita a Lampedusa, 8 de julio de 2013)

Cita B

Es para mí un gran placer daros mis felicitaciones con motivo de la celebración del ‘Id al-Fitr, que concluye el mes del Ramadán, dedicado principalmente al ayuno, la oración y la limosna.
Es ya tradición que, en esta ocasión, el Consejo pontificio para el diálogo interreligioso os envíe un mensaje de felicitación, acompañado por un tema propuesto para la común reflexión. Este año, el primero de mi Pontificado, he decidido firmar yo mismo este tradicional mensaje y enviároslo, queridos amigos, como expresión de estima y amistad por todos los musulmanes, especialmente aquellos que son líderes religiosos.
[…] Os expreso, por último, mis mejores deseos y oraciones para que vuestras vidas puedan glorificar al Altísimo y dar alegría a los que os circundan.
¡Feliz fiesta a todos vosotros! (Mensaje a los musulmanes por el fin del Ramadán, 2 de agosto de 2013)

Cita C

Desearía dirigir un saludo a los musulmanes de todo el mundo, nuestros hermanos, que hace poco han celebrado la conclusión del mes del Ramadán, dedicado de modo especial al ayuno, a la oración y la limosna. Como escribí en mi Mensaje para esta ocasión, deseo que cristianos y musulmanes se comprometan en promover el respeto mutuo, especialmente a través de la educación de las nuevas generaciones. (Ángelus, 11 de agosto de 2013)

Enseñanzas del Magisterio

Tabla de contenido

I – ¿Los católicos pueden alegrarse con las fiestas de infieles?
II – ¿Se puede sacar frutos espirituales de una práctica ajena a la gracia de Cristo?
III – ¿Cuál es el valor de las fiestas religiosas cristianas? ¿Estos valores también se encuentran en las fiestas paganas?
IV – La verdadera esencia de la oración, de la limosna y del ayuno
V – El ayuno y la limosna, según el Corán


I – ¿Los católicos pueden alegrarse con las fiestas de infieles?

Sagradas Escrituras
-Quien recibe la Eucaristía no puede participar de la mesa de los demonios
-Entre el fiel y el infiel no hay nada que pueda ser compartido

Santo Tomás de Aquino
-Se toleran los ritos de los infieles sólo para evitar algún mal mayor
-Si no hay distancia entre la oveja sarnosa y el aprisco, se pierde todo el ganado

San Juan de Ávila
-La mala conciencia hace perder la fe y buscar doctrinas concordes con los vicios

Pablo VI
-La alegría verdadera sólo es posible si la fe es íntegra

León XII
-Los que profesan enseñanzas falsas no pueden ser premiados por Aquel que es la Verdad

Concilio Vaticano I (XX Ecuménico)
-No hay paridad entre los católicos y los que siguen una falsa religión

Juan XXIII
-Es una injuria a la fe católica afirmar que todas las religiones tienen igual valor

II – ¿Se puede sacar frutos espirituales de una práctica ajena a la gracia de Cristo?

Concilio de Trento
-Sin la gracia de Cristo, el esfuerzo de nada vale al hombre para merecer el cielo

Juan Pablo II
-La mediación de Cristo entre Dios y los hombres es única y universal

Concilio de Florencia (XVII Ecuménico)
-Sólo producen premios eternos los ayunos y limosnas de quienes estén dentro de la Iglesia

San Cirilo de Jerusalén
-Dios no acepta el culto de quienes no adoran al Hijo

León XIII
-Quien no reconoce a Jesucristo no tiene a Dios por padre

III – ¿Cuál es el valor de las fiestas religiosas cristianas? ¿Estos valores también se encuentran en las fiestas paganas?

Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos
-La piedad popular tiene su origen en el Espíritu Santo y en Cristo su punto de referencia
-Manifestación del deseo de agradar a Dios, de reparar las ofensas y de hacer penitencia
-Realizadas por miembros vivos de la Iglesia, respetando la disciplina eclesiástica

Catecismo de la Iglesia Católica
-Expresión de piedad que es continuidad de la vida litúrgica de la Iglesia

Juan Pablo II
-Sabiduría católica que conlleva lo divino y lo humano

Pío XI
-El culto verdadero se conserva únicamente en la Iglesia Católica

León XIII
-Formas de culto distintas no son igualmente aceptables a Dios

Congregación para la Doctrina de la Fe
-Las oraciones y ritos no cristianos no tienen origen divino ni la eficacia salvífica propia de los sacramentos, y son obstáculo para la salvación

IV – La verdadera esencia de la oración, de la limosna y del ayuno

San Agustín de Hipona
-No puede hacer ayuno agradable a Dios el que desgarra los miembros de Cristo
-El ayuno es elemento para unirse a los ángeles y distanciarse de los infieles

Santo Tomás de Aquino
-El ayuno sirve para frenar la concupiscencia, elevar la mente y expiar los pecados

Juan Pablo II
-La oración, la limosna y el ayuno son aspectos esenciales de la vida cristiana
-La limosna tiene un valor decisivo para la conversión

V – El ayuno y la limosna, según el Corán

-El ayuno no se hace por amor, sino para, quizás, adquirir temor
-Durante el Ramadán se puede comer y beber durante la noche
-El Corán enseña que no se debe dar limosna a los “impíos”


I – ¿Los católicos pueden alegrarse con las fiestas de infieles?


Sagradas Escrituras

  • Quien recibe la Eucaristía no puede participar de la mesa de los demonios

El cáliz de la bendición que bendecimos, ¿no es comunión del cuerpo de Cristo? Porque el pan es uno, nosotros, siendo muchos, formamos un solo cuerpo, pues todos comemos del mismo pan. Considerad al Israel según la carne: ¿los que comen de las víctimas no se unen en el altar? ¿Qué quiero decir? ¿Que las víctimas sacrificadas a los ídolos son algo o que los ídolos son algo? No, sino que los gentiles ofrecen sus sacrificios a los demonios, no a Dios; y no quiero que os unáis a los demonios. No podéis beber del cáliz del Señor y del cáliz de los demonios. No podéis participar de la mesa del Señor y de la mesa de los demonios. (1 Cor 10, 15-21)

  • Entre el fiel y el infiel no hay nada que pueda ser compartido

No os unzáis en yugo desigual con los infieles: ¿qué tienen en común la justicia y la maldad?, ¿qué relación hay entre la luz y las tinieblas?, ¿qué concordia puede haber entre Cristo y Beliar?, ¿qué pueden compartir el fiel y el infiel?, ¿qué acuerdo puede haber entre el templo de Dios y los ídolos? Pues nosotros somos templo del Dios vivo; así lo dijo él: Habitaré entre ellos y caminaré con ellos; seré su Dios y ellos serán mi pueblo. Por eso, salid de en medio de ellos y apartaos, dice el Señor. No toquéis lo impuro, y yo os acogeré. Y seré para vosotros un padre, y vosotros seréis para mí hijos e hijas, dice el Señor omnipotente. (2 Cor 6, 14-18)

Santo Tomás de Aquino

  • Se toleran los ritos de los infieles sólo para evitar algún mal mayor

No hay, en cambio, razón alguna para tolerar los ritos de los infieles, que no nos aportan ni verdad ni utilidad, a no ser para evitar algún mal, como es el escándalo, o la discordia que ello pudiera originar, o la oposición a la salvación de aquellos que, poco a poco, tolerados de esa manera, se van convirtiendo a la fe. Por eso mismo, en alguna ocasión, toleró también la Iglesia los ritos de los herejes y paganos: cuando era grande la muchedumbre de infieles. (Santo Tomás de Aquino. Suma Teológica, II-II, q.10, a. 11)

  • Si no hay distancia entre la oveja sarnosa y el aprisco, se pierde todo el ganado

En los herejes hay que considerar dos aspectos: uno, por parte de ellos; otro, por parte de la Iglesia. Por parte de ellos hay en realidad pecado por el que merecieron no solamente la separación de la Iglesia por la excomunión, sino también la exclusión del mundo con la muerte. En realidad, es mucho más grave corromper la fe, vida del alma, que falsificar moneda con que se sustenta la vida temporal. Por eso, si quienes falsifican moneda, u otro tipo de malhechores, justamente son entregados, sin más, a la muerte por los príncipes seculares, con mayor razón los herejes convictos de herejía podrían no solamente ser excomulgados, sino también entregados con toda justicia a la pena de muerte. Mas por parte de la Iglesia está la misericordia en favor de la conversión de los que yerran, y por eso no se les condena, sin más, sino después de una primera y segunda amonestación (Tit 3,10), como enseña el Apóstol. Pero después de esto, si sigue todavía pertinaz, la Iglesia, sin esperanza ya de su conversión, mira por la salvación de los demás, y los separa de sí por sentencia de excomunión. Y aún va más allá relajándolos al juicio secular para su exterminio del mundo con la muerte. A este propósito afirma San Jerónimo y se lee en el Decreto: Hay que remondar las carnes podridas, y a la oveja sarnosa hay que separarla del aprisco, no sea que toda la casa arda, la masa se corrompa, la carne se pudra y el ganado se pierda. (Santo Tomás de Aquino. Suma Teológica, II-II, q.11, a. 3)

San Juan de Ávila

  • La mala conciencia hace perder la fe y buscar doctrinas concordes con los vicios

Y también os conviene mucho mirar cómo vivís, y cómo os aprovecháis de la fe que tenéis, porque no os castigue Dios con dejaros caer en algún error con que la perdáis, pues habéis oído con vuestras orejas cuánta gente la ha perdido por las herejías del perverso Matín Lutero; y otros hay que han negado a Cristo en tierra de moros, por vivir según la ley bestial de Mahoma (Huyendo de la reforma promovida por el gran Cardenal Cisneros, muchos religiosos pasaron al África y renegaron de la fe). En lo cual veréis cumplido lo que dice San Pablo (1 Tim 1, 19): que por haber desechado algunos la buena conciencia, perdieron la fe; ahora sea —como arriba dijimos, cuando hablábamos de los motivos para creer—, porque la misma mala conciencia poco a poco hace cegar el entendimiento para que le busque doctrina que no contradiga a sus maldades; ahora porque el Soberano Juez, en castigo de pecados, permita caer en herejía; ahora sea por lo uno o por lo otro, es cosa para temer, y poner cuidado de lo evitar. (San Juan de Ávila. Libro espiritual sobre el verso Audi filia, c. 49)

Pablo VI

  • La alegría verdadera sólo es posible si la fe es íntegra

Alegría común, verdaderamente sobrenatural, don del Espíritu de unidad y de amor, y que no es posible de verdad sino donde la predicación de la fe es acogida íntegramente, según la norma apostólica. […] La alegría de ser cristiano, vinculado a la Iglesia “en Cristo”, en estado de gracia con Dios, es verdaderamente capaz de colmar el corazón humano. (Pablo VI. Exhortación apostólica Gaudete in Domino, 9 de mayo de 1975, n. 68. 72)

León XII

  • Los que profesan enseñanzas falsas no pueden ser premiados por Aquel que es la Verdad

Es imposible que el Dios verdadero, que es la Verdad misma, el mejor, el más sabio proveedor y el premiador de los buenos, apruebe todas las sectas que profesan enseñanzas falsas que a menudo son inconsistentes y contradictorias entre sí, y otorgue premios eternos a sus miembros […] porque por la fe divina confesamos un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo. […] Por eso confesamos que no hay salvación fuera de la Iglesia. (León XII. Encíclica Ubi primum, n. 14, 5 de mayo de 1824)

Concilio Vaticano I (XX Ecuménico)

  • No hay paridad entre los católicos y los que siguen una falsa religión

El benignísimo Señor excita y ayuda con su gracia a los errantes, para que puedan “llegar al conocimiento de la verdad” (1 Tim 2, 4), y a los que trasladó de las tinieblas a su luz admirable (cf. 1 Pe 2, 9; Col 1, 13), los confirma con su gracia para que perseveren en esa misma luz, no abandonándolos, si no es abandonado. Por eso, no es en manera alguna igual la situación de aquellos que por el don celeste de la fe se han adherido a la verdad católica y la de aquellos que, llevados de opiniones humanas, siguen una religión falsa. (Denzinger-Hünermann 3014. Concilio Vaticano I, Constitución dogmática Dei Filius, cap. 3, 24 de abril de 1870)

Juan XXIII

  • Es una injuria a la fe católica afirmar que todas las religiones tienen igual valor

Tampoco faltan los que, si bien no impugnan de propósito la verdad, adoptan, sin embargo, ante ella una actitud de negligencia y sumo descuido, como si Dios no les hubiera dado la razón para buscarla y encontrarla. Tan reprobable modo de actuar conduce, como por espontáneo proceso, a esta absurda afirmación: todas las religiones tienen igual valor, sin diferencia alguna entre lo verdadero y lo falso. “Este principio —para usar las palabras de nuestro mismo predecesor— lleva necesariamente a la ruina todas las religiones, particularmente la católica, la cual, siendo entre todas la única verdadera, no puede ser puesta al mismo nivel de las demás sin grande injuria” (Humanum genus; A.L., vol. IV, 1884, p. 53). (Juan XXIII. Encíclica Ad Petri cathedram, 29 de junio de 1959)


II – ¿Se puede sacar frutos espirituales de una práctica ajena a la gracia de Cristo?


Concilio de Trento

  • Sin la gracia de Cristo, el esfuerzo de nada vale al hombre para merecer el cielo

Si alguno dijere que la gracia divina se da por medio de Cristo Jesús sólo a fin de que el hombre pueda más fácilmente vivir justamente y merecer la vida eterna, como si una y otra cosa las pudiera por medio del libre albedrío, sin la gracia, si bien con trabajo y dificultad, sea anatema. Si alguno dijere que los hombres se justifican, sin la justicia de Cristo, por la que nos mereció justificarnos, o que por ella misma formalmente son justos, sea anatema. (Denzinger-Hünermann 1552.1560. Concilio de Trento, Cánones sobre la justificación, 13 de enero de 1547)

Juan Pablo II

  • La mediación de Cristo entre Dios y los hombres es única y universal

Cristo es el único Salvador de la humanidad, el único en condiciones de revelar a Dios y de guiar hacia Dios. […] Los hombres, pues, no pueden entrar en comunión con Dios, si no es por medio de Cristo y bajo la acción del Espíritu. Esta mediación suya única y universal, lejos de ser obstáculo en el camino hacia Dios, es la vía establecida por Dios mismo, y de ello Cristo tiene plena conciencia. Aun cuando no se excluyan mediaciones parciales, de cualquier tipo y orden, éstas sin embargo cobran significado y valor únicamente por la mediación de Cristo y no pueden ser entendidas como paralelas y complementarias. (Juan Pablo II. Encíclica Redemptoris misio, n. 5, 7 de diciembre de 1990)

Concilio de Florencia (XVII Ecuménico)

  • Sólo producen premios eternos los ayunos y limosnas de quienes estén dentro de la Iglesia

Firmemente cree, profesa y predica que nadie que no esté dentro de la Iglesia Católica, no sólo paganos, sino también judíos o herejes y cismáticos, puede hacerse partícipe de la vida eterna, sino que irá al fuego eterno que está aparejado para el diablo y sus ángeles (Mt 25, 41), a no ser que antes de su muerte se uniere con ella; y que es de tanto precio la unidad en el cuerpo de la Iglesia, que sólo a quienes en él permanecen les aprovechan para su salvación los sacramentos y producen premios eternos los ayunos, limosnas y demás oficios de piedad y ejercicios de la milicia cristiana. Y que nadie, por más limosnas que hiciere, aun cuando derramare su sangre por el nombre de Cristo, puede salvarse, si no permaneciere en el seno y unidad de la Iglesia Católica. (Denzinger-Hünermann 1351. Concilio de Florencia, Bula Cantate Domino, 4 de febrero de 1442)

San Cirilo de Jerusalén

  • Dios no acepta el culto de quienes no adoran al Hijo

El Padre se indigna cuando el Hijo unigénito es privado de su honor. Un rey considera grave que alguien insulte a un simple soldado. Por tanto, si se trata indecorosamente a alguien de las personas más honorables, compañeros o amigos, más se enciende la propia cólera. Y si alguien injuria al Hijo único del Rey, ¿quién aplacará y suavizará al Padre del Hijo unigénito de tal modo conmovido? Si alguien, por consiguiente, quiere ser piadoso para con Dios, adore al Hijo; de otro modo, el Padre no admitirá su culto. (San Cirilo de Jerusalén. Catequesis X, Un solo Señor, Jesucristo, n. 1-2)

León XIII

  • Quien no reconoce a Jesucristo no tiene a Dios por padre

Nuestro corazón se dirige también con sin igual ardor tras aquellos a quienes el soplo contagioso de la impiedad no ha envenenado del todo, y que, a lo menos, experimentan el deseo de tener por padre al Dios verdadero, creador de la tierra y del cielo. Que reflexionen y comprendan bien que no pueden en manera alguna contarse en el número de los hijos de Dios si no vienen a reconocer por hermano a Jesucristo y por madre a la Iglesia. (León XIII. Encíclica Satis cognitum, n. 45, 29 de junio de 1896)


III – ¿Cuál es el valor de las fiestas religiosas cristianas? ¿Estos valores también se encuentran en las fiestas paganas?


Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos

  • La piedad popular tiene su origen en el Espíritu Santo y en Cristo su punto de referencia

Según el Magisterio, la piedad popular es una realidad viva en la Iglesia y de la Iglesia: su fuente se encuentra en la presencia continua y activa del Espíritu de Dios en el organismo eclesial; su punto de referencia es el misterio de Cristo Salvador; su objetivo es la gloria de Dios y la salvación de los hombres; su ocasión histórica es el “feliz encuentro entre la obra de evangelización y la cultura”. Por eso el Magisterio ha expresado muchas veces su estima por la piedad popular y sus manifestaciones; ha llamado la atención a los que la ignoran, la descuidan o la desprecian, para que tengan una actitud más positiva ante ella y consideren sus valores; no ha dudado, finalmente, en presentarla como “un verdadero tesoro del pueblo de Dios”. (Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos. Directorio sobre la piedad popular y la liturgia, 13 de mayo de 2002, n. 61)

  • Manifestación del deseo de agradar a Dios, de reparar las ofensas y de hacer penitencia

La piedad popular tiene un sentido casi innato de lo sagrado y de lo trascendente. […] Los documentos del Magisterio ponen de relieve las actitudes interiores y algunas virtudes que la piedad popular valora particularmente, sugiere y alimenta: la paciencia, “la resignación cristiana ante las situaciones irremediables”; el abandono confiando en Dios; la capacidad de sufrir y de percibir el “sentido de la cruz en la vida cotidiana”; el deseo sincero de agradar al Señor, de reparar por las ofensas cometidas contra Él y de hacer penitencia; el desapego respecto a las cosas materiales; la solidaridad y la apertura a los otros, el “sentido de amistad, de caridad y de unión familiar”. (Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos. Directorio sobre la piedad popular y la liturgia, 13 de mayo de 2002, n. 61)

  • Realizadas por miembros vivos de la Iglesia, respetando la disciplina eclesiástica

Las formas auténticas de la piedad popular son también fruto del Espíritu Santo y se deben considerar como expresiones de la piedad de la Iglesia: porque son realizadas por los fieles que viven en comunión con la Iglesia, adheridos a su fe y respetando la disciplina eclesiástica del culto; porque no pocas de dichas expresiones han sido explícitamente aprobadas y recomendadas por la misma Iglesia. (Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos. Directorio sobre la piedad popular y la liturgia, n. 83, 13 de mayo de 2002)

Catecismo de la Iglesia Católica

  • Expresión de piedad que es continuidad de la vida litúrgica de la Iglesia

El sentido religioso del pueblo cristiano ha encontrado, en todo tiempo, su expresión en formas variadas de piedad en torno a la vida sacramental de la Iglesia: tales como la veneración de las reliquias, las visitas a santuarios, las peregrinaciones, las procesiones, el vía crucis, las danzas religiosas, el rosario, las medallas, etc. (cf. Concilio de Nicea II: DS 601; 603; Concilio de Trento: DS 1822). Estas expresiones prolongan la vida litúrgica de la Iglesia, pero no la sustituyen. (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1674-1675)

Juan Pablo II

  • Sabiduría católica que conlleva lo divino y lo humano

La religiosidad del pueblo, en su núcleo, es un acervo de valores que responde con sabiduría cristiana a los grandes interrogantes de la existencia. La sapiencia popular católica tiene una capacidad de síntesis vital; así conlleva creadoramente lo divino y lo humano; Cristo y María, espíritu y cuerpo; comunión e institución; persona y comunidad; fe y patria, inteligencia y afecto. Esa sabiduría es un humanismo cristiano que afirma radicalmente la dignidad de toda persona como hijo de Dios, establece una fraternidad fundamental, enseña a encontrar la naturaleza y a comprender el trabajo y proporciona las razones para la alegría y el humor, aun en medio de una vida muy dura. (Juan Pablo II. Documento de la III Conferencia General del Episcopado Latinoamericano en Puebla, 13 de febrero de 1979, citado en el Catecismo de la Iglesia Católica, n.1676)

Pío XI

  • El culto verdadero se conserva únicamente en la Iglesia Católica

Sólo la Iglesia Católica es la que conserva el culto verdadero. Ella es la fuente de la verdad, la morada de la Fe, el templo de Dios, quienquiera que en él no entre o de él salga perdido ha la esperanza de vida y de salvación. Menester es que nadie se engañe a sí mismo con pertinaces discusiones, lo que aquí se ventila es la vida y la salvación, a la cual si no se atiende con diligente cautela, se perderá y se extinguirá. (Pío XI. Encíclica Mortalium animos, n. 17, 6 de enero de 1928)

León XIII

  • Formas de culto distintas no son igualmente aceptables a Dios

En materia religiosa, pensar que las formas de culto, distintas y aun contrarias, son todas iguales, equivale a confesar que no se quiere aprobar ni practicar ninguna de ellas. Esta actitud, si nominalmente difiere del ateísmo, en realidad se identifica con él. Los que creen en la existencia de Dios, si quieren ser consecuentes consigo mismos y no caer en un absurdo, han de comprender necesariamente que las formas usuales de culto divino, cuya diferencia, disparidad y contradicción aun en cosas de suma importancia son tan grandes, no pueden ser todas igualmente aceptables ni igualmente buenas o agradables a Dios. (León XIII. Encíclica Immortale Dei, n. 14, 1 de noviembre de 1885)

Congregación para la Doctrina de la Fe

  • Las oraciones y ritos no cristianos no tienen origen divino ni la eficacia salvífica propia de los sacramentos, y son obstáculo para la salvación

De hecho algunas oraciones y ritos pueden asumir un papel de preparación evangélica, en cuanto son ocasiones o pedagogías en las cuales los corazones de los hombres son estimulados a abrirse a la acción de Dios (Redemptoris missio, n. 29; Catecismo de la Iglesia Católica, n. 843). A ellas, sin embargo no se les puede atribuir un origen divino ni una eficacia salvífica ex opere operato, que es propia de los sacramentos cristianos (cf. Conc. de Trento, Decr. De sacramentis, can. 8 de sacramentis in genere: DS 1608). Por otro lado, no se puede ignorar que otros ritos no cristianos, en cuanto dependen de supersticiones o de otros errores (cf. 1 Cor 10, 20-21), constituyen más bien un obstáculo para la salvación (Redemptoris missio, n. 55). Con la venida de Jesucristo Salvador, Dios ha establecido la Iglesia para la salvación de todos los hombres (cf. Hch 17, 30-31). Esta verdad de fe no quita nada al hecho de que la Iglesia considera las religiones del mundo con sincero respeto, pero al mismo tiempo excluye esa mentalidad indiferentista “marcada por un relativismo religioso que termina por pensar que ‘una religión es tan buena como otra’” (Redemptoris missio, n. 36). Si bien es cierto que los no cristianos pueden recibir la gracia divina, también es cierto que objetivamente se hallan en una situación gravemente deficitaria si se compara con la de aquellos que, en la Iglesia, tienen la plenitud de los medios salvíficos (cf. Myisticis corporis, DS 3821). (Congregación para la Doctrina de la Fe. Declaración Dominus Jesus, 6 de agosto de 2000, n. 21-22)


IV – La verdadera esencia de la oración, de la limosna y del ayuno


San Agustín de Hipona

  • No puede hacer ayuno agradable a Dios el que desgarra los miembros de Cristo

La eficacia de nuestro ayuno se apoya en la fe de Cristo. Para nosotros, el fin de nuestros ayunos está en nuestro camino. ¿Cuál es nuestro camino y a dónde vamos? Eso es lo que debemos considerar. Porque también los paganos ayunan a veces, pero ellos no conocen la patria adonde nosotros nos dirigimos. También los judíos ayunan de cuando en cuando, y ellos tampoco han tomado el camino por el que nosotros caminamos. Esto es igual al jinete que doma su caballo con el que se extravía. Los herejes ayunan; yo veo de qué modo caminan, y me pregunto: ¿a dónde caminan? Ayunáis para agradar ¿a quién? A Dios, responden. ¿Creéis que Él recibe vuestra ofrenda? Fíjate antes qué es lo que dice: Deja tu ofrenda, y vete primero a reconciliarte con tu hermano (Mt 5, 24). ¿Es que gobiernas rectamente tus miembros, tú que desgarras los miembros de Cristo? (cf. 1 Cor 6, 11). Se oye entre gritos vuestra voz, dice el profeta; y apremiáis a los que son vuestros servidores, y los herís a puñetazos. No ayunéis como ahora, dice el Señor (Is 58, 4-5). Luego sería reprobado tu ayuno cuando te mostrases severo sin piedad para con tu servidor, y ¿va a ser aprobado tu ayuno cuando no reconoces a tu hermano? Yo no pregunto de qué alimentos te abstienes, sino qué alimento amas. Dime qué alimento amas para que apruebe que tú te abstienes de él. ¿Tú amas la justicia? Apasionadamente la amo, respondes. Entonces, que se vea tu justicia. Porque creo que es justo que tú sirvas al mayor para que el menor te sirva a ti. En efecto, estamos hablando de la carne, que es menor que el espíritu, y que cuando es domada y gobernada está sumisa. Obras con ella de modo que te obedezca, y le controlas el alimento porque quieres que te esté sujeta a ti. Reconoce al que es mayor, reconoce al que es superior, para que el inferior te obedezca a ti justamente. (San Agustín de Hipona. La utilidad del ayuno, V, 7)

  • El ayuno es elemento para unirse a los ángeles y distanciarse de los infieles

Los hombres de fe, separados cordialmente de la turba de los infieles, y levantados hacia Dios, a quienes se dice: ¡Arriba el corazón!, portadores de otra esperanza (cf. Rom 8-23-24), y conscientes de que son peregrinos en este mundo (cf. 2 Cor 5, 6-7), ocupan un lugar intermedio: no hay que compararlos ni con los que no piensan en otro bien que en gozar de las delicias terrenas (cf. Sal 31, 9; Sal 48, 21), ni todavía con los habitantes superiores del cielo, cuyas delicias son el Pan mismo, que ha sido su Creador. Los primeros, como hombres inclinados a la tierra, que sólo reclaman a la carne el pasto y la alegría, se parecen a las bestias, muy distantes de los ángeles por su condición y costumbres: por su condición, porque son mortales; por sus costumbres, porque son sensuales. […] Por tanto, debemos reglamentar nuestros ayunos. No es, como he dicho, una obligación de los ángeles, y menos el cumplimiento de los que sirven a su vientre (cf. Flp 3, 19); es un término medio en el cual vivimos lejos de los infieles, codiciando estar unidos a los ángeles. […] Por tanto, si la carne, inclinándose hacia la tierra, es peso del alma y lastre que dificulta su vuelo, cuanto más uno se deleite con la vida superior, tanto más aligera el lastre terreno de su vida. Y eso es lo que hacemos al ayunar. (San Agustín de Hipona. La utilidad del ayuno, 2)

Santo Tomás de Aquino

  • El ayuno sirve para frenar la concupiscencia, elevar la mente y expiar los pecados

Se considera que un acto es virtuoso cuando se ordena, guiado por la razón, hacia un bien honesto. Esto se da en el ayuno, porque cumple tres fines principales. En primer lugar, sirve para frenar la concupiscencia. Por eso dice el Apóstol en el texto ya aducido (2 Cor 6, 5-6): En ayunos, en castidad, dado que el ayuno ayuda a conservar la castidad. En efecto, como dice San Jerónimo, sin Ceres y sin Baco languidece Venus, es decir, la lujuria se enfría mediante la abstinencia de comida y bebida. En segundo lugar, el ayuno hace que la mente se eleve a la contemplación de lo sublime. Por ello leemos, en Da 10,3ss, que recibió de Dios la revelación después de haber ayunado tres semanas. En tercer lugar, es bueno para satisfacer por los pecados. De ahí que se diga en Jl 2,12: Convertíos a mí de todo corazón, en ayuno, en llanto y en gemido. (Santo Tomás de Aquino. Suma Teológica, II, q. 147, a. 1)

Juan Pablo II

  • La oración, la limosna y el ayuno son aspectos esenciales de la vida cristiana

La tradición espiritual nos enseña que las principales obras del tiempo cuaresmal son tres: la oración, la limosna y el ayuno. La oración nos llama a una relación más intensa con Dios. La limosna significa una atención más generosa a los hermanos necesitados. El ayuno representa un firme propósito de disciplina moral y de purificación interior.
Se trata
evidentemente de aspectos esenciales de la vida cristiana y —como tales— necesarios en todo tiempo. Hay, sin embargo, los tiempos “fuertes”, que nos va presentando el desarrollo del año litúrgico: momentos en los que se nos exhorta a un compromiso más intenso y —con esta finalidad—, los ritos y textos sagrados nos ofrecen una mayor luz y una gracia más abundante. (Juan Pablo II. Audiencia general, n. 4, 12 de febrero de 1986)

  • La limosna tiene un valor decisivo para la conversión

En la Sagrada Escritura y según las categorías evangélicas, “limosna” significa, ante todo, don interior. Significa la actitud de apertura “hacia el otro”. Precisamente tal actitud es un factor indispensable de la metanoia, esto es, de la conversión, así como son también indispensables la oración y el ayuno. […] El Evangelio traza claramente este cuadro cuando nos habla de la penitencia, de la metanoia. Sólo con una actitud total —en relación con Dios, consigo mismo y con el prójimo— el hombre alcanza la conversión y permanece en estado de conversión. La “limosna” así entendida tiene un significado, en cierto sentido, decisivo para tal conversión. (Juan Pablo II. Audiencia general, n. 3-4, 28 de marzo de 1979)


V – El ayuno y la limosna, según el Corán


  • El ayuno no se hace por amor, sino para, quizás, adquirir temor

¡Creyentes!; Se os ha prescrito el ayuno, al igual que se prescribió a los que os precedieron. Quizás, así, temáis a Dios. (Corán, sura 2, 183)

  • Durante el Ramadán se puede comer y beber durante la noche

Durante las noches del mes de ayuno os es lícito mantener relaciones maritales con vuestras mujeres. Ellas son vuestra protección y vosotros la suya. Allah sabe que os engañabais a vosotros mismos, y os perdonó y absolvió. Ahora podéis mantener relaciones con ellas y buscar lo que Allah os decrete [hijos]; y comed y bebed hasta que se distinga el hilo blanco [la luz del alba] del hilo negro [la oscuridad de la noche], luego completad el ayuno hasta la noche, y no tengáis relaciones con ellas si estáis haciendo retiro en las mezquitas. Éstos son los límites de Allah, no oséis transgredirlos. Así aclara Allah Sus preceptos a los hombres para que sepan como obedecerle. (Corán, sura 2, 187)

  • El Corán enseña que no se debe dar limosna a los “impíos”

Sea cual sea la limosna que deis, sea cual sea el voto que hagáis, Dios lo conoce. Y los impíos no tendrán quien les auxilie. (Corán, sura 2, 270)


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