114 – Un pastor no teme ensuciarse las manos. Arriesga su vida, su fama, incluso en la carrera eclesiástica, ¡pero es un buen pastor! No puede estar tranquilo, protegiéndose a sí mismo. Es tan fácil condenar a los demás, pero no es cristiano

Perdonar y tener misericordia son prácticas característica de todo buen cristiano. Sin embargo, lo que pasa es que no siempre sabemos qué perdonar, ni a quién perdonar. Mirando a Jesucristo encontramos el más extraordinario ejemplo: misericordia en relación a los que estaban en el camino del mal, los pecadores arrepentidos. Sin embargo, otros que eran tenidos por santos, por ejemplo los fariseos, recibieron muchas veces la más severa condenación de Jesús. Entonces, ¿cómo defender que quien reprocha un error no vive según las sabias enseñanzas de Jesús si está siguiendo su ejemplo? Además, el buen pastor debe ir detrás de las ovejas descarriadas. Pero, ¿para salvarlas, debe “ensuciarse” las manos? ¿Qué significa esto? Una vez más expresiones incompletas que suscitan dudas. Sin duda, el pastor debe estar dispuesto a enfrentar sufrimientos y dificultades por el bien de su rebaño, pero esto no significa que deba poner en peligro su salvación o la de otras por causa de eso. En ese sentido, ¿es lícito a los eclesiásticos arriesgar la fama y su vocación con la supuesta de salvar almas? Una vez más, enunciados de incierto sentido llenan de perplejidad, pues según la letra, cada uno puede aplicarlos como mejor entiende… nada mejor que agarrarse en la firmeza de las enseñanzas que siempre nos dio la Iglesia.

Francisco

base_image

Cita ACita BCita C

Enseñanzas del Magisterio

Entra en las diversas partes de nuestro estudio

ContenidoAutores
I – ¿Ser como Jesús significa nunca condenar a nadie?
II – No se puede querer salvar a los demás con riesgo de perder la propia alma
III – Pureza de vida y vigilancia son virtudes de hombres misioneros
IV – El verdadero epíteto de buen pastor
V – El deseo de salvar almas no puede menospreciar la verdad

I – ¿Ser como Jesús significa nunca condenar a nadie?

Sagradas Escrituras

Cristo no se ensució con el pecado

No tenemos un sumo sacerdote incapaz de compadecerse de nuestras debilidades, sino que ha sido probado en todo, como nosotros, menos en el pecado. (Heb 4, 15)

Juzgar con juicio justo

No juzguéis según la apariencia. Juzgad con juicio justo. (Jn 7, 24)

“Mi juicio es legítimo”

Vosotros juzgáis según la carne; yo no juzgo a nadie; y, si juzgo yo, mi juicio es legítimo, porque no estoy yo solo, sino yo y el que me ha enviado, el Padre. (Jn 8, 16)

Cafarnaún bajará al abismo

Y tú, Cafarnaún, ¿piensas escalar el cielo? Bajarás al abismo. Porque si en Sodoma se hubieran hecho los milagros que en ti, habría durado hasta hoy. (Mt 11, 23)

Los perversos serán condenados

Cuando juzguen a esta generación, la reina del Sur se levantará y hará que la condenen, porque ella vino desde los confines de la tierra, para escuchar la sabiduría de Salomón, y aquí hay uno que es más que Salomón. (Mt 12, 42)

El hombre rendirá cuenta de sus actos en el día del juicio

En verdad os digo que el hombre dará cuenta en el día del juicio de cualquier palabra inconsiderada que haya dicho. Porque por tus palabras serás declarado justo o por tus palabras serás condenado. (Mt 12, 34-37)

Condenación de los fariseos

¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que cerráis a los hombres el reino de los cielos! Ni entráis vosotros, ni dejáis entrar a los que quieren. ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que viajáis por tierra y mar para ganar un prosélito, y cuando lo conseguís, lo hacéis digno de la gehenna el doble que vosotros! ¡Ay de vosotros, guías ciegos, que decís: “Jurar por el templo no obliga, jurar por el oro del templo sí obliga”! ¡Necios y ciegos! ¿Qué es más, el oro o el templo que consagra el oro? O también: “Jurar por el altar no obliga, jurar por la ofrenda que está en el altar sí obliga”. ¡Ciegos! ¿Qué es más, la ofrenda o el altar que consagra la ofrenda? Quien jura por el altar, jura por él y por cuanto hay sobre él; quien jura por el templo, jura por él y por quien habita en él; y quien jura por el cielo, jura por el trono de Dios y también por el que está sentado en él. ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que pagáis el diezmo de la menta, del anís y del comino, y descuidáis lo más grave de la ley: la justicia, la misericordia y la fidelidad! Esto es lo que habría que practicar, aunque sin descuidar aquello. ¡Guías ciegos, que filtráis el mosquito y os tragáis el camello! ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que limpiáis por fuera la copa y el plato, mientras por dentro estáis rebosando de robo y desenfreno! ¡Fariseo ciego!, limpia primero la copa por dentro y así quedará limpia también por fuera. ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que os parecéis a los sepulcros blanqueados! Por fuera tienen buena apariencia, pero por dentro están llenos de huesos de muertos y de podredumbre; lo mismo vosotros: por fuera parecéis justos, pero por dentro estáis repletos de hipocresía y crueldad. ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que edificáis sepulcros a los profetas y ornamentáis los mausoleos de los justos, diciendo: “Si hubiéramos vivido en tiempo de nuestros padres, no habríamos sido cómplices suyos en el asesinato de los profetas”! Con esto atestiguáis en vuestra contra, que sois hijos de los que asesinaron a los profetas. ¡Colmad también vosotros la medida de vuestros padres! ¡Serpientes, raza de víboras! ¿Cómo escaparéis del juicio de la gehenna? Mirad, yo os envío profetas y sabios y escribas. A unos los mataréis y crucificaréis, a otros los azotaréis en vuestras sinagogas y los perseguiréis de ciudad en ciudad. Así recaerá sobre vosotros toda la sangre inocente derramada sobre la tierra, desde la sangre de Abel el justo hasta la sangre de Zacarías, hijo de Baraquías, a quien matasteis entre el santuario y el altar. En verdad os digo, todas estas cosas caerán sobre esta generación”. (Mt 23, 13-36)

“A mí, porque os digo la verdad, no me creéis”

Vosotros sois de vuestro padre, el diablo y queréis cumplir los deseos de vuestro padre. El era homicida desde el principio y no se mantuvo en la verdad porque no hay verdad en él. Cuando dice la mentira, había de lo suyo porque es mentiroso y padre de la mentira. En cambio, a mí, porque os digo la verdad, no me creéis. (Jn 8, 44-45)

Dios castiga y condena

En efecto, Dios no perdonó a los ángeles que pecaron, sino que, precipitándolos en las tenebrosas cavernas del infierno, los entregó reservándolos para el juicio; y no perdonó al mundo antiguo provocando el diluvio sobre un mundo de impíos, aunque preservó a Noé, el pregonero de la justicia, y a otros siete; condenó a la catástrofe a las ciudades de Sodoma y Gomorra, reduciéndolas a ceniza y dejándolas como ejemplo para los impíos del futuro; libró al justo Lot, acosado por la conducta libertina de los corruptos —pues este justo, con lo que veía y oía de aquellos con quienes convivía, sentía atormentada su alma justa por sus obras inicuas. Así pues, bien sabe el Señor librar de la prueba a los piadosos y guardar a los impíos para castigarlos en el día del juicio, y sobre todo a los que andan tras la carne con deseos lascivos y desprecian el Señorío. (2 P 2, 4-10)

II – No se puede querer salvar a los demás con riesgo de perder la propia alma

Sagradas Escrituras

¿Qué gana el que se arruina a sí mismo?

¿De qué le sirve a uno ganar el mundo entero si se pierde o se arruina a sí mismo? Pues si uno se avergüenza de mí y de mis palabras, también el Hijo del hombre se avergonzará de él cuando venga en su gloria, en la del Padre y en la de los ángeles santos. (Lc 9, 25-26)

San Gregorio Taumaturgo

Obligación principal de cuidar de la propia alma

¿Y qué más propio del alma, qué merece ella tanto como cuidar de sí misma, no mirar fuera de sí ni hacer lo que no le atañe, ni, en una palabra, ser injusta consigo misma con la peor injusticia, sino, recogida dentro de sí misma, darse ella a sí misma y practicar así la justicia? (San Gregorio Taumaturgo. Discurso de acción de gracias dirigido a Orígenes)

San Juan Crisóstomo

No podemos descuidarnos de nosotros mismos

No te preocupes de las cosas de los demás con descuido de ti mismo y de tus intereses, cosa que ahora todos hacen, pareciéndose a los que trabajan en las minas que ninguna utilidad ni riqueza sacan de semejante trabajo, sino muy grave daño, pues en vano se exponen a los peligros en bien de otros, sin obtener para sí ganancia de los sudores y aun de la muerte que muchas veces les acontece. (San Juan Crisóstomo. Homilía LV sobre el Evangelio de San Mateo)

Pío X

No descuidarse de la práctica de las virtudes personales

Ahora bien: preciso es determinar en qué haya de consistir esta santidad, de la cual no es lícito que carezca el sacerdote; porque el que lo ignore o lo entienda mal, está ciertamente expuesto a un peligro muy grave. Piensan algunos, y hasta lo pregonan, que el sacerdote ha de colocar todo su empeño en emplearse sin reserva en el bien de los demás; por ello, dejando casi todo el cuidado de aquellas virtudes —que ellos llaman pasivas— por las cuales el hombre se perfecciona a sí mismo, dicen que toda actividad y todo el esfuerzo han de concentrarse en la adquisición y en el ejercicio de las virtudes activas. Maravilla cuánto engaño y cuánto mal contiene esta doctrina. De ella escribió muy sabiamente Nuestro Predecesor, de feliz memoria: Sólo aquel que no se acuerde de las palabras del Apóstol: “Los que El previó, también predestinó a ser conformes a la imagen de su Hijo” (Rom 8, 29), sólo aquél —digo— podrá pensar que las virtudes cristianas son acomodadas las unas a un tiempo y las otras a otro. Cristo es el Maestro y el ejemplo de toda santidad, a cuya norma se ajusten todos cuantos deseen ocupar un lugar entre los bienaventurados. (Pío X. Exhortación apostólica Haerent animo, n. 11, 4 de agosto de 1908)

Inocencio XI

No es lícito buscar la ocasión próxima de pecar por el bien del prójimo

[Doctrina condenada] Es licito buscar directamente la ocasión próxima de pecar por el bien espiritual o temporal nuestro o del prójimo. […] Todas las proposiciones son condenadas y prohibidas, tal como están, por lo menos como escandalosas y perniciosas en la práctica. (Denzinger-Hünermann 2163. Inocencio XI, Errores varios sobre materia moral, 4 de marzo de 1679)

Pío IX

Todo se pierde so pretexto de salvarlo todo

Vivimos en una atmósfera corrompida, pestilencial; sepamos preservarnos de ella; no nos dejemos emponzoñar por las falsas doctrinas, que todo lo pierden, so pretexto de salvarlo todo. (Pío IX. Discurso em la Iglesia de Aracoeli, 17 de septiembre de 1861)

Pablo VI

No buscar justificaciones para conceder a las malas inclinaciones

Aplíquese el sacerdote en primer lugar a cultivar con todo el amor que la gracia le inspira su intimidad con Cristo, explorando su inagotable y santificador misterio; adquiera un sentido cada vez más profundo del misterio de la Iglesia, fuera del cual su estado de vida correría el riesgo de aparecerle sin consistencia e incongruente. […] Justamente celoso de la propia e íntegra donación al Señor, sepa el sacerdote defenderse de aquellas inclinaciones del sentimiento que ponen en juego una afectividad no suficientemente iluminada y guiada por el espíritu, y guárdese bien de buscar justificaciones espirituales y apostólicas a las que, en realidad, son peligrosas propensiones del corazón. (Pablo VI. Encíclica Sacerdotalis caelibatus, n. 75.77, 4 de junio de 1967)

III – Pureza de vida y vigilancia son virtudes de hombres misioneros

Concilio Vaticano II

Santidad de vida en cualquier condición

Nuestro Señor Jesucristo predicó la santidad de vida, de la que Él es Maestro y Modelo, a todos y cada uno de sus discípulos, de cualquier condición que fuesen. “Sed, pues, vosotros perfectos como vuestro Padre Celestial es perfecto” (Mt 5, 48).[…] Los seguidores de Cristo, llamados por Dios no en virtud de sus propios méritos, sino por designio y gracia de Él, y justificados en Cristo Nuestro Señor, en la fe del bautismo han sido hechos hijos de Dios y participes de la divina naturaleza, y por lo mismo santos; conviene, por consiguiente, que esa santidad que recibieron sepan conservarla y perfeccionarla en su vida, con la ayuda de Dios. (Concilio Vaticano II. Constitución dogmática Lumen gentium, n. 40, 21 de noviembre de 1964)

Pío XII

El clérigo necesita tener una vida más santa que los seglares

Guiado por el esplendor de esta virtud, siempre tenga fija su mirada en Cristo; siga con toda diligencia sus mandatos, sus actos y sus ejemplos; y hállese plenamente convencido de que no le basta cumplir aquellos deberes a que vienen obligados los simples fieles, sino que ha de tender cada vez más y más hacia aquella santidad que la excelsa dignidad sacerdotal exige, según manda la Iglesia: “El clérigo debe llevar vida más santa que los seglares y servir a éstos de ejemplo en la virtud y en la rectitud de las obras” (CIS, can. 124). (Pío XII. Exhortación apostólica Menti nostrae, 3 de septiembre de 1950)

San Juan Crisóstomo

La perfección de la propia conducta ayuda a sacar las personas de las tinieblas

No es posible que quien de verdad se empeñe por ser santo deje de tener muchos que no le quieran; pero eso no importa, pues hasta con tal motivo aumenta la corona de su gloria. Por eso, a una sola cosa hemos de atender: a ordenar con perfección nuestra propia conducta. Si hacemos esto, conduciremos a una vida cristiana a los que andan en tinieblas. (San Juan Crisóstomo. Homilía XV sobre el Evangelio de San Mateo)

Benedicto XV

El ejemplo de vida es más elocuente que las palabras

De una manera especial tiene esto explicación tratándose de quien ha de vivir entre gentiles, que se guían más por lo que ven que por la razón, y para quienes el ejemplo de la vida, en punto a convertirles a la fe, es más elocuente que las palabras. (Benedicto XV. Carta apostólica Maximum illud, n. 9, 30 de noviembre de 1919)

Juan Pablo II

La elocuencia del ejemplo de la vida sacerdotal santa

También os exhorto a dotar vuestros seminarios de sacerdotes ejemplares, aunque esto signifique sacrificios en otras áreas, pues en la tarea de formar candidatos al sacerdocio nada es más elocuente que el ejemplo de una vida sacerdotal santa y comprometida. (Juan Pablo II. Discurso a la Conferencia Episcopal de Ghana en visita ad limina, 20 de febrero de 1999)

Pío IX

Mejor es tener pocos ministros buenos, que muchos no idóneos

Mas como no haya nada tan eficaz para mover a otros a la piedad y culto de Dios como la vida de los que se dedican al divino ministerio, y cuales sean los sacerdotes tal será de ordinario el pueblo, bien veis, Venerables Hermanos, que habéis de trabajar con sumo cuidado y diligencia para que brille en el Clero la gravedad de costumbres, la integridad de vida, la santidad y doctrina, para que se guarde la disciplina eclesiástica con diligencia, según las prescripciones del Derecho Canónico, y vuelva, donde se relajó, a su primitivo esplendor. Por lo cual, bien lo sabéis, habéis de andar con cuidado de admitir, según el precepto del Apóstol, al Sacerdocio a cualquiera, sino que únicamente iniciéis en las sagradas órdenes y promováis para tratar los sagrados misterios a aquellos que, examinados diligente y cuidadosamente y adornados con la belleza de todas las virtudes y la ciencia, puedan servir de ornamento y utilidad a vuestras diócesis, y que, apartándose de todo cuanto a los clérigos les está prohibido y atendiendo a la lectura, exhortación, doctrina, sean ejemplo a sus fieles en la palabra, en el trato, en la caridad, en la fe, en la castidad (1 Tim 4, 12), y se granjeen la veneración de todos, y lleven al pueblo cristiano a la instrucción y le animen. Porque mucho mejor es —como muy sabiamente amonesta Benedicto XIV, Nuestro predecesor de feliz memoria— tener pocos ministros, pero buenos, idóneos y útiles, que muchos que no han de servir para nada en la edificación del Cuerpo de Cristo, que es la Iglesia. (Pío IX. Encíclica Qui pluribus, n. 14, 9 de noviembre de 1846)

San Agustín de Hipona

El mal ejemplo hace homicidas a los pastores

Les parece poco no preocuparse de las enfermas, débiles, descarriadas y perdidas; en cuanto depende de ellos, matan también a estas fuertes y gordas. Estas viven por la misericordia de Dios; con todo, por lo que se refiere a los malos pastores, las matan. “¿Cómo —dices— las matan?” Viviendo mal, dándoles mal ejemplo. ¿O acaso se dijo en vano a un siervo de Dios, eminente entre los miembros del supremo pastor: Sé para todos dechado de buenas obras y: Sé un modelo para los fieles? Una oveja, aunque sea de las fuertes, ve frecuentemente que vive mal el que está al frente de ella; si aparta sus ojos de las normas del Señor y los pone en el hombre, comienza a decir en su corazón: “Si el que está al frente de mí vive de esta forma, ¿quién soy yo para no hacer lo que él hace?” Mata a la oveja fuerte. Si, pues, mata a la oveja fuerte, ¿qué hará con las otras, él, que con su mala vida mató a la que él no había robustecido, sino que la había encontrado ya fuerte o robusta? Digo y repito a vuestra caridad: aunque las ovejas estén vivas, aunque se mantengan firmes en la palabra del Señor y cumplan lo que oyeron a su Señor: Haced lo que os digan, pero no hagáis lo que ellos hacen, con todo, quien en presencia del pueblo vive mal, en cuanto de él depende, da muerte al que le ve. No se lisonjee pensando que ese no está muerto. Aunque el otro viva, él es un homicida.(San Agustín de Hipona. Sermón XLVI sobre Los pastores (Ez 34,1-16), n. 4, 12)

Benedicto XV

En el apostolado hay que concentrar las energías en la santidad de vida

Pero quienes deseen hacerse aptos para el apostolado tienen que concentrar necesariamente sus energías en lo que antes hemos indicado, y que es de suma importancia y trascendencia, a saber: la santidad de la vida. Porque ha de ser hombre de Dios quien a Dios tiene que predicar, como ha de huir del pecado quien a los demás exhorta que lo detesten. (Benedicto XV. Carta apostólica Maximum illud, n. 9, 30 de noviembre de 1919)

San Juan Crisóstomo

El mal ejemplo del maestro solo hace prosélitos más perversos

Recorréis la tierra y el mar para ganar un prosélito; y cuando ya lo es, lo hacéis reo de la gehena, […] tras de muchos trabajos y dificultades, no le ayudáis […] y no sólo descuidados, sino traidores, pues con su mal ejemplo de vida lo tornan peor. Cuando el discípulo ve a semejantes maestros, se torna peor; porque no se contiene en el grado de perversidad del maestro; sino que si el maestro es bueno, lo imita; pero si es malo, él lo supera en perversidad, por lo fácil que es arrojarse a lo peor. Y al decir: Hijo de gehena, significa simplemente la gehena. (San Juan Crisóstomo. Homilía LIII sobre el Evangelio de San Mateo)

Benedicto XV

Prendas de inteligencia y cultura de nada valen sin una vida irreprochable

Supóngase un misionero que, a las más bellas prendas de inteligencia y carácter, haya unido una formación tan vasta como culta y un trato de gentes exquisito; si a tales dotes personales no acompaña una vida irreprochable, poca o ninguna eficacia tendrá para la conversión de los pueblos, y aun puede ser un obstáculo para sí y para los demás. (Benedicto XV. Carta apostólica Maximum illud, n. 9, 30 de noviembre de 1919)

Juan XXIII

Hay que denunciar las imprudencias

En muchas regiones, por desgracia, los sacerdotes están obligados, a vivir, por razón de su oficio, en un mundo en el que reina una atmósfera de excesiva libertad y sensualidad. Y es demasiado verdadera para ellos la expresión de Santo Tomás de Aquino: “Es a veces muy difícil vivir bien en la cura de almas, por razón de los peligros exteriores” (Suma Teológica, I, c.). Añádase a ello que muchas veces se hallan moralmente solos, poco comprendidos y poco sostenidos por los fieles a los que se hallan dedicados. A todos, pero singularmente a los más aislados y a los más expuestos, Nos les dirigimos aquí un cálido llamamiento para que su vida íntegra sea un claro testimonio rendido a esta virtud que San Pío X llamaba “ornamento insigne de nuestro Orden”. Y con viva insistencia, Venerables Hermanos, os recomendamos que procuréis a vuestros sacerdotes, en la mejor forma posible, condiciones de vida y de trabajo tales que sostengan su generosidad. Necesario es, por lo tanto, combatir a toda costa los peligros del aislamiento, denunciar las imprudencias, alejar las tentaciones de ocio o los peligros de exagerada actividad.(Juan XXIII. Encíclica Sacerdotii nostri primordia, 1 de agosto de 1959)

Pío XII

Evitar familiaridades y actuar como ministro sagrado

Y a este propósito juzgamos oportuno exhortaros de modo especial para que, en la dirección de asociaciones y cofradías femeninas, os mostréis tales como corresponde a los sacerdotes: evitad toda familiaridad; y, siempre que fuere necesaria vuestra actuación, sea ésta como de ministro sagrado. Y en la misma dirección de tales asociaciones encerrad vuestra actividad en aquellos límites que vuestro ministerio sacerdotal exige. (Pío XII. Exhortación apostólica Menti nostrae, 23 de septiembre de 1950)

IV – El verdadero epíteto de buen pastor

Sagradas Escrituras

Ser modelo para los fieles

Que nadie te menosprecie por tu juventud; sé, en cambio, un modelo para los fieles en la palabra, la conducta, el amor, la fe, la pureza. Hasta que yo llegue, centra tu atención en la lectura, la exhortación, la enseñanza. No descuides el don que hay en ti, que te fue dado por intervención profética con la imposición de manos del presbiterio. Medita estas cosas y permanece en ellas, para que todos vean cómo progresas. Cuida de ti mismo y de la enseñanza. Sé constante en estas cosas, pues haciendo esto te salvarás a ti mismo y a los que te escuchan. (1 Tim 4, 12)

San Gregorio Magno

Pastores mercenarios son los que disimulan y callan los defectos del rebaño

Acontece que hay algunos prelados poco prudentes, que no se abreven a hablar con libertad por miedo de perder la estima de sus súbditos; con ello, como lo dice la Verdad, no cuidan a su grey con el interés de un verdadero pastor, sino a la manera de un mercenario, pues callar y disimular los defectos es lo mismo que huir cuando se acerca el lobo. (Gregorio Magno. Regla pastoral, n. 2, 4)

Es mercenario quien no cuida del provecho de las almas

No se llama pastor, sino mercenario, el que no apacienta las ovejas de su amo por amor hacia ellas, sino sólo por lucro. Es un mercenario el que ocupa el puesto del verdadero pastor, pero no se cuida del provecho de las almas; se afana por comodidades terrenas, se goza en el honor de la dignidad, apacienta sólo por la retribución temporal y se congratula con la estimación en que le tienen los hombres. (Gregorio I Magno. Homilía XIV sobre los Evangelios)

San Benito de Nursia

El monje debe odiar los vicios y reprender con moderación

Debe ser íntegro, moderado, indulgente y hacer siempre prevalecer la misericordia sobre la justicia, de suerte que a él le puedan tratar de la misma manera. Odiará los vicios, pero nunca dejará de amar a sus hermanos. Y cuando se vea obligado a reprenderles lo hará con moderación, según aquel principio: “No exagerar nada”, no sea que a fuerza de raspar la herrumbre se rompa el recipiente. Su propia flaqueza deberá estar siempre ante sus ojos y recordará que Dios no quiere que la caña cascada se rompa. Con esto no queremos decir que deba permitir el desarrollo de las malas costumbres. (San Benito de Nursia. Regla, cc. 2.64)

San Gregorio Magno

Hacerse amar, con la finalidad de hacerse escuchar

Evite el pastor la tentación de desear ser amado por los fieles antes que por Dios, o de ser demasiado débil por temor a perder el afecto de los hombres; no se exponga a la reprensión divina: “¡Ay de aquellos que aplican almohadillas a todos los codos!” (Ez 13,8). El pastor debe tratar de hacerse amar, pero con la finalidad de hacerse escuchar, no de buscar este afecto para utilidad propia. (Gregorio Magno. Regla Pastoral, 1, 2)

San Bonifacio de Maguncia

No seamos perros mudos

No seamos perros mudos, centinelas silenciosos, mercenarios que huyen del lobo, sino pastores en acecho, velando sobre el rebaño de Cristo, proclamando la voluntad de Dios al pequeño y al grande, al rico y al pobre, a los hombres de todas las condiciones y de todas las edades, a tiempo y destiempo, en la medida en que Dios nos da fuerzas. (San Bonifacio de Maguncia. Carta a Cuthbert: PL 89,765-768)

V – El deseo de salvar almas no puede menospreciar la verdad

Concilio Vaticano II

No se debe exhortar según el beneplácito de los hombres

En la edificación de la Iglesia los presbíteros deben vivir con todos con exquisita delicadeza, a ejemplo del Señor. Deben comportarse con ellos, no según el beneplácito de los hombres sino conforme a las exigencias de la doctrina y de la vida cristiana, enseñándoles y amonestándoles como a hijos amadísimos, a tenor de las palabras del apóstol: “Insiste a tiempo y destiempo, arguye, enseña, exhorta con toda longanimidad y doctrina” (2 Tim 4, 2). (Concilio Vaticano II. Decreto Presbyterorum ordinis, n. 6, 7 de diciembre de 1965)

Pío X

Trabajar para la salvación pero sin maléficas concesiones

Por todo esto, que surge necesariamente de los principios de la revelación cristiana y de las íntimas obligaciones de nuestro apostolado, ya veis, Venerables Hermanos, cuánto se equivocan los que estiman que serán más dignos de la Iglesia y trabajarán con más fruto para la salvación eterna de los hombres si, movidos por una prudencia humana, distribuyen abundante la mal llamada ciencia, movidos por la vana esperanza de que así pueden ayudar mejor a los equivocados, cuando en realidad los hacen compañeros de su propio descarrío. Pero la verdad es única y no puede dividirse; permanece eterna, sin doblegarse a los tiempos: Jesucristo es el mismo ayer, hoy y siempre. (Pío X. Encíclica Iucunda sane, n. 25, 12 de marzo de 1904)

Juan Pablo II

Lucidez y coherencia con la fe

Para ofrecer a todos un “diálogo de salvación” donde cada uno se siente respetado en su dignidad fundamental, la de buscador de Dios, tenemos necesidad de una catequesis que enseñe a los jóvenes y a los adultos de nuestras comunidades a permanecer lúcidos y coherentes en su fe, a afirmar serenamente su identidad cristiana y católica, a “ver lo invisible” y a adherirse de tal manera al absoluto de Dios que puedan dar testimonio de Él en una civilización materialista que lo niega. (Juan Pablo II. Exhortación apostólica Catechesi tradendae, n. 57, 16 de octubre de 1979)

Liberdad de adhesión, pero no indiferentismo

Precisamente, gracias a esta libertad, la fe —lo que expresamos con la palabra “creo”— posee su autenticidad y originalidad humana, además de divina. En efecto, ella expresa la convicción y la certeza sobre la verdad de la Revelación, en virtud de un acto de libre voluntad. Esta voluntariedad estructural de la fe no significa en modo alguno que el creer sea “facultativo”, y que por lo tanto, sea justificable una actitud de indiferentismo fundamental; sólo significa que el hombre está llamado a responder a la invitación y al don de Dios con la adhesión libre y total de sí mismo. (Juan Pablo II. Audiencia general, 17 de abril de 1985)


Print Friendly, PDF & Email