114 – Un pastor no teme ensuciarse las manos. Arriesga su vida, su fama, incluso en la carrera eclesiástica, ¡pero es un buen pastor! No puede estar tranquilo, protegiéndose a sí mismo. Es tan fácil condenar a los demás, pero no es cristiano

Perdonar y tener misericordia son prácticas característica de todo buen cristiano. Sin embargo, lo que pasa es que no siempre sabemos qué perdonar, ni a quién perdonar. Mirando a Jesucristo encontramos el más extraordinario ejemplo: misericordia en relación a los que estaban en el camino del mal, los pecadores arrepentidos. Sin embargo, otros que eran tenidos por santos, por ejemplo los fariseos, recibieron muchas veces la más severa condenación de Jesús. Entonces, ¿cómo defender que quien reprocha un error no vive según las sabias enseñanzas de Jesús si está siguiendo su ejemplo? Además, el buen pastor debe ir detrás de las ovejas descarriadas. Pero, ¿para salvarlas, debe “ensuciarse” las manos? ¿Qué significa esto? Una vez más expresiones incompletas que suscitan dudas. Sin duda, el pastor debe estar dispuesto a enfrentar sufrimientos y dificultades por el bien de su rebaño, pero esto no significa que deba poner en peligro su salvación o la de otras por causa de eso. En ese sentido, ¿es lícito a los eclesiásticos arriesgar la fama y su vocación con la supuesta de salvar almas? Una vez más, enunciados de incierto sentido llenan de perplejidad, pues según la letra, cada uno puede aplicarlos como mejor entiende… nada mejor que agarrarse en la firmeza de las enseñanzas que siempre nos dio la Iglesia.

Francisco

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Enseñanzas del Magisterio

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ContenidoAutores
I – ¿Ser como Jesús significa nunca condenar a nadie?
II – No se puede querer salvar a los demás con riesgo de perder la propia alma
III – Pureza de vida y vigilancia son virtudes de hombres misioneros
IV – El verdadero epíteto de buen pastor
V – El deseo de salvar almas no puede menospreciar la verdad

I – ¿Ser como Jesús significa nunca condenar a nadie?

Sagradas Escrituras

Cristo no se ensució con el pecado
Juzgar con juicio justo
“Mi juicio es legítimo”
Cafarnaún bajará al abismo
Los perversos serán condenados
El hombre rendirá cuenta de sus actos en el día del juicio
Condenación de los fariseos
“A mí, porque os digo la verdad, no me creéis”
Dios castiga y condena

II – No se puede querer salvar a los demás con riesgo de perder la propia alma

Sagradas Escrituras

¿Qué gana el que se arruina a sí mismo?

San Gregorio Taumaturgo

Obligación principal de cuidar de la propia alma

San Juan Crisóstomo

No podemos descuidarnos de nosotros mismos

Pío X

No descuidarse de la práctica de las virtudes personales

Inocencio XI

No es lícito buscar la ocasión próxima de pecar por el bien del prójimo

Pío IX

Todo se pierde so pretexto de salvarlo todo

Pablo VI

No buscar justificaciones para conceder a las malas inclinaciones

III – Pureza de vida y vigilancia son virtudes de hombres misioneros

Concilio Vaticano II

Santidad de vida en cualquier condición

Pío XII

El clérigo necesita tener una vida más santa que los seglares

San Juan Crisóstomo

La perfección de la propia conducta ayuda a sacar las personas de las tinieblas

Benedicto XV

El ejemplo de vida es más elocuente que las palabras

Juan Pablo II

La elocuencia del ejemplo de la vida sacerdotal santa

Pío IX

Mejor es tener pocos ministros buenos, que muchos no idóneos

San Agustín de Hipona

El mal ejemplo hace homicidas a los pastores

Benedicto XV

En el apostolado hay que concentrar las energías en la santidad de vida

San Juan Crisóstomo

El mal ejemplo del maestro solo hace prosélitos más perversos

Benedicto XV

Prendas de inteligencia y cultura de nada valen sin una vida irreprochable

Juan XXIII

Hay que denunciar las imprudencias

Pío XII

Evitar familiaridades y actuar como ministro sagrado

IV – El verdadero epíteto de buen pastor

Sagradas Escrituras

Ser modelo para los fieles

San Gregorio Magno

Pastores mercenarios son los que disimulan y callan los defectos del rebaño
Es mercenario quien no cuida del provecho de las almas

San Benito de Nursia

El monje debe odiar los vicios y reprender con moderación

San Gregorio Magno

Hacerse amar, con la finalidad de hacerse escuchar

San Bonifacio de Maguncia

No seamos perros mudos

V – El deseo de salvar almas no puede menospreciar la verdad

Concilio Vaticano II

No se debe exhortar según el beneplácito de los hombres

Pío X

Trabajar para la salvación pero sin maléficas concesiones

Juan Pablo II

Lucidez y coherencia con la fe
Liberdad de adhesión, pero no indiferentismo

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