69 – Todos somos iguales – ¡todos! Cuando no se ve esto, esa sociedad es injusta

“Seréis como Dios” (Gn 3, 5). Cayendo Eva en la tentación que la serpiente le propuso en el Jardín del Edén, las consecuencias fueron inmediatas y desastrosas para nuestros primeros padres: expulsión del paraíso, pérdida de los dones sobrenaturales y preternaturales y una vida de sufrimientos. La pretensión de ser “igual que Dios” fue la causa de todos los males que existen en el mundo. Esa misma tentación se repite en el interior de los hombres aún hoy. La ilusión de no tener superiores incita al hombre a creer que la tranquilidad proviene de la total igualdad de medios, posición y responsabilidades.

Delante de las necesidades de los más pobres la Iglesia como Madre que es, nunca quedó indiferente. De sus inagotables fuentes, nacieron institutos de caridad dedicados no sólo a dar de comer a las personas, sino, mucho más a hacerlos sentirse amados y queridos. Ella supo también instruir a los más favorecidos a practicar la generosidad y retirar de lo suyo para dárselo al prójimo. Este desvelo del superior hacia el inferior creaba la mutua estima y armonía entre las diversas clases sociales, clases que no eran compartimentos estanques entre sí, sino que vivían en constante comunicación. El beneficiado queda agradecido por la ayuda recibida y desea el bien al otro, que por el afecto y gratitud del primero es movido a conceder siempre más favores. Conclusión: donde reina el amor fraterno, hay justicia pues cada uno recibe naturalmente lo que merece. Y donde hay justicia, se establece una sólida paz. Pero un amor fraterno donde unos se sacrifican a favor del prójimo sólo puede nacer del amor a Dios. Al contrario, cuando todos quieren ser iguales reina el egoísmo y nos preguntamos: ¿cuál es la verdadera causa de injusticia? ¿Cuál es la enseñanza de la Iglesia sobre la igualdad social? ¿Es ésta realmente la solución para lograr la paz?

Francisco

Cita A

Enseñanzas del Magisterio

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ContenidoAutores

I- La desigualdad es un bien querido por Dios
II-
La caridad cristiana florece en la desigualdad
III-
Los frutos de la igualdad forzada

I- La desigualdad es un bien querido por Dios

Sagrada Escrituras

Dios quiso las diversidades entre los hombres
Pobres siempre tenéis
El cuerpo humano es símbolo del orden social

Santo Tomás de Aquino

La diversidad y desigualdad proviene del querer divino
Toda sociedad perfecta es desigual

Benedicto XV

Para el bien de la sociedad hay grandes y pequeños

Pío XI

En una sociedad ordenada hay desigualdades sociales
El verdadero orden social viene de un vínculo fuerte entre los distintos miembros

Pío X

Mantener la diversidad de clases es característica de una sociedad bien constituida

León XIII

Dios es el autor de las igualdades y desigualdades entre los hombres
Los socialistas proclaman la igualdad total de los hombres, la Iglesia reconoce las desigualdades naturales
Nada más repugnante a la razón que una vida civil de rigurosa igualdad
En toda sociedad siempre hay ciudadanos superiores a los otros

Catecismo de la Iglesia Católica

Los “talentos” no fueran distribuidos por igual a todos

Santa Teresa del Niño Jesús

La perfección consiste no en la igualdad sino en ser lo que Dios quiere

II- La caridad cristiana florece en la desigualdad

Benedicto XVI

Es erróneo reprochar la caridad en nombre de la “justicia”

Juan Pablo II

El amor une las diversidades y de ella nace la justicia

Juan XXIII

Cuando hay concordia entre las clases, hay un justo equilibrio
Independiente de la clase social todos deben vivir según la fraternidad cristiana

Benedicto XV

La eficacia del amor fraterno no consiste en hacer desaparecer las clases sociales

Pío XII

Las desigualdades no son obstáculo para un auténtico espíritu de fraternidad
Las diferencias entre los hombres se ordenan cuando hay fidelidad a Dios

Pío X

Considerar la “desigualdad” como sinónimo de “injusticia” no es un concepto católico

Santa Catalina de Siena

La desigualdad de bienes obliga a la práctica de la caridad

Santo Tomás de Aquino

Los necesitados son más bien atendidos en una sociedad desigual

III- Los frutos de la igualdad forzada

Benedicto XVI

La socialización de producción dejó una destrucción desoladora en la sociedad

Juan Pablo II

El colectivismo aumenta las perturbaciones en la sociedad

Juan XXIII

Cuidado con las ideologías que siembran discordia entre las clases sociales

Santo Tomás de Aquino

Afirmar que el bien de la sociedad consiste en la igualdad es destruir la sociedad
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