“Misericordiando” el pecado de Judas: gravedad e interpretaciones

Francisco una vez más demuestra sus preferencias, llamando al traidor de Jesús “pobre hombre arrepentido”. Aquel que cometió el crimen más infame de la Historia es objeto del compasión del Sumo Pontífice… Esperamos que no se aplique el “dime con quien andas y te diré quién eres”.Continue Reading

¿La mujer en la Iglesia es más importante que los obispos y los sacerdotes?

Con la venida de Cristo al mundo uno de los cambios más notorios presenciados por la humanidad fue la elevación de la mujer a una nueva y verdadera dignidad. En la casa de Simón es el propio Jesús quien toma la defesa de la adúltera arrepentida. Cuando los Apóstoles intentan apartar las madres que aproximan sus hijos de Nuestro Señor, Él reprocha a ellos y no a las madres. Además de los discípulos, permite Jesús que le acompañen también las santas mujeres. Continue Reading

En el confesionario el sacerdote está en el lugar de Cristo y actúa en su persona

El Evangelio nos muestra claramente que Cristo eligió a doce Apóstoles y les dio poderes especiales en orden a la Eucaristía, al perdón de los pecados y a la administración de los demás sacramentos. Para que estos dones se perpetuasen en la Iglesia hasta el final de los siglos, en la Última Cena con sus Apóstoles Jesucristo instituyó, junto con la Eucaristía, el sacramento del Orden, a través de las palabras: “Haced esto en conmemoración mía”.Continue Reading

¿La gracia divina es cierta acción desconocida semejante a una cantidad de luz? Francisco y sus nuevas concepciones teológicas

Un hecho célebre de la vida de Santa Juana de Arco es que al ser interrogada por la inquisición sobre si estaba o no en la gracia de Dios, formuló una respuesta llena de sabiduría, de verdad y de fe: “Si no estoy pido que Dios me quiera poner en ella; si estoy, que Dios me quiera conservar en ella”.

Seis siglos después casi la misma pregunta ha sido hecha pero de esta vez no a una santa sino al hombre que ocupa de silla de Pedro. Las dos son frases cortas, pero con una diferencia doctrinal verdaderamente sorprendente.

Sabemos por la enseñanza católica que la gracia es un don sobrenatural infundido por Dios en nuestra alma que nos hace partícipes de su vida y herederos del cielo. Nadie puede saber con entera certeza si está en gracia, pero la Revelación, la buena conciencia y muchos otros indicios nos dejan entrever su acción en nosotros, según los testimonios de varios santos. “El árbol se conoce por su fruto…” (Mt 12, 33). Ahora bien, ¿qué pensar de las comparaciones de dudosa ortodoxia que escuchamos por boca del Obispo de Roma? ¿Se puede sacrificar la precisión teológica conversando en público con un ateo militante? Veamos lo que nos enseña el Magisterio de siempre en el Denzinger-Bergoglio aquí→.

“Dios ama los malos y blasfemos”… ¿hasta cuándo? El buen y el mal ladrón…

El Evangelio de San Lucas relata que fueron crucificados dos ladrones con Jesús: uno a su derecha y otro a su izquierda. Uno de ellos estaba empedernido en sus pecados y blasfemaba mientras el otro, arrepentido, rogaba: “Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu reino” (Lc 23, 42). Uno recibió el perdón y el Paraíso; el otro recibió el rechazo de Jesús y el infierno. Dios manifiesta en estos dos ladrones los límites de su amor y misericordia por los hombres.

¿Es exacto decir que Dios ama siempre al pecador, incluso si es obstinado y blasfemo? ¿Que necesita el pecador para recibir el amor y la misericordia divinas? Maticemos…→

¿El clericalismo es una postura ajena al cristianismo?

Al instituir ministros ordenados en su Iglesia Nuestro Señor Jesucristo inauguraba “la más elevada dignidad entre todas las jerarquías de la tierra”, una nueva categoría de hombres llamados a actuar in persona de Él mismo y a dispensar los tesoros de la redención a la humanidad pecadora, como auténticos mediadores entre el cielo y este mundo. Estos varones elegidos por el mismo Cristo son participantes de la autoridad con que Él forma, santifica y rige su Cuerpo Místico, y su dignidad es incluso mayor que la de los ángeles.

El pueblo cristiano dedica desde siempre al presbítero una admiración entrañada por el simple hecho de ser quién es, por presentar a Dios sus intenciones y obtener de Él el auxilio que necesita. Nadie ignora que el sacerdote como todo mortal tiene también sus defectos, pero este religioso reconocimiento no puede estar ausente de los cristianos bien intencionados.

Los términos “clericalismo” y “anticlericalismo” utilizados por el Papa Francisco para externar su aprecio por la clase sacerdotal no son recientes. Fueron normalmente empleados por partidarios de diferentes corrientes, en su mayoría enemigos convencidos de la religión. Aquí los utilizamos del modo más genuino posible, sin las manchas que les añadieron los antiguos políticos conservadores o liberales, estos últimos siempre dispuestos a burlarse de la clase sacerdotal y posicionarse públicamente en contra ella. Mucho más importante que esto es entender el sacerdocio en conformidad a la enseñanza de la Santa Madre Iglesia, que no puede aprobar las teorías que minimizan la grandeza del ministerio ordenado, una de las mayores glorias del catolicismo y verdadero honor del género humano.

En lo que se refiere a las intenciones del Papa Francisco al declarase anticlerical y etiquetar de la misma forma el Apóstol Pablo ―¡imaginemos su sorpresa al enterarse de eso desde lo más alto de los cielos!― es difícil descubrirlas con exactitud y, más todavía, interpretar sus palabras como amablemente clericales. Lo que es seguro es que es un poco optimista querer que quien escucha pueda encontrarles fácilmente un sentido benévolo. Si realmente lo tuviera, se agradecería más claridad.

Para ayudar nuestros lectores ofrecemos a continuación un estudio que puede arrojar luz sobre la inquietud provocadas por estas declaraciones en las personas de fe sincera: la doctrina católica más autorizada en la que podemos creer sin temor ni dudas y que nos llevará a reafirmar nuestro clericalismo, como seguidores fieles que queremos ser de Cristo, el verdadero y sumo Sacerdote.

Entra en nuestro estudio ⇒

Derechos e igualdad, ¿fuente de justicia y paz?

“Seréis como Dios” (Gn 3, 5). Cayendo Eva en la tentación que la serpiente le propuso en el Jardín del Edén, las consecuencias fueron inmediatas y desastrosas para nuestros primeros padres: expulsión del paraíso, pérdida de los dones sobrenaturales y preternaturales y una vida de sufrimientos. La pretensión de ser “igual que Dios” fue la causa de todos los males que existen en el mundo. Esa misma tentación se repite en el interior de los hombres aún hoy. La ilusión de no tener superiores incita al hombre a creer que la tranquilidad proviene de la total igualdad de medios, posición y responsabilidades.Continue Reading

“Quién soy yo para juzgar”. El Sumo Pontífice y la suprema potestad de juzgar bajo el yugo de la dictadura del relativismo

Desde la Antigüedad, al constituirse el hombre en sociedad, la potestad de juicio ha sido atribuida a personas o grupos cualificados para juzgar las cuestiones o delitos que suele haber en la convivencia humana. En el Antiguo Testamento Moisés manda que sean elegidos hombres sabios, prudentes y expertos de entre el pueblo para guiar y juzgar las tribus en sus asuntos y pleitos, pues él solo ya no podía más (cf. Dt 1,12-17). Desgraciadamente, la miseria humana fue corrompiendo muchos de los que tenían tal encargo y, ya en su tiempo, Jesús fue muy severo con los que, en su hipocresía, apuntaban la “mota del ojo” de sus hermanos para juzgarlos y no arrancaban la “viga” del suyo (cf. Mt 7, 3). Por eso advirtió en el Sermón de la Montaña: “No juzguéis, para que no seáis juzgados. Porque seréis juzgados como juzguéis vosotros, y la medida que uséis, la usarán con vosotros” (Mt 7, 1-2).Continue Reading

¿La Iglesia ha cerrado las puertas del infierno?

Hay verdades incómodas que quisiéramos olvidar… por comodidad. Aunque esto no nos convenga lo más mínimo, algunos, sin embargo, hacen todo lo posible, pensando que a fuerza de negar una verdad, ésta dejará de serlo.

Hace poco más de un mes leíamos en algunos noticiarios de dudosa religiosidad titulares como estos: “El Papa Francisco revisa la teología del infierno”[1]; “¿Existe el infierno eterno? Papa Francisco estaría abierto a revisar esta idea”[2]; “Papa Francisco revisa dogma del castigo eterno en el infierno”[3]. Para sustentar tesis tan irrisoria en artículos carentes de toda honestidad intelectual, se basaban en una afirmación realizada por el Papa Francisco en la misa con los cardenales recién creados en el último Consistorio.

Como son precisamente estas verdades las que los verdaderos pastores debemos predicar con mayor empeño si, de hecho, queremos trabajar por la salvación de las almas, conviene hacerse algunas preguntas ¿acaso podría el Papa cambiar una verdad revelada? La Iglesia quizá no pueda condenar eternamente pero ¿y Dios? ¿Debe dejarse de predicar el infierno? Veamos lo que nos enseña el Denzinger-Bergoglio →