¿La Antigua Alianza aún está de pié?

El Concilio Vaticano II, en la Declaración Nostra Aetate n.4, recoge la doctrina siempre reconocida en la Iglesia – y cuyo origen está en San Pablo – de que el pueblo judío, al final, se convertirá al Señor: “Según el Apóstol, los Judíos son todavía muy amados de Dios a causa de sus padres, porque Dios no se arrepiente de sus dones y de su vocación. La Iglesia, juntamente con los Profetas y el mismo Apóstol espera el día, que sólo Dios conoce, en que todos los pueblos invocarán al Señor con una sola voz y ‘le servirán como un solo hombre’ (Soph 3,9)”. Sin embargo, ciertas afirmaciones recientes parecen dar a entender que el pueblo israelita debe permanecer donde se encuentra… y surgen las preguntas.

¿Ya no ama Dios al pueblo hebreo? ¿Ya no quiere su conversión? ¿Se salvan los judíos pretendiendo seguir la Ley Antigua? ¿Han mantenido la fe en Dios? ¿Los ritos judíos tienen la misma eficacia salvífica que los sacramentos? ¿Hay dos caminos para la salvación – la Antigua y la Nueva Alianza? ¿La Iglesia debe aprender de los judíos? Cuántas más preguntas nos hacemos, corremos el peligro de enmarañar más la cuestión… Conozcamos la doctrina veinte veces secular de la Santa Iglesia para así amar de verdad a los judíos y tener las cosas claras. Entra aquí →

¿Cierra la Iglesia las puertas de los sacramentos? ¿o se las cierran algunos a sí mismos?

Los constantes cambios de una sociedad en la que Dios está cada vez más puesto de lado presentan verdaderos desafíos pastorales a la Iglesia. Ésta, sin embargo, fiel a su misión no puede traicionar ciertos principios a pesar de tener que adaptar algunos aspectos de su praxis pastoral a las nuevas circunstancias. Pues bien, no es novedad que hace mucho tiempo que se levantan dentro y fuera de la Iglesia voces contra una supuestamente excesiva cerrazón a la hora de administrar los sacramentos. Al leer en la Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium, las palabras de Francisco sobre la necesidad de no cerrar las puertas de éstos por cualquier razón, estas voces se entusiasmaron… ¡era la aurora de esperadas novedades! ¿Cuál habrá sido la intención del Santo Padre al levantar este problema? Conviene recordar algunos conceptos… →

El valor de la claridad en una época de confusión

No es ninguna novedad que los enemigos de la Santa Iglesia intenten manipular las palabras de la Jerarquía Eclesiástica a favor de sus espurios intereses. Aún en nuestros días la influencias de los pastores sobre las almas es demasiada como para que aquellos que querrían un mundo sin Dios no intenten desviarla de su recta finalidad . En las últimas décadas, no ha sido raro que esto se haga inclusive con las enseñanzas de los Papas, pero, con la ayuda de Dios, la verdad siempre ha triunfado.

Mucho han ayudado en este sentido las palabras claras que iluminan una época donde la distinción entre el bien y el mal parecería ser cada vez más difuso, palabras contracorriente que no temen el desprecio del mundo, como las del Beato Pablo VI, San Juan Pablo II o, más recientemente, Benedicto XVI. Y se agradece… porque los católicos necesitamos certezas firmes como rocas fundamentadas en la Fe inmortal de la Iglesia.

Uno de los temas que más necesita esta claridad es la moral familiar, tan vapuleada por todos los lados. Por eso, nada mejor que conocer evitar las expresiones dudosas… Veamos que ejemplo nos da al respecto tanto el Papa Francisco como los Pontífices anteriores. Entra aquí →

¿Proselitismo? No… ¡Hagan lío!

Según el Diccionario de la Real Academia Española, «proselitismo» es «celo de ganar prosélitos». A su vez, «prosélito» es «persona incorporada a una religión». Desde los tiempos de Jesús, la Iglesia tuvo como primordial preocupación atraer a su seno todos los hombres para, como custodia de la plena verdad, conducirlos a la salvación. O sea, un proselitismo para el bien, en toda regla. Pero… otros métodos quizá agraden más a Dios. Veamos →