Francisco delante de la seriedad de la confesión

Con Dios no se juega. ¡Vete y morirás en tu pecado!” Con esas palabras llenas de furia e indignación fue expulsado el penitente de la celda del fraile capuchino. Actitud anti-pastoral de un confesor que no supo tener paciencia con sus penitentes. “Pobre hombre… ¡fue tan sólo a pedir perdón! No quería escuchar cuestionamientos…”, diría seguramente alguien con una visión unilateral y ambigua sobre la Misericordia. Aquel confesor no debería haberle hecho ninguna pregunta, su deber era simplemente el de perdonar, pues para eso está en el confesonario. Por su culpa, ese fiel seguramente nunca más volvería al santo tribunal de la Penitencia, alegando que fue por causa del mal trato recibido del sacerdote, que podría, con esta actitud, alejar muchos otros de la Misericordia Divina.Continue Reading

Francisco y el discurso del “Pan de vida”. Graves omisiones y novedosas interpretaciones.

En el pasado mes de agosto Francisco comentó el famoso discurso del “Pan de vida” relatado en el sexto capítulo del Evangelio de San Juan.

La rica sustancia teológica de este pasaje siempre alimentó la fe de los adoradores eucarísticos e inspiró en las almas un mayor reconocimiento hacia el grande don que Cristo nos dejó en el sacramento del Altar. Y no sólo, la profundidad de sus palabras fue el punto de partida para importantísimas consideraciones doctrinales sobre la Eucaristía. La unánime consideración de este anuncio como figura del sacramento del altar propició un tesoro de comentarios de papas, santos y doctores que se fundamentan en las palabras claras y arrebatadoras de Jesús: “Yo soy el pan vivo bajado del cielo”.

Del lado de los protestantes, sin embargo… al analizar este pasaje se hace todo tipo de esfuerzo para interpretar las palabras pronunciadas por nuestro Redentor en la sinagoga de Cafarnaún como una “metáfora” que alude a su muerte próxima. ¿Será porque no quieren alimentarse y adorar a Jesús realmente presente en el augusto Sacramento? A nosotros no nos cabe profundizar tal problema en este estudio, aunque mucho habría que decir sobre la infelicidad de los que cierran los ojos para no reconocer que Cristo está realmente presente en la hostia consagrada.

En esta entrada la pregunta es todavía más inquietante. ¿Por qué Francisco, el hombre que debe instruir la grey del Señor, omite cualquier referencia a la Eucaristía cuando comenta este discurso? ¿Será posible desarrollar un tema más necesario para el bien de los fieles que el de la presencia real en las Sagradas Especies, sobre todo en el contexto del evangelista San Juan?

¿Por qué rompe la tradición de la Iglesia Católica cuando, como veremos, hace suyas las interpretaciones de los protestantes? ¿Será porque a su juicio faltan argumentos sólidos en la innumerable extensión de autores católicos que expliquen la verdadera doctrina de estos versículos? Sin embargo éstos existen, son muy claros y nuestros lectores los pueden apreciar aquí para mejor juzgar esta importante cuestión. Entrar aquí→

Una relectura de los Evangelios: ¿Tan sólo la misericordia movía a Cristo?

Es muy agradable y, sobre todo, nos causa amor y admiración, pasear por las páginas del Evangelio y encontrar a aquel Jesús que “pasó haciendo el bien” (Hch 10, 38), curando a todos, perdonando los pecados, multiplicando los panes, resucitando a los muertos y bendiciendo a los niños. Pero, en contraposición, una verdad se olvida en nuestros días, e incluso llega a ser odiada por muchos que quieren arrancarla de las conciencias: en unidad inseparable del Jesús misericordioso, está el justo, el severo, el íntegro y radical, que no tolera las abominaciones ni los errores de los obstinados. Ambos son el mismo Jesús… con ambas caras Jesús es bueno, Jesús es la Bondad.

Las páginas del Evangelio nos muestran claramente esta realidad tan dura, pero que brota del mismo Divino Corazón tan lleno de dulzura y misericordia.

Frente a la corrupción hodierna y a los desvíos tan graves que la humanidad está tomando contra su eterna ley, ¿Cristo, que es Dios inmutable, dejará de ser justo y pasará a ser sólo misericordioso? ¿Estaremos actuando de forma sensata riéndoles las gracias a los pecadores que se enorgullecen de su estado y no tienen la más mínima intención de cambiar? ¿O procediendo de esta forma estamos envileciendo nuestra dignidad de hijos de Dios para acomodarnos al mundo? Para responder estas preguntas, conviene recordar lo que nos enseña la doctrina católica perenne sobre el verdadero sentido de la justicia y la misericordia divinas. Entra en el Denzinger-Bergogio→

¿Plagio? ¿Manipulación? ¿Prestidigitación?: Francisco y su peculiar concepto de propiedad privada (IV… Conclusiones)

¿Plagio? ¿Manipulación? ¿Prestidigitación?: Francisco y su peculiar concepto de propiedad privada (IV... Conclusiones)

Después de analizar las referencias que Francisco hizo en su Encíclica Laudato Si’ al tema de la propiedad privada (ver I-II-II parte de este estudio), aprovechando diversas citas de Juan Pablo II, cuyo sentido no quedaba muy claro, tal vez haya surgido una duda en el espíritu de nuestros lectores. Ante los hechos que estos estudios han demostrado ¿qué intención tiene Francisco con todo eso? También nosotros nos planteamos esa interrogación delante del contenido de la peculiar investigación de nuestro especialista en Doctrina Social ¿Será que el mismo pone a descubierto alguna intención oculta?

Una respuesta quizá nos pueda ser dada escarbando un poco en los aledaños del texto analizado de la encíclica…

Francisco al cerrar el controvertido numeral 93 de la Laudato si’, hilvana nuevamente dos citas del Papa Juan Pablo II. La primera corresponde a una referencia directa extraída desde una homilía que el Papa dirigió a los agricultores en Recife, Brasil (7 julio 1980), n. 4; y la segunda se trata de una citación indirecta del Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz de 1990, n.8:

“Por lo tanto [Juan Pablo II] afirmó que ‘no es conforme con el designio de Dios usar este don de modo tal que sus beneficios favorezcan sólo a unos pocos”. Esto cuestiona seriamente los hábitos injustos de una parte de la humanidad’”. (Laudato Si’, 93)

Como se puede observar, Francisco al yuxtaponer estas palabras y referencias del Papa Juan Pablo II, proferidas ante públicos y contextos sociales diversos, desea transmitir un mensaje: Juan Pablo II censuró a los que usan de modo egoísta sus bienes pues practican hábitos injustos. De este modo, la lectura de este párrafo con estas citas plantea una interrogante que permanece fluctuando sin respuesta: ¿quiénes son éstos que practican hábitos tan injustos? ¿Quiénes son estos egoístas?

Aplicando nuevamente su praxis de hilvanar citas descontextualizadas, en el numeral 94 de la Laudato si’ insinuará la respuesta sirviéndose, esta vez, de textos bíblicos:

“El rico y el pobre tienen igual dignidad, porque ‘a los dos los hizo el Señor’ (Pr 22,2); ‘Él mismo hizo a pequeños y a grandes’ (Sb 6,7) y ‘hace salir su sol sobre malos y buenos’ (Mt 5,45)”. (Laudato Si’, 94)

Francisco habiendo acoplado el pasaje de Mateo, sin ningún vínculo temático, a las citas de Proverbios y Sabiduría, parece insinuar una respuesta: Estos egoístas son los “ricos”, son los “grandes” de la sociedad, es decir, son los “malos”.

¿Esta insinuación tiene fundamento en la doctrina católica? ¿Todos los ricos son malos y egoístas? No deja de ser aleccionador comprobar que en el mismo discurso del Papa Juan Pablo II citado por Francisco, no obstante leído en su contexto, tenemos acceso a la doctrina verdadera. En efecto, el Papa Juan Pablo II, ilustrando sus enseñanzas a propósito de la necesidad de ser generosos y practicar las obras de caridad, comentó la parábola del rico Epulón y el pobre Lázaro:

51c0ef9f09eb3_350x0.png“En esa parábola, Cristo no condena al rico porque es rico, o porque viste lujosamente. Condena duramente al rico que no tiene en consideración la situación de penuria del pobre Lázaro, que solamente desea alimentarse de las migajas que caen de la mesa del festín. Cristo no condena la simple posesión de bienes materiales. Sino que sus palabras más duras se dirigen contra quienes usan su riqueza de manera egoísta, sin preocuparse del prójimo a quien le falta lo necesario”. (Juan Pablo II, homilía para agricultores en Brasil, Recife, 7 de julio de 1980)

¡Qué diferencia! ¡Qué contraste! Francisco para concluir sus enseñanzas sobre la propiedad privada pasa citar una Carta pastoral de la Conferencia Episcopal Paraguaya: “El campesino paraguayo y la tierra” (12 junio 1983):

“Esto tiene consecuencias prácticas, como las que enunciaron los Obispos de Paraguay: “Todo campesino tiene derecho natural a poseer un lote racional de tierra donde pueda establecer su hogar, trabajar para la subsistencia de su familia y tener seguridad existencial. Este derecho debe estar garantizado para que su ejercicio no sea ilusorio sino real. Lo cual significa que, además del título de propiedad, el campesino debe contar con medios de educación técnica, créditos, seguros y comercialización””. (Laudato Si’, 94)

Como se puede comprobar estas palabras de los obispos paraguayos tienen por objetivo incentivar el derecho a la propiedad privada. Es más, el texto original de esta Carta Pastoral invoca en favor de este derecho, la propia Constitución de la República Paraguaya pues lo ampara jurídicamente. Por lo tanto, la versión exacta presentada por los Obispos paraguayos es la siguiente:

“Este derecho (establecido en nuestra misma Constitución Nacional) debe estar garantizado para que su ejercicio no sea ilusorio sino real” . (Conferencia Episcopal Paraguaya, 12 de junio de 1983)

Cómo sería coherente con sus propias palabras si Francisco, el defensor “de los más humildes, los explotados, los pobres y excluidos”  (Discurso en el II Encuentro Mundial de Movimientos Populares, Bolivia, 9 de julio de 2015), durante su reciente viaje pastoral a Cuba inspirado en estas mismas palabras de los obispos paraguayos se hubiese solidarizado con el pueblo cubano con este discurso parafraseado: “Todo campesino cubano y todo cubano tiene derecho natural a poseer un lote racional de tierra donde pueda establecer su hogar, trabajar para la subsistencia de su familia y tener seguridad existencial. Este derecho (que no es establecido en vuestra Constitución Nacional) debe estar garantizado para que su ejercicio no sea ilusorio sino real. Lo cual significa que además del título de propiedad, el campesino cubano debe contar con medios de educación técnica, créditos, seguros y comercialización”.

¿Por qué Francisco nunca pronunciaría un discurso de este tenor para favorecer al sufrido pueblo cubano? ¿Sólo por qué en sus discursos a los movimientos populares — como el mismo se defendió — “un explicación [en materia de Doctrina Social de la Iglesia] dio la impresión de ser un poco más “izquierdosa”? (Rueda de Prensa en vuelo de Santiago de Cuba a Washinton D.C., 22 de septiembre de 2015)

¿Sólo por una explicación? ¡Si fuese sólo eso! Para miles de católicos las dudas y las perplejidades que Francisco ha suscitado con “su doctrina” continuarán in crescendo, no obstante diga que puede rezar el Credo para demostrar su ortodoxia… Sí, por lo que parece, hay realmente unos buenos y unos malos, una panacea y una bestia negra… una división… una… ¿promoción de la lucha de clases? ¿Será eso? Pues si es así… Ya sabemos lo que esto significa…

Mientras tanto… no estará fuera de lugar que recordemos lo que dice la verdadera doctrina católica sobre la propiedad privada. Entra aquí

Cuando los pobres expulsaron a Cristo…

Del corazón brota el amor, del corazón brota la compasión, del corazón fluye la vida. En un hogar, los hijos son la preocupación principal de la familia, pero el corazón es la madre. Sin la madre, ¿qué son los hijos?

En la vida cristiana, también tenemos un corazón que ama, que compadece, que da vida, pero no es un corazón de una madre sino un Divino Corazón: es Jesús. Él mismo es el corazón que vela por sus hijos, que cuida de los pobres, tanto los de bienes materiales como de espirituales. Jesús es el Corazón de la Buena Nueva, que anuncia a todos sin excepción el mensaje de salvación. Es el proprio redentor que nos estimula en el camino de conversión con palabras de compasión: “Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré” (Mt 11, 28). Tenemos cuidado en no atribuir a los hijos, objeto del desvelo de la madre, el corazón, que es de ella. Sin Jesús, ¿que sería de los pobres? El Evangelio es sobre todo el anuncio de Jesús Cristo y su amor por nosotros. Veamos lo que el Magisterio bimilenario de la Iglesia tiene para enseñarnos. Entra aquí→

El Islam según Francisco: ¿una religión de paz?… “Matadles dondequiera que los encontréis”

Si alguien se encuentra durmiendo, en perfectas condiciones físicas y mentales, posee una tranquilidad que es fruto del orden que reina en su interior. En cambio, una persona desmayada puede aparentar tranquilidad, pero su letargo es consecuencia de un desorden orgánico o psíquico y, por eso, no puede ser considerado un estado de paz. Tampoco el silencio de la tumba es paz, pues allí reina la corrupción del ser.Continue Reading

Más novedades cristológicas: ¿Jesús vino al mundo para aprender a ser hombre o para salvar los hombres?

Después de la desobediencia de Adán y Eva en el Paraíso, solamente el mismo Dios podía reparar el ultraje que fuera infringido por el pecado del hombre. Esa ofensa Dios la quiso reparar con la venida al mundo de su Hijo Unigénito, hecho Hombre en el seno de María. La Encarnación del Hijo de Dios es uno de los más grandes misterios de nuestra fe, misterio de la sabiduría divina que se esconde bajo la humanidad.

El Creador quiso encarnarse para manifestar junto a los hombres la gloria del Padre e indicar el verdadero camino de santidad hacia Él. Por eso no dudó en humillarse a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y una muerte de cruz (cf. Flp 2, 8). Veamos qué nos dice la Iglesia acerca de este trecho de la epístola a los Filipenses contrastadas con las enseñanzas novedosas del innovador predicador de Santa Marta. Entra aquí

¿Quiénes son los guías auténticos que los fieles deben seguir?

Un estudiante universitario serio se prepara con diligencia para los exámenes finales. Del buen éxito de los mismos dependerá su futuro profesional. Además de asistir a las aulas, consultará varias fuentes, pedirá consejo a personas que ya han estudiado las mismas asignaturas, recogerá opiniones de gente capacitada, pero… de todas formas su atención principal se centrará en las enseñanzas recibidas de los maestros. Nadie estudia para los exámenes poniendo su seguridad en los consejos que recibió de los compañeros. La seguridad le viene cuando sigue las orientaciones que recibió de quienes tenían el encargo de enseñar.

Del mismo modo, nuestra vida espiritual es una continua preparación para el examen final que es el juicio del que dependerá nuestra vida eterna. Aunque recibimos con alegría y gratitud, incluso como una verdadera necesidad, los consejos de nuestros amigos, es imprescindible apoyarse esencialmente en la dirección de los auténticos maestros que el proprio Redentor designó con la misión de enseñar, guiar y santificar a su grey. Nuestro destino eterno es demasiado serio para que nos apoyemos solamente en los hermanos o hermanas mayores. Veamos lo que nos enseña el Denzinger-Bergoglio→

¿Seguir los mandamientos es un deber o una opción?

Entre las muchas comunicaciones que recibimos del mundo entero, dándonos apoyo o incluso ofreciendo utilísimas colaboraciones, nos llegó hace un tiempo, de un hermano sacerdote, una propuesta de estudio de unas palabras pronunciadas por Francisco en una Audiencia General, de aquella serie preparatoria para el Sínodo de los Obispos sobre el tema de la familia. Ya el pedido contenía unas excelentes pautas de análisis y, por eso, queremos ofrecer su lectura a nuestros seguidores. Obviamente, hemos cortado aquellas partes de la carta que pueden revelar la identidad de este presbítero.Continue Reading

¡La fe católica no es la fe del Islam!

A finales del siglo XVI Valencia conoció un Arzobispo que marcó su historia y la de la Iglesia, siendo elevado a los altares en 1960 por Juan XXIII. San Juan de Ribera fue un verdadero buen Pastor que no se contentaba con cuidar de los fieles que vivían en su diócesis sino que iba en busca de nuevas ovejas. Uno de sus más grandes preocupaciones fue convertir a los seguidores de Mahoma a la fe católica, y después de convertidos, que fueran bien instruidos. Continue Reading

¿Las buenas voluntades de todos los hombres remplazan las investigaciones teológicas?

“La verdad no se impone de otra manera, sino por la fuerza de la misma verdad, que penetra suave y fuertemente en las almas.” Sabias palabras de la Declaración Dignitatis Humanae, del Concilio Vaticano II. ¿Y qué es la teología sino la búsqueda y la explicitación de la verdad divina? En efecto, la reflexión teológica reaviva la fe, pues aquella verdad que es ofrecida por la Revelación sobrepasa las capacidades de conocimiento del hombre, pero no se opone a su razón. Una teología que no se funde en la especulación y en los estudios no existe. Por eso la vocación del teólogo es suscitada por el Espíritu Santo y su función es lograr, en comunión con el Magisterio, una comprensión cada vez más profunda de la Palabra de Dios contenida en la Escritura, inspirada y transmitida por la Tradición viva de la Iglesia. No pueden los teólogos presentar una reflexión teológica que contradiga estos elementos. Por esta razón, su discurso acerca de la unidad de los cristianos y del ecumenismo no debe ser distinto de lo que enseña la Santa Iglesia, como ya hemos visto en otras materias y ahora recordaremos. Tampoco el Papa, cabeza visible del Cuerpo Místico de Cristo, que es la Iglesia, puede ser “uno más” entre los pastores de sectas protestantes… Veamos lo que nos dice el Magisterio de siempre→

Si la familia es la familia, ¿se puede decir también que es una realidad social, de cultura?

Esta página, cuya finalidad no es otra que la de aclarar un poco las ideas tan confusas de estos días que corren, ya tiene un cierto tiempo de existencia y, según se había previsto, ha recibido, recibe y recibirá palos por todos los lados. Entre las acusaciones que nos lanzan se encuentra la de que, en la mayor parte de nuestros estudios, le buscamos tres pies el gato, o sea, que queremos forzar en las palabras de Francisco un sentido que él no quiso darles. Quien así piensa, parece no haber entendido la finalidad de este trabajo, ni el funcionamiento de cada entrada.

Antes de nada, a un maestro se le exige claridad… mucho más a un Sumo Pontífice en una época donde cualquier lapso es aprovechado por los enemigos de la Iglesia para sus pésimos objetivos. Si tantas veces declaraciones de Juan Pablo II o de Benedicto XVI fueron retorcidas por aquéllos para confundir a la opinión pública, sería de ingenuos pensar que no vaya a ser hecho lo mismo con ciertas palabras de Francisco que ponen en bandeja un uso malintencionado. Unas veces porque en ellas hay que adivinar con la mejor de las voluntades su sentido ortodoxo, cerrando los oídos al choque que producen. Otras porque obligan a hacer un malabarismo intelectual para armonizar enunciados que, a primera vista, parecen contradecir algo que se dice pocas líneas abajo. Y así, tantas otras circunstancias. No hay más que ver los constantes desmentidos y aclaraciones que la Sala de Prensa de la Santa Sede tiene que emitir a propósito de dichos y hechos de Francisco. Si esto no es fácil para quien tiene buena voluntad, parece un poco difícil exigírselo a quienes tienen por curiosa afición rebuscar carroña para usarla de arma arrojadiza contra la Iglesia. Esta es la razón por la que, en muchas de nuestras entradas queremos, sobretodo, mostrar objetivamente la doctrina católica en su palmaria claridad a fin de que nadie pueda justificarse en las palabras del Obispo de Roma para atacar la verdad. Es el caso que nos ocupa en este estudio.

En las palabras de Francisco que serán analizadas vemos en pocas líneas las siguientes afirmaciones:

  • La familia es una realidad antropológica.

  • En consecuencia, una realidad social, de cultura.

  • No podemos calificar la familia con conceptos de naturaleza ideológica.

  • La familia es familia.

Después de leer y releer estas palabras, confesamos que no conseguimos entender el sentido más profundo y mucho menos la intención que tuvo Francisco al pronunciarlas, pues, a primera vista, parecen contener una enorme contradicción. Si la familia, por ser una realidad antropológica, es una realidad social, de cultura –se entiende, por lo tanto, que la sociedad y la cultura de su tiempo pueden modelarla–, ¿cómo no se la puede calificar con conceptos ideológicos? Pero, una línea después, nueva contradicción, “la familia es familia” y ya está. Perfecto, pero, ¿como puede ser entonces una realidad de cultura? En fin… que seguimos sin entender y, por eso, nos parece oportuno recordar la doctrina mucho más clara sobre la célula mater de la sociedad que la Iglesia viene enseñando hace 2000 años, tan actual y necesaria para un mundo donde estilos de vida abiertamente inmorales –¡realidades sociales y de cultura!– se implantan por todas las partes. Realmente, la familia no es progresista o conservadora, es familia conforme al plan de Dios, o simplemente no es familia. Veamos lo que nos dice el Magisterio de siempre →