“Misericordiando” el pecado de Judas: gravedad e interpretaciones

Francisco una vez más demuestra sus preferencias, llamando al traidor de Jesús “pobre hombre arrepentido”. Aquel que cometió el crimen más infame de la Historia es objeto del compasión del Sumo Pontífice… Esperamos que no se aplique el “dime con quien andas y te diré quién eres”.Continue Reading

La reforma de la Iglesia según Francisco: ¿la verdad de la fe será tenida en cuenta?

Imaginemos un navío de la era de los descubrimientos que partió para una noble misión: llevar a tierras lejanas e inhóspitas el tesoro de la fe y de la civilización por las manos de hombres valientes que se cubrirán de gloria terrena con esa gesta, pero que, sobre todo, serán premiados en el Cielo por abrir a innumerables almas las puertas de la Redención.Continue Reading

¿El Ramadán puede dar frutos espirituales?

Todos los años la Iglesia se une al misterio de Jesús en el desierto al celebrar la Cuaresma. Así como Él quiso ayunar y vencer los asaltos del demonio durante cuarenta días, los católicos tienen en el tiempo de Cuaresma un periodo particularmente favorable para los ejercicios espirituales y las obras de piedad y caridad. Todo esto es orientado hacia la Pascua y nos hace revivir los momentos dolorosos de la Pasión del Señor y al mismo tiempo fortalece nuestra esperanza con la perspectiva de la Resurrección. Continue Reading

¿El Evangelio debe ser anunciado con dulzura o con verdad?

“Quien no usa la vara odia a su hijo, quien lo ama lo corrige a tiempo” (Prov 13, 24).

A nadie se le oculta el amor natural de los padres por sus hijos y como están dispuestos a sacrificar la vida por su bien. Por causa de este mismo amor nace la preocupación cuando los pequeños amagan tomar el mal camino… Y como no, la necesidad de enseñarles, reprenderlos y amonestarlos, recurriendo cuando es necesario a un arma más severa: el castigo. Quien es educado así, cuando crece demuestra ser una persona de carácter y virtud que da muchos frutos en sus buenas obras. Por lo tanto es falsa la ternura que omite la verdad con la ilusión de suprimir una supuesta angustia causada por la severidad, pues el que así obra entrega los hijos a sus pasiones y éstos, desconociendo el camino verdadero, se precipitan en el infierno.

La Iglesia que es nuestra Santa Madre asume como deber esencial manifestar la verdad, utilizando también su autoridad al anunciar el Evangelio. Para eso, nunca ha puesto de lado medios eficaces de salvación como son la severidad, la reprensión o hasta la punición cuando se hacen necesarios, siguiendo el ejemplo del Divino Maestro que no dudó en expulsar látigo en ristre a los mercaderes del templo o amenazar con severidad a los fariseos.

Finalmente, sólo nos sobra una duda: ¿La Iglesia hace realmente el bien cuando evangeliza exclusivamente con dulzura, con fraternidad, con amor? O más bien, ¿qué mal hace la Iglesia cuando no predica la verdad a favor de la dulzura, de la fraternidad, del amor? Veamos lo que nos dicen las Escrituras, Papas, Doctores y Santos.

¿Qué testimonio los religiosos deben dar al mundo? ¿De virtud o de pecado?

Imaginemos una persona que se pone gravemente enferma y después de muchas tentativas de curarse encuentra por fin un médico que le receta un medicamento eficaz. Después de algunos días de tratamiento, está curada. Naturalmente, la gratitud le hará dar a conocer a tantos cuantos pueda la competencia del facultativo y la eficacia de la fórmula que éste le prescribió, resaltando lo grave que era la enfermedad de la cual la han salvado. Su testimonio, además de ensalzar al médico, servirá para experiencias ulteriores sobre esa molestia y animará a cuantos la padezcan a esperar la curación. ¡Evidentemente, nadie pensará que esta propaganda acarrea una apología de la triste condición de enfermo…

Algo parecido pasa en el plano espiritual. Todos los hombres estamos contagiados de una misma enfermedad ―el pecado― y tenemos necesidad de ejemplos vivos que nos incentiven a alcanzar la perfección, pues aunque parezca difícil, basta con que recurramos al Divino Médico y nos beneficiemos de su gracia que esto será posible. El mismo Dios cuidó de designar a algunos hombres y mujeres con la especial vocación de servir como testimonio de santidad para los demás. Son aquellos que abrazan los consejos evangélicos como medio de conquistar la perfección de la caridad. Su vida debe ser una continua manifestación del poder del Dios amoroso, que se hizo hombre como nosotros para librarnos del pecado. ¿Qué pensar, pues, de un religioso que no refleja en su vida ese poder divino, contentándose en enorgullecerse de que es pecador como los demás? Veamos lo que nos dice el Magisterio →