¿Los herejes nos van a enseñar la fidelidad al Evangelio?

Acababa la última cena y ya el traidor se había retirado para ejecutar su crimen. Jesús, en la sola compañía de sus Apóstoles, elevó al Padre celestial la conocida oración sacerdotal, en la que pide por sus discípulos y en ellos por todos los que formarían parte de su rebaño, o sea, de su única Iglesia, la católica. Los apóstoles, para poder transmitir la doctrina y la fe verdadera, tuvieron que pasar tres años de intensa convivencia con el Divino Maestro. Prueba de ello es que en el colegio apostólico no había discrepancias religiosas: todos poseían la misma fe, la misma doctrina, las mismas enseñanzas.Continue Reading

¿La unidad pluriforme bergogliana tiene a Cristo en el centro?

Entre los extraños principios rectores de la filosofía bergogliana, está el que dice que “la unidad prevalece sobre el conflicto”.  Las consecuencias extraídas de este predicado las explica un tanto en su la Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium, presentada como el eje programático de su pontificado. Continue Reading

¿La unidad de doctrina y de praxis en la Iglesia permite desobedecer a la ley eterna?

En los primeros párrafos de Amoris laetitia encontramos una afirmación que delinea el espíritu de todo lo que Francisco quiere transmitir en este documento: es hora de desarrollar “diferentes maneras de interpretar algunos aspectos de la doctrina”  con vistas a “buscar soluciones más inculturadas” en la pastoral familiar.Continue Reading

“Misericordiando” el pecado de Judas: gravedad e interpretaciones

Francisco una vez más demuestra sus preferencias, llamando al traidor de Jesús “pobre hombre arrepentido”. Aquel que cometió el crimen más infame de la Historia es objeto del compasión del Sumo Pontífice… Esperamos que no se aplique el “dime con quien andas y te diré quién eres”.Continue Reading

A vuelta con la “Amoris Lætitia”, ¿qué trato merecen los pecadores públicos?

El pasado 27 de febrero, durante una rápida audiencia que no duró ni siquiera treinta minutos, Francisco recibió al actual Presidente de Argentina Mauricio Macri, acompañado de su concubina, Juliana Awada, y otros políticos de su partido. Ya tuvimos oportunidad de comentar varios aspectos colaterales sobre esta visita (aquí), pero en la audiencia sucedió algo de mucha más gravedad y que despertó preocupación en numerosos católicos. Continue Reading

La reforma de la Iglesia según Francisco: ¿la verdad de la fe será tenida en cuenta?

Imaginemos un navío de la era de los descubrimientos que partió para una noble misión: llevar a tierras lejanas e inhóspitas el tesoro de la fe y de la civilización por las manos de hombres valientes que se cubrirán de gloria terrena con esa gesta, pero que, sobre todo, serán premiados en el Cielo por abrir a innumerables almas las puertas de la Redención.Continue Reading

Evangelio y mundo: ¿quién tiene la última palabra?

“Mis ovejas escuchan mi voz, y yo las conozco, y ellas me siguen” (Jn 10, 27). Nadie deja de encantarse al depararse con un rebaño guiado por el pastor; sobre todo, nos sorprende la obediencia con que las ovejas le siguen. Podemos creer con toda seguridad que Dios propició el surgimiento del pastoreo para ser imagen de una realidad más alta: la Santa Iglesia Católica, constituida por Cristo en dos órdenes de fieles: los Pastores —que representan al Buen Pastor— y las ovejas. Los Pastores de la Santa Iglesia son los luceros puestos por Cristo en el mundo, para guiar los fieles por el camino del bien, de la virtud y de la santidad, hasta las moradas eternas.

¿Qué ocurre cuando los Pastores dejan de ser la luz y la guía de los pueblos, y se adaptan a sus ovejas, no según el Evangelio, sino según los estilos del mundo? Entra aquí→

Para Francisco, ¿quiénes tienen fe? ¿Los que la reciben de la Iglesia? ¿O los que la construyen por sí mismos?

Los buenos conocedores de la naturaleza son los que notan los cambios físicos o climáticos a partir de pequeños indicios. Síntomas ligeros en la apariencia muchas veces significan grandes revuelos, que pueden darse en poco tiempo, pero hay que saber reconocer si se quieren prevenir mayores perjuicios. Estas percepciones son características de un pequeño número de expertos o de personas que viven muy vinculadas a la tierra, a las montañas o al mar y por fin alcanzan, gracias a la experiencia, una intuición acertada de lo que pasa o vendrá a ocurrir.Continue Reading

¿Dios no condena, sólo ama y salva? ¿Seguro?

“El misterio de la cruz es la respuesta de Dios al mal del mundo”. Con estas palabras Francisco encerraba su primer Via Crucis en el Coliseo como Obispo de Roma, durante un breve discurso que prenunciaba sus futuras predicaciones centradas en el perdón y la misericordia. El pontífice explicó de manera novedosa el significado de la inmolación del Cordero de Dios, que habría ofrecido su vida en la cruz para decirnos una palabra de amor más fuerte que de justicia.

El sentido de esta frase de acuerdo con la doctrina católica es que en el Madero Sagrado el Hijo de Dios sacrificó su vida por el género humano privado de la vida de la gracia e impedido de gozar la eterna bienaventuranza a causa de sus culpas. Su ofrenda reparó junto al Padre el abismo insuperable que nos separaba de Él, abriéndonos las puertas del cielo. Por lo tanto, fue un acto de suma justicia.

Entre la justificación del hombre y su salvación eterna hay un largo camino de perseverancia que debe ser recorrido, y que consiste en el abandono del pecado con la ayuda divina. Enseña San Hilario que “El mismo Padre que preparó para los justos el reino al que su Hijo hace entrar a quienes son dignos, así también preparó el horno de fuego para quienes por mandato del Señor serán arrojados en él por los ángeles que enviará el Hijo del Hombre”. Todo dependerá de las disposiciones de cada cual y de su correspondencia a los designios de Dios. Lo cierto es que la problemática del juicio, de la gravedad del pecado y de la condenación eterna persiste después del sacrificio del Calvario, por mucho que se quiera quitarle importancia.

Sin embargo, cuando escuchamos que “El misterio de la cruz es la respuesta de Dios al mal del mundo” y la interpretación que se siguió a este bello enunciado, ¿podemos estar seguros de la ortodoxia de lo que nos es transmitido? ¿No serían más bien palabras que preparaban un pontificado que “no responde al mal” y que prefiere “permanecer en silencio” cuanto a este tema? ¿Cómo entender esta confusión en medio de un Jubileo de la Misericordia cuyo sentido no le ha quedado claro a casi nadie? Veamos lo que nos dice el Denzinger-Bergoglio →

¿El Evangelio debe ser anunciado con dulzura o con verdad?

“Quien no usa la vara odia a su hijo, quien lo ama lo corrige a tiempo” (Prov 13, 24).

A nadie se le oculta el amor natural de los padres por sus hijos y como están dispuestos a sacrificar la vida por su bien. Por causa de este mismo amor nace la preocupación cuando los pequeños amagan tomar el mal camino… Y como no, la necesidad de enseñarles, reprenderlos y amonestarlos, recurriendo cuando es necesario a un arma más severa: el castigo. Quien es educado así, cuando crece demuestra ser una persona de carácter y virtud que da muchos frutos en sus buenas obras. Por lo tanto es falsa la ternura que omite la verdad con la ilusión de suprimir una supuesta angustia causada por la severidad, pues el que así obra entrega los hijos a sus pasiones y éstos, desconociendo el camino verdadero, se precipitan en el infierno.

La Iglesia que es nuestra Santa Madre asume como deber esencial manifestar la verdad, utilizando también su autoridad al anunciar el Evangelio. Para eso, nunca ha puesto de lado medios eficaces de salvación como son la severidad, la reprensión o hasta la punición cuando se hacen necesarios, siguiendo el ejemplo del Divino Maestro que no dudó en expulsar látigo en ristre a los mercaderes del templo o amenazar con severidad a los fariseos.

Finalmente, sólo nos sobra una duda: ¿La Iglesia hace realmente el bien cuando evangeliza exclusivamente con dulzura, con fraternidad, con amor? O más bien, ¿qué mal hace la Iglesia cuando no predica la verdad a favor de la dulzura, de la fraternidad, del amor? Veamos lo que nos dicen las Escrituras, Papas, Doctores y Santos.

La misericordia, hermenéutica de la veleta

“Voluble como una veleta”, o directamente “es un veleta”, es lo que solemos decir de una persona que cambia constantemente de opinión o actitud al sabor del momento, tal como la veleta al capricho de los vientos.

En el extremo opuesto está la brújula. Fiel a sí misma, señala siempre el norte, indicando el rumbo con la firmeza propia de las cosas que se rigen por leyes perennes e inmutables. Por eso, puede guiar al navegante en mar tranquilo o tempestuoso, en borrasca o bonanza.

Si tuviéramos que comparar la Iglesia con uno de esos instrumentos, ¿cuál de los dos elegiríamos? La respuesta no es tan simple cuanto parecería a primera vista. Ya el Papa Benedicto XVI alertaba contra una “hermenéutica de la discontinuidad” y ahora parece nacer otra que no quedaría mal llamarla “hermenéutica de la veleta”…

Así, a las puertas del Jubileo de la Misericordia no parece muy exagerado preguntar: ¿Qué es la misericordia para la Iglesia de siempre? ¿Es la misma que propaga Francisco? Más aun: qué es la Iglesia para Francisco, ¿brújula o veleta? Entra y verás.

Una relectura de los Evangelios: ¿Tan sólo la misericordia movía a Cristo?

Es muy agradable y, sobre todo, nos causa amor y admiración, pasear por las páginas del Evangelio y encontrar a aquel Jesús que “pasó haciendo el bien” (Hch 10, 38), curando a todos, perdonando los pecados, multiplicando los panes, resucitando a los muertos y bendiciendo a los niños. Pero, en contraposición, una verdad se olvida en nuestros días, e incluso llega a ser odiada por muchos que quieren arrancarla de las conciencias: en unidad inseparable del Jesús misericordioso, está el justo, el severo, el íntegro y radical, que no tolera las abominaciones ni los errores de los obstinados. Ambos son el mismo Jesús… con ambas caras Jesús es bueno, Jesús es la Bondad.

Las páginas del Evangelio nos muestran claramente esta realidad tan dura, pero que brota del mismo Divino Corazón tan lleno de dulzura y misericordia.

Frente a la corrupción hodierna y a los desvíos tan graves que la humanidad está tomando contra su eterna ley, ¿Cristo, que es Dios inmutable, dejará de ser justo y pasará a ser sólo misericordioso? ¿Estaremos actuando de forma sensata riéndoles las gracias a los pecadores que se enorgullecen de su estado y no tienen la más mínima intención de cambiar? ¿O procediendo de esta forma estamos envileciendo nuestra dignidad de hijos de Dios para acomodarnos al mundo? Para responder estas preguntas, conviene recordar lo que nos enseña la doctrina católica perenne sobre el verdadero sentido de la justicia y la misericordia divinas. Entra en el Denzinger-Bergogio→