Cuando la sabiduría de la Iglesia es considerada mundanidad…

Nos gustaría hacer aquí una breve observación a Francisco. Muchas veces él hace mención a la Iglesia como si fuera simplemente una organización socio-económica (es lo que indican sus múltiples pronunciamientos) y no una institución divina. Casi no hay posición o aspecto de la Iglesia que él no haya criticado. Alegó la necesidad de una “descentralización del papado”, demostró ser contrario a la jerarquía diciendo que “las mujeres son más que los obispos”, insultó a la Curia Romana al llamarla “la lepra del papado”, y un largo etcétera que no detallamos porque sería un no acabar. ¡Y cree hacer todas estas críticas con la intención de “ayudar al pueblo de Dios”! Es notorio que él incluso ha quitado a Cristo del Evangelio, al afirmar que “los pobres son el corazón del Evangelio”.Continue Reading

El Islam según Francisco: ¿una religión de paz?… “Matadles dondequiera que los encontréis”

Si alguien se encuentra durmiendo, en perfectas condiciones físicas y mentales, posee una tranquilidad que es fruto del orden que reina en su interior. En cambio, una persona desmayada puede aparentar tranquilidad, pero su letargo es consecuencia de un desorden orgánico o psíquico y, por eso, no puede ser considerado un estado de paz. Tampoco el silencio de la tumba es paz, pues allí reina la corrupción del ser.Continue Reading

Pobreza, ¡cuántos errores se propagan en tu nombre!

“¡Libertad, libertad! ¡Cuántos crímenes se cometen en tu nombre!”, fueron las últimas palabras pronunciadas por Madame Roland, destacada partidaria de la Revolución Francesa, antes de colocar su cabeza en el cepo para ser guillotinada. La frase se hizo célebre por expresar con suma claridad las manipulaciones a que están sujetos determinados conceptos, pues esta mujer era condenada en nombre de los mismos falsos ideales de libertad, igualdad y fraternidad que antes había defendido.Continue Reading

Laudato si’ (I): Consideraciones colaterales

Pocas imágenes reflejan con tanta autenticidad y poesía la relación entre Dios y los hombres como el pastoreo. “Yo soy el Buen Pastor. Mis ovejas escuchan mi voz, y yo las conozco, y ellas me siguen” (Jo 10, 14.27). Inolvidables palabras del Pastor Eterno que llenan de confianza y seguridad a sus ovejas a lo largo de los siglos. Sí, en todos los siglos, pues el “eco” de la voz del Pastor se hace siempre oír de distintas maneras a los fieles. Una forma privilegiada es, sin duda, el Magisterio de la Iglesia que a través del munus de enseñar prolonga la voz del Divino Maestro por todos los tiempos, conduciendo su rebaño a praderas fértiles y defendiéndolo contra los lobos feroces. Y hasta hoy las “ovejas” saben reconocer quién les habla…

No hace muchos días el Papa Francisco publicó su segunda encíclica. La expectativa que la precedió es clarísimo síntoma del mencionado anhelo por encontrar allí el “eco” de la voz de Jesucristo cuidando su rebaño en los agitados días que vivimos. Venida a luz, “Laudato si’” –que Francisco desea incorporar a la doctrina social de la Iglesia– ha despertado una tan profusa como efímera reacción en los más diversos ámbitos, desde grupos ambientales radicales, hasta dirigentes políticos y sectores religiosos: simpatías, reservas, preocupaciones…

Así pues, delante de la importancia de este documento, el Denzinger-Bergoglio presenta un estudio más minucioso que los habituales, con una estructura conforme su presentación de siempre, pero con algunos elementos nuevos que ayuden al lector a conocer mejor los meandros poco comentados de la Encíclica y a emitir un juicio de valor razonable sobre el mismo, siempre de acuerdo con la doctrina inmutable de la Santa Iglesia.

En esta primera entrega, pareció oportuno hacer unas consideraciones colaterales, pues muchos no tiene claro algunos presupuestos esenciales al leer un documento pontificio, máxime como el que será objeto de nuestro análisis.Los católicos, ¿cómo debemos considerar esta encíclica? ¿Encontraremos en ella un auténtico eco de la voz del Buen Pastor para aclarar las cuestiones sociales de la actualidad? Dejemos que el mismo Magisterio nos responda. Entra aquí ⇒

¿Las limosnas corporales son preferibles al esplendor del culto divino?

Si hay algún lugar en el mundo en el que cualquiera, rico o pobre, puede sentirse acogido sin restricciones, es en una iglesia católica. Allí, la magnificencia material está al servicio de la gloria de Dios y al alcance de todos, que pueden disfrutar sosegadamente del esplendor del templo como seguramente no conseguirían hacerlo en palacios y museos. Allí, los brazos del Padre se extienden hacia todos para que, a través de la belleza artística y de la magnificencia del culto, tengan oportunidad de elevar, con la santa libertad de los hijos de Dios, sus corazones hasta Él. Verdadera limosna para los pobres, pues, más importante que nada, reciben así la palabra de Dios sin sufrir acepción de personas. Obviamente, la Santa Iglesia, como Madre amorosa, también está allí para socorrerlos en sus necesidades materiales. Una cosa es inseparable de la otra, y segregar cualquiera de las dos desvirtuaría su sentido pastoral más profundo, como bien lo demuestra la historia de la Iglesia a lo largo de dos mil años. Conviene recordar lo que el Magisterio nos enseña para no dejarnos engañar por arranques oratorios que pueden parecer poéticos y hasta ser bienintencionados, pero que, en el fondo, no pasan de demagogia barata. Veamos aquí →