La reforma de la Iglesia según Francisco: ¿la verdad de la fe será tenida en cuenta?

Imaginemos un navío de la era de los descubrimientos que partió para una noble misión: llevar a tierras lejanas e inhóspitas el tesoro de la fe y de la civilización por las manos de hombres valientes que se cubrirán de gloria terrena con esa gesta, pero que, sobre todo, serán premiados en el Cielo por abrir a innumerables almas las puertas de la Redención.Continue Reading

Si no existen sectas… ¿Todo es Iglesia?

A camino de Damasco Saulo no pensaba más que en perseguir a los seguidores del Mesías. Su odio por aquel al que llamaban Cristo no se limitaba a despreciarlo, sino que necesitaba alimentarse de hechos positivos que contribuyeran a eliminar de Israel lo que le parecía el peor de los desvíos nascidos del judaísmo. En su afán, pocas horas después de su partida desde Jerusalén, él, el último que podría imaginarse, “loco” de amor por el crucificado, pasa a creer y a predicar a favor del mismo al que antes perseguía.

Los años pasaron y todo pasó al revés: ahora Pablo, sin tregua, necesitaba defender la sana doctrina de los múltiples errores que pululaban en el seno de la primitiva Iglesia según el capricho de algunos. De esta forma, mereció Pablo el epíteto de Apóstol de las gentes, no solo por predicar la palabra de Dios a los gentíos, sino también por defenderla entre ellos contra los errores que ya levantaban la cabeza desvergonzadamente. Contra las sectas de su tiempo explicitó la doctrina del cuerpo místico de Cristo. Un solo rebaño, un solo pastor, una sola Iglesia Esposa de Jesucristo. Entra en el Denzinger-Bergoglio y te sorprenderás →

¿Caridad exclusiva y excluyente?

Por más que algunos se empeñen en presentarlo así, el amor hacia los pobres no es una novedad nacida de la Iglesia de Cristo durante los últimos años. Fue el Divino Redentor quien dio el ejemplo y dejó esa sorprendente ley de la caridad, que hace que sus seguidores encuentren en los que sufren la imagen del mismo Jesús que los inspiró a socorrerlos.

Sin embargo, el llamado divino a la conversión fue dirigido a todos, pobres o ricos, y la pobreza que mereció el título de bienaventuranza fue la del espíritu: el desapego de las cosas de este mundo y la humildad. Por eso, delante de algunas visualizaciones sesgadas, cabe preguntarse, ¿habrá pobres que son ricos en espíritu y ricos que son desapegados? ¿Es la “opción por los pobres” exclusiva y excluyente?

Si la idea de “carne de Cristo” tiene relación con la de Cuerpo Místico, ¿es la pobreza de las periferias lo que hace el hombre parte de este Cuerpo? El Magisterio nos enseña qué es el Cuerpo Místico de Cristo y cuáles son sus verdaderos miembros. Ver más…→