Seguir la moral católica ¿cosa de fariseos?

En esta vida terrenal todo pasa, porque está sujeto al tiempo. Desde las criaturas minerales, pasando por los vegetales y los animales, todo pasa inevitablemente. Sin embargo, el hombre ―cuya parte material también pasa, para después volver―, cuando cruza los umbrales del fin del tiempo, ya no pasará, sea para vivir en la felicidad o en la perdición eterna. Continue Reading

“Dios ama los malos y blasfemos”… ¿hasta cuándo? El buen y el mal ladrón…

El Evangelio de San Lucas relata que fueron crucificados dos ladrones con Jesús: uno a su derecha y otro a su izquierda. Uno de ellos estaba empedernido en sus pecados y blasfemaba mientras el otro, arrepentido, rogaba: “Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu reino” (Lc 23, 42). Uno recibió el perdón y el Paraíso; el otro recibió el rechazo de Jesús y el infierno. Dios manifiesta en estos dos ladrones los límites de su amor y misericordia por los hombres.

¿Es exacto decir que Dios ama siempre al pecador, incluso si es obstinado y blasfemo? ¿Que necesita el pecador para recibir el amor y la misericordia divinas? Maticemos…→

El Islam según Francisco: ¿una religión de paz?… “Matadles dondequiera que los encontréis”

Si alguien se encuentra durmiendo, en perfectas condiciones físicas y mentales, posee una tranquilidad que es fruto del orden que reina en su interior. En cambio, una persona desmayada puede aparentar tranquilidad, pero su letargo es consecuencia de un desorden orgánico o psíquico y, por eso, no puede ser considerado un estado de paz. Tampoco el silencio de la tumba es paz, pues allí reina la corrupción del ser.Continue Reading

Francisco y el problema del sufrimiento; cómo entender el “valle de lágrimas”

En el año 1930 nació en Roma Antonietta Meo, cuarta hija de padres honrados y creyentes. En su hogar aprendió las primeras verdades de la fe, aunque la atmósfera de catolicidad que en aquel entonces caracterizaba en la Ciudad Eterna también colaboró favorablemente para su formación religiosa.

A los cuatro años, a causa de una inflamación en la rodilla de apariencia poco preocupante, los médicos descubrieron en la niña un mal terrible: osteosarcoma. Los padecimientos que desde entonces afectaron Antonieta seguramente harían estremecer los varones adultos más valientes: tratamientos dolorosos y prácticamente inútiles hasta la amputación de la pierna izquierda, al que se siguió el avance del mal, que llegó incluso a comprometer los pulmones. Los médicos se sorprendían al comprobar como un cuerpo tan pequeño podía padecer males tan grandes.

Pero lo más impresionante del caso es sin duda la reacción de Antonieta ante estos infortunios, pues a medida que aprendía los pasajes de la vida de Jesús identificaba su estado con el de Cristo Padeciente y descubría en la Pasión el verdadero motivo por el que sufría: “Querido Jesús crucificado, te quiero mucho y te amo mucho, quiero estar en el Calvario contigo y sufro con alegría porque sé que estoy en el Calvario. Querido Jesús, te agradezco que me hayas mandado esta enfermedad, que es un medio para que llegue al Paraíso. Querido Jesús, dile a Dios Padre que le amo mucho también a Él. Querido Jesús, dame fuerzas para soportar los dolores que te ofrezco por los pecadores…”

Esta niña murió a los seis años y su cuerpo hoy se encuentra en su parroquia, la Basílica de San Juan de Letrán. Muchos aguardan con esperanza el reconocimiento de la heroicidad de sus virtudes y elevación al honor los altares.

En la misma ciudad de los Papas una escena transcurrida el pasado mes de mayo nos hace recordar el ejemplo de “Nennolina”: el Papa recibe niños afectados por enfermedades graves acompañados por sus padres. Estos infelices en el cuerpo pero bautizados y con sus almas amparadas por las bendiciones de la Iglesia esperaban de Francisco una palabra de aliento, que el Pontífice les indicara un sentido en medio al infortunio atroz, como padre que es de la Iglesia especialmente atento a todo lo que concierne los necesitados.

Sin embargo, manifestando una vez más su extraña concepción de esta problemática ya tratada en el viaje apostólico a Filipinas, Francisco vuelve a decir que es una situación para la que no hay explicaciones, que el único remedio para los niños y sus padres es llorar.

Para colmo de perplejidades, Francisco proyecta esta reacción de sentido enteramente naturalista en la Santísima Virgen María y su Divino Hijo. Según él, Nuestra Señora tampoco comprendió lo que pasaba en el Calvario, y su Hijo tampoco tenía claro el alcance de nuestros dramas hasta el momento en que lloró.

Sobran más palabras… pues si la enseñanza de la Iglesia explica esta cuestión, ¿no se esperaría otra respuesta del Vicario de Cristo? Leer más ⇒

¿Qué son las obras de misericordia y cuáles son las más importantes?

Al hablar de caridad casi siempre pensamos en auxilios materiales ofrecidos a los más necesitados, lo que no deja de ser correcto. Dar limosna es un hábito laudable que siempre fue incentivado por la Santa Madre Iglesia. Sin embargo, no podemos olvidar que las obras de misericordia espirituales —instruir, aconsejar, consolar, confortar, perdonar y sufrir con paciencia (Catecismo de la Iglesia Católica, 2447)—, son más importantes que las corporales —dar de comer al hambriento, dar techo a quien no lo tiene, vestir al desnudo, visitar a los enfermos y presos, y enterrar los muertos.

Dentro de la Iglesia florecieron como en un jardín exuberante las más diversas órdenes religiosas dedicadas a la asistencia material del prójimo, pero ¿alguna vez se consideraron dispensadas de la obligación de instruir en la verdadera doctrina a aquellos desventurados que yacen en las tinieblas del error? Veamos lo que nos dice el Denzinger-Bergoglio →