A vuelta con la “Amoris Lætitia”, ¿qué trato merecen los pecadores públicos?

El pasado 27 de febrero, durante una rápida audiencia que no duró ni siquiera treinta minutos, Francisco recibió al actual Presidente de Argentina Mauricio Macri, acompañado de su concubina, Juliana Awada, y otros políticos de su partido. Ya tuvimos oportunidad de comentar varios aspectos colaterales sobre esta visita (aquí), pero en la audiencia sucedió algo de mucha más gravedad y que despertó preocupación en numerosos católicos. Continue Reading

¿Hemos recibido una instrucción válida sobre el episodio de la pérdida del Niño Jesús en el Templo?

Todo sacerdote que ama de la Palabra de Dios medita sobre el Evangelio que será proclamado y por él explicado a los fieles. Sobre el conocimiento dado por su reflexión, es normal que el Espíritu Santo le inspire nociones más profundas sobre los hechos de la vida del Redentor y lo ilumine en relación al mensaje de salvación que se encuentra escondido en las entrelíneas.Continue Reading

¿La gracia divina es cierta acción desconocida semejante a una cantidad de luz? Francisco y sus nuevas concepciones teológicas

Un hecho célebre de la vida de Santa Juana de Arco es que al ser interrogada por la inquisición sobre si estaba o no en la gracia de Dios, formuló una respuesta llena de sabiduría, de verdad y de fe: “Si no estoy pido que Dios me quiera poner en ella; si estoy, que Dios me quiera conservar en ella”.

Seis siglos después casi la misma pregunta ha sido hecha pero de esta vez no a una santa sino al hombre que ocupa de silla de Pedro. Las dos son frases cortas, pero con una diferencia doctrinal verdaderamente sorprendente.

Sabemos por la enseñanza católica que la gracia es un don sobrenatural infundido por Dios en nuestra alma que nos hace partícipes de su vida y herederos del cielo. Nadie puede saber con entera certeza si está en gracia, pero la Revelación, la buena conciencia y muchos otros indicios nos dejan entrever su acción en nosotros, según los testimonios de varios santos. “El árbol se conoce por su fruto…” (Mt 12, 33). Ahora bien, ¿qué pensar de las comparaciones de dudosa ortodoxia que escuchamos por boca del Obispo de Roma? ¿Se puede sacrificar la precisión teológica conversando en público con un ateo militante? Veamos lo que nos enseña el Magisterio de siempre en el Denzinger-Bergoglio aquí→.

Jesús lo puede todo, ¿incluso fingir? Los dardos de una nueva cristología

Después de la Encarnación del Verbo y la Redención del género humano la Persona de Nuestro Señor Jesucristo se convirtió en el centro de la Historia. Rendirle culto, servirle y propagar su nombre pasó a ser la más alta finalidad de los bautizados, que nunca se cansaran de conocerlo cada vez más en esta vida mientras esperan el encuentro definitivo con Él en la venidera.

En esta búsqueda estimulada por la fe encuentra su origen la ciencia cristológica que en todos los siglos obtuvo notables avances, particularmente cuando debió vencer tremendos obstáculos como fueron las herejías. El Espíritu Santo nunca dejó de asistir la Iglesia para que conservara la verdad íntegra en lo tocante a la doctrina relativa a su Fundador, pues si las enseñanzas de Cristo son de máxima importancia, las que dicen respecto a su Persona lo son todavía más.

En diversas ocasiones el Papa Francisco ha demostrado interpretaciones muy personales en el campo de la cristología, dignas de atención. Sutiles, enroscadas en bellos discursos, a veces en dichos cortos, expresan ideas que hacen pensar y provocan cierta inquietud.

La afirmación que originó esta entrada, aunque breve, es reveladora de una visión sobre Cristo que necesita aclaraciones. ¡Jesús es la misericordia infinita! No cabe duda cuán agradable es meditar los pasajes evangélicos que demuestran su divina bondad en relación a los pecadores, su disposición de enseñar a todos que a Él se acercaban, curarlos tanto en el alma como en el cuerpo. Pero Jesús también condenó los malos, atacó a los que permanecían obstinadamente en el error, tejió un látigo y con él dispersó palomas, bueyes y ovejas y acarició la espalda de los que habían transformado la casa de Dios en una cueva de ladrones… y eso algunos no lo comprenden o no quieren comprenderlo.

¿Puede ser verdad que Jesús fingió en esas ocasiones una ira que no anidaba en su corazón? ¿Qué es fingir? El diccionario de la Real Academia Española nos ofrece una definición muy clara: “Dar a entender lo que no es cierto // Dar existencia real a lo que realmente no la tiene // Simular, aparentar”. Jesús es Dios y no puede obrar algo imperfecto. Por eso, no puede mentir y engañar. Veamos lo que dice la doctrina católica sobre eso. Entra aquí.