Continuando con la virginidad… ¿Simpatiza Francisco con la herejía de Joviniano?

“Igualar el matrimonio con la virginidad consagrada a Dios, es cosa no del cristiano, sino de Joviniano…” (Santo Tomás)

En un estudio anterior analizamos una referencia que Francisco presentó en el numeral 159 de la Amoris Laetitia. Dicha referencia, obtenida desde una catequesis del Papa Juan Pablo II de 14 de julio de 1982, fue simplemente truncada en su parte teológica esencial. Francisco, de este modo, habiendo silenciado que el Papa Juan Pablo II recordó que la virginidad y el celibato se fundamentan en una opción por amor al “Reino de los Cielos” (Mt 19,12), induce a una interpretación unilateral.Continue Reading

Más novedades exegéticas bergoglianas: ¿San Juan Bautista anunció un falso Mesías?

Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan: este venía como testigo, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por medio de él” (Jn 1,6). En los textos evangélicos son innumerables los pasajes en los cuales la figura del Bautista es puesta en realce con los más bellos elogios.Continue Reading

Una relectura de los Evangelios: ¿Tan sólo la misericordia movía a Cristo?

Es muy agradable y, sobre todo, nos causa amor y admiración, pasear por las páginas del Evangelio y encontrar a aquel Jesús que “pasó haciendo el bien” (Hch 10, 38), curando a todos, perdonando los pecados, multiplicando los panes, resucitando a los muertos y bendiciendo a los niños. Pero, en contraposición, una verdad se olvida en nuestros días, e incluso llega a ser odiada por muchos que quieren arrancarla de las conciencias: en unidad inseparable del Jesús misericordioso, está el justo, el severo, el íntegro y radical, que no tolera las abominaciones ni los errores de los obstinados. Ambos son el mismo Jesús… con ambas caras Jesús es bueno, Jesús es la Bondad.

Las páginas del Evangelio nos muestran claramente esta realidad tan dura, pero que brota del mismo Divino Corazón tan lleno de dulzura y misericordia.

Frente a la corrupción hodierna y a los desvíos tan graves que la humanidad está tomando contra su eterna ley, ¿Cristo, que es Dios inmutable, dejará de ser justo y pasará a ser sólo misericordioso? ¿Estaremos actuando de forma sensata riéndoles las gracias a los pecadores que se enorgullecen de su estado y no tienen la más mínima intención de cambiar? ¿O procediendo de esta forma estamos envileciendo nuestra dignidad de hijos de Dios para acomodarnos al mundo? Para responder estas preguntas, conviene recordar lo que nos enseña la doctrina católica perenne sobre el verdadero sentido de la justicia y la misericordia divinas. Entra en el Denzinger-Bergogio→

Cuando los pobres expulsaron a Cristo…

Del corazón brota el amor, del corazón brota la compasión, del corazón fluye la vida. En un hogar, los hijos son la preocupación principal de la familia, pero el corazón es la madre. Sin la madre, ¿qué son los hijos?

En la vida cristiana, también tenemos un corazón que ama, que compadece, que da vida, pero no es un corazón de una madre sino un Divino Corazón: es Jesús. Él mismo es el corazón que vela por sus hijos, que cuida de los pobres, tanto los de bienes materiales como de espirituales. Jesús es el Corazón de la Buena Nueva, que anuncia a todos sin excepción el mensaje de salvación. Es el proprio redentor que nos estimula en el camino de conversión con palabras de compasión: “Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré” (Mt 11, 28). Tenemos cuidado en no atribuir a los hijos, objeto del desvelo de la madre, el corazón, que es de ella. Sin Jesús, ¿que sería de los pobres? El Evangelio es sobre todo el anuncio de Jesús Cristo y su amor por nosotros. Veamos lo que el Magisterio bimilenario de la Iglesia tiene para enseñarnos. Entra aquí→

El Islam según Francisco: ¿una religión de paz?… “Matadles dondequiera que los encontréis”

Si alguien se encuentra durmiendo, en perfectas condiciones físicas y mentales, posee una tranquilidad que es fruto del orden que reina en su interior. En cambio, una persona desmayada puede aparentar tranquilidad, pero su letargo es consecuencia de un desorden orgánico o psíquico y, por eso, no puede ser considerado un estado de paz. Tampoco el silencio de la tumba es paz, pues allí reina la corrupción del ser.Continue Reading

¿Quiénes son los guías auténticos que los fieles deben seguir?

Un estudiante universitario serio se prepara con diligencia para los exámenes finales. Del buen éxito de los mismos dependerá su futuro profesional. Además de asistir a las aulas, consultará varias fuentes, pedirá consejo a personas que ya han estudiado las mismas asignaturas, recogerá opiniones de gente capacitada, pero… de todas formas su atención principal se centrará en las enseñanzas recibidas de los maestros. Nadie estudia para los exámenes poniendo su seguridad en los consejos que recibió de los compañeros. La seguridad le viene cuando sigue las orientaciones que recibió de quienes tenían el encargo de enseñar.

Del mismo modo, nuestra vida espiritual es una continua preparación para el examen final que es el juicio del que dependerá nuestra vida eterna. Aunque recibimos con alegría y gratitud, incluso como una verdadera necesidad, los consejos de nuestros amigos, es imprescindible apoyarse esencialmente en la dirección de los auténticos maestros que el proprio Redentor designó con la misión de enseñar, guiar y santificar a su grey. Nuestro destino eterno es demasiado serio para que nos apoyemos solamente en los hermanos o hermanas mayores. Veamos lo que nos enseña el Denzinger-Bergoglio→

¿Seguir los mandamientos es un deber o una opción?

Entre las muchas comunicaciones que recibimos del mundo entero, dándonos apoyo o incluso ofreciendo utilísimas colaboraciones, nos llegó hace un tiempo, de un hermano sacerdote, una propuesta de estudio de unas palabras pronunciadas por Francisco en una Audiencia General, de aquella serie preparatoria para el Sínodo de los Obispos sobre el tema de la familia. Ya el pedido contenía unas excelentes pautas de análisis y, por eso, queremos ofrecer su lectura a nuestros seguidores. Obviamente, hemos cortado aquellas partes de la carta que pueden revelar la identidad de este presbítero.Continue Reading

Si la familia es la familia, ¿se puede decir también que es una realidad social, de cultura?

Esta página, cuya finalidad no es otra que la de aclarar un poco las ideas tan confusas de estos días que corren, ya tiene un cierto tiempo de existencia y, según se había previsto, ha recibido, recibe y recibirá palos por todos los lados. Entre las acusaciones que nos lanzan se encuentra la de que, en la mayor parte de nuestros estudios, le buscamos tres pies el gato, o sea, que queremos forzar en las palabras de Francisco un sentido que él no quiso darles. Quien así piensa, parece no haber entendido la finalidad de este trabajo, ni el funcionamiento de cada entrada.

Antes de nada, a un maestro se le exige claridad… mucho más a un Sumo Pontífice en una época donde cualquier lapso es aprovechado por los enemigos de la Iglesia para sus pésimos objetivos. Si tantas veces declaraciones de Juan Pablo II o de Benedicto XVI fueron retorcidas por aquéllos para confundir a la opinión pública, sería de ingenuos pensar que no vaya a ser hecho lo mismo con ciertas palabras de Francisco que ponen en bandeja un uso malintencionado. Unas veces porque en ellas hay que adivinar con la mejor de las voluntades su sentido ortodoxo, cerrando los oídos al choque que producen. Otras porque obligan a hacer un malabarismo intelectual para armonizar enunciados que, a primera vista, parecen contradecir algo que se dice pocas líneas abajo. Y así, tantas otras circunstancias. No hay más que ver los constantes desmentidos y aclaraciones que la Sala de Prensa de la Santa Sede tiene que emitir a propósito de dichos y hechos de Francisco. Si esto no es fácil para quien tiene buena voluntad, parece un poco difícil exigírselo a quienes tienen por curiosa afición rebuscar carroña para usarla de arma arrojadiza contra la Iglesia. Esta es la razón por la que, en muchas de nuestras entradas queremos, sobretodo, mostrar objetivamente la doctrina católica en su palmaria claridad a fin de que nadie pueda justificarse en las palabras del Obispo de Roma para atacar la verdad. Es el caso que nos ocupa en este estudio.

En las palabras de Francisco que serán analizadas vemos en pocas líneas las siguientes afirmaciones:

  • La familia es una realidad antropológica.

  • En consecuencia, una realidad social, de cultura.

  • No podemos calificar la familia con conceptos de naturaleza ideológica.

  • La familia es familia.

Después de leer y releer estas palabras, confesamos que no conseguimos entender el sentido más profundo y mucho menos la intención que tuvo Francisco al pronunciarlas, pues, a primera vista, parecen contener una enorme contradicción. Si la familia, por ser una realidad antropológica, es una realidad social, de cultura –se entiende, por lo tanto, que la sociedad y la cultura de su tiempo pueden modelarla–, ¿cómo no se la puede calificar con conceptos ideológicos? Pero, una línea después, nueva contradicción, “la familia es familia” y ya está. Perfecto, pero, ¿como puede ser entonces una realidad de cultura? En fin… que seguimos sin entender y, por eso, nos parece oportuno recordar la doctrina mucho más clara sobre la célula mater de la sociedad que la Iglesia viene enseñando hace 2000 años, tan actual y necesaria para un mundo donde estilos de vida abiertamente inmorales –¡realidades sociales y de cultura!– se implantan por todas las partes. Realmente, la familia no es progresista o conservadora, es familia conforme al plan de Dios, o simplemente no es familia. Veamos lo que nos dice el Magisterio de siempre →

Jesús lo puede todo, ¿incluso fingir? Los dardos de una nueva cristología

Después de la Encarnación del Verbo y la Redención del género humano la Persona de Nuestro Señor Jesucristo se convirtió en el centro de la Historia. Rendirle culto, servirle y propagar su nombre pasó a ser la más alta finalidad de los bautizados, que nunca se cansaran de conocerlo cada vez más en esta vida mientras esperan el encuentro definitivo con Él en la venidera.

En esta búsqueda estimulada por la fe encuentra su origen la ciencia cristológica que en todos los siglos obtuvo notables avances, particularmente cuando debió vencer tremendos obstáculos como fueron las herejías. El Espíritu Santo nunca dejó de asistir la Iglesia para que conservara la verdad íntegra en lo tocante a la doctrina relativa a su Fundador, pues si las enseñanzas de Cristo son de máxima importancia, las que dicen respecto a su Persona lo son todavía más.

En diversas ocasiones el Papa Francisco ha demostrado interpretaciones muy personales en el campo de la cristología, dignas de atención. Sutiles, enroscadas en bellos discursos, a veces en dichos cortos, expresan ideas que hacen pensar y provocan cierta inquietud.

La afirmación que originó esta entrada, aunque breve, es reveladora de una visión sobre Cristo que necesita aclaraciones. ¡Jesús es la misericordia infinita! No cabe duda cuán agradable es meditar los pasajes evangélicos que demuestran su divina bondad en relación a los pecadores, su disposición de enseñar a todos que a Él se acercaban, curarlos tanto en el alma como en el cuerpo. Pero Jesús también condenó los malos, atacó a los que permanecían obstinadamente en el error, tejió un látigo y con él dispersó palomas, bueyes y ovejas y acarició la espalda de los que habían transformado la casa de Dios en una cueva de ladrones… y eso algunos no lo comprenden o no quieren comprenderlo.

¿Puede ser verdad que Jesús fingió en esas ocasiones una ira que no anidaba en su corazón? ¿Qué es fingir? El diccionario de la Real Academia Española nos ofrece una definición muy clara: “Dar a entender lo que no es cierto // Dar existencia real a lo que realmente no la tiene // Simular, aparentar”. Jesús es Dios y no puede obrar algo imperfecto. Por eso, no puede mentir y engañar. Veamos lo que dice la doctrina católica sobre eso. Entra aquí.

¿Qué testimonio los religiosos deben dar al mundo? ¿De virtud o de pecado?

Imaginemos una persona que se pone gravemente enferma y después de muchas tentativas de curarse encuentra por fin un médico que le receta un medicamento eficaz. Después de algunos días de tratamiento, está curada. Naturalmente, la gratitud le hará dar a conocer a tantos cuantos pueda la competencia del facultativo y la eficacia de la fórmula que éste le prescribió, resaltando lo grave que era la enfermedad de la cual la han salvado. Su testimonio, además de ensalzar al médico, servirá para experiencias ulteriores sobre esa molestia y animará a cuantos la padezcan a esperar la curación. ¡Evidentemente, nadie pensará que esta propaganda acarrea una apología de la triste condición de enfermo…

Algo parecido pasa en el plano espiritual. Todos los hombres estamos contagiados de una misma enfermedad ―el pecado― y tenemos necesidad de ejemplos vivos que nos incentiven a alcanzar la perfección, pues aunque parezca difícil, basta con que recurramos al Divino Médico y nos beneficiemos de su gracia que esto será posible. El mismo Dios cuidó de designar a algunos hombres y mujeres con la especial vocación de servir como testimonio de santidad para los demás. Son aquellos que abrazan los consejos evangélicos como medio de conquistar la perfección de la caridad. Su vida debe ser una continua manifestación del poder del Dios amoroso, que se hizo hombre como nosotros para librarnos del pecado. ¿Qué pensar, pues, de un religioso que no refleja en su vida ese poder divino, contentándose en enorgullecerse de que es pecador como los demás? Veamos lo que nos dice el Magisterio →

¿Católicos y musulmanes adoramos al mismo Dios?

Algunas de las páginas más hermosas de la Historia de la Iglesia son, sin duda, las que fueron escritas con la sangre de los mártires que, despreciando su propia vida por amor a Jesucristo, encontraron en las manos de los verdugos a la vez la muerte corporal y la gloria incorruptible de inmolarse por Aquel que les había rescatado en lo alto de la Cruz. Niños indefensos, heroicas vírgenes, varones robustos, venerables ancianos, en todas las épocas y en los más variados lugares, acudieron a su cita para dar este testimonio arrebatador y majestoso de la fuerza del Evangelio.Continue Reading

Si no existen sectas… ¿Todo es Iglesia?

A camino de Damasco Saulo no pensaba más que en perseguir a los seguidores del Mesías. Su odio por aquel al que llamaban Cristo no se limitaba a despreciarlo, sino que necesitaba alimentarse de hechos positivos que contribuyeran a eliminar de Israel lo que le parecía el peor de los desvíos nascidos del judaísmo. En su afán, pocas horas después de su partida desde Jerusalén, él, el último que podría imaginarse, “loco” de amor por el crucificado, pasa a creer y a predicar a favor del mismo al que antes perseguía.

Los años pasaron y todo pasó al revés: ahora Pablo, sin tregua, necesitaba defender la sana doctrina de los múltiples errores que pululaban en el seno de la primitiva Iglesia según el capricho de algunos. De esta forma, mereció Pablo el epíteto de Apóstol de las gentes, no solo por predicar la palabra de Dios a los gentíos, sino también por defenderla entre ellos contra los errores que ya levantaban la cabeza desvergonzadamente. Contra las sectas de su tiempo explicitó la doctrina del cuerpo místico de Cristo. Un solo rebaño, un solo pastor, una sola Iglesia Esposa de Jesucristo. Entra en el Denzinger-Bergoglio y te sorprenderás →