“Id al mundo entero…” ¿para hacer discípulos o para qué?

Las realidades espirituales superan las naturales y con frecuencia no están al alcance de nuestra inteligencia. Por eso el divino Maestro solía valerse de analogías para explicar a sus seguidores las maravillas del Reino. Entre ellas está la parábola de la levadura: “El reino de los cielos se parece a la levadura; una mujer la amasa con tres medidas de harina, hasta que todo fermenta” (Mt 13, 33). Con variados matices, los Padres, Doctores y el Magisterio de la Iglesia siempre han visto en esta imagen un símbolo del dinamismo de la predicación apostólica que, en obediencia al mandato del Redentor —“Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos” (Mt 28, 19)— debería alcanzar al mundo entero y transformar la redondez de la tierra. ¿Se habrían equivocado los Apóstoles en lo referente a la extensión y el objeto de su misión? Veamos lo que nos dice el Magisterio →

San Juan Pablo II muestra la idea de conversión que tiene Francisco

Gracias a las colaboraciones que están llegando de varias partes del mundo, hemos mejorado el «Denzinger-Bergoglio» con un texto de San Juan Pablo II de su encíclica «Redemptoris Missio», que describe muy bien la idea de «conversión» que tiene Francisco. Ya lo incluimos en el tema.

 ¡No dejen de contribuir!

«Hoy la llamada a la conversión, que los misioneros dirigen a los no cristianos, se pone en tela de juicio o pasa en silencio. Se ve en ella un acto de « proselitismo »; se dice que basta ayudar a los hombres a ser más hombres o más fieles a la propia religión; que basta formar comunidades capaces de trabajar por la justicia, la libertad, la paz, la solidaridad. Pero se olvida que toda persona tiene el derecho a escuchar la « Buena Nueva » de Dios que se revela y se da en Cristo, para realizar en plenitud la propia vocación. La grandeza de este acontecimiento resuena en las palabras de Jesús a la Samaritana: « Si conocieras el don de Dios » y en el deseo inconsciente, pero ardiente de la mujer: « Señor, dame de esa agua, para que no tenga más sed » (Jn 4,10.15).» (San Juan Pablo II, Encíclica Redemptoris Missio n. 46, 7 de diciembre de 1990)

¿Proselitismo? No… ¡Hagan lío!

Según el Diccionario de la Real Academia Española, «proselitismo» es «celo de ganar prosélitos». A su vez, «prosélito» es «persona incorporada a una religión». Desde los tiempos de Jesús, la Iglesia tuvo como primordial preocupación atraer a su seno todos los hombres para, como custodia de la plena verdad, conducirlos a la salvación. O sea, un proselitismo para el bien, en toda regla. Pero… otros métodos quizá agraden más a Dios. Veamos →