Evangelio y mundo: ¿quién tiene la última palabra?

“Mis ovejas escuchan mi voz, y yo las conozco, y ellas me siguen” (Jn 10, 27). Nadie deja de encantarse al depararse con un rebaño guiado por el pastor; sobre todo, nos sorprende la obediencia con que las ovejas le siguen. Podemos creer con toda seguridad que Dios propició el surgimiento del pastoreo para ser imagen de una realidad más alta: la Santa Iglesia Católica, constituida por Cristo en dos órdenes de fieles: los Pastores —que representan al Buen Pastor— y las ovejas. Los Pastores de la Santa Iglesia son los luceros puestos por Cristo en el mundo, para guiar los fieles por el camino del bien, de la virtud y de la santidad, hasta las moradas eternas.

¿Qué ocurre cuando los Pastores dejan de ser la luz y la guía de los pueblos, y se adaptan a sus ovejas, no según el Evangelio, sino según los estilos del mundo? Entra aquí→

¿El católico debe creer con integridad en la verdad de la Iglesia? ¿O debe dudar como Pilato al exclamar: “¿Qué es la verdad?”?

Cuando Pilato, con temor reverencial, pregunta a Cristo, en el pretorio, a respecto de su realeza, este proclama: “Tú lo dices: soy rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad. Todo el que es de la verdad escucha mi voz”. (Jn 18, 37) ¿Sería Nuestro Señor Jesucristo un fundamentalista al afirmar esto con tanta convicción y propiedad? Continue Reading

Los sacramentos, ¿cuestión de interpretación?

Después de la muerte de Nuestro Señor Jesucristo en la Cruz un soldado perforó su lado con una lanza y de allí salió sangre y agua, símbolo de los sacramentos que serían instituidos por Él para edificación de su Iglesia, la única verdadera.

¿Qué diferencia hay entre la Iglesia Católica y las demás sectas y religiones? ¿Es correcto afirmar que los que profesan otra religión reciben la virtud de la fe? ¿Participamos, de verdad, en la misma fe porque recibimos el mismo bautismo? ¿Puede una persona que no forma parte de la verdadera Iglesia recibir la Cena del Señor?

Frente a “nuevas doctrinas” que emanan del Magisterio y afrontan gravemente nuestra fe y los sacramentos, levantemos nuestra mirada a la Virgen de los Cielos, rezando aquella bella antífona: “Gaude, Maria Virgo, cunctas haereses sola interemisti in universo mundo – Alegraos, Virgen María, porque sólo Vos destruisteis las herejías en el mundo entero”. Veamos lo que nos dice el Denzinger-Bergoglio.

Entra aquí→

“Dios ama los malos y blasfemos”… ¿hasta cuándo? El buen y el mal ladrón…

El Evangelio de San Lucas relata que fueron crucificados dos ladrones con Jesús: uno a su derecha y otro a su izquierda. Uno de ellos estaba empedernido en sus pecados y blasfemaba mientras el otro, arrepentido, rogaba: “Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu reino” (Lc 23, 42). Uno recibió el perdón y el Paraíso; el otro recibió el rechazo de Jesús y el infierno. Dios manifiesta en estos dos ladrones los límites de su amor y misericordia por los hombres.

¿Es exacto decir que Dios ama siempre al pecador, incluso si es obstinado y blasfemo? ¿Que necesita el pecador para recibir el amor y la misericordia divinas? Maticemos…→

¿El Evangelio debe ser anunciado con dulzura o con verdad?

“Quien no usa la vara odia a su hijo, quien lo ama lo corrige a tiempo” (Prov 13, 24).

A nadie se le oculta el amor natural de los padres por sus hijos y como están dispuestos a sacrificar la vida por su bien. Por causa de este mismo amor nace la preocupación cuando los pequeños amagan tomar el mal camino… Y como no, la necesidad de enseñarles, reprenderlos y amonestarlos, recurriendo cuando es necesario a un arma más severa: el castigo. Quien es educado así, cuando crece demuestra ser una persona de carácter y virtud que da muchos frutos en sus buenas obras. Por lo tanto es falsa la ternura que omite la verdad con la ilusión de suprimir una supuesta angustia causada por la severidad, pues el que así obra entrega los hijos a sus pasiones y éstos, desconociendo el camino verdadero, se precipitan en el infierno.

La Iglesia que es nuestra Santa Madre asume como deber esencial manifestar la verdad, utilizando también su autoridad al anunciar el Evangelio. Para eso, nunca ha puesto de lado medios eficaces de salvación como son la severidad, la reprensión o hasta la punición cuando se hacen necesarios, siguiendo el ejemplo del Divino Maestro que no dudó en expulsar látigo en ristre a los mercaderes del templo o amenazar con severidad a los fariseos.

Finalmente, sólo nos sobra una duda: ¿La Iglesia hace realmente el bien cuando evangeliza exclusivamente con dulzura, con fraternidad, con amor? O más bien, ¿qué mal hace la Iglesia cuando no predica la verdad a favor de la dulzura, de la fraternidad, del amor? Veamos lo que nos dicen las Escrituras, Papas, Doctores y Santos.

La misericordia, hermenéutica de la veleta

“Voluble como una veleta”, o directamente “es un veleta”, es lo que solemos decir de una persona que cambia constantemente de opinión o actitud al sabor del momento, tal como la veleta al capricho de los vientos.

En el extremo opuesto está la brújula. Fiel a sí misma, señala siempre el norte, indicando el rumbo con la firmeza propia de las cosas que se rigen por leyes perennes e inmutables. Por eso, puede guiar al navegante en mar tranquilo o tempestuoso, en borrasca o bonanza.

Si tuviéramos que comparar la Iglesia con uno de esos instrumentos, ¿cuál de los dos elegiríamos? La respuesta no es tan simple cuanto parecería a primera vista. Ya el Papa Benedicto XVI alertaba contra una “hermenéutica de la discontinuidad” y ahora parece nacer otra que no quedaría mal llamarla “hermenéutica de la veleta”…

Así, a las puertas del Jubileo de la Misericordia no parece muy exagerado preguntar: ¿Qué es la misericordia para la Iglesia de siempre? ¿Es la misma que propaga Francisco? Más aun: qué es la Iglesia para Francisco, ¿brújula o veleta? Entra y verás.

¿Qué pastores quiere Francisco?

Perdonar y tener misericordia son prácticas característica de todo buen cristiano. Sin embargo, lo que pasa es que no siempre sabemos qué perdonar, ni a quién perdonar. Mirando a Jesucristo encontramos el más extraordinario ejemplo: misericordia en relación a los que estaban en el camino del mal, los pecadores arrepentidos. Sin embargo, otros que eran tenidos por santos, por ejemplo los fariseos, recibieron muchas veces la más severa condenación de Jesús. Entonces, ¿cómo defender que quien reprocha un error no vive según las sabias enseñanzas de Jesús si está siguiendo su ejemplo? Además, el buen pastor debe ir detrás de las ovejas descarriadas. Pero, ¿para salvarlas, debe “ensuciarse” las manos? ¿Qué significa esto? Una vez más expresiones incompletas que suscitan dudas. Sin duda, el pastor debe estar dispuesto a enfrentar sufrimientos y dificultades por el bien de su rebaño, pero esto no significa que deba poner en peligro su salvación o la de otras por causa de eso. En ese sentido, ¿es lícito a los eclesiásticos arriesgar la fama y su vocación con la supuesta de salvar almas? Una vez más, enunciados de incierto sentido llenan de perplejidad, pues según la letra, cada uno puede aplicarlos como mejor entiende… nada mejor que agarrarse en la firmeza de las enseñanzas que siempre nos dio la Iglesia. Entra aquí…

Si la Iglesia, como el Señor, “alza de la basura al pobre, para sentarlo con los príncipes” (Sl 112, 7-8), que no se degraden los príncipes herederos del Cielo

La Iglesia siempre ejerció de forma consumada su misión de cuidar de los más necesitados. Cambian los tiempos y las dificultades de siempre se presentan bajo nuevos ropajes. El vicio degradante, que antes era el juego o el alcohol, hoy son las drogas. Y así, una lista interminable. La Iglesia ha hecho verdaderas maravillas en sus trabajos a favor de estos desafortunados ofreciendo múltiples oportunidades para mejorar a sus vidas. Pero sobre todo la Iglesia siempre se ha preocupado con aquello que el hombre más necesita: encontrar a Dios en su vida y vivir según sus mandamientos. Es una hermosa labor hacer compañía a un anciano, pero sacar a alguien de las tinieblas del error para vivir la vida de la gracia merece más nuestra admiración. Así ha hecho la Iglesia con innumerables almas beneficiadas por sus obras verdaderamente caritativas. Venerable Matt Talbot, un alcohólico irlandés rescatado del vicio y Santa Bakita, pobre esclava africana, liberada del yugo de la opresión, son dos ejemplos de este triunfo llevado hasta la gloria de los altares. La Iglesia no sólo los liberó de la miseria física, sino del peor de los males, la esclavitud al pecado. Las obras de misericordia siempre deben ser orientadas por la advertencia de Nuestro Señor: “Pues de qué le servirá a un hombre ganar el mundo entero, si pierde su alma?” (Mt 16, 26). ¿Es este el cuidado que Francisco propone que se tenga en relación a los más desfavorecidos? ¿Procura incentivar un “apostolado” que meramente sacia la naturaleza humana, o quiere él una transformación más profunda, la santificación de las almas? Veamos lo que nos dice el Magisterio→.

Francisco y el discurso del “Pan de vida”. Graves omisiones y novedosas interpretaciones.

En el pasado mes de agosto Francisco comentó el famoso discurso del “Pan de vida” relatado en el sexto capítulo del Evangelio de San Juan.

La rica sustancia teológica de este pasaje siempre alimentó la fe de los adoradores eucarísticos e inspiró en las almas un mayor reconocimiento hacia el grande don que Cristo nos dejó en el sacramento del Altar. Y no sólo, la profundidad de sus palabras fue el punto de partida para importantísimas consideraciones doctrinales sobre la Eucaristía. La unánime consideración de este anuncio como figura del sacramento del altar propició un tesoro de comentarios de papas, santos y doctores que se fundamentan en las palabras claras y arrebatadoras de Jesús: “Yo soy el pan vivo bajado del cielo”.

Del lado de los protestantes, sin embargo… al analizar este pasaje se hace todo tipo de esfuerzo para interpretar las palabras pronunciadas por nuestro Redentor en la sinagoga de Cafarnaún como una “metáfora” que alude a su muerte próxima. ¿Será porque no quieren alimentarse y adorar a Jesús realmente presente en el augusto Sacramento? A nosotros no nos cabe profundizar tal problema en este estudio, aunque mucho habría que decir sobre la infelicidad de los que cierran los ojos para no reconocer que Cristo está realmente presente en la hostia consagrada.

En esta entrada la pregunta es todavía más inquietante. ¿Por qué Francisco, el hombre que debe instruir la grey del Señor, omite cualquier referencia a la Eucaristía cuando comenta este discurso? ¿Será posible desarrollar un tema más necesario para el bien de los fieles que el de la presencia real en las Sagradas Especies, sobre todo en el contexto del evangelista San Juan?

¿Por qué rompe la tradición de la Iglesia Católica cuando, como veremos, hace suyas las interpretaciones de los protestantes? ¿Será porque a su juicio faltan argumentos sólidos en la innumerable extensión de autores católicos que expliquen la verdadera doctrina de estos versículos? Sin embargo éstos existen, son muy claros y nuestros lectores los pueden apreciar aquí para mejor juzgar esta importante cuestión. Entrar aquí→

¿Plagio? ¿Manipulación? ¿Prestidigitación?: Francisco y su peculiar concepto de propiedad privada (IV… Conclusiones)

¿Plagio? ¿Manipulación? ¿Prestidigitación?: Francisco y su peculiar concepto de propiedad privada (IV... Conclusiones)

Después de analizar las referencias que Francisco hizo en su Encíclica Laudato Si’ al tema de la propiedad privada (ver I-II-II parte de este estudio), aprovechando diversas citas de Juan Pablo II, cuyo sentido no quedaba muy claro, tal vez haya surgido una duda en el espíritu de nuestros lectores. Ante los hechos que estos estudios han demostrado ¿qué intención tiene Francisco con todo eso? También nosotros nos planteamos esa interrogación delante del contenido de la peculiar investigación de nuestro especialista en Doctrina Social ¿Será que el mismo pone a descubierto alguna intención oculta?

Una respuesta quizá nos pueda ser dada escarbando un poco en los aledaños del texto analizado de la encíclica…

Francisco al cerrar el controvertido numeral 93 de la Laudato si’, hilvana nuevamente dos citas del Papa Juan Pablo II. La primera corresponde a una referencia directa extraída desde una homilía que el Papa dirigió a los agricultores en Recife, Brasil (7 julio 1980), n. 4; y la segunda se trata de una citación indirecta del Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz de 1990, n.8:

“Por lo tanto [Juan Pablo II] afirmó que ‘no es conforme con el designio de Dios usar este don de modo tal que sus beneficios favorezcan sólo a unos pocos”. Esto cuestiona seriamente los hábitos injustos de una parte de la humanidad’”. (Laudato Si’, 93)

Como se puede observar, Francisco al yuxtaponer estas palabras y referencias del Papa Juan Pablo II, proferidas ante públicos y contextos sociales diversos, desea transmitir un mensaje: Juan Pablo II censuró a los que usan de modo egoísta sus bienes pues practican hábitos injustos. De este modo, la lectura de este párrafo con estas citas plantea una interrogante que permanece fluctuando sin respuesta: ¿quiénes son éstos que practican hábitos tan injustos? ¿Quiénes son estos egoístas?

Aplicando nuevamente su praxis de hilvanar citas descontextualizadas, en el numeral 94 de la Laudato si’ insinuará la respuesta sirviéndose, esta vez, de textos bíblicos:

“El rico y el pobre tienen igual dignidad, porque ‘a los dos los hizo el Señor’ (Pr 22,2); ‘Él mismo hizo a pequeños y a grandes’ (Sb 6,7) y ‘hace salir su sol sobre malos y buenos’ (Mt 5,45)”. (Laudato Si’, 94)

Francisco habiendo acoplado el pasaje de Mateo, sin ningún vínculo temático, a las citas de Proverbios y Sabiduría, parece insinuar una respuesta: Estos egoístas son los “ricos”, son los “grandes” de la sociedad, es decir, son los “malos”.

¿Esta insinuación tiene fundamento en la doctrina católica? ¿Todos los ricos son malos y egoístas? No deja de ser aleccionador comprobar que en el mismo discurso del Papa Juan Pablo II citado por Francisco, no obstante leído en su contexto, tenemos acceso a la doctrina verdadera. En efecto, el Papa Juan Pablo II, ilustrando sus enseñanzas a propósito de la necesidad de ser generosos y practicar las obras de caridad, comentó la parábola del rico Epulón y el pobre Lázaro:

51c0ef9f09eb3_350x0.png“En esa parábola, Cristo no condena al rico porque es rico, o porque viste lujosamente. Condena duramente al rico que no tiene en consideración la situación de penuria del pobre Lázaro, que solamente desea alimentarse de las migajas que caen de la mesa del festín. Cristo no condena la simple posesión de bienes materiales. Sino que sus palabras más duras se dirigen contra quienes usan su riqueza de manera egoísta, sin preocuparse del prójimo a quien le falta lo necesario”. (Juan Pablo II, homilía para agricultores en Brasil, Recife, 7 de julio de 1980)

¡Qué diferencia! ¡Qué contraste! Francisco para concluir sus enseñanzas sobre la propiedad privada pasa citar una Carta pastoral de la Conferencia Episcopal Paraguaya: “El campesino paraguayo y la tierra” (12 junio 1983):

“Esto tiene consecuencias prácticas, como las que enunciaron los Obispos de Paraguay: “Todo campesino tiene derecho natural a poseer un lote racional de tierra donde pueda establecer su hogar, trabajar para la subsistencia de su familia y tener seguridad existencial. Este derecho debe estar garantizado para que su ejercicio no sea ilusorio sino real. Lo cual significa que, además del título de propiedad, el campesino debe contar con medios de educación técnica, créditos, seguros y comercialización””. (Laudato Si’, 94)

Como se puede comprobar estas palabras de los obispos paraguayos tienen por objetivo incentivar el derecho a la propiedad privada. Es más, el texto original de esta Carta Pastoral invoca en favor de este derecho, la propia Constitución de la República Paraguaya pues lo ampara jurídicamente. Por lo tanto, la versión exacta presentada por los Obispos paraguayos es la siguiente:

“Este derecho (establecido en nuestra misma Constitución Nacional) debe estar garantizado para que su ejercicio no sea ilusorio sino real” . (Conferencia Episcopal Paraguaya, 12 de junio de 1983)

Cómo sería coherente con sus propias palabras si Francisco, el defensor “de los más humildes, los explotados, los pobres y excluidos”  (Discurso en el II Encuentro Mundial de Movimientos Populares, Bolivia, 9 de julio de 2015), durante su reciente viaje pastoral a Cuba inspirado en estas mismas palabras de los obispos paraguayos se hubiese solidarizado con el pueblo cubano con este discurso parafraseado: “Todo campesino cubano y todo cubano tiene derecho natural a poseer un lote racional de tierra donde pueda establecer su hogar, trabajar para la subsistencia de su familia y tener seguridad existencial. Este derecho (que no es establecido en vuestra Constitución Nacional) debe estar garantizado para que su ejercicio no sea ilusorio sino real. Lo cual significa que además del título de propiedad, el campesino cubano debe contar con medios de educación técnica, créditos, seguros y comercialización”.

¿Por qué Francisco nunca pronunciaría un discurso de este tenor para favorecer al sufrido pueblo cubano? ¿Sólo por qué en sus discursos a los movimientos populares — como el mismo se defendió — “un explicación [en materia de Doctrina Social de la Iglesia] dio la impresión de ser un poco más “izquierdosa”? (Rueda de Prensa en vuelo de Santiago de Cuba a Washinton D.C., 22 de septiembre de 2015)

¿Sólo por una explicación? ¡Si fuese sólo eso! Para miles de católicos las dudas y las perplejidades que Francisco ha suscitado con “su doctrina” continuarán in crescendo, no obstante diga que puede rezar el Credo para demostrar su ortodoxia… Sí, por lo que parece, hay realmente unos buenos y unos malos, una panacea y una bestia negra… una división… una… ¿promoción de la lucha de clases? ¿Será eso? Pues si es así… Ya sabemos lo que esto significa…

Mientras tanto… no estará fuera de lugar que recordemos lo que dice la verdadera doctrina católica sobre la propiedad privada. Entra aquí

El Islam según Francisco: ¿una religión de paz?… “Matadles dondequiera que los encontréis”

Si alguien se encuentra durmiendo, en perfectas condiciones físicas y mentales, posee una tranquilidad que es fruto del orden que reina en su interior. En cambio, una persona desmayada puede aparentar tranquilidad, pero su letargo es consecuencia de un desorden orgánico o psíquico y, por eso, no puede ser considerado un estado de paz. Tampoco el silencio de la tumba es paz, pues allí reina la corrupción del ser.Continue Reading

Más novedades cristológicas: ¿Jesús vino al mundo para aprender a ser hombre o para salvar los hombres?

Después de la desobediencia de Adán y Eva en el Paraíso, solamente el mismo Dios podía reparar el ultraje que fuera infringido por el pecado del hombre. Esa ofensa Dios la quiso reparar con la venida al mundo de su Hijo Unigénito, hecho Hombre en el seno de María. La Encarnación del Hijo de Dios es uno de los más grandes misterios de nuestra fe, misterio de la sabiduría divina que se esconde bajo la humanidad.

El Creador quiso encarnarse para manifestar junto a los hombres la gloria del Padre e indicar el verdadero camino de santidad hacia Él. Por eso no dudó en humillarse a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y una muerte de cruz (cf. Flp 2, 8). Veamos qué nos dice la Iglesia acerca de este trecho de la epístola a los Filipenses contrastadas con las enseñanzas novedosas del innovador predicador de Santa Marta. Entra aquí