La división entre católicos y anglicanos, ¿escándalo o necesidad?

Catalina de Aragón, princesa española desposada con el rey inglés Enrique VIII, después de ser repudiada por este monarca bien podría exclamar: “¡Nuestra división es un escándalo!” Y el mundo católico, al enterarse del concubinato del rey con Ana Bolena podría también afirmar: “¡Vuestra unión es un escándalo!” La historia de la “Iglesia Anglicana” es una mezcla de uniones y divisiones escandalosas. En el momento actual sigue habiendo escándalo… Escándalo de división, pues muchos de ellos no quieren reconocer sus errores y volver a la plena comunión con la Iglesia, retorno que tanto propiciaron por todos los medios los pontífices romanos a lo largo de una Historia de casi cinco siglos.Continue Reading

Evangelio y mundo: ¿quién tiene la última palabra?

“Mis ovejas escuchan mi voz, y yo las conozco, y ellas me siguen” (Jn 10, 27). Nadie deja de encantarse al depararse con un rebaño guiado por el pastor; sobre todo, nos sorprende la obediencia con que las ovejas le siguen. Podemos creer con toda seguridad que Dios propició el surgimiento del pastoreo para ser imagen de una realidad más alta: la Santa Iglesia Católica, constituida por Cristo en dos órdenes de fieles: los Pastores —que representan al Buen Pastor— y las ovejas. Los Pastores de la Santa Iglesia son los luceros puestos por Cristo en el mundo, para guiar los fieles por el camino del bien, de la virtud y de la santidad, hasta las moradas eternas.

¿Qué ocurre cuando los Pastores dejan de ser la luz y la guía de los pueblos, y se adaptan a sus ovejas, no según el Evangelio, sino según los estilos del mundo? Entra aquí→

Para Francisco, ¿quiénes tienen fe? ¿Los que la reciben de la Iglesia? ¿O los que la construyen por sí mismos?

Los buenos conocedores de la naturaleza son los que notan los cambios físicos o climáticos a partir de pequeños indicios. Síntomas ligeros en la apariencia muchas veces significan grandes revuelos, que pueden darse en poco tiempo, pero hay que saber reconocer si se quieren prevenir mayores perjuicios. Estas percepciones son características de un pequeño número de expertos o de personas que viven muy vinculadas a la tierra, a las montañas o al mar y por fin alcanzan, gracias a la experiencia, una intuición acertada de lo que pasa o vendrá a ocurrir.Continue Reading

Los sacramentos, ¿cuestión de interpretación?

Después de la muerte de Nuestro Señor Jesucristo en la Cruz un soldado perforó su lado con una lanza y de allí salió sangre y agua, símbolo de los sacramentos que serían instituidos por Él para edificación de su Iglesia, la única verdadera.

¿Qué diferencia hay entre la Iglesia Católica y las demás sectas y religiones? ¿Es correcto afirmar que los que profesan otra religión reciben la virtud de la fe? ¿Participamos, de verdad, en la misma fe porque recibimos el mismo bautismo? ¿Puede una persona que no forma parte de la verdadera Iglesia recibir la Cena del Señor?

Frente a “nuevas doctrinas” que emanan del Magisterio y afrontan gravemente nuestra fe y los sacramentos, levantemos nuestra mirada a la Virgen de los Cielos, rezando aquella bella antífona: “Gaude, Maria Virgo, cunctas haereses sola interemisti in universo mundo – Alegraos, Virgen María, porque sólo Vos destruisteis las herejías en el mundo entero”. Veamos lo que nos dice el Denzinger-Bergoglio.

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«Dios ama los malos y blasfemos»… ¿hasta cuándo? El buen y el mal ladrón…

El Evangelio de San Lucas relata que fueron crucificados dos ladrones con Jesús: uno a su derecha y otro a su izquierda. Uno de ellos estaba empedernido en sus pecados y blasfemaba mientras el otro, arrepentido, rogaba: “Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu reino” (Lc 23, 42). Uno recibió el perdón y el Paraíso; el otro recibió el rechazo de Jesús y el infierno. Dios manifiesta en estos dos ladrones los límites de su amor y misericordia por los hombres.

¿Es exacto decir que Dios ama siempre al pecador, incluso si es obstinado y blasfemo? ¿Que necesita el pecador para recibir el amor y la misericordia divinas? Maticemos…→

¿El Evangelio debe ser anunciado con dulzura o con verdad?

“Quien no usa la vara odia a su hijo, quien lo ama lo corrige a tiempo” (Prov 13, 24).

A nadie se le oculta el amor natural de los padres por sus hijos y como están dispuestos a sacrificar la vida por su bien. Por causa de este mismo amor nace la preocupación cuando los pequeños amagan tomar el mal camino… Y como no, la necesidad de enseñarles, reprenderlos y amonestarlos, recurriendo cuando es necesario a un arma más severa: el castigo. Quien es educado así, cuando crece demuestra ser una persona de carácter y virtud que da muchos frutos en sus buenas obras. Por lo tanto es falsa la ternura que omite la verdad con la ilusión de suprimir una supuesta angustia causada por la severidad, pues el que así obra entrega los hijos a sus pasiones y éstos, desconociendo el camino verdadero, se precipitan en el infierno.

La Iglesia que es nuestra Santa Madre asume como deber esencial manifestar la verdad, utilizando también su autoridad al anunciar el Evangelio. Para eso, nunca ha puesto de lado medios eficaces de salvación como son la severidad, la reprensión o hasta la punición cuando se hacen necesarios, siguiendo el ejemplo del Divino Maestro que no dudó en expulsar látigo en ristre a los mercaderes del templo o amenazar con severidad a los fariseos.

Finalmente, sólo nos sobra una duda: ¿La Iglesia hace realmente el bien cuando evangeliza exclusivamente con dulzura, con fraternidad, con amor? O más bien, ¿qué mal hace la Iglesia cuando no predica la verdad a favor de la dulzura, de la fraternidad, del amor? Veamos lo que nos dicen las Escrituras, Papas, Doctores y Santos.

La misericordia, hermenéutica de la veleta

“Voluble como una veleta”, o directamente “es un veleta”, es lo que solemos decir de una persona que cambia constantemente de opinión o actitud al sabor del momento, tal como la veleta al capricho de los vientos.

En el extremo opuesto está la brújula. Fiel a sí misma, señala siempre el norte, indicando el rumbo con la firmeza propia de las cosas que se rigen por leyes perennes e inmutables. Por eso, puede guiar al navegante en mar tranquilo o tempestuoso, en borrasca o bonanza.

Si tuviéramos que comparar la Iglesia con uno de esos instrumentos, ¿cuál de los dos elegiríamos? La respuesta no es tan simple cuanto parecería a primera vista. Ya el Papa Benedicto XVI alertaba contra una “hermenéutica de la discontinuidad” y ahora parece nacer otra que no quedaría mal llamarla “hermenéutica de la veleta”…

Así, a las puertas del Jubileo de la Misericordia no parece muy exagerado preguntar: ¿Qué es la misericordia para la Iglesia de siempre? ¿Es la misma que propaga Francisco? Más aun: qué es la Iglesia para Francisco, ¿brújula o veleta? Entra y verás.

¿Qué pastores quiere Francisco?

Perdonar y tener misericordia son prácticas característica de todo buen cristiano. Sin embargo, lo que pasa es que no siempre sabemos qué perdonar, ni a quién perdonar. Mirando a Jesucristo encontramos el más extraordinario ejemplo: misericordia en relación a los que estaban en el camino del mal, los pecadores arrepentidos. Sin embargo, otros que eran tenidos por santos, por ejemplo los fariseos, recibieron muchas veces la más severa condenación de Jesús. Entonces, ¿cómo defender que quien reprocha un error no vive según las sabias enseñanzas de Jesús si está siguiendo su ejemplo? Además, el buen pastor debe ir detrás de las ovejas descarriadas. Pero, ¿para salvarlas, debe “ensuciarse” las manos? ¿Qué significa esto? Una vez más expresiones incompletas que suscitan dudas. Sin duda, el pastor debe estar dispuesto a enfrentar sufrimientos y dificultades por el bien de su rebaño, pero esto no significa que deba poner en peligro su salvación o la de otras por causa de eso. En ese sentido, ¿es lícito a los eclesiásticos arriesgar la fama y su vocación con la supuesta de salvar almas? Una vez más, enunciados de incierto sentido llenan de perplejidad, pues según la letra, cada uno puede aplicarlos como mejor entiende… nada mejor que agarrarse en la firmeza de las enseñanzas que siempre nos dio la Iglesia. Entra aquí…

Si la Iglesia, como el Señor, “alza de la basura al pobre, para sentarlo con los príncipes” (Sl 112, 7-8), que no se degraden los príncipes herederos del Cielo

La Iglesia siempre ejerció de forma consumada su misión de cuidar de los más necesitados. Cambian los tiempos y las dificultades de siempre se presentan bajo nuevos ropajes. El vicio degradante, que antes era el juego o el alcohol, hoy son las drogas. Y así, una lista interminable. La Iglesia ha hecho verdaderas maravillas en sus trabajos a favor de estos desafortunados ofreciendo múltiples oportunidades para mejorar a sus vidas. Pero sobre todo la Iglesia siempre se ha preocupado con aquello que el hombre más necesita: encontrar a Dios en su vida y vivir según sus mandamientos. Es una hermosa labor hacer compañía a un anciano, pero sacar a alguien de las tinieblas del error para vivir la vida de la gracia merece más nuestra admiración. Así ha hecho la Iglesia con innumerables almas beneficiadas por sus obras verdaderamente caritativas. Venerable Matt Talbot, un alcohólico irlandés rescatado del vicio y Santa Bakita, pobre esclava africana, liberada del yugo de la opresión, son dos ejemplos de este triunfo llevado hasta la gloria de los altares. La Iglesia no sólo los liberó de la miseria física, sino del peor de los males, la esclavitud al pecado. Las obras de misericordia siempre deben ser orientadas por la advertencia de Nuestro Señor: “Pues de qué le servirá a un hombre ganar el mundo entero, si pierde su alma?” (Mt 16, 26). ¿Es este el cuidado que Francisco propone que se tenga en relación a los más desfavorecidos? ¿Procura incentivar un “apostolado” que meramente sacia la naturaleza humana, o quiere él una transformación más profunda, la santificación de las almas? Veamos lo que nos dice el Magisterio→.

Francisco y el discurso del “Pan de vida”. Graves omisiones y novedosas interpretaciones.

En el pasado mes de agosto Francisco comentó el famoso discurso del “Pan de vida” relatado en el sexto capítulo del Evangelio de San Juan.

La rica sustancia teológica de este pasaje siempre alimentó la fe de los adoradores eucarísticos e inspiró en las almas un mayor reconocimiento hacia el grande don que Cristo nos dejó en el sacramento del Altar. Y no sólo, la profundidad de sus palabras fue el punto de partida para importantísimas consideraciones doctrinales sobre la Eucaristía. La unánime consideración de este anuncio como figura del sacramento del altar propició un tesoro de comentarios de papas, santos y doctores que se fundamentan en las palabras claras y arrebatadoras de Jesús: “Yo soy el pan vivo bajado del cielo”.

Del lado de los protestantes, sin embargo… al analizar este pasaje se hace todo tipo de esfuerzo para interpretar las palabras pronunciadas por nuestro Redentor en la sinagoga de Cafarnaún como una “metáfora” que alude a su muerte próxima. ¿Será porque no quieren alimentarse y adorar a Jesús realmente presente en el augusto Sacramento? A nosotros no nos cabe profundizar tal problema en este estudio, aunque mucho habría que decir sobre la infelicidad de los que cierran los ojos para no reconocer que Cristo está realmente presente en la hostia consagrada.

En esta entrada la pregunta es todavía más inquietante. ¿Por qué Francisco, el hombre que debe instruir la grey del Señor, omite cualquier referencia a la Eucaristía cuando comenta este discurso? ¿Será posible desarrollar un tema más necesario para el bien de los fieles que el de la presencia real en las Sagradas Especies, sobre todo en el contexto del evangelista San Juan?

¿Por qué rompe la tradición de la Iglesia Católica cuando, como veremos, hace suyas las interpretaciones de los protestantes? ¿Será porque a su juicio faltan argumentos sólidos en la innumerable extensión de autores católicos que expliquen la verdadera doctrina de estos versículos? Sin embargo éstos existen, son muy claros y nuestros lectores los pueden apreciar aquí para mejor juzgar esta importante cuestión. Entrar aquí→

El valor de la claridad en una época de confusión

No es ninguna novedad que los enemigos de la Santa Iglesia intenten manipular las palabras de la Jerarquía Eclesiástica a favor de sus espurios intereses. Aún en nuestros días la influencias de los pastores sobre las almas es demasiada como para que aquellos que querrían un mundo sin Dios no intenten desviarla de su recta finalidad . En las últimas décadas, no ha sido raro que esto se haga inclusive con las enseñanzas de los Papas, pero, con la ayuda de Dios, la verdad siempre ha triunfado.

Mucho han ayudado en este sentido las palabras claras que iluminan una época donde la distinción entre el bien y el mal parecería ser cada vez más difuso, palabras contracorriente que no temen el desprecio del mundo, como las del Beato Pablo VI, San Juan Pablo II o, más recientemente, Benedicto XVI. Y se agradece… porque los católicos necesitamos certezas firmes como rocas fundamentadas en la Fe inmortal de la Iglesia.

Uno de los temas que más necesita esta claridad es la moral familiar, tan vapuleada por todos los lados. Por eso, nada mejor que conocer evitar las expresiones dudosas… Veamos que ejemplo nos da al respecto tanto el Papa Francisco como los Pontífices anteriores. Entra aquí →

¿Evangelio a la sombra de la cultura moderna o cultura moderna a la luz del Evangelio?

Uno de los documentos centrales del Concilio Vaticano II enseña que “la Iglesia escrutar a fondo los signos de la época e interpretarlos a la luz del Evangelio”. Francisco, a su vez, insinúa que el evangelio ha de ser releído a la luz de la cultura moderna ¿Debe la Iglesia someterse a los principios de la civilización moderna o, más bien, iluminarla con su enseñanza? Entra aquí y verifica los que nos dice el Magisterio sobre este importante asunto →