“Misericordiando” el pecado de Judas: gravedad e interpretaciones

Francisco una vez más demuestra sus preferencias, llamando al traidor de Jesús “pobre hombre arrepentido”. Aquel que cometió el crimen más infame de la Historia es objeto del compasión del Sumo Pontífice… Esperamos que no se aplique el “dime con quien andas y te diré quién eres”.Continue Reading

¿La mujer en la Iglesia es más importante que los obispos y los sacerdotes?

Con la venida de Cristo al mundo uno de los cambios más notorios presenciados por la humanidad fue la elevación de la mujer a una nueva y verdadera dignidad. En la casa de Simón es el propio Jesús quien toma la defesa de la adúltera arrepentida. Cuando los Apóstoles intentan apartar las madres que aproximan sus hijos de Nuestro Señor, Él reprocha a ellos y no a las madres. Además de los discípulos, permite Jesús que le acompañen también las santas mujeres. Continue Reading

Francisco apunta hacia una enigmática “conversión del papado”: una nueva concepción de gobierno eclesiástico

La existencia de la Iglesia es una historia que se desarrolla de triunfo en triunfo en medio de un sinfín de ataques, persecuciones y odios provenientes de diferente pelaje, pero con una única cabeza, el enemigo infernal que alberga la fantasía de un día conseguir destruirla. Desde paganos a apóstatas, poderosos y pequeños, ilustrados y analfabetos, e, incluso, aunque duela decirlo, de los mismos hijos que más la debían defender, recibe la Santa Iglesia, injurias y golpes violentos. Ella, sin embargo, permanece como dice San Pablo santa e inmaculada (Ef 5, 26) brillando sobre las cataratas de odio que se le vierten encima.Continue Reading

¿Cristianos y musulmanes comparten enseñanzas sagradas?

De momento… Sí, de momento, los musulmanes esparcidos por el mundo están como mansos corderos, sin duda muchos de ellos riéndose de los occidentales en su busca por la paz en unión con ellos mismos. No decimos esto mirando a las estrellas, sino con los pies en el suelo, al leer algunas de las exhortaciones del Corán. Todos sabemos que este es el libro sagrado del Islam, la palabra literal y eterna de Alá a su profeta Mahoma, a quién todos los musulmanes deben fidelidad absoluta.Continue Reading

¿El Evangelio debe ser anunciado con dulzura o con verdad?

“Quien no usa la vara odia a su hijo, quien lo ama lo corrige a tiempo” (Prov 13, 24).

A nadie se le oculta el amor natural de los padres por sus hijos y como están dispuestos a sacrificar la vida por su bien. Por causa de este mismo amor nace la preocupación cuando los pequeños amagan tomar el mal camino… Y como no, la necesidad de enseñarles, reprenderlos y amonestarlos, recurriendo cuando es necesario a un arma más severa: el castigo. Quien es educado así, cuando crece demuestra ser una persona de carácter y virtud que da muchos frutos en sus buenas obras. Por lo tanto es falsa la ternura que omite la verdad con la ilusión de suprimir una supuesta angustia causada por la severidad, pues el que así obra entrega los hijos a sus pasiones y éstos, desconociendo el camino verdadero, se precipitan en el infierno.

La Iglesia que es nuestra Santa Madre asume como deber esencial manifestar la verdad, utilizando también su autoridad al anunciar el Evangelio. Para eso, nunca ha puesto de lado medios eficaces de salvación como son la severidad, la reprensión o hasta la punición cuando se hacen necesarios, siguiendo el ejemplo del Divino Maestro que no dudó en expulsar látigo en ristre a los mercaderes del templo o amenazar con severidad a los fariseos.

Finalmente, sólo nos sobra una duda: ¿La Iglesia hace realmente el bien cuando evangeliza exclusivamente con dulzura, con fraternidad, con amor? O más bien, ¿qué mal hace la Iglesia cuando no predica la verdad a favor de la dulzura, de la fraternidad, del amor? Veamos lo que nos dicen las Escrituras, Papas, Doctores y Santos.

La misericordia, hermenéutica de la veleta

“Voluble como una veleta”, o directamente “es un veleta”, es lo que solemos decir de una persona que cambia constantemente de opinión o actitud al sabor del momento, tal como la veleta al capricho de los vientos.

En el extremo opuesto está la brújula. Fiel a sí misma, señala siempre el norte, indicando el rumbo con la firmeza propia de las cosas que se rigen por leyes perennes e inmutables. Por eso, puede guiar al navegante en mar tranquilo o tempestuoso, en borrasca o bonanza.

Si tuviéramos que comparar la Iglesia con uno de esos instrumentos, ¿cuál de los dos elegiríamos? La respuesta no es tan simple cuanto parecería a primera vista. Ya el Papa Benedicto XVI alertaba contra una “hermenéutica de la discontinuidad” y ahora parece nacer otra que no quedaría mal llamarla “hermenéutica de la veleta”…

Así, a las puertas del Jubileo de la Misericordia no parece muy exagerado preguntar: ¿Qué es la misericordia para la Iglesia de siempre? ¿Es la misma que propaga Francisco? Más aun: qué es la Iglesia para Francisco, ¿brújula o veleta? Entra y verás.

Una relectura de los Evangelios: ¿Tan sólo la misericordia movía a Cristo?

Es muy agradable y, sobre todo, nos causa amor y admiración, pasear por las páginas del Evangelio y encontrar a aquel Jesús que “pasó haciendo el bien” (Hch 10, 38), curando a todos, perdonando los pecados, multiplicando los panes, resucitando a los muertos y bendiciendo a los niños. Pero, en contraposición, una verdad se olvida en nuestros días, e incluso llega a ser odiada por muchos que quieren arrancarla de las conciencias: en unidad inseparable del Jesús misericordioso, está el justo, el severo, el íntegro y radical, que no tolera las abominaciones ni los errores de los obstinados. Ambos son el mismo Jesús… con ambas caras Jesús es bueno, Jesús es la Bondad.

Las páginas del Evangelio nos muestran claramente esta realidad tan dura, pero que brota del mismo Divino Corazón tan lleno de dulzura y misericordia.

Frente a la corrupción hodierna y a los desvíos tan graves que la humanidad está tomando contra su eterna ley, ¿Cristo, que es Dios inmutable, dejará de ser justo y pasará a ser sólo misericordioso? ¿Estaremos actuando de forma sensata riéndoles las gracias a los pecadores que se enorgullecen de su estado y no tienen la más mínima intención de cambiar? ¿O procediendo de esta forma estamos envileciendo nuestra dignidad de hijos de Dios para acomodarnos al mundo? Para responder estas preguntas, conviene recordar lo que nos enseña la doctrina católica perenne sobre el verdadero sentido de la justicia y la misericordia divinas. Entra en el Denzinger-Bergogio→