¿Amar a Dios o practicar el ecumenismo sobre todas las cosas?

“Si alguno viene a vosotros y no trae esta doctrina, no le recibáis en casa, y ni siquiera le saludéis” (2 Jn 10), enseña San Juan en su segunda epístola. Pero Francisco dicta otras normas de conducta para nuestros tiempos. Si no con palabras, al menos con sus famosos gestos e, sobre todo, en la práctica.Continue Reading

Para Francisco, ¿quiénes tienen fe? ¿Los que la reciben de la Iglesia? ¿O los que la construyen por sí mismos?

Los buenos conocedores de la naturaleza son los que notan los cambios físicos o climáticos a partir de pequeños indicios. Síntomas ligeros en la apariencia muchas veces significan grandes revuelos, que pueden darse en poco tiempo, pero hay que saber reconocer si se quieren prevenir mayores perjuicios. Estas percepciones son características de un pequeño número de expertos o de personas que viven muy vinculadas a la tierra, a las montañas o al mar y por fin alcanzan, gracias a la experiencia, una intuición acertada de lo que pasa o vendrá a ocurrir.Continue Reading

Los sacramentos, ¿cuestión de interpretación?

Después de la muerte de Nuestro Señor Jesucristo en la Cruz un soldado perforó su lado con una lanza y de allí salió sangre y agua, símbolo de los sacramentos que serían instituidos por Él para edificación de su Iglesia, la única verdadera.

¿Qué diferencia hay entre la Iglesia Católica y las demás sectas y religiones? ¿Es correcto afirmar que los que profesan otra religión reciben la virtud de la fe? ¿Participamos, de verdad, en la misma fe porque recibimos el mismo bautismo? ¿Puede una persona que no forma parte de la verdadera Iglesia recibir la Cena del Señor?

Frente a “nuevas doctrinas” que emanan del Magisterio y afrontan gravemente nuestra fe y los sacramentos, levantemos nuestra mirada a la Virgen de los Cielos, rezando aquella bella antífona: “Gaude, Maria Virgo, cunctas haereses sola interemisti in universo mundo – Alegraos, Virgen María, porque sólo Vos destruisteis las herejías en el mundo entero”. Veamos lo que nos dice el Denzinger-Bergoglio.

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Las cosas claras y el chocolate espeso… ¡no! Hay que abrir nuevos espacios

Santo Tomás de Aquino desveló en cierta ocasión uno de los secretos que permite entender mejor la unicidad y el brillo de su obra intelectual. Adaptando un poco los términos, él explicaba que nunca avanzaba en el desarrollo de un pensamiento, en la búsqueda de una respuesta, si no tenía plena seguridad de que sus pasos anteriores estaban fundamentados en verdades incuestionables. En este sentido, no es difícil encontrar elogios del magisterio de la Iglesia a los grandes doctores por su claridad e seguridad, características que permitieron a la Iglesia explicitar su doctrina sobre terreno firme y, a continuación, ponerla al alcance de todos los fieles con facilidad y sin misterios. Así son las enseñanzas de los Papas desde hace dos mil años, cumpliendo una exigencia del Salvador al traer la buena nueva: “Que vuestro hablar sea sí, sí, no, no. Lo que pasa de ahí viene del Maligno” (Mt 5, 37). Tampoco supone novedad el método de la Iglesia al exponer con claridad sus normas disciplinares para orientar sus fieles en el camino de la salvación.

Pues bien, ¿sería este un camino que no lleva a encontrar nada, una visión estática e involutiva que transforma la fe en una ideología cualquiera? Veamos lo que a este respecto nos dice hace 2000 años la Iglesia.