Libertad religiosa pero, ¿a qué precio?

Últimamente es muy común oír afirmaciones a respecto del derecho a la libertad religiosa que mezclan conceptos y la confunden con la casi obligatoriedad de un pluralismo religioso que deje a todas las religiones, cristianas y no cristianas, en un nivel de paridad. Para algunos católicos esta tendencia suscita dudas, y en otros, una justa indignación. ¿Cómo es posible? Si Dios ha elegido una única Iglesia, ¿cualquier religión merece la misma consideración? ¿Es aceptable el culto de otras religiones diferentes a la que Él mismo fundó? Habiendo Cristo edificado su Iglesia con las características de unidad y santidad, ¿permitirá que su Esposa Mística sea desfigurada, pasando a los ojos del mundo como una adúltera, mezclándose promiscuamente con diferentes creencias y cultos, ajenos a los recibidos de su Esposo Místico? ¿Cuáles son los males y peligros a que un “sano pluralismo” puede exponer la Santa Iglesia? ¿Es lícito que un católico frecuente sinagogas y templos no católicos sin ofender su dignidad cristiana? De la confusión surgen estas y tantas otras preguntas que perturban a los que buscan honestamente la Verdad. Veamos que enseñan a este respecto los Padres de la Iglesia y los Papas anteriores →

Si todas las religiones llevan a Dios, ¿para qué sirven, entonces, Jesucristo y la Iglesia?

El delicado tema del diálogo interreligioso conlleva, sin duda, importantes matices. Una verdad presentada de forma parcial o acaso un tanto destorcida puede fácilmente conducir al indiferentismo, según el cual todas las religiones serían caminos hacia Dios y se complementarían mutuamente. Ante semejante concepción, ¿qué necesidad habría de Jesucristo y la Iglesia para la salvación? ¿A la Esposa de Cristo le falta algo que deba recibir de las otras religiones? Veamos qué dicen Francisco y el Magisterio al respecto →

¿Las almas de los malos serán aniquiladas o eternamente castigadas?

¿Qué pasará después de la muerte? ¿Adónde iremos? He aquí, una de las grandes inquietudes del hombre, cristiano o no. Cuántas veces, a lo largo de la historia, se buscó una respuesta a la misma que no exigiese una moral consecuente con la creencia de una vida eterna y un Dios que premia y castiga. Las enseñanzas escatológicas de la Iglesia, fundadas en la revelación y en la tradición, y recogidas a lo largo de los siglos por el magisterio responden a estos interrogantes con autoridad y sabiduría. Y por ser depositaria de la verdad, tiene un afán misionero que emana del mandato de Cristo para anunciar el Evangelio a todos los pueblos y busca atraer todas las almas a su verdad perenne. Pero, ¿cuál es la verdad sobre este tema? Veamos lo que nos dice el Denzinger-Bergoglio→

“El todo será todo en todos” ¿Una inmanencia teológico-panteísta?

Cuando un niño llega a la edad de los porqués y le pide a su padre que le explique quién es Dios, la respuesta siempre remite a alguien, un Ser perfecto, inconmensurable, todopoderoso, que gobierna la creación con sabiduría y nos acompaña a todos para llevarnos al cielo, su eterna y maravillosa casa. Afirmaciones sencillas que son aceptadas con toda naturalidad por quien recibió el don de la fe en el bautismo. Tanto es así que, sin entrar en menudencias teológicas, suenan raras a los oídos de un católico ciertas verdades extrañas a esa misma fe.

Más allá de aquello que es capaz de captar un niño en su sencillez, están los dogmas acerca de la esencia divina. Entenderlos de un modo diferente al que la Iglesia enseña supone aventurarse por sendas escabrosas, y enseñarlos de modo confuso, puede significar un grandísimo error pastoral. Entra en el Denzinger-Bergoglio y descubre esto →

¿Sin Jesucristo puede existir la verdadera paz?

Esperábamos paz, y nada va bien; tiempo de curación, y llega el terror” (Jer 8, 15). ¿Quién no quiere la paz? Pero… ¿cómo alcanzarla en un mundo agitado por numerosas e intricados problemas? Siglos antes de su nacimiento, el Señor fue profetizado por Isaías como ‘Príncipe de la Paz’ (Is 9,6). Siguiendo su Maestro, los apóstoles – sobretodo san Pablo – siempre ofrecían la paz a sus oyentes y a los destinatarios de sus cartas. Y la Santa Madre Iglesia, tutelada por el Espíritu Santo, supo orientar a los pueblos que se acogieron bajo su manto en las sendas de la paz, según la definición clásica del gran san Agustín: pax tranquillitas ordinis — la paz es la tranquilidad del orden (De Civ. Dei, XIX, 13). Sí, “tranquilidad del orden”, porque el orden es la recta disposición de las cosas según su fin, y el fin de toda criatura humana es volver a Dios, del cual salió. Por lo tanto, cualquier esfuerzo por la paz que se olvide de Dios… vano será, y como decía el profeta, sólo servirá para que nada continúe yendo bien y aumente el terror… Mientras no paran de levantarse voces –¡y qué voces!– a favor de una paz que olvida el lugar que le corresponde a Dios, nos será de enorme provecho saborear la enseñanza perenne de la Iglesia sobre la verdadera paz.  (Ver más→)

La obligación de predicar la verdad contraría al mundo

El bien espiritual del pueblo de Dios depende del anuncio del Evangelio confiado por el mismo Jesucristo a San Pedro y los Apóstoles. Los verdaderos fieles esperan de sus pastores la transmisión íntegra de las verdades eternas, incluso cuando estas chocan con el mundo. Otros, muy al contrario, desearían que esto cambiase para vivir con la conciencia más tranquila. De este modo, la fidelidad de la Jerarquía a su misión implica proclamar “con ocasión o sin ella” la palabra de salvación y enfrentar no pocas enemistades entre los que viven apartados de la verdad.  Leer más aquí →.

¿Puede un hijo de la Iglesia poner en cuestión aquello que dictó la misma sabiduría divina?

Ciertas afirmaciones de Francisco a respecto de la Eucaristía han sido aprovechadas por los de siempre para fines perversos, sembrando el desconcierto entre los fieles más sencillos. Urge precisar términos más allá de las discusiones de alto nivel que se desarrollan en estos días y para eso, abundan las enseñanzas inmortales del Magisterio de la Iglesia, de una claridad meridiana… accesibles a cualquiera. “No temas, pequeño rebaño” (Lc 12, 32); la doctrina católica está sólidamente establecida a partir de la enseñanza de Jesucristo, ¿acaso se comprendería que en nuestros días esta doctrina fuera cambiada o reinterpretada por quienquiera que sea si fue dictada por el mismo Hijo de Dios? Veamos…

Crisis en la familia… ¿la Iglesia no tiene soluciones?

Es de sobra conocida la crisis que atraviesa la institución familiar en la sociedad actual. Delante de semejante situación, como es natural, aquellos católicos que desean permanecer fieles a la enseñanza de la Iglesia, buscan en ella el rumbo correcto y las verdaderas soluciones que necesitan. Sin embargo, duele escuchar ciertas afirmaciones… ¿habrá renunciado la Iglesia a su tarea de Madre y Maestra de los pueblos? ¿Tiene el Magisterio algo que decir a los interrogantes de tantas familias? Entra aquí para ver la respuesta →

¿Cierra la Iglesia las puertas de los sacramentos? ¿o se las cierran algunos a sí mismos?

Los constantes cambios de una sociedad en la que Dios está cada vez más puesto de lado presentan verdaderos desafíos pastorales a la Iglesia. Ésta, sin embargo, fiel a su misión no puede traicionar ciertos principios a pesar de tener que adaptar algunos aspectos de su praxis pastoral a las nuevas circunstancias. Pues bien, no es novedad que hace mucho tiempo que se levantan dentro y fuera de la Iglesia voces contra una supuestamente excesiva cerrazón a la hora de administrar los sacramentos. Al leer en la Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium, las palabras de Francisco sobre la necesidad de no cerrar las puertas de éstos por cualquier razón, estas voces se entusiasmaron… ¡era la aurora de esperadas novedades! ¿Cuál habrá sido la intención del Santo Padre al levantar este problema? Conviene recordar algunos conceptos… →

El valor de la claridad en una época de confusión

No es ninguna novedad que los enemigos de la Santa Iglesia intenten manipular las palabras de la Jerarquía Eclesiástica a favor de sus espurios intereses. Aún en nuestros días la influencias de los pastores sobre las almas es demasiada como para que aquellos que querrían un mundo sin Dios no intenten desviarla de su recta finalidad . En las últimas décadas, no ha sido raro que esto se haga inclusive con las enseñanzas de los Papas, pero, con la ayuda de Dios, la verdad siempre ha triunfado.

Mucho han ayudado en este sentido las palabras claras que iluminan una época donde la distinción entre el bien y el mal parecería ser cada vez más difuso, palabras contracorriente que no temen el desprecio del mundo, como las del Beato Pablo VI, San Juan Pablo II o, más recientemente, Benedicto XVI. Y se agradece… porque los católicos necesitamos certezas firmes como rocas fundamentadas en la Fe inmortal de la Iglesia.

Uno de los temas que más necesita esta claridad es la moral familiar, tan vapuleada por todos los lados. Por eso, nada mejor que conocer evitar las expresiones dudosas… Veamos que ejemplo nos da al respecto tanto el Papa Francisco como los Pontífices anteriores. Entra aquí →