La formación de las conciencias, ¿actuación materna de la Iglesia o alarde de fariseísmo eclesial?

La conciencia es aquel lugar sagrado en cuyo interior nos encontramos a solas con Dios y nos jugamos el negocio más importante de la existencia: la salvación o la perdición nuestras almas. Y tenemos obligación de orientarla siempre en el mejor sentido, pues, de lo contrario, podemos comprometer culpablemente en un fugaz instante la amistad con Él y la vida de la gracia que nos concede. Sin embargo, tan errante es la condición humana, que tan sólo en la enseñanza inmortal de la Iglesia podemos encontrar esa seguridad.

La educación de las conciencias es una de las más bellas misiones confiadas por el Redentor a la Santa Madre Iglesia. Misión que llamaríamos angélica, sino fuera porque es divina… ¡Ojalá todos pensaran así! Entra y sorpréndete…

¿La Iglesia ha cerrado las puertas del infierno?

Hay verdades incómodas que quisiéramos olvidar… por comodidad. Aunque esto no nos convenga lo más mínimo, algunos, sin embargo, hacen todo lo posible, pensando que a fuerza de negar una verdad, ésta dejará de serlo.

Hace poco más de un mes leíamos en algunos noticiarios de dudosa religiosidad titulares como estos: “El Papa Francisco revisa la teología del infierno”[1]; “¿Existe el infierno eterno? Papa Francisco estaría abierto a revisar esta idea”[2]; “Papa Francisco revisa dogma del castigo eterno en el infierno”[3]. Para sustentar tesis tan irrisoria en artículos carentes de toda honestidad intelectual, se basaban en una afirmación realizada por el Papa Francisco en la misa con los cardenales recién creados en el último Consistorio.

Como son precisamente estas verdades las que los verdaderos pastores debemos predicar con mayor empeño si, de hecho, queremos trabajar por la salvación de las almas, conviene hacerse algunas preguntas ¿acaso podría el Papa cambiar una verdad revelada? La Iglesia quizá no pueda condenar eternamente pero ¿y Dios? ¿Debe dejarse de predicar el infierno? Veamos lo que nos enseña el Denzinger-Bergoglio →