¿El Evangelio debe ser anunciado con dulzura o con verdad?

“Quien no usa la vara odia a su hijo, quien lo ama lo corrige a tiempo” (Prov 13, 24).

A nadie se le oculta el amor natural de los padres por sus hijos y como están dispuestos a sacrificar la vida por su bien. Por causa de este mismo amor nace la preocupación cuando los pequeños amagan tomar el mal camino… Y como no, la necesidad de enseñarles, reprenderlos y amonestarlos, recurriendo cuando es necesario a un arma más severa: el castigo. Quien es educado así, cuando crece demuestra ser una persona de carácter y virtud que da muchos frutos en sus buenas obras. Por lo tanto es falsa la ternura que omite la verdad con la ilusión de suprimir una supuesta angustia causada por la severidad, pues el que así obra entrega los hijos a sus pasiones y éstos, desconociendo el camino verdadero, se precipitan en el infierno.

La Iglesia que es nuestra Santa Madre asume como deber esencial manifestar la verdad, utilizando también su autoridad al anunciar el Evangelio. Para eso, nunca ha puesto de lado medios eficaces de salvación como son la severidad, la reprensión o hasta la punición cuando se hacen necesarios, siguiendo el ejemplo del Divino Maestro que no dudó en expulsar látigo en ristre a los mercaderes del templo o amenazar con severidad a los fariseos.

Finalmente, sólo nos sobra una duda: ¿La Iglesia hace realmente el bien cuando evangeliza exclusivamente con dulzura, con fraternidad, con amor? O más bien, ¿qué mal hace la Iglesia cuando no predica la verdad a favor de la dulzura, de la fraternidad, del amor? Veamos lo que nos dicen las Escrituras, Papas, Doctores y Santos.

¿Plagio? ¿Manipulación? ¿Prestidigitación?: Francisco y su peculiar concepto de propiedad privada (IV… Conclusiones)

¿Plagio? ¿Manipulación? ¿Prestidigitación?: Francisco y su peculiar concepto de propiedad privada (IV... Conclusiones)

Después de analizar las referencias que Francisco hizo en su Encíclica Laudato Si’ al tema de la propiedad privada (ver I-II-II parte de este estudio), aprovechando diversas citas de Juan Pablo II, cuyo sentido no quedaba muy claro, tal vez haya surgido una duda en el espíritu de nuestros lectores. Ante los hechos que estos estudios han demostrado ¿qué intención tiene Francisco con todo eso? También nosotros nos planteamos esa interrogación delante del contenido de la peculiar investigación de nuestro especialista en Doctrina Social ¿Será que el mismo pone a descubierto alguna intención oculta?

Una respuesta quizá nos pueda ser dada escarbando un poco en los aledaños del texto analizado de la encíclica…

Francisco al cerrar el controvertido numeral 93 de la Laudato si’, hilvana nuevamente dos citas del Papa Juan Pablo II. La primera corresponde a una referencia directa extraída desde una homilía que el Papa dirigió a los agricultores en Recife, Brasil (7 julio 1980), n. 4; y la segunda se trata de una citación indirecta del Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz de 1990, n.8:

“Por lo tanto [Juan Pablo II] afirmó que ‘no es conforme con el designio de Dios usar este don de modo tal que sus beneficios favorezcan sólo a unos pocos”. Esto cuestiona seriamente los hábitos injustos de una parte de la humanidad’”. (Laudato Si’, 93)

Como se puede observar, Francisco al yuxtaponer estas palabras y referencias del Papa Juan Pablo II, proferidas ante públicos y contextos sociales diversos, desea transmitir un mensaje: Juan Pablo II censuró a los que usan de modo egoísta sus bienes pues practican hábitos injustos. De este modo, la lectura de este párrafo con estas citas plantea una interrogante que permanece fluctuando sin respuesta: ¿quiénes son éstos que practican hábitos tan injustos? ¿Quiénes son estos egoístas?

Aplicando nuevamente su praxis de hilvanar citas descontextualizadas, en el numeral 94 de la Laudato si’ insinuará la respuesta sirviéndose, esta vez, de textos bíblicos:

“El rico y el pobre tienen igual dignidad, porque ‘a los dos los hizo el Señor’ (Pr 22,2); ‘Él mismo hizo a pequeños y a grandes’ (Sb 6,7) y ‘hace salir su sol sobre malos y buenos’ (Mt 5,45)”. (Laudato Si’, 94)

Francisco habiendo acoplado el pasaje de Mateo, sin ningún vínculo temático, a las citas de Proverbios y Sabiduría, parece insinuar una respuesta: Estos egoístas son los “ricos”, son los “grandes” de la sociedad, es decir, son los “malos”.

¿Esta insinuación tiene fundamento en la doctrina católica? ¿Todos los ricos son malos y egoístas? No deja de ser aleccionador comprobar que en el mismo discurso del Papa Juan Pablo II citado por Francisco, no obstante leído en su contexto, tenemos acceso a la doctrina verdadera. En efecto, el Papa Juan Pablo II, ilustrando sus enseñanzas a propósito de la necesidad de ser generosos y practicar las obras de caridad, comentó la parábola del rico Epulón y el pobre Lázaro:

51c0ef9f09eb3_350x0.png“En esa parábola, Cristo no condena al rico porque es rico, o porque viste lujosamente. Condena duramente al rico que no tiene en consideración la situación de penuria del pobre Lázaro, que solamente desea alimentarse de las migajas que caen de la mesa del festín. Cristo no condena la simple posesión de bienes materiales. Sino que sus palabras más duras se dirigen contra quienes usan su riqueza de manera egoísta, sin preocuparse del prójimo a quien le falta lo necesario”. (Juan Pablo II, homilía para agricultores en Brasil, Recife, 7 de julio de 1980)

¡Qué diferencia! ¡Qué contraste! Francisco para concluir sus enseñanzas sobre la propiedad privada pasa citar una Carta pastoral de la Conferencia Episcopal Paraguaya: “El campesino paraguayo y la tierra” (12 junio 1983):

“Esto tiene consecuencias prácticas, como las que enunciaron los Obispos de Paraguay: “Todo campesino tiene derecho natural a poseer un lote racional de tierra donde pueda establecer su hogar, trabajar para la subsistencia de su familia y tener seguridad existencial. Este derecho debe estar garantizado para que su ejercicio no sea ilusorio sino real. Lo cual significa que, además del título de propiedad, el campesino debe contar con medios de educación técnica, créditos, seguros y comercialización””. (Laudato Si’, 94)

Como se puede comprobar estas palabras de los obispos paraguayos tienen por objetivo incentivar el derecho a la propiedad privada. Es más, el texto original de esta Carta Pastoral invoca en favor de este derecho, la propia Constitución de la República Paraguaya pues lo ampara jurídicamente. Por lo tanto, la versión exacta presentada por los Obispos paraguayos es la siguiente:

“Este derecho (establecido en nuestra misma Constitución Nacional) debe estar garantizado para que su ejercicio no sea ilusorio sino real” . (Conferencia Episcopal Paraguaya, 12 de junio de 1983)

Cómo sería coherente con sus propias palabras si Francisco, el defensor “de los más humildes, los explotados, los pobres y excluidos”  (Discurso en el II Encuentro Mundial de Movimientos Populares, Bolivia, 9 de julio de 2015), durante su reciente viaje pastoral a Cuba inspirado en estas mismas palabras de los obispos paraguayos se hubiese solidarizado con el pueblo cubano con este discurso parafraseado: “Todo campesino cubano y todo cubano tiene derecho natural a poseer un lote racional de tierra donde pueda establecer su hogar, trabajar para la subsistencia de su familia y tener seguridad existencial. Este derecho (que no es establecido en vuestra Constitución Nacional) debe estar garantizado para que su ejercicio no sea ilusorio sino real. Lo cual significa que además del título de propiedad, el campesino cubano debe contar con medios de educación técnica, créditos, seguros y comercialización”.

¿Por qué Francisco nunca pronunciaría un discurso de este tenor para favorecer al sufrido pueblo cubano? ¿Sólo por qué en sus discursos a los movimientos populares — como el mismo se defendió — “un explicación [en materia de Doctrina Social de la Iglesia] dio la impresión de ser un poco más “izquierdosa”? (Rueda de Prensa en vuelo de Santiago de Cuba a Washinton D.C., 22 de septiembre de 2015)

¿Sólo por una explicación? ¡Si fuese sólo eso! Para miles de católicos las dudas y las perplejidades que Francisco ha suscitado con “su doctrina” continuarán in crescendo, no obstante diga que puede rezar el Credo para demostrar su ortodoxia… Sí, por lo que parece, hay realmente unos buenos y unos malos, una panacea y una bestia negra… una división… una… ¿promoción de la lucha de clases? ¿Será eso? Pues si es así… Ya sabemos lo que esto significa…

Mientras tanto… no estará fuera de lugar que recordemos lo que dice la verdadera doctrina católica sobre la propiedad privada. Entra aquí

¡La fe católica no es la fe del Islam!

A finales del siglo XVI Valencia conoció un Arzobispo que marcó su historia y la de la Iglesia, siendo elevado a los altares en 1960 por Juan XXIII. San Juan de Ribera fue un verdadero buen Pastor que no se contentaba con cuidar de los fieles que vivían en su diócesis sino que iba en busca de nuevas ovejas. Uno de sus más grandes preocupaciones fue convertir a los seguidores de Mahoma a la fe católica, y después de convertidos, que fueran bien instruidos. Continue Reading

Si la familia es la familia, ¿se puede decir también que es una realidad social, de cultura?

Esta página, cuya finalidad no es otra que la de aclarar un poco las ideas tan confusas de estos días que corren, ya tiene un cierto tiempo de existencia y, según se había previsto, ha recibido, recibe y recibirá palos por todos los lados. Entre las acusaciones que nos lanzan se encuentra la de que, en la mayor parte de nuestros estudios, le buscamos tres pies el gato, o sea, que queremos forzar en las palabras de Francisco un sentido que él no quiso darles. Quien así piensa, parece no haber entendido la finalidad de este trabajo, ni el funcionamiento de cada entrada.

Antes de nada, a un maestro se le exige claridad… mucho más a un Sumo Pontífice en una época donde cualquier lapso es aprovechado por los enemigos de la Iglesia para sus pésimos objetivos. Si tantas veces declaraciones de Juan Pablo II o de Benedicto XVI fueron retorcidas por aquéllos para confundir a la opinión pública, sería de ingenuos pensar que no vaya a ser hecho lo mismo con ciertas palabras de Francisco que ponen en bandeja un uso malintencionado. Unas veces porque en ellas hay que adivinar con la mejor de las voluntades su sentido ortodoxo, cerrando los oídos al choque que producen. Otras porque obligan a hacer un malabarismo intelectual para armonizar enunciados que, a primera vista, parecen contradecir algo que se dice pocas líneas abajo. Y así, tantas otras circunstancias. No hay más que ver los constantes desmentidos y aclaraciones que la Sala de Prensa de la Santa Sede tiene que emitir a propósito de dichos y hechos de Francisco. Si esto no es fácil para quien tiene buena voluntad, parece un poco difícil exigírselo a quienes tienen por curiosa afición rebuscar carroña para usarla de arma arrojadiza contra la Iglesia. Esta es la razón por la que, en muchas de nuestras entradas queremos, sobretodo, mostrar objetivamente la doctrina católica en su palmaria claridad a fin de que nadie pueda justificarse en las palabras del Obispo de Roma para atacar la verdad. Es el caso que nos ocupa en este estudio.

En las palabras de Francisco que serán analizadas vemos en pocas líneas las siguientes afirmaciones:

  • La familia es una realidad antropológica.

  • En consecuencia, una realidad social, de cultura.

  • No podemos calificar la familia con conceptos de naturaleza ideológica.

  • La familia es familia.

Después de leer y releer estas palabras, confesamos que no conseguimos entender el sentido más profundo y mucho menos la intención que tuvo Francisco al pronunciarlas, pues, a primera vista, parecen contener una enorme contradicción. Si la familia, por ser una realidad antropológica, es una realidad social, de cultura –se entiende, por lo tanto, que la sociedad y la cultura de su tiempo pueden modelarla–, ¿cómo no se la puede calificar con conceptos ideológicos? Pero, una línea después, nueva contradicción, “la familia es familia” y ya está. Perfecto, pero, ¿como puede ser entonces una realidad de cultura? En fin… que seguimos sin entender y, por eso, nos parece oportuno recordar la doctrina mucho más clara sobre la célula mater de la sociedad que la Iglesia viene enseñando hace 2000 años, tan actual y necesaria para un mundo donde estilos de vida abiertamente inmorales –¡realidades sociales y de cultura!– se implantan por todas las partes. Realmente, la familia no es progresista o conservadora, es familia conforme al plan de Dios, o simplemente no es familia. Veamos lo que nos dice el Magisterio de siempre →

¿Católicos y musulmanes adoramos al mismo Dios?

Algunas de las páginas más hermosas de la Historia de la Iglesia son, sin duda, las que fueron escritas con la sangre de los mártires que, despreciando su propia vida por amor a Jesucristo, encontraron en las manos de los verdugos a la vez la muerte corporal y la gloria incorruptible de inmolarse por Aquel que les había rescatado en lo alto de la Cruz. Niños indefensos, heroicas vírgenes, varones robustos, venerables ancianos, en todas las épocas y en los más variados lugares, acudieron a su cita para dar este testimonio arrebatador y majestoso de la fuerza del Evangelio.Continue Reading

¿Existe ruptura del vínculo matrimonial? ¿El matrimonio ya no es indisoluble? Imprescindible complemento

Cuando los sacerdotes preparamos a jóvenes parejas para contraer matrimonio sabemos que una de las cosas más importantes es dejarles bien clara la indisolubilidad del vínculo que van a sellar al contraer el sacramento del matrimonio. Es emocionante constatar el casos de aquellos fieles que se tomaron tan en serio este concepto que, incluso después de la desgracia de una separación no siempre querida por uno de los cónyuges, encuentran fuerza y valentía para respetar el vínculo matrimonial porque son conscientes de la belleza del testimonio de fidelidad de este sacramento, de los beneficios de vivir en estado de gracia y de la santidad de la indisolubilidad como imagen del misterio de la unión entre Cristo y su Iglesia.Continue Reading

¿Los divorciados vueltos a casar son amigos de Dios?

¿Quién no ha pasado por la dolorosa situación de asistir a un ser querido en sus últimos momentos de vida? Cuando se produce el desenlace final, sufrimos al velar su cadáver, inerte pero todavía tan amado…. la muerte es cruel, pues no se sacia con arrancar la vida… si no enterramos el cadáver, una peligrosa podredumbre se extenderá a su alrededor poniendo en riesgo la salud de los demás. Continue Reading

¿El clericalismo es una postura ajena al cristianismo?

Al instituir ministros ordenados en su Iglesia Nuestro Señor Jesucristo inauguraba “la más elevada dignidad entre todas las jerarquías de la tierra”, una nueva categoría de hombres llamados a actuar in persona de Él mismo y a dispensar los tesoros de la redención a la humanidad pecadora, como auténticos mediadores entre el cielo y este mundo. Estos varones elegidos por el mismo Cristo son participantes de la autoridad con que Él forma, santifica y rige su Cuerpo Místico, y su dignidad es incluso mayor que la de los ángeles.

El pueblo cristiano dedica desde siempre al presbítero una admiración entrañada por el simple hecho de ser quién es, por presentar a Dios sus intenciones y obtener de Él el auxilio que necesita. Nadie ignora que el sacerdote como todo mortal tiene también sus defectos, pero este religioso reconocimiento no puede estar ausente de los cristianos bien intencionados.

Los términos “clericalismo” y “anticlericalismo” utilizados por el Papa Francisco para externar su aprecio por la clase sacerdotal no son recientes. Fueron normalmente empleados por partidarios de diferentes corrientes, en su mayoría enemigos convencidos de la religión. Aquí los utilizamos del modo más genuino posible, sin las manchas que les añadieron los antiguos políticos conservadores o liberales, estos últimos siempre dispuestos a burlarse de la clase sacerdotal y posicionarse públicamente en contra ella. Mucho más importante que esto es entender el sacerdocio en conformidad a la enseñanza de la Santa Madre Iglesia, que no puede aprobar las teorías que minimizan la grandeza del ministerio ordenado, una de las mayores glorias del catolicismo y verdadero honor del género humano.

En lo que se refiere a las intenciones del Papa Francisco al declarase anticlerical y etiquetar de la misma forma el Apóstol Pablo ―¡imaginemos su sorpresa al enterarse de eso desde lo más alto de los cielos!― es difícil descubrirlas con exactitud y, más todavía, interpretar sus palabras como amablemente clericales. Lo que es seguro es que es un poco optimista querer que quien escucha pueda encontrarles fácilmente un sentido benévolo. Si realmente lo tuviera, se agradecería más claridad.

Para ayudar nuestros lectores ofrecemos a continuación un estudio que puede arrojar luz sobre la inquietud provocadas por estas declaraciones en las personas de fe sincera: la doctrina católica más autorizada en la que podemos creer sin temor ni dudas y que nos llevará a reafirmar nuestro clericalismo, como seguidores fieles que queremos ser de Cristo, el verdadero y sumo Sacerdote.

Entra en nuestro estudio ⇒

Quien vive pública e impenitentemente en pecado no puede custodiar la fe de nadie

Desde el principio Dios estableció el matrimonio como una alianza indisoluble y le concedió “la única bendición que no fue abolida ni por la pena del pecado original, ni por el castigo del diluvio”. Jesucristo, elevando el matrimonio a la dignidad de sacramento no solamente hizo con que esta unión fuera más indisoluble y santa, como también quiso que se convirtiera en el reflejo de su misma fidelidad a la Iglesia.

Si analizamos las páginas de la Historia, constatamos que en diversas épocas el divorcio y el repudio fueron actitudes reconocidas y vigentes. La Iglesia, no obstante, desde siempre tuvo el divorcio como un pecado grave y los Papas nunca se cansaron de amonestar a los cristianos para que no se dejaran contaminar con estas costumbres paganas.

Es tradición en la Iglesia que el neófito tenga un padrino. Este encargo lejos de ser apenas un compromiso social —como tristemente muchos creen hoy día—, conlleva graves obligaciones como la de educar en la fe o ser ejemplo en la observancia de los mandamientos y en la virtud. “Al que escandalice a uno de estos pequeños que creen en mí —dijo Jesús—, más le valdría que le colgasen una piedra de molino al cuello y lo arrojasen al fondo del mar. ¡Ay del mundo por los escándalos! Es inevitable que sucedan escándalos, ¡pero ay del hombre por el que viene el escándalo!” (Mt 18, 6-7). Por eso la Iglesia con la sabiduría que la caracteriza —sabiduría esta conferida por su Divino Esposo—, desde tiempos inmemoriales decretó que solamente pueden ser admitidos como padrinos de bautismo personas católicas y que lleven una vida congruente con la fe. Por lo tanto, aquellos que viven pública e impenitentemente en pecado grave no pueden ser admitidos a la especial misión de custodiar la fe de nadie. Leer más ⇒

¿Todas las oraciones son agradables a Dios?

“Recen por mí”, palabras que el Papa Francisco pronuncia con mucha frecuencia delante de los auditorios más dispares. Y cuánto más lo hace, más suscita asombro en no pocos católicos, pues no es raro que esto ocurra no sólo delante de fieles de la Santa Iglesia, sino con excomulgados, cismáticos, infieles, comunistas, ateos y demás…

Cuando alguien le dijo: “Santidad, quisiera preguntarle por qué pide tan insistentemente que se rece por usted. No es normal, habitual, escuchar a un Papa pedir tanto que recen por él”, suponemos que haciendo gala de gran humildad, respondió: “Me considero limitado, con muchos problemas, incluso pecador —lo saben—, y tengo que pedir esto. Me sale de dentro” (Conferencia de Prensa durante vuelo de regreso a Roma, 28 de julio de 2013). No lo juzgaremos por sus actos. Es cierto, sin embargo, que sería motivo de perplejidad que León IX pidiese a Miguel Cerulario —promotor del gran cisma— sus oraciones por él; o León X a Lutero.

Este es un asunto de mucha transcendencia, que levanta dudas y necesita aclaraciones… Entra en el Denzinger-Bergoglio →

¿El Divino Cordero se rebeló contra el Padre en la Cruz?

¿Por qué existe el sufrimiento? ¿Qué hice yo para sufrir? Estas son algunas de las preguntas que el ser humano se hace a si mismo desde que el mundo es mundo. Pero uno no obtiene la respuesta si no se centra en Cristo porque solo Jesús la enseñó con el ejemplo de su propia vida. Sin embargo, si es verdad que Cristo fue ejemplo en el sufrimiento, ¿se puede decir que en algún momento se rebeló contra el Padre? En la desolación que siente el alma en la “noche oscura” de la vida, ¿es lícito blasfemar contra Dios? ¿O rebelarse? ¿Impacientarse? Veamos lo que nos enseña el Magisterio →

Abajarse ante los demás. ¿Cuándo, cómo y a qué aplicar esta enseñanza de Jesús?

Al recorrer las páginas de la Historia de la humanidad, en las épocas más distantes, en los pueblos más lejanos entre sí y con las culturas más dispares, sobresale un rasgo en común: el egoísmo, la disputa por el poder, la ganancia y todos los demás vicios relacionados con el orgullo. No es de admirar, pues los padres de todos ellos, Adán y Eva, cayeron en la trampa del maligno por juzgar que por una desobediencia serían “como dioses” (cf. Gn 3, 5). Hete aquí la fuente del orgullo humano.

Jesucristo, en cambio, cuando vino al mundo, no hizo otra cosa sino enseñar a los hombres la maldad del orgullo, y toda su vida fue un profundo ejemplo de humildad: quiso hacerse hombre, nacer en el pesebre, morir en la Cruz… E indicó a sus discípulos el camino a seguir: “El que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor, y el que quiera ser primero entre vosotros, que sea vuestro esclavo. Igual que el Hijo del hombre no ha venido a ser servido sino a servir y a dar su vida en rescate por muchos” (Mt 20, 26-28).

Sin embargo, la humildad de Jesús que todos somos invitados a imitar es, muchas veces, confundida con una falsa modestia que lleva a olvidar la grandeza de la vocación cristiana, con una actitud apocada de rendición frente a los enemigos de la Iglesia o hasta con una simulada atenuación de la doctrina y moral católica para no “herir” los sentimientos de los que piensan de forma diferente. Por eso, como no podía ser diferente, no faltan los que se aprovechan de ciertas afirmaciones de la Jerarquía eclesiástica para propagar esta visión distorsionada..

Tal vez algo semejante haya ocurrido con el Papa Francisco en una de sus homilías matutinas al tratar sobre este tema. ¿Sus palabras habrán sido bien comprendidas? ¿O más bien cabe preguntarse cuál fue su intención al pronunciarlas? El Magisterio, los Padres y Doctores de la Iglesia pueden ayudarnos a responder. Entra aquí →