“Misericordiando” el pecado de Judas: gravedad e interpretaciones

Francisco una vez más demuestra sus preferencias, llamando al traidor de Jesús “pobre hombre arrepentido”. Aquel que cometió el crimen más infame de la Historia es objeto del compasión del Sumo Pontífice… Esperamos que no se aplique el “dime con quien andas y te diré quién eres”.Continue Reading

De afirmaciones confusas a disparates exegéticos formales: para Francisco, Jesús fue manchado por el pecado

La misión del Papa de enseñar la verdad es inherente a su puesto de guía de la Iglesia. Para él se vuelven todos los bautizados esperando palabras de vida eterna, pues sabemos, por voluntad de Dios, nos habrían de llegar a través del Vicario de Cristo. Por eso, a lo largo de los siglos los Romanos Pontífices se dedicaron con mucho cuidado a la predicación, conscientes de que nadie puede hacerlo con más eficacia, autoridad y bendiciones celestiales que ellos mismos. Continue Reading

La división entre católicos y anglicanos, ¿escándalo o necesidad?

Catalina de Aragón, princesa española desposada con el rey inglés Enrique VIII, después de ser repudiada por este monarca bien podría exclamar: “¡Nuestra división es un escándalo!” Y el mundo católico, al enterarse del concubinato del rey con Ana Bolena podría también afirmar: “¡Vuestra unión es un escándalo!” La historia de la “Iglesia Anglicana” es una mezcla de uniones y divisiones escandalosas. En el momento actual sigue habiendo escándalo… Escándalo de división, pues muchos de ellos no quieren reconocer sus errores y volver a la plena comunión con la Iglesia, retorno que tanto propiciaron por todos los medios los pontífices romanos a lo largo de una Historia de casi cinco siglos.Continue Reading

¿La gracia divina es cierta acción desconocida semejante a una cantidad de luz? Francisco y sus nuevas concepciones teológicas

Un hecho célebre de la vida de Santa Juana de Arco es que al ser interrogada por la inquisición sobre si estaba o no en la gracia de Dios, formuló una respuesta llena de sabiduría, de verdad y de fe: “Si no estoy pido que Dios me quiera poner en ella; si estoy, que Dios me quiera conservar en ella”.

Seis siglos después casi la misma pregunta ha sido hecha pero de esta vez no a una santa sino al hombre que ocupa de silla de Pedro. Las dos son frases cortas, pero con una diferencia doctrinal verdaderamente sorprendente.

Sabemos por la enseñanza católica que la gracia es un don sobrenatural infundido por Dios en nuestra alma que nos hace partícipes de su vida y herederos del cielo. Nadie puede saber con entera certeza si está en gracia, pero la Revelación, la buena conciencia y muchos otros indicios nos dejan entrever su acción en nosotros, según los testimonios de varios santos. “El árbol se conoce por su fruto…” (Mt 12, 33). Ahora bien, ¿qué pensar de las comparaciones de dudosa ortodoxia que escuchamos por boca del Obispo de Roma? ¿Se puede sacrificar la precisión teológica conversando en público con un ateo militante? Veamos lo que nos enseña el Magisterio de siempre en el Denzinger-Bergoglio aquí→.

Cuando los pobres expulsaron a Cristo…

Del corazón brota el amor, del corazón brota la compasión, del corazón fluye la vida. En un hogar, los hijos son la preocupación principal de la familia, pero el corazón es la madre. Sin la madre, ¿qué son los hijos?

En la vida cristiana, también tenemos un corazón que ama, que compadece, que da vida, pero no es un corazón de una madre sino un Divino Corazón: es Jesús. Él mismo es el corazón que vela por sus hijos, que cuida de los pobres, tanto los de bienes materiales como de espirituales. Jesús es el Corazón de la Buena Nueva, que anuncia a todos sin excepción el mensaje de salvación. Es el proprio redentor que nos estimula en el camino de conversión con palabras de compasión: “Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré” (Mt 11, 28). Tenemos cuidado en no atribuir a los hijos, objeto del desvelo de la madre, el corazón, que es de ella. Sin Jesús, ¿que sería de los pobres? El Evangelio es sobre todo el anuncio de Jesús Cristo y su amor por nosotros. Veamos lo que el Magisterio bimilenario de la Iglesia tiene para enseñarnos. Entra aquí→

¿Quiénes son los guías auténticos que los fieles deben seguir?

Un estudiante universitario serio se prepara con diligencia para los exámenes finales. Del buen éxito de los mismos dependerá su futuro profesional. Además de asistir a las aulas, consultará varias fuentes, pedirá consejo a personas que ya han estudiado las mismas asignaturas, recogerá opiniones de gente capacitada, pero… de todas formas su atención principal se centrará en las enseñanzas recibidas de los maestros. Nadie estudia para los exámenes poniendo su seguridad en los consejos que recibió de los compañeros. La seguridad le viene cuando sigue las orientaciones que recibió de quienes tenían el encargo de enseñar.

Del mismo modo, nuestra vida espiritual es una continua preparación para el examen final que es el juicio del que dependerá nuestra vida eterna. Aunque recibimos con alegría y gratitud, incluso como una verdadera necesidad, los consejos de nuestros amigos, es imprescindible apoyarse esencialmente en la dirección de los auténticos maestros que el proprio Redentor designó con la misión de enseñar, guiar y santificar a su grey. Nuestro destino eterno es demasiado serio para que nos apoyemos solamente en los hermanos o hermanas mayores. Veamos lo que nos enseña el Denzinger-Bergoglio→

¡La fe católica no es la fe del Islam!

A finales del siglo XVI Valencia conoció un Arzobispo que marcó su historia y la de la Iglesia, siendo elevado a los altares en 1960 por Juan XXIII. San Juan de Ribera fue un verdadero buen Pastor que no se contentaba con cuidar de los fieles que vivían en su diócesis sino que iba en busca de nuevas ovejas. Uno de sus más grandes preocupaciones fue convertir a los seguidores de Mahoma a la fe católica, y después de convertidos, que fueran bien instruidos. Continue Reading

¿Los divorciados vueltos a casar son amigos de Dios?

¿Quién no ha pasado por la dolorosa situación de asistir a un ser querido en sus últimos momentos de vida? Cuando se produce el desenlace final, sufrimos al velar su cadáver, inerte pero todavía tan amado…. la muerte es cruel, pues no se sacia con arrancar la vida… si no enterramos el cadáver, una peligrosa podredumbre se extenderá a su alrededor poniendo en riesgo la salud de los demás. Continue Reading

¿El clericalismo es una postura ajena al cristianismo?

Al instituir ministros ordenados en su Iglesia Nuestro Señor Jesucristo inauguraba “la más elevada dignidad entre todas las jerarquías de la tierra”, una nueva categoría de hombres llamados a actuar in persona de Él mismo y a dispensar los tesoros de la redención a la humanidad pecadora, como auténticos mediadores entre el cielo y este mundo. Estos varones elegidos por el mismo Cristo son participantes de la autoridad con que Él forma, santifica y rige su Cuerpo Místico, y su dignidad es incluso mayor que la de los ángeles.

El pueblo cristiano dedica desde siempre al presbítero una admiración entrañada por el simple hecho de ser quién es, por presentar a Dios sus intenciones y obtener de Él el auxilio que necesita. Nadie ignora que el sacerdote como todo mortal tiene también sus defectos, pero este religioso reconocimiento no puede estar ausente de los cristianos bien intencionados.

Los términos “clericalismo” y “anticlericalismo” utilizados por el Papa Francisco para externar su aprecio por la clase sacerdotal no son recientes. Fueron normalmente empleados por partidarios de diferentes corrientes, en su mayoría enemigos convencidos de la religión. Aquí los utilizamos del modo más genuino posible, sin las manchas que les añadieron los antiguos políticos conservadores o liberales, estos últimos siempre dispuestos a burlarse de la clase sacerdotal y posicionarse públicamente en contra ella. Mucho más importante que esto es entender el sacerdocio en conformidad a la enseñanza de la Santa Madre Iglesia, que no puede aprobar las teorías que minimizan la grandeza del ministerio ordenado, una de las mayores glorias del catolicismo y verdadero honor del género humano.

En lo que se refiere a las intenciones del Papa Francisco al declarase anticlerical y etiquetar de la misma forma el Apóstol Pablo ―¡imaginemos su sorpresa al enterarse de eso desde lo más alto de los cielos!― es difícil descubrirlas con exactitud y, más todavía, interpretar sus palabras como amablemente clericales. Lo que es seguro es que es un poco optimista querer que quien escucha pueda encontrarles fácilmente un sentido benévolo. Si realmente lo tuviera, se agradecería más claridad.

Para ayudar nuestros lectores ofrecemos a continuación un estudio que puede arrojar luz sobre la inquietud provocadas por estas declaraciones en las personas de fe sincera: la doctrina católica más autorizada en la que podemos creer sin temor ni dudas y que nos llevará a reafirmar nuestro clericalismo, como seguidores fieles que queremos ser de Cristo, el verdadero y sumo Sacerdote.

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La catequesis, ¿un camino privilegiado para la actuación del Espíritu Santo o método comparable al yoga o zen?

En los Hechos de los Apóstoles encontramos la interesante historia de un etíope, ministro de la reina Candaces, que había viajado a Jerusalén para adorar al Dios verdadero. Sin embargo, este alto funcionario de la corte regresaba a su patria lleno de inquietudes con respecto a las Escrituras, que meditaba sin alcanzar su verdadero sentido. Dentro de una carroza, leyendo el rollo del profeta Isaías, se detenía en esta parte: “Como cordero fue llevado al matadero, como oveja muda ante el esquilador, así no abre su boca. En su humillación no se le hizo justicia. ¿Quién podrá contar su descendencia? Pues su vida ha sido arrancada de la tierra.” (Is 53, 7-8)

El mismo Espíritu Santo que le inspiraba el deseo de conocer la buena nueva sobre el Hijo, también preparaba una maravillosa respuesta a sus preguntas: envió el Diácono Felipe para instruirle en la fe, mandando que se acercara y se pegara a la carroza. He aquí la descripción de los Hechos: “Felipe se acercó corriendo, le oyó leer el profeta Isaías, y le preguntó: ‘¿Entiendes lo que estás leyendo?’ Contestó: ‘¿Y cómo voy a entenderlo si nadie me guía?’ E invitó a Felipe a subir y a sentarse con él.” (Hch 8, 30-31)

Entonces le explicó la verdad sobre Jesucristo y sus palabras abrieron el alma del hombre para la fe, tanto que pidió el bautismo en aquel mismo instante. Tras cumplir con su misión el Espíritu arrebató a Felipe para evangelizar la ciudad de Azot, mientras “el eunuco continuó su camino lleno de alegría.” (Hch 8, 39)

Este episodio de la Iglesia naciente indica el modo de obrar de Dios: Él inspira las almas para que unas instruyan a otras y así mueve los corazones para la realización de sus planes. Este modo habitual del obrar divino explica la necesidad irrenunciable que tiene la Iglesia de la predicación y de la catequesis.

Hay quien defiende, no sin razón, la actuación directa del Espíritu Santo en las almas, prescindiendo de la enseñanza doctrinal. No cabe duda que eso puede pasar, pero lo extraordinario no abole lo normal, que, por cierto, no puede ser infelizmente equiparado, ni siquiera por una licencia coloquial, con otros métodos gravemente contrarios a la religión cristiana. Por todo ello, conviene que estudiemos bien ese tema y encontremos en la doctrina magisterial las respuestas que necesitamos. Leer más ⇒

Quien vive pública e impenitentemente en pecado no puede custodiar la fe de nadie

Desde el principio Dios estableció el matrimonio como una alianza indisoluble y le concedió “la única bendición que no fue abolida ni por la pena del pecado original, ni por el castigo del diluvio”. Jesucristo, elevando el matrimonio a la dignidad de sacramento no solamente hizo con que esta unión fuera más indisoluble y santa, como también quiso que se convirtiera en el reflejo de su misma fidelidad a la Iglesia.

Si analizamos las páginas de la Historia, constatamos que en diversas épocas el divorcio y el repudio fueron actitudes reconocidas y vigentes. La Iglesia, no obstante, desde siempre tuvo el divorcio como un pecado grave y los Papas nunca se cansaron de amonestar a los cristianos para que no se dejaran contaminar con estas costumbres paganas.

Es tradición en la Iglesia que el neófito tenga un padrino. Este encargo lejos de ser apenas un compromiso social —como tristemente muchos creen hoy día—, conlleva graves obligaciones como la de educar en la fe o ser ejemplo en la observancia de los mandamientos y en la virtud. “Al que escandalice a uno de estos pequeños que creen en mí —dijo Jesús—, más le valdría que le colgasen una piedra de molino al cuello y lo arrojasen al fondo del mar. ¡Ay del mundo por los escándalos! Es inevitable que sucedan escándalos, ¡pero ay del hombre por el que viene el escándalo!” (Mt 18, 6-7). Por eso la Iglesia con la sabiduría que la caracteriza —sabiduría esta conferida por su Divino Esposo—, desde tiempos inmemoriales decretó que solamente pueden ser admitidos como padrinos de bautismo personas católicas y que lleven una vida congruente con la fe. Por lo tanto, aquellos que viven pública e impenitentemente en pecado grave no pueden ser admitidos a la especial misión de custodiar la fe de nadie. Leer más ⇒

¿Todas las oraciones son agradables a Dios?

“Recen por mí”, palabras que el Papa Francisco pronuncia con mucha frecuencia delante de los auditorios más dispares. Y cuánto más lo hace, más suscita asombro en no pocos católicos, pues no es raro que esto ocurra no sólo delante de fieles de la Santa Iglesia, sino con excomulgados, cismáticos, infieles, comunistas, ateos y demás…

Cuando alguien le dijo: “Santidad, quisiera preguntarle por qué pide tan insistentemente que se rece por usted. No es normal, habitual, escuchar a un Papa pedir tanto que recen por él”, suponemos que haciendo gala de gran humildad, respondió: “Me considero limitado, con muchos problemas, incluso pecador —lo saben—, y tengo que pedir esto. Me sale de dentro” (Conferencia de Prensa durante vuelo de regreso a Roma, 28 de julio de 2013). No lo juzgaremos por sus actos. Es cierto, sin embargo, que sería motivo de perplejidad que León IX pidiese a Miguel Cerulario —promotor del gran cisma— sus oraciones por él; o León X a Lutero.

Este es un asunto de mucha transcendencia, que levanta dudas y necesita aclaraciones… Entra en el Denzinger-Bergoglio →