Sínodo de Roma (382)…

… juzga la idea de Francisco de que católicos y musulmanes adoran al mismo Dios

  • Creer en la Trinidad es la salvación de los cristianos

Ésta es, pues, la salvación de los cristianos: que creyendo en la Trinidad, es decir, en el Padre, en el Hijo y en el Espíritu Santo, y bautizados en ella, creamos sin duda alguna que la misma posee una sola verdadera divinidad y potencia, majestad y sustancia. (Denzinger-Hünermann 177. Sínodo de Roma, Confesión de fe enviada al obispo Paulino de Antioquía, año 382)

… juzga la oración hecha por Francisco en el encuentro ecuménico e interreligioso de Sarajevo

  • La salvación de los cristianos es la creencia en la Trinidad

Esta es, pues, la salvación de los cristianos: que creyendo en la Trinidad, es decir, en el Padre, en el Hijo y en el Espíritu Santo, y bautizados en ella, creamos sin duda alguna que la misma posee una sola verdadera divinidad y potencia, majestad y sustancia. (Denzinger-Hünermann 177. Sínodo de Roma, La Trinidad y la Encarnación, 382)

  • No se puede llamar Dios al Padre prescindiendo del Hijo o del Espíritu Santo

Si alguno sintiere bien del Padre y del Hijo, pero no se hubiere rectamente acerca del Espíritu Santo, es hereje, porque todos los herejes, sintiendo mal del Hijo de Dios y del Espíritu Santo, se hallan en la perfidia de los judíos y de los paganos.
Si alguno, al llamar Dios al Padre [de Cristo], Dios al Hijo de Aquél, y Dios al Espíritu Santo, distingue y los llama dioses, y de esta forma les da el nombre de Dios, y no por razón de una sola divinidad y potencia, cual creemos y sabemos ser la del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo; y prescindiendo del Hijo o del Espíritu Santo, piense así que al Padre solo se le llama Dios o así cree en un solo Dios, es hereje en todo, más aún, judío, porque el nombre de dioses fue puesto y dado por Dios a los ángeles y a todos los santos, pero del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, por razón de la sola e igual divinidad no se nos muestra ni promulga para que creamos el nombre de dioses, sino el de Dios. Porque en el Padre, en el Hijo y en el Espíritu Santo solamente somos bautizados y no en el nombre de los arcángeles o de los ángeles, como los herejes o los judíos o también los dementes paganos. (Denzinger-Hünermann 175-176. Sínodo de Roma, La Trinidad y la Encarnación, 382)

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