128 – Si somos honestos en la presentación de nuestras convicciones en el diálogo ecuménico, seremos capaces de ver con más claridad lo que tenemos en común. Se abrirán nuevos caminos para el mutuo aprecio

Hemos todos acompañado a lo largo de estos últimos tres años el constante empeño de Francisco en tender la mano a los creyentes de todas las religiones para fomentar el diálogo ecuménico en su más sorprendente y novedosa acepción. Esta invariable preocupación de su pontificado, para la cual dedica mucho más tiempo que a otras atenciones pastorales, a que los anteriores Papas nos tenían acostumbrados, lo hace invocando la necesidad de “cooperación con los hombres de buena voluntad” para así abrir “oportunidades para el diálogo que es esencial si queremos conocer, comprender y respetar a los demás”.

Fiel a sus propósitos, el Obispo de Roma ha dejado claro en repetidas ocasiones que estamos obligados a unirnos en un solo y mismo esfuerzo por la construcción de la cultura del encuentro y de la paz. Sin embargo, desde el punto de vista de la fe católica ― que es el único que realmente importa a un cristiano bautizado dispuesto a salvar su alma ― las cosas se presentan de otra forma. Cuando una figura eclesiástica de alta categoría habla al mundo, su propósito no puede ser otro que predicar a Cristo, y éste crucificado. Sus palabras, su ejemplo, el entusiasmo que su figura suele despertar se explican por el vínculo entrañado que lo une a Dios, de quien es autorizado representante.

El Magisterio de la Iglesia, al cual hemos recurrido con gran provecho para sanar nuestras inquietudes, deja claro que la misión de la jerarquía eclesiástica es enseñar a todas las gentes el Evangelio, sin quitar ninguna de las consecuencias morales inherentes a su anuncio. El diálogo ecuménico, por lo tanto, debe ser entendido como una oportunidad de presentar el camino de la conversión hacia Jesucristo a los no creyentes, no como una búsqueda de neutralidad, de rodeos y contubernios entre griegos y troyanos.

Las incontables e incontrolables incursiones de Francisco en el campo del ecumenismo revelan intenciones muy diferentes. Lo hemos escuchado repetir sus mismas letanías interconfesionales, en las que invoca valores humanos muchas más veces que el nombre de Jesucristo, y en las que no suelen figurar los santos rogando por nosotros… y por su Iglesia. No habla casi nada de lo que le corresponde y carga el discurso en lo que se puede aprender de otros, seguramente mejor que de él.

Ya es hora de reflexionar con espíritu de fe en lo que dice Francisco, para que tanto su propuesta ecuménica como los discursos de tono conciliador sean entendidos tomando en cuenta sus graves consecuencias. Y sobre todo la voluntad de Dios, la única que nos debe mover a obrar el bien a favor de nuestro prójimo.

Francisco

slanka

Cita ACita B

 

Enseñanzas del Magisterio

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ContenidoAutores

I – La misión de los pastores es atraer a los no-católicos a las prácticas de la verdadera religión. Interpretar falsamente los derechos divinos y humanos por medio de rodeos y convenios es colocarse contra Cristo
II – Si somos honestos en la presentación de nuestras convicciones anunciamos el Evangelio sin amoldarnos al mundo y procuramos la conversión de todos los pueblos mediante la aceptación de la soberanía de Cristo
III – El fomento de la curación y de la unidad exige la conversión a Cristo. ¿En qué consiste esta conversión?
IV – La verdadera conversión exige renuncia a las tendencias nocivas dominantes: no es posible adaptar Cristo a nuestras teorías y a las ajenas

I – La misión de los pastores es atraer a los no-católicos a las prácticas de la verdadera religión. Interpretar falsamente los derechos divinos y humanos por medio de rodeos y convenios es colocarse contra Cristo

Concilio Vaticano II (XXI Ecuménico)

La salvación se consigue por medio de la fe, del bautismo y del cumplimiento de los mandamientos

Pío X

A los pastores incumbe la obligación de resistir a la cobarde neutralidad mientras recrudece la guerra contra la Religión
Es deber de los Obispos hacer volver la sociedad a la doctrina de la Iglesia…

Congregación para la Doctrina de la Fe

…y conservar íntegro el depósito de la fe

Gregorio XVI

Mancomunemos vigilancia y esfuerzos en la lucha contra el enemigo común
Mostraos como fuertes murallas contra toda opinión que se levante contra la ciencia del Señor

Benedicto XVI

Ser obispo significa saber resistir a los lobos

Sagradas Escrituras

¡Ay de los pastores que pierden el rebaño!

II – Si somos honestos en la presentación de nuestras convicciones anunciamos el Evangelio sin amoldarnos al mundo y procuramos la conversión de todos los pueblos mediante la aceptación de la soberanía de Cristo

Sagradas Escrituras

¡Convertíos!
El católico no tiene que amoldarse a este mundo

Pío XII

Evitad los vanos y nocivos cambios que infectan la sustancia de la verdad

Benedicto XVI

Jesús no anunció una gracia sin condición

Juan Pablo II

La cooperación interreligiosa que no lleva al bautismo es vana
La conversión se expresa desde el principio con una fe total y radical en Cristo

III – El fomento de la curación y de la unidad exige la conversión a Cristo. ¿En qué consiste esta conversión?

Congregación para la Doctrina de la Fe

Si la palabra es desmentida por la conducta, difícilmente será acogida
Cristo pide una adhesión completa de la inteligencia, voluntad, sentimientos, actividades y proyectos
La vida en Cristo exige una reforma del pensar y del obrar

Sínodo de los Obispos

El encuentro con Jesús no deja nada como antes

Comisión Teológica Internacional

La nueva justicia anunciada por Cristo es imitación del Padre celestial

IV – La verdadera conversión exige renuncia a las tendencias nocivas dominantes: no es posible adaptar Cristo a nuestras teorías y a las ajenas

Juan Pablo II

La sociedad solo será renovada por la confesión y la Eucaristía

Benedicto XVI

Cuidemos para que Cristo no sea más que un nombre suplementario adherido a nuestras teorías

Catecismo de la Iglesia Católica

La conversión del corazón se expresa por medio de signos visibles
No es posible convertirse a Dios sin adquirir aversión al mal

Benedicto XVI

Los cristianos están invitados a ir contracorriente

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