158 – “Si nos concentramos en las convicciones que nos unen y recordamos el principio de la jerarquía de verdades, podremos caminar decididamente hacia expresiones comunes de anuncio, de servicio y de testimonio. ¡Son tantas y tan valiosas las cosas que nos unen! ¡Cuantas cosas podemos aprender unos de otros!”

Acababa la última cena y ya el traidor se había retirado para ejecutar su crimen. Jesús, en la sola compañía de sus Apóstoles, elevó al Padre celestial la conocida oración sacerdotal, en la que pide por sus discípulos y en ellos por todos los que formarían parte de su rebaño, o sea, de su única Iglesia, la católica. Los apóstoles, para poder transmitir la doctrina y la fe verdadera, tuvieron que pasar tres años de intensa convivencia con el Divino Maestro. Prueba de ello es que en el colegio apostólico no había discrepancias religiosas: todos poseían la misma fe, la misma doctrina, las mismas enseñanzas.

Ese rico tesoro fue siendo transmitido por ellos y sus sucesores a los católicos de todos los tiempos, incontaminado e imposible de ser modificado por nadie hasta el final de los siglos. En ese depósito de fe se encuentra la base para la unión entre los católicos, conquistada y solidificada por la oración del Divino Maestro: “que todos sean uno” (Jn 17, 21).

Sin embargo, no faltaron herejes que, en pos de un extraño sincretismo, tergiversaron esas palabras, afirmando que Jesús en este momento pidió para que todas las religiones se unieran. Y mucho peor, que su Iglesia buscara en las otras algo que pudiese enriquecerla en la fuerza y plenitud de su anuncio evangélico.

Para evitar esa idea que subconscientemente se encuentra en la cabeza de más de uno, veamos en este estudio cual es la verdadera concepción de ecumenismo, si el anuncio de las otras religiones es verdadero y si los católicos podemos buscar algo en ellas sin injuriar a nuestra Santa Madre Iglesia.

 

Francisco

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Cita A

El empeño ecuménico responde a la oración del Señor Jesús que pide “que todos sean uno” (Jn 17, 21). La credibilidad del anuncio cristiano sería mucho mayor si los cristianos superaran sus divisiones y la Iglesia realizara “la plenitud de catolicidad que le es propia, en aquellos hijos que, incorporados a ella ciertamente por el bautismo, están, sin embargo, separados de su plena comunión” [Unitatis redintegratio, n. 4]. Tenemos que recordar siempre que somos peregrinos, y peregrinamos juntos. Para eso, hay que confiar el corazón al compañero de camino sin recelos, sin desconfianzas, y mirar ante todo lo que buscamos: la paz en el rostro del único Dios. Confiarse al otro es algo artesanal, la paz es artesanal. Jesús nos dijo: “¡Felices los que trabajan por la paz!” (Mt 5, 9). En este empeño, también entre nosotros, se cumple la antigua profecía: “De sus espadas forjarán arados” (Is 2, 4). […] Dada la gravedad del antitestimonio de la división entre cristianos, particularmente en Asia y en África, la búsqueda de caminos de unidad se vuelve urgente. Los misioneros en esos continentes mencionan reiteradamente las críticas, quejas y burlas que reciben debido al escándalo de los cristianos divididos. Si nos concentramos en las convicciones que nos unen y recordamos el principio de la jerarquía de verdades, podremos caminar decididamente hacia expresiones comunes de anuncio, de servicio y de testimonio. La inmensa multitud que no ha acogido el anuncio de Jesucristo no puede dejarnos indiferentes. Por lo tanto, el empeño por una unidad que facilite la acogida de Jesucristo deja de ser mera diplomacia o cumplimiento forzado, para convertirse en un camino ineludible de la evangelización. Los signos de división entre los cristianos en países que ya están destrozados por la violencia agregan más motivos de conflicto por parte de quienes deberíamos ser un atractivo fermento de paz. ¡Son tantas y tan valiosas las cosas que nos unen! Y si realmente creemos en la libre y generosa acción del Espíritu, ¡cuántas cosas podemos aprender unos de otros! No se trata sólo de recibir información sobre los demás para conocerlos mejor, sino de recoger lo que el Espíritu ha sembrado en ellos como un don también para nosotros. Sólo para dar un ejemplo, en el diálogo con los hermanos ortodoxos, los católicos tenemos la posibilidad de aprender algo más sobre el sentido de la colegialidad episcopal y sobre su experiencia de la sinodalidad. A través de un intercambio de dones, el Espíritu puede llevarnos cada vez más a la verdad y al bien. (Exhortación apostólica Evangelii gaudium, n. 244.246, 24 de noviembre de 2013)

Enseñanzas del Magisterio

Tabla de contenido

I – El único anuncio cristiano válido y legítimo es el confiado a la Iglesia Católica, no a cualquier confesión religiosa aunque se considere seguidora de Jesucristo
II
– ¿En qué consiste el verdadero ecumenismo?
III– ¿En qué consiste el verdadero ecumenismo? III – Los adeptos de confesiones cristianas apartadas de la Iglesia son herejes. ¿Nos tienen que enseñar algo?


I – El único anuncio cristiano válido y legítimo es el confiado a la Iglesia Católica, no a cualquier confesión religiosa aunque se considere seguidora de Jesucristo

Tertuliano
-No debemos recibir otros predicadores sino los que Cristo envió

San Ignacio de Antioquía
-No escuchéis quien no habla de Jesucristo en la verdad

Benedicto XVI
-El anuncio de la verdad del Evangelio pertenece a la misión de la Iglesia

Juan Pablo II
-El anuncio de Cristo y el diálogo interreligioso no son equivalentes ni intercambiables

Pablo VI
-El mensaje evangélico que pertenece a la Iglesia es único y no admite sincretismo

Congregación para la Doctrina de la fe
-El anuncio del Evangelio pertenece a la Iglesia y es su tarea principal
-La Iglesia se sabe portadora de una fidelidad radical a la Palabra de Dios, establecida por Cristo hasta el fin de los tiempos
-Hoy se elaboran propuestas teológicas en las cuales la revelación cristiana de la Iglesia pierde su carácter de verdad absoluta
-Muchos engañan a los fieles diciendo que su firmeza en la fe esconde una actitud de intolerancia

Concilio Vaticano II (XXI Ecuménico)
-Cristo ha constituido solamente la Iglesia Católica como maestra de la verdad

Pío XI
-El culto verdadero se conserva solamente en la Iglesia Católica. Que nadie se engañe con pertinaces discusiones

Concilio Vaticano I (XX Ecuménico)
-La Iglesia recibió el encargo de enseñar y tiene el deber de proscribir el error para que nadie se engañe

Gregorio XVI
-Los que no tienen la verdadera fe están contra Cristo

Pío XI
-Es falsa la opinión de los que piensan que todas las religiones son, con poca diferencia, buenas y laudables

Sagradas Escrituras
-Si alguien anuncia un Evangelio diferente ¡sea anatema!

II – ¿En qué consiste el verdadero ecumenismo?

Pío IX
-El más grande deber de la caridad es sacar de las tinieblas del error a los que están fuera de la verdad de la Iglesia Católica

Juan Pablo II
-El verdadero diálogo ecuménico es el “diálogo de la conversión”

Congregación para la Doctrina de la fe
-Para que el diálogo sea constructivo no basta apertura, sino fidelidad a la identidad de la fe católica
-Fuera de la verdad nunca podrá haber verdadera unión

Pablo VI
-El diálogo no debe ser compromiso ambiguo de los principios de pensamiento y acción

Juan Pablo II
-Una comunión que traiciona la verdad es injuriosa a Dios

Pío X
-La fraternidad no puede ser tolerancia del error

Pío XII
-Error de los que buscan la unidad a costa de la integridad de la Fe
-No es lícito disimular la verdad con el pretexto de promover la concordia

Congregación para la Doctrina de la Fe
-El auténtico empeño ecuménico exige claridad en la presentación de la fe

Concilio Vaticano II (XXI Ecuménico)
-Nada es tan ajeno al ecumenismo como el falso irenismo

Comisión Teológica Internacional
-El diálogo entre las religiones no puede dar lugar al sincretismo

Pío XI
-La diversidad de opiniones lleva al menosprecio de la religión

Pablo VI
-No podemos compartir variadas expresiones religiosas o quedar indiferentes, como si todas fuesen equivalentes

Congregación para la Doctrina de la Fe
-La actitud que deben tomar los obispos frente al falso ecumenismo
-Desde su origen, la Iglesia buscó anatematizar a los que hacen traición al depósito de la fe

Sagradas Escrituras
-No hay que ceder a la imposición de los falsos hermanos, a fin de preservar la verdad del Evangelio

Santo Tomás de Aquino
-El diálogo con los no católicos debe ser hecho sólo por quien es firme en la fe y con el fin de la conversión de aquellos

III – Los adeptos de confesiones cristianas apartadas de la Iglesia son herejes. ¿Nos tienen que enseñar algo?

Sagradas Escrituras
-Dar la bienvenida a quién no se mantiene en la doctrina de Cristo es hacerse cómplice de sus malas acciones

Pío XI
-Prohibición de todo trato con los que no profesan la verdadera doctrina

San Cipriano de Cartago
-Quien recoge en otra parte disipa la Iglesia de Cristo

San Ireneo de Lyon
-No es necesario buscar en otros lo que en la Iglesia ha de recibir fácilmente

San Vicente de Lerins
-Lo que está fuera de lo que la Iglesia siempre ha creído no tiene nada que ver con la religión

León XIII
-Abrazar a cualesquiera de cualquier religión es arruinar a la católica

León I Magno
-Los católicos deben huir de los herejes

León XII
-El Dios verdadero no aprueba las sectas que profesan enseñanzas falsas

I – El único anuncio cristiano válido y legítimo es el confiado a la Iglesia Católica, no a cualquier confesión religiosa aunque se considere seguidora de Jesucristo


Tertuliano

  • No debemos recibir otros predicadores sino los que Cristo envió

Si el Señor Jesucristo envió a Sus Apóstoles a predicar, debemos concluir que no debemos recibir a otros predicadores más que los nombrados por Él. Lo que ellos han predicado, en otras palabras, lo que Cristo les reveló, solamente puede ser establecido por las Iglesias fundadas por los Apóstoles mismos, a quienes ellos predicaron el Evangelio de palabra y por escrito. (Tertuliano. De praescriptione haereticorum, XXI)

San Ignacio de Antioquía

  • No escuchéis quien no habla de Jesucristo en la verdad

Onésimo mismo eleva muy alto vuestra disciplina en Dios, expresando con sus alabanzas que todos vosotros vivís según la verdad, y que ninguna herejía reside entre vosotros, sino que, por el contrario, vosotros no escucháis a persona alguna que les hable de otra cosa que no sea de Jesucristo en la verdad. Porque algunos hombres con perversa astucia tienen el hábito de tomar para todo el Nombre, pero obrando de otro modo y de manera indigna de Dios; a aquellos, debéis evitarlos como a las bestias salvajes. Son perros rabiosos, que muerden a escondidas. Debéis estar en guardia, pues sus mordeduras esconden una enfermedad difícil de curar. (San Ignacio de Antioquia. Carta a los Efésios, VI, 2; VII, 1)

Benedicto XVI

  • El anuncio de la verdad del Evangelio pertenece a la misión de la Iglesia

El testimonio de la caridad, que se hace especialmente concreto en este lugar, pertenece a la misión de la Iglesia junto con el anuncio de la verdad del Evangelio. (Benedicto XVI. Discurso en la visita al albergue de Cáritas en la Estación Termini de Roma, 14 de febrero de 2010)

Juan Pablo II

  • El anuncio de Cristo y el diálogo interreligioso no son equivalentes ni intercambiables

A la luz de la economía de la salvación, la Iglesia no ve un contraste entre el anuncio de Cristo y el diálogo interreligioso; sin embargo siente la necesidad de compaginarlos en el ámbito de su misión ad gentes. En efecto, conviene que estos dos elementos mantengan su vinculación íntima y, al mismo tiempo, su distinción, por lo cual no deben ser confundidos, ni instrumentalizados, ni tampoco considerados equivalentes, como si fueran intercambiables. […] El diálogo debe ser conducido y llevado a término con la convicción de que la Iglesia es el camino ordinario de salvación y que sólo ella posee la plenitud de los medios de salvación. (Juan Pablo II. Encíclica Redemptoris missio, n. 55, 7 de diciembre de 1990)

Pablo VI

  • El mensaje evangélico que pertenece a la Iglesia es único y no admite sincretismo

Una exhortación en este sentido nos ha parecido de importancia capital, ya que la presentación del mensaje evangélico no constituye para la Iglesia algo de orden facultativo: está de por medio el deber que le incumbe, por mandato del Señor, con vista a que los hombres crean y se salven. Sí, este mensaje es necesario. Es único. De ningún modo podría ser reemplazado. No admite indiferencia, ni sincretismo, ni acomodos. (Pablo VI. Exhortación apostólica Evangelii nuntiandi, n. 5, 8 de diciembre de 1975)

Congregación para la Doctrina de la fe

  • El anuncio del Evangelio pertenece a la Iglesia y es su tarea principal

La acción evangelizadora de la Iglesia nunca desfallecerá, porque nunca le faltará la presencia del Señor Jesús con la fuerza del Espíritu Santo, según su misma promesa: “yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo” (Mt 28, 20). Los relativismos de hoy en día y los irenismos en ámbito religioso no son un motivo válido para desatender este compromiso arduo y, al mismo tiempo, fascinante, que pertenece a la naturaleza misma de la Iglesia y es “su tarea principal”. (Congregación para la Doctrina de la Fe. Nota doctrinal acerca de algunos aspectos de la evangelización, n. 13, 3 de diciembre de 2007)

  • La Iglesia se sabe portadora de una fidelidad radical a la Palabra de Dios, establecida por Cristo hasta el fin de los tiempos

Concretamente, no se debe perder nunca de vista que la Iglesia no encuentra la fuente de su fe y de su estructura constitutiva en los principios de la vida social de cada momento histórico. Reconociendo el mundo en el que vive y por cuya salvación obra, la Iglesia se sabe portadora de una fidelidad superior a la que se encuentra vinculada. Se trata de la fidelidad radical a la Palabra de Dios recibida por la misma Iglesia establecida por Cristo hasta el fin de los tiempos. (Congregación para la Doctrina de la Fe. En torno a la respuesta de la Congregación para la Doctrina de la Fe sobre la doctrina propuesta en la Carta apostólica Ordinatio sacerdotalis, 28 de octubre de 1995)

  • Hoy se elaboran propuestas teológicas en las cuales la revelación cristiana de la Iglesia pierde su carácter de verdad absoluta

El perenne anuncio misionero de la Iglesia es puesto hoy en peligro por teorías de tipo relativista, que tratan de justificar el pluralismo religioso, no sólo de facto sino también de iure (o de principio). En consecuencia, se retienen superadas, por ejemplo, verdades tales como el carácter definitivo y completo de la revelación de Jesucristo, la naturaleza de la fe cristiana con respecto a la creencia en las otras religiones, el carácter inspirado de los libros de la Sagrada Escritura, la unidad personal entre el Verbo eterno y Jesús de Nazaret, la unidad entre la economía del Verbo encarnado y del Espíritu Santo, la unicidad y la universalidad salvífica del misterio de Jesucristo, la mediación salvífica universal de la Iglesia, la inseparabilidad —aun en la distinción— entre el Reino de Dios, el Reino de Cristo y la Iglesia, la subsistencia en la Iglesia católica de la única Iglesia de Cristo. […] Se elaboran algunas propuestas teológicas en las cuales la revelación cristiana y el misterio de Jesucristo y de la Iglesia pierden su carácter de verdad absoluta y de universalidad salvífica, o al menos se arroja sobre ellos la sombra de la duda y de la inseguridad. (Congregación para la Doctrina de la Fe. Declaración Dominus Iesus, n. 4, 6 de agosto de 2000)

  • Muchos engañan a los fieles diciendo que su firmeza en la fe esconde una actitud de intolerancia

Desde hace mucho tiempo se ha ido creando una situación en la cual, para muchos fieles, no está clara la razón de ser de la evangelización. Hasta se llega a afirmar que la pretensión de haber recibido como don la plenitud de la Revelación de Dios, esconde una actitud de intolerancia y un peligro para la paz. (Congregación para la Doctrina de la Fe. Nota doctrinal acerca de algunos aspectos de la evangelización, n. 10, 3 de diciembre de 2007)

Concilio Vaticano II (XXI Ecuménico)

  • Cristo ha constituido solamente la Iglesia Católica como maestra de la verdad

Los fieles, en la formación de su conciencia, deben prestar diligente atención a la doctrina sagrada y cierta de la Iglesia. Pues por voluntad de Cristo la Iglesia Católica es la maestra de la verdad, y su misión consiste en anunciar y enseñar auténticamente la verdad, que es Cristo, y al mismo tiempo declarar y confirmar con su autoridad los principios de orden moral que fluyen de la misma naturaleza humana. […] El discípulo tiene la obligación grave para con Cristo Maestro de conocer cada día mejor la verdad que de Él ha recibido, de anunciarla fielmente y de defenderla con valentía. (Concilio Vaticano II. Declaración Dignitatis humanae, n. 14, 7 de diciembre de 1965)

Pío XI

  • El culto verdadero se conserva solamente en la Iglesia Católica. Que nadie se engañe con pertinaces discusiones

Sólo la Iglesia Católica es la que conserva el culto verdadero. Ella es la fuente de la verdad, la morada de la Fe, el templo de Dios, quienquiera que en él no entre o de él salga perdido ha la esperanza de vida y de salvación. Menester es que nadie se engañe a sí mismo con pertinaces discusiones, lo que aquí se ventila es la vida y la salvación, a la cual si no se atiende con diligente cautela, se perderá y se extinguirá. (Pío XI. Encíclica Mortalium animos, n. 17, 6 de enero de 1928)

Concilio Vaticano I (XX Ecuménico)

  • La Iglesia recibió el encargo de enseñar y tiene el deber de proscribir el error para que nadie se engañe

Ahora bien, la Iglesia, que recibió juntamente con el cargo apostólico de enseñar, el mandato de custodiar el depósito de la fe, tiene también divinamente el derecho y deber de proscribir la ciencia de falso nombre (1 Tm 6, 20), a fin de que nadie se deje engañar por la filosofía y la vana falacia (cf. Col 2, 8; Can 2). (Denzinger- Hünermann 3018. Concilio Vaticano I, Sesión III, Constitución dogmática sobre la fe católica, cap. 4, 24 de abril de 1870)

Gregorio XVI

  • Los que no tienen la verdadera fe están contra Cristo

Si dice el Apóstol que hay un solo Dios, una sola fe, un solo bautismo (Ef 4, 5), entiendan, por lo tanto, los que piensan que por todas partes se va al puerto de salvación, que, según la sentencia del Salvador, están ellos contra Cristo, pues no están con Cristo (cf. Lc 11, 23) y que los que no recolectan con Cristo, esparcen miserablemente, por lo cual es indudable que perecerán eternamente los que no tengan fe católica y no la guardan íntegra y sin mancha. (Gregorio XVI. Encíclica Mirari vos, n. 9, 15 de agosto de 1832)

Pío XI

  • Es falsa la opinión de los que piensan que todas las religiones son, con poca diferencia, buenas y laudables

Convencidos de que son rarísimos los hombres privados de todo sentimiento religioso, parecen [algunos] haber visto en ello esperanza de que no será difícil que los pueblos, aunque disientan unos de otros en materia de religión, convengan fraternalmente en la profesión de algunas doctrinas que sean como fundamento común de la vida espiritual. […] Tales tentativas no pueden, de ninguna manera obtener la aprobación de los católicos, puesto que están fundadas en la falsa opinión de los que piensan que todas las religiones son, con poca diferencia, buenas y laudables, pues, aunque de distinto modo, todas nos demuestran y significan igualmente el ingénito y nativo sentimiento con que somos llevados hacia Dios y reconocemos obedientemente su imperio. Cuantos sustentan esta opinión, no solo yerran y se engañan, sino también rechazan la verdadera religión, adulterando su concepto esencial, y poco a poco vienen a parar al naturalismo y ateísmo; de donde claramente se sigue que, cuantos se adhieren a tales opiniones y tentativas, se apartan totalmente de la religión revelada por Dios. (Pío XI. Encíclica Mortalium animos, n. 2-3, 6 de enero de 1928)

Sagradas Escrituras

  • Si alguien anuncia un Evangelio diferente ¡sea anatema!

Si alguien os anuncia un evangelio diferente del que recibisteis, ¡sea anatema! Cuando digo esto, ¿busco la aprobación de los hombres, o la de Dios?, ¿o trato de agradar a los hombres? Si siguiera todavía agradando a los hombres, no sería siervo de Cristo. (Gal 1, 9-10)


II – ¿En qué consiste el verdadero ecumenismo?


Pío IX

  • El más grande deber de la caridad es sacar de las tinieblas del error a los que están fuera de la verdad de la Iglesia Católica

Lejos, sin embargo, de los hijos de la Iglesia Católica ser jamás en modo alguno enemigos de los que no nos están unidos por los vínculos de la misma fe y caridad; al contrario, si aquellos son pobres o están enfermos o afligidos por cualesquiera otras miserias, esfuércense más bien en cumplir con ellos todos los deberes de la caridad cristiana y en ayudarlos siempre y, ante todo, pongan empeño por sacarlos de las tinieblas del error en que míseramente yacen y reducirlos a la verdad católica y a la Madre amantísima, la Iglesia, que no cesa nunca de tenderles sus manos maternas y llamarlos nuevamente a su seno, a fin de que, fundados y firmes en la fe, esperanza y caridad y fructificando en toda obra buena (Col 1, 10), consigan la eterna salvación. (Denzinger-Hünermann 1678. Pío IX, Encíclica Quanto conficiamur moerore, n. 8, 10 de agosto de 1863)

Juan Pablo II

  • El verdadero diálogo ecuménico es el “diálogo de la conversión”

El diálogo ecuménico presenta en este documento un carácter propio; se transforma en “diálogo de la conversión”, y por tanto, según la expresión de Pablo VI, en auténtico “diálogo de salvación”. El diálogo no puede desarrollarse siguiendo una trayectoria exclusivamente horizontal, limitándose al encuentro, al intercambio de puntos de vista, o incluso de dones propios de cada Comunidad. Tiende también y sobre todo a una dimensión vertical que lo orienta hacia Aquél, Redentor del mundo y Señor de la Historia, que es nuestra reconciliación. (Juan Pablo II. Encíclica Ut unum sint, n. 35-36, 25 de mayo de 1995)

Congregación para la Doctrina de la fe

  • Para que el diálogo sea constructivo no basta apertura, sino fidelidad a la identidad de la fe católica

Para que el diálogo pueda ser verdaderamente constructivo, además de la apertura a los interlocutores, es necesaria la fidelidad a la identidad de la fe católica. Sólo así se podrá llegar a la unidad de todos los cristianos en “un solo rebaño y un solo pastor” (Jn 10, 16), y sanear de esta forma la herida que aún impide a la Iglesia católica la realización plena de su universalidad en la historia. (Congregación para la Doctrina de la Fe. Artículo de comentario. Respuestas a algunas preguntas acerca de ciertos aspectos de la doctrina sobre la Iglesia, 29 de junio de 2007)

  • Fuera de la verdad nunca podrá haber verdadera unión

La doctrina católica debe ser expuesta y propuesta total e íntegramente, no hay que silenciar o usar términos ambiguos al referirse a lo que la verdad católica enseña […]. Porque fuera de la verdad nunca podrá haber una unión verdadera. (Congregación para la Doctrina de la Fe. Instrucción Ecclesia Catholica, n. 2, 20 de diciembre de 1949)

Pablo VI

  • El diálogo no debe ser compromiso ambiguo de los principios de pensamiento y acción

Pero subsiste el peligro. El arte del apostolado es arriesgado. La solicitud por acercarse a los hermanos no debe traducirse en una atenuación o en una disminución de la verdad. Nuestro diálogo no puede ser una debilidad frente al deber con nuestra fe. El apostolado no puede transigir con una especie de compromiso ambiguo respecto a los principios de pensamiento y de acción que han de señalar nuestra cristiana profesión. El irenismo y el sincretismo son en el fondo formas de escepticismo respecto a la fuerza y al contenido de la palabra de Dios que queremos predicar. Sólo el que es totalmente fiel a la doctrina de Cristo puede ser eficazmente apóstol. Y sólo el que vive con plenitud la vocación cristiana puede estar inmunizado contra el contagio de los errores con los que se pone en contacto. (Pablo VI. Encíclica Ecclesiam suam, n. 33, 6 de agosto de 1964)

Juan Pablo II

  • Una comunión que traiciona la verdad es injuriosa a Dios

No se trata en este contexto de modificar el depósito de la fe, de cambiar el significado de los dogmas, de suprimir en ellos palabras esenciales, de adaptar la verdad a los gustos de una época, de quitar ciertos artículos del Credo con el falso pretexto de que ya no son comprensibles hoy. La unidad querida por Dios sólo se puede realizar en la adhesión común al contenido íntegro de la fe revelada. En materia de fe, una solución de compromiso está en contradicción con Dios que es la Verdad. En el Cuerpo de Cristo que es “camino, verdad y vida” (Jn 14, 6), ¿quién consideraría legítima una reconciliación lograda a costa de la verdad? […] Por tanto, un “estar juntos” que traicionase la verdad estaría en oposición con la naturaleza de Dios que ofrece su comunión, y con la exigencia de verdad que está en lo más profundo de cada corazón humano. (Juan Pablo II. Encíclica Ut unum sint, n. 18, 25 de mayo de 1995)

Pío X

  • La fraternidad no puede ser tolerancia del error

La doctrina católica nos enseña que el primer deber de la caridad no está en la tolerancia de las opiniones erróneas, por muy sinceras que sean, ni en la indiferencia teórica o practica ante el error o el vicio en que vemos caídos a nuestros hermanos. […] Porque, si se quiere llegar, y Nos lo deseamos con toda nuestra alma, a la mayor suma de bienestar posible para la sociedad y para cada uno de sus miembros por medio de la fraternidad, o, como también se dice, por medio de la solidaridad universal, es necesaria la unión de los espíritus en la verdad, la unión de las voluntades en la moral, la unión de los corazones en el amor de Dios y de su Hijo Jesucristo. (Pío X. Encíclica Notre charge apostolique, n. 22-23, 23 de agosto de 1910)

Pío XII

  • Error de los que buscan la unidad a costa de la integridad de la Fe

Aún hoy no faltan quienes, como en los tiempos apostólicos, amando la novedad más de lo debido […] se hallan en peligro de apartarse poco a poco e insensiblemente de la verdad revelada y arrastrar también a los demás hacía el error. Señálese también otro peligro, tanto más grave cuanto más se oculta bajo la capa de virtud. Muchos deplorando la discordia del género humano y la confusión reinante en las inteligencias humanas, son movidos por un celo imprudente y llevados por un interno impulso y un ardiente deseo de romper las barreras que separan entre sí a las personas buenas y honradas; por ello, propugnan una especie tal de irenismo que, pasando por alto las cuestiones que dividen a los hombres, se proponen no sólo combatir en unión de fuerzas al arrollador ateísmo, sino también reconciliar las opiniones contrarias aun en el campo dogmático. […] Algunos de ellos, abrasados por un imprudente irenismo, parecen considerar como un óbice para restablecer la unidad fraterna todo cuanto se funda en las mismas leyes y principios dados por Cristo y en las instituciones por Él fundadas o cuanto constituye la defensa y el sostenimiento de la integridad de la fe, caído todo lo cual, seguramente la unificación sería universal, en la común ruina. (Pío XII. Encíclica Humani generis, n. 6-7, 12 de agosto de 1950)

  • No es lícito disimular la verdad con el pretexto de promover la concordia

Incluso con el pretexto de promover la concordia no es lícito disimular un solo dogma; porque, como el Patriarca de Alejandría nos advierte, “aunque el deseo de la paz es una cosa noble y excelente, sin embargo, no debemos ser negligentes, en aras de la lealtad a Cristo”. […] El único método exitoso será aquel que basa la armonía y el acuerdo entre los fieles de Cristo en todas las verdades que Dios ha revelado. (Pío XII. Encíclica Orientalis Ecclesiae, n. 1, 9 de abril de 1944)

Congregación para la Doctrina de la Fe

  • El auténtico empeño ecuménico exige claridad en la presentación de la fe

Finalmente, no han faltado comentarios que tienden a ver en la Carta Ordinatio sacerdotalis una ulterior e inoportuna dificultad en el camino, ya de por sí difícil, del movimiento ecuménico. A este respecto es necesario no olvidar que, según la letra y el espíritu del Concilio Vaticano II, el auténtico empeño ecuménico, en el que la Iglesia Católica no puede ni quiere cejar, exige una plena sinceridad y claridad en la presentación de la identidad de la propia fe. Además, es necesario decir que la doctrina reafirmada en la Carta Ordinatio sacerdotalis no puede dejar de favorecer la plena comunión con las Iglesias ortodoxas que, conformemente a la Tradición, han mantenido y mantienen con fidelidad la misma enseñanza. La singular originalidad de la Iglesia y del sacerdocio ministerial dentro de ella, reclaman una precisa claridad de criterios. Concretamente, no se debe perder nunca de vista que la Iglesia no encuentra la fuente de su fe y de su estructura constitutiva en los principios de la vida social de cada momento histórico. Reconociendo el mundo en el que vive y por cuya salvación obra, la Iglesia se sabe portadora de una fidelidad superior a la que se encuentra vinculada. Se trata de la fidelidad radical a la Palabra de Dios recibida por la misma Iglesia establecida por Cristo hasta el fin de los tiempos. (Congregación para la Doctrina de la Fe. En torno a la respuesta de la Congregación para la Doctrina de la Fe sobre la doctrina propuesta en la Carta apostólica Ordinatio sacerdotalis, 28 de octubre de 1995)

Concilio Vaticano II (XXI Ecuménico)

  • Nada es tan ajeno al ecumenismo como el falso irenismo

En ningún caso debe ser obstáculo para el diálogo con los hermanos el sistema de exposición de la fe católica. Es totalmente necesario que se exponga con claridad toda la doctrina. Nada es tan ajeno al ecumenismo como el falso irenismo, que pretendiera desvirtuar la pureza de la doctrina católica y obscurecer su genuino y verdadero sentido. La fe católica hay que exponerla al mismo tiempo con más profundidad y con más rectitud, para que tanto por la forma como por las palabras pueda ser cabalmente comprendida también por los hermanos separados. Finalmente, en el diálogo ecumenista los teólogos católicos, bien imbuidos de la doctrina de la Iglesia, al tratar con los hermanos separados de investigar los divinos misterios, deben proceder con amor a la verdad, con caridad y con humildad. Al confrontar las doctrinas no olviden que hay un orden o “jerarquía” de las verdades en la doctrina católica, por ser diversa su conexión con el fundamento de la fe cristiana. (Concilio Vaticano II. Decreto Unitatis redintegratio, n. 11, 21 de noviembre de 1964)

Comisión Teológica Internacional

  • El diálogo entre las religiones no puede dar lugar al sincretismo

Sin embargo, no podemos olvidar la transcendencia del Evangelio con respecto a todas las culturas humanas en las que la fe cristiana tiene vocación de enraizarse y de desarrollarse según todas sus virtualidades. En efecto, por grande que deba ser el respeto por lo que es verdadero y santo en la herencia cultural de un pueblo, sin embargo esta actitud no pide que se preste un carácter absoluto a esta herencia cultural. Nadie puede olvidar que, desde los orígenes, el Evangelio ha sido “escándalo para los judíos y locura para los gentiles” (1 Cor 1, 23). La inculturación que toma el camino del diálogo entre las religiones, no podría, en modo alguno, dar ocasión al sincretismo. (Comisión Teológica Internacional. La fe y la inculturación, n. 14, diciembre de 1987)

Pío XI

  • La diversidad de opiniones lleva al menosprecio de la religión

Entre tan grande diversidad de opiniones, no sabemos cómo se podrá abrir camino para conseguir la unidad de la Iglesia, unidad que no puede nacer más que de un solo magisterio, de una sola ley de creer y de una sola fe de los cristianos. En cambio, sabemos, ciertamente que de esa diversidad de opiniones es fácil el paso al menosprecio de toda religión, o “indiferentismo”, y al llamado “modernismo”, con el cual los que están desdichadamente inficionados, sostienen que la verdad dogmática no es absoluta sino relativa, o sea, proporcionada a las diversas necesidades de lugares y tiempos, y a las varias tendencias de los espíritus, no hallándose contenida en una revelación inmutable, sino siendo de suyo acomodable a la vida de los hombres. (Pío XI. Encíclica Mortalium animos, n. 15, 6 de enero de 1928)

Pablo VI

  • No podemos compartir variadas expresiones religiosas o quedar indiferentes, como si todas fuesen equivalentes

Evidentemente no podemos compartir estas variadas expresiones religiosas [judaísmo, religión musulmana y afroasiáticas] ni podemos quedar indiferentes, como si todas, a su modo, fuesen equivalentes y como si autorizasen a sus fieles a no buscar si Dios mismo ha revelado una forma exenta de todo error, perfecta y definitiva, con la que Él quiere ser conocido, amado y servido; al contrario, por deber de lealtad, hemos de manifestar nuestra persuasión de que la verdadera religión es única, y que esa es la religión cristiana; y alimentar la esperanza de que como tal llegue a ser reconocida por todos los que verdaderamente buscan y adoran a Dios. (Pablo VI. Encíclica Ecclesiam suam, n. 40, 6 de agosto de 1964)

Congregación para la Doctrina de la Fe

  • La actitud que deben tomar los obispos frente al falso ecumenismo

En cuanto al método a seguir para este trabajo, los mismos obispos establecerán lo que sea preciso hacer y lo que sea preciso evitar, y exigirán que todos se acojan a sus prescripciones. Velarán también para que bajo el falso pretexto de que hay que considerar mucho más lo que nos une que lo que nos separa, no se caiga en un peligroso indiferentismo, sobre todo por parte de aquellos que están menos instruidos en las cuestiones teológicas, y cuya práctica religiosa es menos profunda. Se debe evitar, en efecto, que dentro de un espíritu que hoy día se llama irénico, la doctrina católica, ya sea en sus dogmas o en sus verdades, se vea, por medio de un estudio comparado o por un vano deseo de asimilación progresiva de las diferentes profesiones de fe, englobada o adaptada en algún aspecto a las doctrinas disidentes, de modo que la pureza de la doctrina católica se halle afectada o bien que su sentido cierto y verdadero se encuentre oscurecido. Desterrarán también la peligrosa ambigüedad en la expresión que daría lugar a opiniones erróneas y a esperanzas falaces que nunca podrán realizarse, diciendo, por ejemplo, que la enseñanza de los Soberanos Pontífices, en las encíclicas sobre la vuelta de los disidentes a la Iglesia y sobre el Cuerpo Místico de Cristo, no debe ser tomada en gran consideración, puesto que no todo es dogma de fe, o bien, y lo que es aún peor, que en las materias dogmáticas, la Iglesia Católica no posee la plenitud de Cristo, y que puede hallar una mayor perfección en las demás Iglesias. Impedirán cuidadosamente y con real insistencia que al exponer la historia de la Reforma y de los reformadores, se exageren desmesuradamente los defectos católicos y apenas se hagan notar las faltas de los reformados, o bien que se dé importancia a elementos accidentales de tal modo que lo que es esencial, la defección de la fe católica no se perciba con claridad. Velarán, finalmente, para que a causa de un celo exagerado y falso o por imprudencia y exceso de ardor en la acción, no se perjudique en vez de favorecer el objetivo fijado. La doctrina católica debe ser expuesta y propuesta total e íntegramente, no hay que silenciar o usar términos ambiguos al referirse a lo que la verdad católica enseña sobre la verdadera naturaleza y las etapas de la justificación, sobre la constitución de la Iglesia, sobre la primacía de jurisdicción del Romano Pontífice, sobre la única unión verdadera mediante la vuelta de los cristianos separados a la única y verdadera Iglesia de Cristo. Sin duda, se les podrá decir que volviendo a la Iglesia no perderán ese bien que, por la gracia de Dios, se realizó en ellos hasta el momento presente, pero que con su vuelta, este bien se hallará completado y llevado a su perfección. Sin embargo, se evitará hablar sobre este aspecto de tal manera que se imaginen que al volver a la iglesia le aportan un elemento esencial que le faltaba. Hay que decir estas cosas con claridad y sin ambages, ante todo porque buscan la verdad, y también porque fuera de la verdad nunca podrá haber una unión verdadera. (Congregación para la Doctrina de la Fe. Instrucción Ecclesia Catholica, n. 2, 20 de diciembre de 1949)

Pío IX

  • Desde su origen, la Iglesia buscó anatematizar a los que hacen traición al depósito de la fe

Creemos de nuestro deber y oficio cortar y arrancar de raíz las yerbas nocivas que viéremos crecer, a fin de que no se arraiguen y propaguen en daño del campo del Señor. Y por cierto, que ya desde el origen de la Iglesia naciente, conviniendo que la fe de los elegidos fuera probada como el oro en el fuego, el Apóstol, vaso de elección, quiso advertir a los fieles, que si alguno se levantare de los que alteran y trastornan el Evangelio de Cristo, diseminando falsas doctrinas y haciendo traición al depósito de la fe, aunque fuera un ángel el que evangelizara otra cosa que lo evangelizado, era preciso anatematizarlo. (Pío IX. Carta apostólica Ad Apostolicae Sedis, 22 de agosto de 1851)

Sagradas Escrituras

  • No hay que ceder a la imposición de los falsos hermanos, a fin de preservar la verdad del Evangelio

Subí otra vez a Jerusalén con Bernabé, llevando también a Tito. […] Y les expuse el Evangelio que predico entre los gentiles, aunque en privado, a los más cualificados, no fuera que caminara o hubiera caminado en vano. Sin embargo, ni siquiera obligaron a circuncidarse a Tito, que estaba conmigo y es griego. Di este paso por motivo de esos intrusos, esos falsos hermanos que se infiltraron para espiar la libertad que tenemos en Cristo Jesús y esclavizarnos. Pero ni por un momento cedimos a su imposición, a fin de preservar para vosotros la verdad del Evangelio. (Gal 2, 1-5)

Santo Tomás de Aquino

  • El diálogo con los no católicos debe ser hecho sólo por quien es firme en la fe y con el fin de la conversión de aquellos

Si se trata, efectivamente, de cristianos firmes en la fe, hasta el punto de que de su comunicación con los infieles se pueda esperar más bien la conversión de éstos que el alejamiento de aquéllos de la fe, no debe impedírseles el comunicar con los infieles que nunca recibieron la fe, es decir, con los paganos y judíos, sobre todo cuando la necesidad apremia. Si, por el contrario, se trata de fieles sencillos y débiles en la fe, cuya perversión se pueda temer como probable, se les debe prohibir el trato con los infieles; sobre todo se les debe prohibir que tengan con ellos una familiaridad excesiva y una comunicación innecesaria. (Santo Tomás de Aquino. Suma Teológica, II-II, q. 10, a. 9)


III – Los adeptos de confesiones cristianas apartadas de la Iglesia son herejes. ¿Nos tienen que enseñar algo?


Sagradas Escrituras

  • Dar la bienvenida a quién no se mantiene en la doctrina de Cristo es hacerse cómplice de sus malas acciones

Todo el que se propasa y no se mantiene en la doctrina de Cristo, no posee a Dios; quien permanece en la doctrina, este posee al Padre y al Hijo. Si os visita alguno que no trae esa doctrina, no lo recibáis en casa ni le deis la bienvenida; quien le da la bienvenida se hace cómplice de sus malas acciones. (2 Jn 9-11)

Pío XI

  • Prohibición de todo trato con los que no profesan la verdadera doctrina

Nadie, ciertamente, ignora que San Juan, el Apóstol mismo de la caridad, el cual en su Evangelio parece descubrirnos los secretos del Corazón Santísimo de Jesús, y que solía inculcar continuamente a sus discípulos el nuevo precepto ‘Amaos unos a los otros’, prohibió absolutamente todo trato y comunicación con aquellos que no profesaran, íntegra y pura, la doctrina de Jesucristo: ‘Si alguno viene a vosotros y no trae esta doctrina, no le recibáis en casa, y ni siquiera le saludéis’ (2 Juan 10)”. (Pío XI. Encíclica Mortalium animos, n. 9, 6 de enero de 1928)

San Cipriano de Cartago

  • Quien recoge en otra parte disipa la Iglesia de Cristo

La esposa de Cristo no puede ser adúltera, pues es incorruptible y pura. Solo una casa conoce, guarda la inviolabilidad de un solo tálamo con pudor casto. Ella nos conserva para Dios, ella destina para el Reino a los hijos que ha engendrado. Todo el que se separa de la Iglesia se une a una adúltera, se aleja de las promesas de la Iglesia, y no logrará las recompensas de Cristo quien abandona la Iglesia de Cristo; es un extraño, es un profano, es un enemigo. […] Nos lo advierte el Señor cuando dice: “Quien no está conmigo, está contra Mí, y quien no recoge conmigo desparrama” (Mt 12, 30). Quien rompe la paz y concordia de Cristo, está contra Cristo. Quien recoge en otra parte, fuera de la Iglesia, disipa la Iglesia de Cristo. (San Cipriano de Cartago. De la unidad de la Iglesia, II, 6)

San Ireneo de Lyon

  • No es necesario buscar en otros lo que en la Iglesia ha de recibir fácilmente

No es preciso buscar en otros la verdad que tan fácil es recibir de la Iglesia, ya que los Apóstoles depositaron en ella, como en un rico almacén, todo lo referente a la verdad, a fin de que “cuantos lo quieran saquen de ella el agua de la vida” (Ap 22,17). Esta es la entrada a la vida. “Todos los demás son ladrones y bandidos” (Jn 10,1 Jn 8-9). Por eso es necesario evitarlos, y en cambio amar con todo afecto cuanto pertenece a la Iglesia y mantener la Tradición de la verdad. Entonces, si se halla alguna divergencia aun en alguna cosa mínima, ¿no sería conveniente volver los ojos a las Iglesias más antiguas, en las cuales los Apóstoles vivieron, a fin de tomar de ellas la doctrina para resolver la cuestión, lo que es más claro y seguro? Incluso si los Apóstoles no nos hubiesen dejado sus escritos, ¿no hubiera sido necesario seguir el orden de la Tradición que ellos legaron a aquellos a quienes confiaron las Iglesias? Muchos pueblos bárbaros dan su asentimiento a esta ordenación, y creen en Cristo, sin papel ni tinta (2 Jn 12) en su corazón tienen escrita la salvación por el Espíritu Santo. (San Ireneo de Lyon. Tratado contra los herejes, L. 3, cap. 4, n. 4,1-4,2)

San Vicente de Lerins

  • Lo que está fuera de lo que la Iglesia siempre ha creído no tiene nada que ver con la religión

El verdadero y auténtico católico es el que ama la verdad de Dios y a la Iglesia, cuerpo de Cristo; aquel que no antepone nada a la religión divina y a la fe católica: ni la autoridad de un hombre, ni el amor, ni el genio, ni la elocuencia, ni la filosofía; sino que despreciando todas estas cosas y permaneciendo sólidamente firme en la fe, está dispuesto a admitir y a creer solamente lo que la Iglesia siempre y universalmente ha creído. Sabe que toda doctrina nueva y nunca antes oída, insinuada por una sola persona, fuera o contra la doctrina común de los fieles, no tiene nada que ver con la religión, sino que más bien constituye una tentación. (San Vicente de Lerins. Conmonitorio, El verdadero católico y el hereje, n. 20)

León XIII

  • Abrazar a cualesquiera de cualquier religión es arruinar a la católica

Abriendo los brazos a cualesquiera y de cualquier religión, consiguen persuadir de hecho el grande error de estos tiempos, a saber, el indiferentismo religioso y la igualdad de todos los cultos; conducta muy a propósito para arruinar toda religión, singularmente la católica, a la que, por ser la única verdadera, no sin suma injuria se la iguala con las demás. (León XIII. Encíclica Humanum genus, n. 6, 20 de abril de 1884)

León I Magno

  • Los católicos deben huir de los herejes

Por lo tanto, queridos, de aquellos [herejes de] que estamos hablando huid como de veneno mortal, execradlos, desviaos de ellos y si, advertidos por vosotros, no quisieren corregirse, evitad conversar con ellos porque como está escrito, “la palabra de ellos es como la gangrena, que corroe” (2 Tm 2, 17). (León I Magno. Homilía 96 contra la herejía de Eutiques, 3)

León XII

  • El Dios verdadero no aprueba las sectas que profesan enseñanzas falsas

Es imposible que el Dios verdadero, que es la Verdad misma, el mejor, el más sabio proveedor y el premiador de los buenos, apruebe todas las sectas que profesan enseñanzas falsas que a menudo son inconsistentes y contradictorias entre sí, y otorgue premios eternos a sus miembros […] porque por la fe divina confesamos un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo. (León XII. Encíclica Ubi primum, n. 14, 5 de mayo de 1824)


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