36 – Se van a equivocar, van a meter la pata, ¡eso pasa! Quizá hasta les va a llegar una carta de la Congregación para la Doctrina de la Fe. Pero no se preocupen

Para conocer a una persona es necesario observarla en sus múltiples aspectos. Nosotros los católicos revelamos el valor moral que tenemos en diferentes circunstancias: en los momentos de sufrimiento físico o espiritual, cuando nos cabe perdonar al prójimo, desapegarnos de los bienes materiales y en tantas otras pruebas es que la caridad efectivamente se comprueba.

Para los religiosos eso se nota bajo un aspecto muy definido: la virtud de la obediencia. La sinceridad de la entrega de sus vidas a la Iglesia puede ser comprobada por la capacidad que tienen de renunciar a sí mismos y cumplir la voluntad de los que son para ellos los representantes del Señor. Sabemos que el religioso obediente es amado por el Señor, mientras que el que hace su propia voluntad se aleja de la virtud.

Esta es la enseñanza más segura de la Iglesia que han seguido innumerables generaciones de consagrados hasta nuestros días. Aceptar la rebeldía como una característica de la vida religiosa es consentir en la transgresión de los principios más sagrados, sobre todo si eso se hace para, supuestamente, mejor servir a Dios.

Francisco

Cita A

Enseñanzas del Magisterio

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ContenidoAutores

 I- ¿Qué prefiere Dios: acciones u obediencia?
II – La corrección es oficio de los pastores eclesiásticos
III. ¿Pueden los religiosos dispensarse a sí mismos de la obediencia?
IV – Las consecuencias en resistir a la autoridad

I – ¿Qué prefiere Dios: acciones u obediencia? 

Sagradas Escrituras

La obediencia vale más que los sacrificios

¿Quiere el Señor holocaustos y sacrificios o quiere que se obedezca su voz? La obediencia vale más que el sacrificio; la docilidad, más que la grasa de carneros. (1 Sm 15, 22)

San Juan Crisóstomo

Dios necesita nuestra obediencia

Santa Teresa de Jesús

Quien no practica la obediencia no será buen contemplativo ni buen activo

Digo que quien estuviere por voto debajo de obediencia y faltare no trayendo todo cuidado en cómo cumplir con mayor perfección este voto, que no sé para qué está en el monasterio; al menos yo le aseguro que mientras aquí faltare, que nunca llegue a ser contemplativo, ni aun buen activo; y esto tengo por muy muy cierto. (Santa Teresa de Jesús. Camino de Perfección, cap. 29, n. 6)

San Agustín

Es necesario someterse también al magisterio humano

Si deben obedecerse los mandatos del Señor, también es necesario someterse al magisterio humano, pues Él mismo dice: el que a vosotros escucha, a mí escucha; el que a vosotros rechaza, a mí rechaza. (San Agustín. Combate entre los vicios y las virtudes. Cap. 5)

Santo Tomás de Aquino

Los superiores actúan en virtud de la autoridad establecida por Dios

Lo normal en la naturaleza es que los seres superiores muevan a los inferiores a realizar sus acciones mediante el poder natural superior que Dios les dio. Por lo que es normal también que en la actividad humana los superiores muevan a los inferiores mediante su voluntad, en virtud de la autoridad establecida por Dios. Ahora bien: mover por medio de la razón y voluntad es mandar. Y, en consecuencia, así como en virtud del mismo orden natural establecido por Dios los seres naturales inferiores se someten necesariamente a la moción de los superiores, así también en los asuntos humanos, según el orden del derecho natural, los súbditos deben obedecer a los superiores. (Santo Tomás de Aquino. Suma Teológica, II-II, q. 104, a. 1)

San Francisco de Sales

Debemos querer lo que Dios quiere, o sea, lo que quieren los superiores

No deseéis, pues, nada más que lo que Dios quiere y haced lo que os diga el que os mande, con tal que no haya pecado en ello. Quered lo que quieren los superiores y querréis lo que Dios quiere: con ello seréis de veras obedientes y dichosos. (San Francisco de Sales. Epistolario, fragm. 46, I)

II – La corrección es oficio de los pastores eclesiásticos

Sagradas Escrituras

Reprende y exhorta con afán de enseñar

Yo te conjuro delante de Dios y de Cristo Jesús, que ha de juzgar a los vivos y a los muertos, y en nombre de su Manifestación y de su Reino: proclama la Palabra de Dios, insiste con ocasión o sin ella, arguye, reprende, exhorta, con paciencia incansable y con afán de enseñar. Porque llegará el tiempo en que los hombres no soportarán más la sana doctrina; por el contrario, llevados por sus inclinaciones, se procurarán una multitud de maestros que les halaguen los oídos, y se apartarán de la verdad para escuchar cosas fantasiosas. (2 Tim 4, 1-5)

Santo Tomás de Aquino

El oficio de los pastores es enseñar sobre la fe y las buenas costumbres

El oficio propio de los pastores eclesiásticos es la enseñanza de lo que toca a la fe y a las buenas costumbres. (Santo Tomás de Aquino. Comentarios a la Epístola de San Pablo a los Efesios. Lec. 4: Ef 4, 11-13, n. 24)

Pío XI

La misión de la Iglesia es educar, formar y dirigir los hombres

El primer título [de la Iglesia] consiste en la expresa misión docente y en la autoridad suprema de magisterio, que le dio su divino Fundador: “Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra; id, pues, enseñad a todas las gentes, bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a observar todo cuanto yo os he mandado. Yo estaré con vosotros siempre hasta la consumación del mundo” (Mt 28,18-20). A este magisterio confirió Cristo la infalibilidad juntamente con el mandato de enseñar a todos su doctrina; por esto la Iglesia “ha sido constituida por su divino Autor como columna y fundamento de la verdad, para que enseñe a todos los hombres la fe divina, y guarde íntegro e inviolado el depósito a ella confiado, y dirija y forme a los hombres, a las sociedades humanas y la vida toda en la honestidad de costumbres e integridad de vida, según la norma de la doctrina revelada”. (Pío XI. Encíclica Divini illius Magistri, n. 11, de 31 de diciembre 1939)

Benedicto XVI

Corregir a los que se equivocan es una obra de misericordia

La tradición de la Iglesia enumera entre las obras de misericordia espiritual la de “corregir al que se equivoca”. Es importante recuperar esta dimensión de la caridad cristiana. Frente al mal no hay que callar. Pienso aquí en la actitud de aquellos cristianos que, por respeto humano o por simple comodidad, se adecúan a la mentalidad común, en lugar de poner en guardia a sus hermanos acerca de los modos de pensar y de actuar que contradicen la verdad y no siguen el camino del bien. (Benedicto XVI. Mensaje para la Cuaresma de 2012, n. 1, de 3 de noviembre de 2011)

Pío IX

Sin la autoridad de la Iglesia, se va perdiendo el espíritu cristiano

No cabe duda de que la sociedad humana sufrirá siempre allí el daño más sensible donde se elimine de la educación privada y pública de la juventud la autoridad rectora de la Iglesia y su saludable influencia, pues de esa educación depende en gran manera el bienestar de los asuntos espirituales y materiales. Por esa exclusión, la sociedad humana irá poco a poco perdiendo aquel espíritu cristiano que únicamente podrá sostener las bases del orden y tranquilidad públicos y que sólo es capaz de originar el progreso verdadero y provechoso de la civilización y de proporcionar al hombre todos aquellos medios que se requieren para el logro del fin que está más allá de las fronteras de esta vida, o sea, la consecución de la salvación eterna. (Pío IX, Carta Encíclica Quum non sine, de 14 julio 1864 [AP I 3, 652])

III. ¿Pueden los religiosos dispensarse a sí mismos de la obediencia? 

Sagradas Escrituras

Docilidad en la obediencia

Obedeced y someteos a vuestros guías, pues ellos se desvelan por vuestro bien, sabiéndose responsables; así lo harán con alegría y sin lamentarse, cosa que no os aprovecharía. (Heb 13, 17)

Juan Pablo II

Es responsabilidad de la CLAR manifestar adhesión a la Santa Sede

La confianza que en vosotros ponen los religiosos y religiosas de este continente es motivo de responsabilidad para que la CLAR manifieste en todo una firme adhesión al Magisterio del Papa, a las directrices de la Santa Sede y de los obispos, y promueva la autenticidad de la vida religiosa y de los diversos carismas, respetando y favoreciendo en el diálogo común la índole propia de cada instituto. (Juan Pablo II. Peregrinación apostólica a Colombia: encuentro del Santo Padre Juan Pablo II con los miembros de la Confederación Latino Americana de Religiosos – CLAR, n. 37, 3. Bogotá, 2 de julio de 1986)

Los religiosos deben actuar de acuerdo con las normas de los Pastores
[La Iglesia] ratifica su gran confianza en vosotros que habéis elegido un estado de vida, que es un don especial de Dios a su Iglesia; ella cuenta con vuestra colaboración completa y generosa para que, como administradores fieles de tan preciado don, “sintáis con la Iglesia” y actuéis siempre con ella, de acuerdo con las enseñanzas y las normas del Magisterio de Pedro y de los Pastores en comunión con él, cultivando, a nivel personal y comunitario, una renovada conciencia eclesial. (Juan Pablo II. Exhortación Apostólica Redemptionis Donum, n. 14, de 25 de marzo de 1984)
Vivir con obediencia filial al magisterio de la Iglesia

Pertenecéis a un movimiento eclesial. Aquí la palabra “eclesial” no es meramente decorativa. Significa una tarea precisa de formación cristiana, y requiere una profunda convergencia de fe y vida. La fe entusiasta que anima a vuestras comunidades es una gran riqueza, pero no basta. Debe ir acompañada por una formación cristiana sólida, completa y fiel al magisterio de la Iglesia. […] Como movimiento eclesial, una de vuestras características distintivas debería ser sentire cum Ecclesia, es decir, vivir con obediencia filial al magisterio de la Iglesia, a los pastores y al Sucesor de Pedro, y construir con ellos la comunión de todo el Cuerpo. (Juan Pablo II. Mensaje al VIII Encuentro Internacional de la Fraternidad Católica de las Comunidades y Asociaciones de la Alianza, n. 3, de 1 de junio de 1998)

La autoridad del Magisterio impide desvíos

La conciencia moral de la persona crece y se madura precisamente en la Iglesia; la Iglesia le ayuda a “no dejarse llevar de todo viento de doctrina por el engaño de los hombres”. En efecto, la Iglesia es “columna y fundamento de la verdad” (1 Tm 3, 15). De modo que la fidelidad al Magisterio de la Iglesia impide que la conciencia moral se desvíe de la verdad sobre el bien del hombre. No es justo, por tanto, concebir la conciencia moral individual y el Magisterio de la Iglesia como dos contendientes, como dos realidades en lucha. La autoridad que posee el Magisterio por voluntad de Cristo existe a fin de que la conciencia moral alcance la verdad con seguridad y permanezca en ella. (Juan Pablo II. Audiencia General, n. 3, de 24 de agosto de 1983)

La sumisión a la autoridad eclesiástica garantiza el carisma

¿Cómo conservar y garantizar la autenticidad del carisma? Es fundamental, al respecto, que cada movimiento se someta al discernimiento de la autoridad eclesiástica competente. Por esto, ningún carisma dispensa de la referencia y de la sumisión a los pastores de la Iglesia. […] Ésta es la garantía necesaria de que el camino que recorréis es el correcto. En la confusión que reina en el mundo de hoy es muy fácil equivocarse, ceder a los engaños. En la formación cristiana que dan los movimientos no ha de faltar jamás el elemento de esta obediencia confiada a los obispos, sucesores de los Apóstoles, en comunión con el Sucesor de Pedro. […] Os pido que los aceptéis siempre con generosidad y humildad, insertando vuestras experiencias en las Iglesias locales y en las parroquias, permaneciendo siempre en comunión con los pastores y atentos a sus indicaciones. (Juan Pablo II. Discurso durante el Encuentro con los Movimientos Eclesiales, n. 8, de 30 de mayo de 1998)

León XIII

Obedecer a los gobernantes como a Dios mismo

Los gobernados deberán obedecer a los gobernantes como a Dios mismo, no por el temor del castigo, sino por el respeto a la majestad, no con un sentimiento de servidumbre, sino como deber de conciencia. (León XIII. Carta Encíclica Diuturnum Illud, n. 9, de 29 de junio de 1881)

Santo Tomás de Aquino

El orden de la justicia exige nuestra obediencia

Toda persona está sujeta a las potestades superiores. Y se llama aquí potestades superiores a los hombres constituidos en autoridad, a quienes debemos sujetarnos según el orden de la justicia. (Santo Tomás de Aquino. Comentario a la Epístola a los Romanos, II, cap. 13)

Benedicto XV

Obedeced a vuestros pastores y estadles sujetos

Por cierto que, como arriba deploramos, no todos los ministros del Santuario están libres de insubordinación y de independencia, tan corriente en estos tiempos; ni sucede rara vez a los Pastores de la Iglesia encontrar dolor y contradicción allí donde con derecho hubiesen esperado consuelo y ayuda. […] Y que, si, como hemos visto, resisten a Dios los que resisten a cualquier potestad legítima, mucho más irreverente es la conducta de aquellos que rehúsan obedecer a los Obispos, a los cuales ha consagrado Dios con el sello de su potestad. […] Añádase que ya es demasiado pesada la carga que llevan los Obispos, aun por la misma dificultad que ofrecen estos tiempos, y que es más grave todavía la ansiedad en que viven por la salud del rebaño que les ha sido confiado: “Obedeced a vuestros pastores y estadles sujetos que ellos velan sobre vuestras almas”. (Benedicto XV. Encíclica Ad Beatissimi Apostolorum, n. 19, de 1 de noviembre 1914)

Concilio Vaticano II

No buscar la propia voluntad, sino la de los superiores

Entre las virtudes principalmente requeridas en el ministerio de los presbíteros hay que contar aquella disposición de alma por la que están siempre preparados a buscar no su voluntad, sino la voluntad de quien los envió. Porque la obra divina, para cuya realización separó el Espíritu Santo, trasciende todas las fuerzas humanas y la sabiduría de los hombres, pues “Dios eligió la flaqueza del mundo para confundir a los fuertes” (1 Co 1, 27). (Concilio Vaticano II. Decreto Presbyterorum Ordinis, n. 15, 28 de octubre de 1965)

Aceptar y adherirse al Obispo en materia de fe y moral

Los Obispos, cuando enseñan en comunión por el Romano Pontífice, deben ser respetados por todos como los testigos de la verdad divina y católica; los fieles, por su parte tienen obligación de aceptar y adh erirse con religiosa sumisión del espíritu al parecer de su Obispo en materias de fe y de costumbres cuando la expone en nombre de Cristo. (Concilio Vaticano II. Constitución Dogmática Lumen Gentium, n. 25, de 21 de noviembre de 1964)

Congregación para el Clero

La obediencia expresa la voluntad de Dios

La obediencia es un valor sacerdotal de primordial importancia. […] Al igual que para Cristo, también para el presbítero la obediencia expresa la voluntad de Dios, que le es manifestada por medio de los Superiores. […] La virtud de la obediencia, intrínsecamente requerida por el sacramento y por la estructura jerárquica de la Iglesia, es claramente prometida por el clérigo, primeramente en el rito de la ordenación diaconal y, después, en el de la ordenación presbiteral. (Congregación para el Clero. Directorio para el ministerio y la vida de los presbíteros, n. 61)

Santo Ignacio de Antioquía

Estar reunidos en la obediencia para ser santificados

Conviene, pues, glorificar en toda forma a Jesucristo, que os ha glorificado a vosotros, a fin de que, reunidos en una misma obediencia, sometidos al obispo y al presbiterio, vosotros seáis santificados en todas las cosas. (Santo Ignacio de Antioquía. Carta a los Efesios, n. 2)

Pío X

Crecer siempre en la obediencia a los pastores de la Iglesia

Crezca siempre el respeto a la obediencia solemnemente prometida a los que el Espíritu Santo constituyó como pastores de la Iglesia; y, sobre todo, únanse espíritus y corazones con lazos cada día más estrechos de fidelidad, en obsequio tan justamente debido a esta Sede Apostólica. (Pío X. Exhortación Apostólica Haerent animos, n. 31, 4 de agosto de 1908)

Pío XI

Los católicos deben amar la obediencia y la disciplina

Conjuramos, por lo tanto, con toda nuestra alma a los buenos católicos mejicanos a que tengan en grande estima y amen la obediencia y disciplina […] y que sea obediencia llena de gozo y estimuladora de las mejores energías. […] El que no obedece sino con desgana y como a la fuerza, desfogando su resentimiento interno en criticas amargas contra sus superiores y compañeros de trabajo, contra todo lo que no es según el propio parecer y juicio, aleja las bendiciones divinas, debilita el nervio de la disciplina y destruye donde se debiera edificar. (Pío XI. Encíclica Firmissimam constantiam, n. 906, 33, 28 de marzo de 1937)

Catecismo Romano

Muchos son incrédulos por querer vivir a sus anchas

Es importantísimo el papel que la voluntad desempeña en la fe. Una voluntad sincera, despojada de pasiones, prejuicios y respetos humanos. Muchos son incrédulos, no por cuestiones de entendimiento, sino porque anda por medio el corazón con sus pasiones: prefieren vivir a sus anchas antes que someterse al yugo de la obediencia. (Catecismo Romano 100, I, 3)

IV – Las consecuencias en resistir a la autoridad

Sagradas Escrituras

El que resiste a la autoridad atrae sobre sí la condenación

Todos deben someterse a las autoridades constituidas, porque no hay autoridad que no provenga de Dios y las que existen han sido establecidas por él. En consecuencia, el que resiste a la autoridad se opone al orden establecido por Dios, atrayendo sobre sí la condenación. Los que hacen el bien no tienen nada que temer de los gobernantes, pero sí los que obran mal. Si no quieres sentir temor de la autoridad, obra bien y recibirás su elogio. Porque la autoridad es un instrumento de Dios para tu bien. Pero teme si haces el mal, porque ella no ejerce en vano su poder, sino que está al servicio de Dios para hacer justicia y castigar al que obra mal. Por eso es necesario someterse a la autoridad, no sólo por temor al castigo sino por deber de conciencia. (Rom 13, 1-5)

León XIII

El olvido de la autoridad de la Iglesia, principal causa de los males actuales

Nos, empero, estamos persuadidos de que estos males [los actuales] tienen su causa principal en el desprecio y olvido de aquélla santa y augustísima autoridad de la Iglesia, que preside al género humano en nombre de Dios, y que es la garantía y apoyo de toda autoridad legítima. (León XIII. Magisterio del Papa León XIII: Incrutabili Dei Consilio sobre los problemas que atañen a la Iglesia y a la fe, n. 2, de 21 de abril de 1878)

Las consecuencias del desprecio al poder legítimo

En manera alguna, pues, puede considerarse como un progreso de la vida civil, aquel que desprecia osadamente todo poder legitimo. […] Es consecuencia absolutamente lógica, que, corrompidas las inteligencias y los corazones, por su propio peso precipiten a los pueblos en un piélago de desgracias, debiliten el buen orden de cosas, y de esa manera hagan venir tarde o temprano la pérdida de la tranquilidad pública y la ruina del Estado. (León XIII. Magisterio del Papa León XIII: Incrutabili Dei Consilio sobre los problemas que atañen a la Iglesia y a la fe, n. 4, de 21 de abril de 1878)

Congregación para el Clero

Gravedad de disentir del Magisterio en materia de fe y moral

La obligación de adherir al Magisterio en materia de fe y de moral está intrínsecamente ligada a todas las funciones que el sacerdote debe desarrollar en la Iglesia. El disentir en este campo debe considerarse algo grave, en cuanto que produce escándalo y desorientación entre los fieles. […] En cuanto ministro de Cristo y de su Iglesia, el presbítero asume generosamente el compromiso de observar fielmente todas y cada una de las normas, evitando toda forma de adhesión parcial según criterios subjetivos, que crean división y repercuten — con notable daño pastoral — sobre los fieles laicos y sobre la opinión pública. (Congregación para el Clero. Directorio para el ministerio y la vida de los presbíteros, n. 62)

San Bernardo

Al Papa Eugenio III, sobre los daños de la desobediencia

Réstanos ahora que tu consideración detenga su mirada en el estado general de la Iglesia universal. Para ver si los pueblos viven sumisos con la humildad necesaria a los clérigos, éstos a los sacerdotes y los sacerdotes a Dios; si en los monasterios y demás lugares religiosos reina el orden y se guarda celosamente la observancia; si se mantienen en todo su vigor las censuras eclesiásticas en materia de fe y costumbres; si florece la viña del Señor por la honestidad y la santidad de sus sacerdotes; si esas flores dan sus frutos por la obediencia del pueblo fiel; si se cumplen tus leyes y constituciones apostólicas con la solicitud que se merecen, no sea que aparezca en el campo del Señor la incuria o el hurto como consecuencias de tu descuido. No dudes que puede ocurrir. […] Hemos tenido que derramar lágrimas amargas por las consecuencias que se han seguido. ¿Por qué? Por la más absoluta impunidad, hija de la incuria, madre de la insolencia, raíz de la desvergüenza, fomento de toda transgresión. Dichoso tú, si consigues desterrar esta incuria, causa fundamental de todos estos males. (San Bernardo. Tratados sobre la consideración al Papa Eugenio III. Libro 3, cap. 5, n. 19-20)


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