71 – “Santidad, le ofrecemos este tesoro espiritual; 3.525 rosarios”. Hay ciertos grupos restauracionistas que vuelven a prácticas que yo viví, a cosas que en ese momento se vivían, pero no ahora

¡Qué alegría para una madre ver su hijito acercarse y ofrecerle una flor! La alegría, sin duda, sería más grande si el chiquillo le ofreciera no una rosa sino un hermoso ramo. ¿Qué decir si en un día muy especial todos sus hijos juntos adornasen la casa con más de 175 mil flores?

Así es el rosario, esta ofrenda que los católicos dedicamos todos los días a la Virgen María para alabarla y encomendar nuestras necesidades a su intercesión mientras meditamos la vida de Nuestro Señor Jesucristo bajo un prisma mariano. Además, cuando queremos a alguien y queremos que el cielo lo favorezca ponemos sus intenciones en numerosos rosarios y le ofrecemos una coronilla, como muestra de nuestro afecto en el Señor.

Cuando el Papa Francisco asumió el pontificado le llegaron, como es natural, mensajes de todo el orbe católico. Un grupo, atendiendo al constante pedido del Obispo de Roma de que se rece por él, le envió un tesoro espiritual de 3525 rosarios. Sin embargo, parece que no le gustó mucho… Cuando esta circunstancia llegó al conocimiento general provocó perplejidad… y no es para menos, pues el hecho de que se quite importancia a esta piadosa costumbre hace pensar. ¿Cuál es el grado de importancia que el Papa Francisco da a una oración que varias veces ha recomendado? ¿Ve en su asidua recitación un valioso auxilio en el plan sobrenatural, como lo demuestra la doctrina católica?

Sabemos los privilegios y sobre todo la eficacia vinculados a esta práctica desde hace siglos. La repetición del Ave María, parte primordial, hace profundizar en el alma de quien ora la comprensión de los misterios de la vida de Cristo. La Iglesia no ve en esa reiteración una costumbre pre-conciliar sino, muy al contrario, la considera una perenne y fervorosa manifestación de amor.

A los que afirman que rezar muchos rosarios es una exageración y que disminuir su frecuencia es lo más indicado, cabe recordar la frase de Lacordaire: “el amor sólo tiene una palabra y decirla siempre nunca es repetirla”.

Francisco

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Cita A

Enseñanzas del Magisterio

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ContenidoAutores

I – Rezar sin cesar: una característica de las almas agradables a Dios
II – Lo Papas exaltan y estimulan la constancia de los fieles en la recitación del rosario
III – Las prácticas de devoción inspiradas por Dios nunca pierden la actualidad

I – Rezar sin cesar: una característica de las almas agradables a Dios

Sagradas Escrituras

¿Dios no hará justicia a sus elegidos que claman ante él día y noche?

Les decía una parábola para enseñarles que es necesario orar siempre, sin desfallecer.  “Había un juez en una ciudad que ni temía a Dios ni le importaban los hombres.  En aquella ciudad había una viuda que solía ir a decirle: ‘Hazme justicia frente a mi adversario’. Por algún tiempo se estuvo negando, pero después se dijo a sí mismo: ‘Aunque ni temo a Dios ni me importan los hombres, como esta viuda me está molestando, le voy a hacer justicia, no sea que siga viniendo a cada momento a importunarme’”.  Y el Señor añadió: “Fijaos en lo que dice el juez injusto; pues Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos que claman ante él día y noche?; ¿o les dará largas? Os digo que les hará justicia sin tardar. Pero, cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará esta fe en la tierra?” (Lc 18, 1-8)

Pedid y se os dará, buscad y hallaréis, llamad y se os abrirá

Y les dijo: “Suponed que alguno de vosotros tiene un amigo, y viene durante la medianoche y le dice: ‘Amigo, préstame tres panes, pues uno de mis amigos ha venido de viaje y no tengo nada que ofrecerle’;  y, desde dentro, aquel le responde: ‘No me molestes; la puerta ya está cerrada; mis niños y yo estamos acostados; no puedo levantarme para dártelos’; os digo que, si no se levanta y se los da por ser amigo suyo, al menos por su importunidad se levantará y le dará cuanto necesite.  Pues yo os digo a vosotros: Pedid y se os dará, buscad y hallaréis, llamad y se os abrirá; porque todo el que pide recibe, y el que busca halla, y al que llama se le abre. ¿Qué padre entre vosotros, si su hijo le pide un pez, le dará una serpiente en lugar del pez? ¿O si le pide un huevo, le dará un escorpión? Si vosotros, pues, que sois malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¿cuánto más el Padre del cielo dará el Espíritu Santo a los que se lo piden?” (Lc 11, 5-13)

La voluntad de Dios es que seamos constantes en orar

Estad siempre alegres. Sed constantes en orar. Dad gracias en toda ocasión: esta es la voluntad de Dios en Cristo Jesús respecto de vosotros. (1 Tes 5, 16-18)

Pío IX

Cuantos más rosarios recen, más segura será la protección de la Virgen

Cuantas veces y con más fervor se digan las preces del Rosario, tanto más seguro será el patrocinio de la Virgen en favor del pueblo cristiano. (Pío IX. Decreto Proditum est, 8 de febrero de 1875)

Benedicto XVI

Dios tiene sed de nuestra piedad

San Gregorio [de Nisa] nos enseña, ante todo, la importancia y la necesidad de la oración. Afirma que “es necesario acordarse de Dios con más frecuencia de la que se respira” (Oratio 27, 4: PG 250, 78), porque la oración es el encuentro de la sed de Dios con nuestra sed. Dios tiene sed de que tengamos sed de él. En la oración debemos dirigir nuestro corazón a Dios para entregarnos a él como ofrenda que ha de ser purificada y transformada. En la oración lo vemos todo a la luz de Cristo, nos quitamos nuestras máscaras y nos sumergimos en la verdad y en la escucha de Dios, alimentando el fuego del amor. (Benedicto XVI. Audiencia general, 22 de agosto de 2007)

Juan Pablo II

El deseo de un pontífice para que no cesemos de orar

Y si deseo animaros y entusiasmaros a algo, es precisamente a esto: que no ceséis de visitar este santuario. Más aún: quiero deciros a todos, pero sobre todo a los jóvenes (porque los jóvenes están encariñados de modo especial con este lugar): no ceséis de orar: es necesario “orar en todo tiempo y no desfallecer” (Lc 18, 1), dice Jesús. Orad y formad, mediante la oración, vuestra vida. (Juan Pablo II. Discurso en el Santuario de Kalwaria Zebrzydowska, n. 3, 7 de junio de 1979)

En la Iglesia existe enorme necesidad de oración incesante

Estamos reunidos también hoy, como todos los domingos para el rezo en común del Ángelus. La lectura de la liturgia de hoy nos estimula a reflexionar sobre la oración. “Señor, enséñanos a orar…” (Lc 11, 1) dice a Cristo en el Evangelio uno de sus discípulos. Y Él les responde apelándose al ejemplo de un hombre, ciertamente de un hombre importuno que, encontrándose en necesidad, llama a la puerta de un amigo suyo nada menos que a media noche. Pero obtiene lo que pide. Jesús, por tanto, nos anima a tener una actitud similar en la oración: la actitud de ardiente perseverancia. Dice: “Pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá…” (Lc 11, 9). […] Existe una enorme necesidad de oración, de la oración grande e incesante de la Iglesia; existe la necesidad de la oración ferviente, humilde y perseverante. La oración es el primer frente donde chocan, en nuestro mundo, el bien y el mal. (Juan Pablo II. Ángelus, n. 1;3, 27 de julio de 1980)

Juan XXIII

El sacerdote necesita darse de lleno a la oración

Tal vez por haber descuidado algunas de estas prescripciones [fidelidad a la oración], algunos miembros del clero poco a poco se han visto víctimas de la inestabilidad exterior, del empobrecimiento interior y expuestos un día, sin defensa, a las tentaciones de la vida. […] Con San Pío X “tenemos, pues, que estar persuadidos de que el sacerdote, para poder estar a la altura de su dignidad y de su deber, necesita darse de lleno a la oración… Mucho más que nadie, debe obedecer al precepto de Cristo: Es preciso orar siempre, precepto del que San Pablo se hace eco con tanta insistencia: Perseverar en la oración, velando en ella con acción de gracias. Orad sin cesar” (Exhortación Haerent animo: Acta Pii X, 4, 248-249). Y de buen grado, como para concluir este punto, hacemos Nuestra la consigna que Nuestro inmediato Predecesor Pío XII, ya en el alba de su Pontificado, daba a los sacerdotes: “¡Orad, orad más y más, orad con mayor insistencia!” (Discurso, 24 de junio 1939). (Juan XXIII. Encíclica Sacerdotii nostri primordia, n. 27, 1 de agosto de 1980)

León XIII

No desistáis por ningún motivo del celo de la oración

La mente humana se turba ante los altos designios de Dios providente, pero llegará algún día en que se verá claramente, cuando Dios por su benignidad quiera manifestar las causas y consecuencias de las cosas a Él conocidas, cuánta fuerza y utilidad tenía para conseguir este género de cosas la práctica de orar.
Se verá también que de allí procede el que tantos hombres, en medio de la corrupción de un mundo depravado, se hayan mostrado puros e intactos de todas las manchas de la carne y del espíritu trabajando por su santificación en el temor de Dios; que otros que estaban a punto de dejarse arrastrar por el mal, se han detenido inmediatamente y han recibido del peligro mismo y de la tentación un feliz aumento de virtud; que otros, en fin, que habían caído, han sentido en sí el impulso que los ha levantado y les ha echado en los brazos de la misericordia de Dios.
Habida cuenta de estas consideraciones, conjuramos, pues, solícitamente a los cristianos a que no se dejen sorprender por las astucias del antiguo enemigo y a que no desistan por ningún motivo del celo de la oración; antes bien que perseveren y persistan sin intermisión. (León XIII. Encíclica Octobri mense, n. 20-21, 22 de septiembre de 1891)

Los verdaderos cristianos toman frecuentemente el rosario en sus manos

De consiguiente, el rosario de María Virgen, en el que se unen también y fructuosamente una manera óptima de orar y un medio apto de conservar la fe y un insigne modelo de perfecta virtud, es dignísimo de que los verdaderos cristianos lo tomen frecuentemente en sus manos y lo usen rezándolo con piedad y meditándolo con atención. (León XIII. Encíclica Magnae Dei Matris, 8 de septiembre de 1892)

San Alfonso María de Ligorio

La fervorosa violencia de la oración es muy grata al corazón de Dios

Debemos acudir al Señor y no cansarnos de repetir: Ayúdame, Señor, sostenme con tus manos benditas… no me dejes… ten piedad de mí. ¿Hay por ventura cosa más sencilla que decir a Dios: Ayúdame… asísteme…? Dijo el Salmista: haré dentro de mí oración a Dios, autor de mi vida. Comentando este lugar la glosa añade: Alguno por ventura podrá decir que no puede ayunar, ni dar limosna, pero si se le dice: reza… a esto no podrá alegar que no puede. Y es que no hay cosa más sencilla que la oración. Sin embargo, por eso mismo no debernos dejar apagarse en nuestros labios la oración. A todas horas hemos de hacer fuerza sobre el corazón de Dios para que nos socorra siempre; que esta fervorosa violencia es muy grata a su corazón, como nos lo asegura Tertuliano. Y San Jerónimo llega a decir que cuanto más perseveramos e importunamos a Dios en la oración, más gratas le son nuestras plegarias. […] No dejemos nunca de pedir al Señor esta gracia y este espíritu de continua oración, porque, si siempre rezamos, seguramente que alcanzaremos de Dios el don de la perseverancia y todos los demás dones que deseemos, porque infaliblemente se ha de cumplir la promesa que El hizo de oír y salvar a todos los que oran. Con esta esperanza de orar siempre ya podemos creernos salvos. (San Alfonso María de Ligorio. La oración gran medio de salvación, 3, VIII)

San Juan de la Cruz

Quien reza mucho hace más con menos trabajo

Adviertan, pues, aquí los que son muy activos, que piensan ceñir al mundo con sus predicaciones y obras exteriores, que mucho más provecho harían a la Iglesia y mucho más agradarían a Dios, dejando aparte el buen ejemplo que de sí darían, si gastasen siquiera la mitad de ese tiempo en estarse con Dios en oración […]. Cierto, entonces harían más y con menos trabajo con una obra que con mil, mereciéndolo su oración, y habiendo cobrado fuerzas espirituales en ella; porque de otra manera todo es martillar y hacer poco más que nada, y a veces nada, y aun a veces daño. (San Juan de la Cruz. Cántico Espiritual, 28, n. 3)

San Ambrosio de Milán

Debemos orar más por la facilidad con que pecamos

Aquí se nos da a conocer otro precepto, es decir, que oremos en todo momento (no sólo durante el día sino también de noche) Sigue pues: ‘Y le irá a él a media noche’. Como pidió David cuando decía (Ps 118,62): ‘Me levantaba a media noche a tributarte gracias’. Y no temió que se despertase del sueño, porque sabe que siempre está despierto; pues si aquél tan santo y que estaba ocupado en las cosas del reino, alababa al Señor siete veces al día (según se nos dice en el mismo salmo 118), ¿qué debemos hacer nosotros? ¿No debemos orar tanto más, cuanto que con tanta facilidad pecamos por la fragilidad de nuestro cuerpo y de nuestro espíritu? (San Ambrosio de Milán citado por Santo Tomás de Aquino. Catena aurea in Lc 10, 5-8)

San Juan Crisóstomo

Dios no se hastía con el que reza mucho, sino cuando se calla

El que te redimió y el que quiso crearte, fue quien lo dijo. No quiere que cesen tus oraciones; quiere que medites los beneficios cuando pides y quiere que por la oración recibas lo que su bondad quiere concederte. Nunca niega sus beneficios a quien los pide y por su piedad excita a los que oran a que no se cansen de orar. Admite, pues, con gusto las exhortaciones del Señor: debes querer lo que manda y debes no querer lo que el mismo Señor prohíbe. Considera, finalmente, cuánta es la gracia que se te concede: tratar con Dios por la oración y pedir todo lo que deseas. Y aunque el Señor calla en cuanto a la palabra, responde con los beneficios. No desdeña lo que le pides, no se hastía sino cuando callas. (San Juan Crisóstomo citado por Santo Tomás de Aquino. Catena aurea in Lc 18,1-8)

II – Lo Papas exaltan y estimulan la constancia de los fieles en la recitación del rosario

Benedicto XVI

La facilidad de hacer meditación al repetir el Ave María

En nuestro tiempo estamos absorbidos por numerosas actividades y compromisos, preocupaciones y problemas; a menudo se tiende a llenar todos los espacios del día, sin tener un momento para detenerse a reflexionar y alimentar la vida espiritual, el contacto con Dios. […] es necesario encontrar en nuestras jornadas, con todas las actividades, momentos para recogernos en silencio y meditar sobre lo que el Señor nos quiere enseñar. […] Así pues, meditar quiere decir crear en nosotros una actitud de recogimiento, de silencio interior, para reflexionar, asimilar los misterios de nuestra fe y lo que Dios obra en nosotros; y no sólo las cosas que van y vienen. Podemos hacer esta “rumia” [meditación] de varias maneras, por ejemplo tomando un breve pasaje de la Sagrada Escritura, sobre todo los Evangelios, los Hechos de los Apóstoles, las Cartas de los apóstoles, […] También el santo rosario es una oración de meditación: repitiendo el Ave María se nos invita a volver a pensar y reflexionar sobre el misterio que hemos proclamado. (Benedicto XVI. Audiencia general, 17 de agosto de 2011)

El rosario no acumula palabras, sino que alimenta el silencio interior

El rosario es escuela de contemplación y de silencio. A primera vista podría parecer una oración que acumula palabras, y por tanto difícilmente conciliable con el silencio que se recomienda oportunamente para la meditación y la contemplación. En realidad, esta cadenciosa repetición del Ave María no turba el silencio interior, sino que lo requiere y lo alimenta. (Benedicto XVI. Meditación del Santo Padre en el Pontificio Santuario de Pompeya, 19 de octubre de 2008)

Juan Pablo II

La serena sucesión del Ave María ejerce una acción pacificadora

Debido a su carácter meditativo, con la serena sucesión del Ave María, el Rosario ejerce sobre el orante una acción pacificadora que lo dispone a recibir y experimentar en la profundidad de su ser, y a difundir a su alrededor, paz verdadera, que es un don especial del Resucitado. (Juan Pablo II. Carta apostólica Rosarium Virginis Mariae, n. 40, 16 de octubre de 2002)

Pablo VI

Título del spoiler

Deseamos ahora, queridos hermanos, detenernos un poco sobre la renovación del piadoso ejercicio que ha sido llamado “compendio de todo el Evangelio” (110): el Rosario. A él han dedicado nuestros Predecesores vigilante atención y premurosa solicitud: han recomendado muchas veces su rezo frecuente, favorecido su difusión, ilustrado su naturaleza, reconocido la aptitud para desarrollar una oración contemplativa, de alabanza y de súplica al mismo tiempo, recordando su connatural eficacia para promover la vida cristiana y el empeño apostólico. También Nos, desde la primera audiencia general de nuestro pontificado, el día 13 de Julio de 1963, hemos manifestado nuestro interés por la piadosa práctica del Rosario (111), y posteriormente hemos subrayado su valor en múltiples circunstancias, ordinarias unas, graves otras, como cuando en un momento de angustia y de inseguridad publicamos la Carta Encíclica Christi Matri ( 15 septiembre 1966), para que se elevasen oraciones a la bienaventurada Virgen del Rosario para implorar de Dios el bien sumo de la paz (112); llamada que hemos renovado en nuestra Exhortación Apostólica Recurrens mensis october (7 de octubre 1969), en la cual conmemorábamos además el cuarto centenario de la Carta Apostólica Consueverunt Romani Pontifices de nuestro Predecesor San Pío V, que ilustró en ella y en cierto modo definió la forma tradicional del Rosario (113). (Pablo VI, Exhortación Apostólica Marialis Cultus, 2 de febrero de 1974)

Sin el Rosario la familia deja de ser Iglesia doméstica

52. Y ahora, en continuidad de intención con nuestros Predecesores, queremos recomendar vivamente el rezo del Santo Rosario en familia. El Concilio Vaticano II a puesto en claro cómo la familia, célula primera y vital de la sociedad “por la mutua piedad de sus miembros y la oración en común dirigida a Dios se ofrece como santuario doméstico de la Iglesia” (115). La familia cristiana, por tanto, se presenta como una Iglesia doméstica (116) cuando sus miembros, cada uno dentro de su propio ámbito e incumbencia, promueven juntos la justicia, practican las obras de misericordia, se dedican al servicio de los hermanos, toman parte en el apostolado de la comunidad local y se unen en su culto litúrgico (117); y más aún, se elevan en común plegarias suplicantes a Dios; por que si fallase este elemento, faltaría el carácter mismo de familia como Iglesia doméstica. Por eso debe esforzarse para instaurar en la vida familiar la oración en común. (Pablo VI, Exhortación Apostólica Marialis Cultus, 2 de febrero de 1974)

Juan XXIII

Muy excelente forma de oración meditada

Desde los años de nuestra juventud, a menudo vuelve a nuestro ánimo el grato recuerdo de aquellas cartas encíclicas[1] que nuestro predecesor, de inmortal memoria, León XIII, siempre cerca del mes de octubre, dirigió muchas veces al mundo católico para exhortar a los fieles, especialmente durante aquel mes, a la piadosa práctica del santo rosario: encíclicas, varias por su contenido, ricas en sabiduría, encendidas siempre con nueva inspiración y oportunísimas para la vida cristiana. Eran una fuerte y persuasiva invitación a dirigir confiadas súplicas a Dios a través de la poderosísima intercesión de la Virgen Madre de Dios, mediante el rezo del santo rosario. Éste, como todos saben, es una muy excelente forma de oración meditada, compuesta a modo de mística corona, en la cual las oraciones del «Pater norter», del «Ave Maria» y del «Gloria Patri» se entrelazan con la meditación de los principales misterios de nuestra fe, presentando a la mente la meditación tanto de la doctrina de la Encarnación como de la Redención de Jesucristo, nuestro Señor.
Este dulce recuerdo de nuestra juventud no nos ha abandonado en el correr de los años, ni se ha debilitado; por el contrario —y lo decimos con toda sencillez—, tuvo la virtud de hacernos cada vez más querido a nuestro espíritu el santo rosario, que no dejamos nunca de recitar completo todos los días del año; y que deseamos, sobre todo, rezar con particular piedad en el próximo mes de octubre. (Juan XXIII, encíclica Grata Recordatio, 26 de septiembre de 1959)

Pío XII

La recitación de fórmulas idénticas infunde confianza en el que reza

La misma recitación de fórmulas idénticas, tantas veces repetidas, lejos de hacer la oración estéril y enojosa, posee una admirable virtud para infundir confianza en el que reza y hacer dulce violencia al corazón materno de María. (Pío XII. Encíclica Ingruentium malorum, 15 de septiembre de 1951)

Pío XI

¡Cuánto se apartan de la verdad los que reputan fastidiosa esa devoción!

Esta práctica de piedad, Venerables Hermanos, difundida admirablemente por Santo Domingo no sin superior insinuación e inspiración de la Virgen madre de Dios, es sin duda fácil a todos, aun a los indoctos y a las personas sencillas. ¡Y cuanto se apartan del camino de la verdad los que reputan esa devoción como fastidiosa fórmula repetida con monótona cantilena, y la rechazan como buena para niños y mujeres! A este propósito es de observar que tanto la piedad como el amor, aun repitiendo muchas veces las mismas palabras, no por eso repiten siempre la misma cosa, sino que siempre expresan algo nuevo, que brota del íntimo sentimiento de caridad. (Pío XI. Encíclica Ingravescentibus malis, 29 de septiembre de 1937)

Benedicto XV

Los Romanos Pontífices no dejaron pasar ocasión de ensalzar el rosario

Conviene a saber, aquella oración [el rosario], que por hacerse juntamente con la mente y la lengua—con la contemplación de los principales misterios de la religión, mientras se repite quince veces la oración dominical y otras tantas decenas la salutación angélicaes muy apta para alimentar y excitar entre el pueblo la piedad y toda suerte de virtudes. […] Así, pues, la Iglesia, por medio principalmente del rosario, siempre ha encontrado en Ella a la madre de la gracia y a la madre de la misericordia, precisamente tal cual ha tenido costumbre de saludarla; por lo cual los Romanos Pontífices no dejaron pasar jamás ocasión alguna hasta el presente de ensalzar con las mayores alabanzas el rosario mariano y de enriquecerlo con indulgencias apostólicas. (Benedicto XV. Encíclica Fausto appetente, 29 de junio de 1921)

III – Las prácticas de devoción inspiradas por Dios nunca pierden la actualidad

Juan Pablo II

Os animo a los ejercicios de devoción que habéis mantenido a lo largo de siglos

Deseo igualmente recordaros una verdad importante afirmada por el Concilio Vaticano II; es ésta: “Con todo, la participación en la sagrada liturgia no agota toda la vida espiritual” (Sacrosanctum Concilium, n. 12). Y por ello yo también os animo a otros ejercicios de devoción que habéis mantenido amorosamente a lo largo de siglos, especialmente en relación con el Santísimo Sacramento. Estos actos de piedad honran a Dios y son útiles a nuestra vida cristiana; dan alegría al corazón y nos ayudan a apreciar más el culto litúrgico de la Iglesia. (Juan Pablo II. Homilía en el viaje apostólica a Irlanda, n. 7, 29 de septiembre de 1979)

El rosario, tal y como el cristianismo, no ha perdido nada de la novedad de sus orígenes

El rosario de la Virgen María, difundido gradualmente en el segundo Milenio bajo el soplo del Espíritu de Dios, es una oración apreciada por numerosos Santos y fomentada por el Magisterio. En su sencillez y profundidad, sigue siendo también en este tercer Milenio apenas iniciado una oración de gran significado, destinada a producir frutos de santidad. Se encuadra bien en el camino espiritual de un cristianismo que, después de dos mil años, no ha perdido nada de la novedad de los orígenes, y se siente empujado por el Espíritu de Dios a “remar mar adentro” (duc in altum!), para anunciar, más aún, ‘proclamar’ a Cristo al mundo como Señor y Salvador, ‘el Camino, la Verdad y la Vida’ (Jn 14, 6), el ‘fin de la historia humana, el punto en el que convergen los deseos de la historia y de la civilización’. (Juan Pablo II. Carta apostólica Rosarium Virginis Mariae, n. 1, 16 de Octubre de 2002)

León XIII

Hay que pedir machaconamente a la Virgen que se digne socorrer los pecadores

En él [el Rosario], para no alargarnos mucho, pedimos con insistencia, por medio de la repetición de las mismas oraciones, el reino de la gracia y de la gloria al Padre celestial; y machaconamente suplicamos a la Virgen Madre que se digne socorrer a los que estamos sujetos a la culpa, ya en toda la vida, ya en la hora suprema, que es el paso para la eternidad. La fórmula del mismo Rosario es también muy a propósito para orar en común; por donde, no sin razón, se le ha dado el nombre de Salterio mariano. Ahora bien; hay que guardar o restaurar religiosamente una costumbre que estuvo en su vigor entre nuestros antepasados, cuando en las familias cristianas, lo mismo que en las ciudades y en los campos, se tenía por inviolable, al caer el día, acudir de las fatigas del trabajo ante una imagen de la Virgen y pagarle alternativamente el tributo de la alabanza por medio del Rosario. (León XIII. Encíclica Fidentem piumque, 20 de septiembre de 1896)

Concilio Vaticano II

Que los hijos de la Iglesia estimen en mucho los ejercicios recomendados por el Magisterio

El santo Concilio enseña de propósito esta doctrina católica y amonesta a la vez a todos los hijos de la Iglesia que fomenten con generosidad el culto a la Santísima Virgen, particularmente el litúrgico; que estimen en mucho las prácticas y los ejercicios de piedad hacia ella recomendados por el Magisterio en el curso de los siglos. (Concilio Vaticano II. Constitución dogmática Lumen gentium, n. 67, 21 de noviembre de 1964)

Pío XI

Cambiar métodos consagrados por la sabiduría cristiana no es ventajoso para la sociedad

A este respecto, no ignoramos que algunos educadores de la juventud, asustados con la actual depravación de costumbres por la cual tantos jóvenes se precipitan en extrema ruina con increíble detrimento de las almas, con el fin de apartar de la sociedad civil un tan grave y desastroso mal, pensaron que sería indispensable inventar nuevos sistemas de instrucción y educación. Nos querríamos hacer comprender a estos hombres que no seria posible obtener ventaja para la sociedad con esto si se dejan de lado los métodos y la disciplina recibidos de las fuentes de la sabiduría cristiana, consagrados por la larga experiencia de los siglos y de los cuales Luis Gonzaga experimentó en sí la perfecta eficacia. O sea, la Fe viva, la fuga de las ocasiones, la moderación y la lucha contra las pasiones, una operosa devoción hacia Dios y la Santísima Virgen, en fin, una vida frecuentemente confortada y fortalecida por el celestial banquete. (Pío XI. Carta apostólica Singulare illud, 13 de junio 1926)

Benedicto XV

Los modernistas rechazan con desdén antiguos ejercicios de piedad

Y no solamente deseamos que los católicos se guarden de los errores de los modernistas, sino también de sus tendencias, o del espíritu modernista, como suele decirse: el que queda inficionado de este espíritu [de los modernistas] rechaza con desdén todo lo que sabe a antigüedad, y busca, con avidez la novedad en todas las cosas divinas, en la celebración del culto sagrado, en las instituciones católicas, y hasta en el ejercicio privado de la piedad. Queremos, por tanto, que sea respetada aquella ley de Nuestros mayores: Nihil innovetur nisi quod traditum est – Nada se innove sino lo que se ha trasmitido; la cual, si por una parte ha de ser observada inviolablemente en las cosas de fe, por otra, sin embargo, debe servir de norma para todo aquello que pueda sufrir mutación, si bien, aun en esto vale generalmente la regla: Non nova, sed noviter – No cosas nuevas sino de un modo nuevo. (Benedicto XV. Encíclica Ad Beatissimi Apostolorum, n. 16, 1 de noviembre de 1914)


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