Juan XXIII…

INICIO DEL PONTIFICADO 28.X, 4.XI.1958 – FIN DEL PONTIFICADO 3.VI.1963

… juzga la idea de la Iglesia como una ONG que tiene Francisco

  • Al margen de vuestra actividad están, por desgracia, los más necesitados y los enfermos más contagiosos que son los pecadores

Vosotros queréis aliviar los sufrimientos físicos, pero, bien lo sabemos, no olvidéis que al margen de vuestra actividad están, por desgracia, los más necesitados y los enfermos más contagiosos que son los pecadores obstinados y rebeldes. […] La confusión que reina en este punto en algunos sectores exige el esfuerzo de todas las almas cristianas de buen sentido para ser inexorables y decididas en un ejercicio difícil y paciente de verdadera caridad, y no desaprovechar ocasión para edificar, recordar, corregir, elevar. Jugar con el fuego es siempre perjudicial: et qui amat periculum in illo peribit (Ecl 3, 27). (Juan XXIII. Discurso a los delegados de las obras de misericordia de Roma, n. 1, 21 de febrero de 1960)

… juzga la idea del uso de la internet para la educación católica que tiene Francisco

  • A la piedad descuidada en la adolescencia sucede el naufragio en la fe

A una piedad sentida de niño, pero descuidada en la adolescencia, sucede no pocas veces por desgracia en el joven que se abre al mundo un verdadero naufragio en la fe. Fenómeno es éste que por su gravedad atrae la atención y reclama el examen serio de cualquier educador consciente de su misión. Es un principio de la pedagogía católica que la esencia de la educación consiste en la colaboración con la divina gracia para la formación del verdadero y perfecto cristiano. […] El adolescente está en la edad en la que él mismo debe esforzarse por descubrir su ser y formar su personalidad: incumbe a sus educadores, y particularmente a su Director espiritual, el cometido de ayudarle en esta empresa. Hijo de Dios, miembro del Cuerpo Místico, tiene él un lugar propio en la Iglesia. Así lo considera San Juan cuando a los adolescentes se dirige: Scribo vobis, adulescentes, quoniam vicistis malignum (1Jn 2, 13). La Iglesia no deja de reconocer las riquezas que la juventud aporta y de fomentar su evolución y desarrollo legítimos. Por eso desde la más tierna edad pone tanto interés en la tarea de la educación de su vida de fe al mismo tiempo que en la formación de su conciencia, junto con el aprendizaje del recto uso de su libertad. (Juan XXIII. Mensaje al VII Congreso Interamericano de Educación Católica, 10 de enero de 1960)

  • Hay que orientar el comportamiento del joven en función del mensaje cristiano

La catequesis intelectual será poco eficaz si no va acompañada de una educación que comprenda, junto con la inteligencia, la voluntad y el corazón del adolescente: la religión abarca al hombre entero; es el comportamiento total de su vida lo que hay que orientar en función del mensaje cristiano poniendo en práctica toda una pedagogía de la vida espiritual para que el joven adquiera conciencia de la correspondencia que existe entre las verdades que se le enseña a creer y las aspiraciones interiores que brotan de su personalidad hacia ideales de justicia, de caridad y de rectitud moral. (Juan XXIII. Mensaje al VII Congreso Interamericano de Educación Católica, 10 de enero de 1960)

… juzga la idea de Francisco de que el adulterio realiza en parte el ideal familiar

  • La vida humana debe propagarse de acuerdo con las leyes sacrosantas y inmutables de Dios

En esta materia hacemos una grave declaración: la vida humana se comunica y propaga por medio de la familia, la cual se funda en el matrimonio uno e indisoluble, que para los cristianos ha sido elevado a la dignidad de sacramento. Y como la vida humana se propaga a otros hombres de una manera consciente y responsable, se sigue de aquí que esta propagación debe verificarse de acuerdo con las leyes sacrosantas, inmutables e inviolables de Dios, las cuales han de ser conocidas y respetadas por todos. (Juan XXIII. Encíclica Mater et magistra, n. 193, 15 de mayo de 1961)

  • En nuestro mundo envuelto en tinieblas hay que hablar con claridad

Allí donde se extiende la ignorancia de las verdades religiosas, se relajan las costumbres” (San Bernardino de Siena). Hablar, pues, con sencillez; hablar con claridad; iluminar, iluminar. Después de veinte siglos de luz cristiana, todavía las tinieblas envuelven a muchas almas e instituciones humanas. Y no hay que hacerse ilusiones. La grave tarea que el Divino Fundador confió a su Iglesia exigirá una atención y una aplicación cada vez más conforme con las necesidades de los tiempos. Las palabras que integran nuestros sermones no son nuestras, sino de la doctrina celestial. En la obra de iluminar las almas, a nosotros confiadas, se cansarán nuestros miembros y se secará nuestra lengua antes de que cumplamos perfectamente la tarea. (Juan XXIII. Discurso a los cuaresmeros de Roma, 19 de febrero de 1960)

… juzga la idea humanística que Francisco tiene de la familia

  • Todo hogar debe ser una escuela de virtudes a imitación del de Nazaret

Por eso, muy de veras deseamos que todo hogar se convierta, a imitación del de Nazaret, en un santuario de religiosidad y sea escuela de virtudes. (Juan XXIII. Mensaje al Congreso Nacional de la familia española, 10 de febrero de 1959)

  • La Sagrada Familia invita a considerar la altura de las tareas que la Iglesia espera de las familias

He aquí la enseñanza de Nazaret: familias santas, amor bendito, virtudes domésticas que se desbordan al calor de los corazones ardientes, de voluntades generosas y buenas. La familia es el primer ejercicio de vida cristiana, la primera escuela de fortaleza y de sacrificio, de derecho moral y de abnegación. Ella es el vivero de vocaciones sacerdotales y religiosas y también de empresas apostólicas para el laicado cristiano; la parroquia adquiere dignidad nueva y fisonomía inconfundible y se enriquece con nueva linfa vital de almas regeneradas que viven en la gracia del Señor. El Concilio Ecuménico será también una solemne llamada a la grandeza de la familia y a los deberes inherentes a ellas. Acoged, queridos hijos, como el primer fruto de Nuestras palabras que os invitan a considerar cada vez más a fondo, a la luz de la sagrada familia, la altura de las tareas que de vosotros espera la Iglesia. (Juan XXIII. Discurso, 4 de octubre de 1962)

… juzga la idea herética de Joviniano que defiende Francisco

  • La gloria de la virginidad dilata el corazón para el amor más auténtico, más grande y más universal que se pueda dar sobre la tierra

En esta variedad de colores hay todavía una nota inconfundible, que todas las variedades constituyen la unidad de las almas consagradas y es precisamente la virginidad. Quisiéramos en esta circunstancia haceros sentir a vosotras y sobre todo a la faz del mundo el altísimo aprecio y gloria de la virginidad.

Ella es la virtud que dilata vuestro corazón para el amor más auténtico, más grande y más universal que darse pueda sobre la tierra: el servicio a Cristo en las almas. Lo que vosotras habéis buscado no es un amor terreno ni una casa propia ni el cumplimiento de tareas estrictamente personales, cosas todas ellas que, aunque lícitas y justas, no podían satisfacer las aspiraciones de vuestro corazón, sino que habéis escogido al celestial Esposo y el inmenso campo de la Santa Iglesia. (Juan XXIII. Discurso a las religiosas de Roma. 29 de enero de 1960)

…juzga la idea de Francisco de afirmaciones rígidas dentro de la moral familiar

  • La familia se funda en el matrimonio libremente contraído, uno e indisoluble

Además tienen los hombres pleno derecho a elegir el estado de vida que prefieran, y, por consiguiente, a fundar una familia, en cuya creación el varón y la mujer tengan iguales derechos y deberes, o seguir la vocación del sacerdocio o de la vida religiosa.
Por lo que toca a la familia, la cual se funda en el matrimonio libremente contraído, uno e indisoluble, es necesario considerarla como la semilla primera y natural de la sociedad humana. De lo cual nace el deber de atenderla con suma diligencia tanto en el aspecto económico y social como en la esfera cultural y ética; todas estas medidas tienen como fin consolidar la familia y ayudarla a cumplir su misión. A los padres, sin embargo, corresponde antes que a nadie el derecho de mantener y educar a los hijos. (Juan XXIII. Encíclica Pacem in terris, n. 15-17, 11 de abril de 1963)


… juzga la idea de Francisco de mundanidad dentro de la Iglesia

  • Los necesitados son bien atendidos cuando los católicos organizan sus esfuerzos

Se trata, sobre todo de coordinar la acción caritativa en el plan internacional, para que la solidaridad de los católicos hacia sus hermanos necesitados y muy especialmente hacia los que son afectados por repentina catástrofe, pueda manifestarse con rapidez y eficacia, y esta es vuestra tarea insustituible. Al organizar, utilizando los medios técnicos apropiados, la caridad de los católicos en escala mundial facilitáis a la Iglesia el que esté constantemente presente y operante allí donde alguien sufra en el mundo. (Juan XIII. Discurso a los delegados de la Caritas Internationalis, 27 de junio de 1960)

…juzga la idea del papel de la mujer en la Iglesia que tiene Francisco

  • En la Iglesia hay una clara distinción entre el clero y el pueblo

La Iglesia santa de Cristo es una sociedad perfecta en la que todos sus miembros participan de todos los beneficios, de los tesoros espirituales de su sagrado patrimonio de doctrina y de gracia. Y puesto que se trata de un organismo vivo, todos los elementos e instrumentos están ordenados y calificados de tal manera que respondan al fin sobrenatural, el cual, aunque inmerso en lo terreno, se eleva hacia la eternidad. Esto entraña una clara distinción, pero no separación, entre el clero y el pueblo. Al clero incumbe una función de dirección y santificación de todo el cuerpo social, para lo cual se necesita un llamamiento, una vocación divina y una consagración. También se invita al pueblo cristiano a la misma participación de la gracia divina. Pero el Señor Jesús, Verbo de Dios, hecho Hombre para salvación de todo el mundo, ha confiado la distribución de esta gracia al sacerdocio, al orden sacerdotal, instituido específicamente para ejercer esta altísima función de mediación entre los cielos y la tierra para bien y santificación del pueblo que toma su nombre de Cristo. (Juan XXIII. Discurso en la solemne inauguración del Primer Sínodo Diocesano de Roma, 24 de enero de 1960)

… juzga la idea que Francisco tiene de San Juan Bautista

  • La Iglesia propone con especial destaque la veneración de San Juan Bautista

En la vida orante de la Iglesia universal ocupa el primer lugar la adoración y la glorificación de la Santísima Trinidad Augusta: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Sigue, a debida distancia litúrgica, y con la misma luz de la misma Trinidad, la veneración a María Madre de Cristo Salvador nuestro, y, por este título, poderosa y entrañable Madre nuestra.
En las antiguas oraciones es nombrado luego San Miguel, príncipe de las milicias celestiales, innumerables e invisibles. Pero la primera figura de hombre, con cuerpo y alma, que avanza ante nuestra mirada, propuesta a nuestro respeto y veneración, es San Juan Bautista, flor solitaria y tardía de Zacarías e Isabel, llamados a preparar, por medio de la voz de este inesperado hijo, el mensaje celestial y la invitación a la generación universal que los profetas habían prometido, desde hacía siglos. (Juan XXIII. Alocución en las segundas vísperas de la fiesta de San Juan, 24 de junio de 1962)

  •  Juan no tuvo envidia de Jesús y se llenó de alegría con la llegada del Mesías

Juan Bautista, cuya misión es la de mostrarlo a Israel, había saltado de gozo en su presencia, cuando aún estaba en el seno de su madre (cf. Lc 1,44). Cuando Jesús da comienzo a su ministerio, Juan «se llena de alegría por la voz del Esposo» (Jn 3,29). (Pablo VI. Exhortación Apostólica Gaudete in Domino, n.22, 9 de mayo de 1975)

… juzga la idea de moral que tiene Francisco

  • Al no reconocer los hombres una única ley de justicia con valor universal, no pueden llegar en nada a un acuerdo pleno y seguro

Los hombres, y principalmente las supremas autoridades de los Estados, tienen en su actuación concepciones de vida totalmente distintas. Hay, en efecto, quienes osan negar la existencia de una ley moral objetiva, absolutamente necesaria y universal y, por último, igual para todos. Por esto, al no reconocer los hombres una única ley de justicia con valor universal, no pueden llegar en nada a un acuerdo pleno y seguro.
Porque, aunque el término “justicia” y la expresión “exigencias de la justicia” anden en boca de todos, sin embargo, estas palabras no tienen en todos la misma significación; más aún, con muchísima frecuencia, la tienen contraria. […] padding-left: 30px; text-align: justify;”>Ahora bien, la base única de los preceptos morales es Dios. Si se niega la idea de Dios, esos preceptos necesariamente se desintegran por completo. El hombre, en efecto, no consta sólo de cuerpo, sino también de alma, dotada de inteligencia y libertad. El alma exige, por tanto, de un modo absoluto, en virtud de su propia naturaleza, una ley moral basada en la religión, la cual posee capacidad muy superior a la de cualquier otra fuerza o utilidad material para resolver los problemas de la vida individual y social, así en el interior de las naciones como en el seno de la sociedad internacional. (Juan XXIII. Encíclica Mater et magistra, n. 205-206.208, 15 de mayo de 1961)

  • Las relaciones sociales deben moverse en el ámbito moral para que la convivencia entre los hombres atienda a los derechos y obligaciones de la vida social

Si las relaciones sociales se mueven en el ámbito del orden moral y de acuerdo con los criterios señalados, no implicarán, por su propia naturaleza, peligros graves o excesivas cargas sobre los ciudadanos: todo lo contrario, contribuirán no sólo a fomentar en éstos la afirmación y el desarrollo de la personalidad humana, sino también a realizar satisfactoriamente aquella deseable trabazón de la convivencia entre los hombres, que, como advierte nuestro predecesor Pío XI, de grata memoria, en la encíclica “Quadragesimo anno”, es absolutamente necesaria para satisfacer los derechos y las obligaciones de la vida social. (Juan XXIII. Carta Encíclica Mater et Magistra, n. 67, 15 de mayo del año 1961)

  • La causa de los problemas sociales de nuestro tiempo es que muchos niegan la existencia de una ley moral objetiva, absolutamente necesaria y universal, e igual para todos

La causa de esta situación parece provenir de que los hombres, y principalmente las supremas autoridades de los Estados, tienen en su actuación concepciones de vida totalmente distintas. Hay, en efecto, quienes osan negar la existencia de una ley moral objetiva, absolutamente necesaria y universal y, por último, igual para todos. Por esto, al no reconocer los hombres una única ley de justicia con valor universal, no pueden llegar en nada a un acuerdo pleno y seguro. (Juan XXIII. Carta Encíclica Mater et Magistra, n. 205, 15 de mayo del año 1961)

  • El alma humana exige una ley moral basada en la religión, la cual posee capacidad impar para resolver todos los problemas de la vida individual y social

Ahora bien, la base única de los preceptos morales es Dios. Si se niega la idea de Dios, esos preceptos necesariamente se desintegran por completo. El hombre, en efecto, no consta sólo de cuerpo, sino también de alma, dotada de inteligencia y libertad. El alma exige, por tanto, de un modo absoluto, en virtud de su propia naturaleza, una ley moral basada en la religión, la cual posee capacidad muy superior a la de cualquier otra fuerza o utilidad material para resolver los problemas de la vida individual y social, así en el interior de las naciones como en el seno de la sociedad internacional. (Juan XXIII. Carta Encíclica Mater et Magistra, n. 208, 15 de mayo del año 1961)

… juzga la idea de Francisco de que dentro de otros cultos se obtienen beneficios espirituales y se da gloria a Dios

  • Es una injuria a la fe católica afirmar que todas las religiones tienen igual valor

Tampoco faltan los que, si bien no impugnan de propósito la verdad, adoptan, sin embargo, ante ella una actitud de negligencia y sumo descuido, como si Dios no les hubiera dado la razón para buscarla y encontrarla. Tan reprobable modo de actuar conduce, como por espontáneo proceso, a esta absurda afirmación: todas las religiones tienen igual valor, sin diferencia alguna entre lo verdadero y lo falso. “Este principio —para usar las palabras de nuestro mismo predecesor— lleva necesariamente a la ruina todas las religiones, particularmente la católica, la cual, siendo entre todas la única verdadera, no puede ser puesta al mismo nivel de las demás sin grande injuria” (Humanum genus; A.L., vol. IV, 1884, p. 53). (Juan XXIII. Encíclica Ad Petri cathedram, 29 de junio de 1959)

… juzga la idea de la pérdida del Niño Dios en el Templo que tiene Francisco

  • Cristo se encuentra siempre en su puesto de Maestro

Jesús tiene ya doce años. María y José le acompañan a Jerusalén para la plegaria habitual de aquella edad. De improviso desaparece de sus ojos aunque vigilantes y amorosos. Gran preocupación en aquella búsqueda que dura tres días. Se le encuentra entre los demás asistentes en el Templo. Estaba razonando con los doctores de la ley. ¡Qué palabras tan significativas las de San Lucas que (nos lo describe con precisión!) Lo encuentran sentado en medio de los doctores, “audientem illos et interrogantem eos” (Lc 2, 46) en actitud de escucharlos y de preguntarles. Aquel encuentro de los doctores era entonces todo: conocimiento, sabiduría, luz, práctica en contemplación al Antiguo Testamento. […] Cristo se encuentra siempre allí en medio, en su puesto; “Magister vester unus est Christus” (Mt 23, 10). (Juan XXIII. Pequeño ensayo de devotos pensamientos de los misterios del rosario, n. 5, 29 de septiembre de 1961)

… juzga la idea de Francisco de que solamente se puede evangelizar con dulzura

  • Ocultar la verdad es una conjuración diabólica

¿Dónde está en la tierra el respeto a la verdad? ¿No estamos, a veces, e incluso muy frecuentemente, ante un antidecálogo desvergonzado e insolente que ha abolido el no, ese “no” que precede a la formulación neta y precisa de los cinco mandamientos de Dios que vienen después de “honra a tu padre y a tu madre”? ¿No es prácticamente la vida actual una rebelión contra el quinto, sexto, séptimo y octavo mandamientos: “No matarás, no serás impuro, no robarás, no levantarás falsos testimonios”? Es como una actual conjuración diabólica contra la verdad. Y, sin embargo, ahí está por siempre válido y claro el mandamiento de la ley divina que escuchó Moisés sobre la montaña: “No levantarás falsos testimonios contra tu prójimo” (Ex 20, 16; Dt 5, 20). Este mandamiento, como los otros, permanece en vigor con todas sus consecuencias positivas y negativas; el deber de decir la verdad, de ser sincero, de ser franco, es decir, de conformar el espíritu humano con la realidad, y, de otra parte, la triste posibilidad de mentir, y el hecho más triste todavía de la hipocresía, de la calumnia, que llega hasta obscurecer la verdad. (Juan XXIII. Radiomensaje de Navidad, 22 de diciembre de 1960)

  • ¡Qué fuerte y terrible es el mandamiento de no decir nada falso contra el prójimo!

Lo que importa más retener y percibir es que la actitud para conocer la verdad representa para el hombre la responsabilidad sagrada y muy grave de cooperar con el designio del Creador, del Redentor, del Glorificador. Y ello vale aún más para el cristiano que lleva, en virtud de la gracia sacramental, el signo evidente de su pertenencia a la familia de Dios. Aquí se distinguen la dignidad y la responsabilidad más grandes que son impuestas al hombre —y aún más a cada cristiano— de honrar a este Hijo de Dios, Verbo hecho carne, y que da la vida al mismo tiempo al compuesto humano y al orden social. […] ¡Qué bella es, bajo esta luz, la invitación hecha al nombre de decir siempre la verdad a su prójimo y qué fuerte y terrible el mandamiento de no decir jamás nada falso contra su prójimo! “No levantarás falso testimonio contra tu prójimo” (Ex 20, 16). (Juan XXIII. Radiomensaje de Navidad, 22 de diciembre de 1960)

  • “Veritas Domini manet in aeternum”

Estamos viviendo entre dos concepciones de la convivencia humana. De un lado, la realidad del mundo buscada, ansiada y actuada tal cual está en el designio de Dios. Por otro —no tememos repetirlo— la falsificación de esa misma realidad, facilitada por la técnica y el artificio humano, moderno y modernísimo. Ante el cuádruple ideal de pensar, honrar, decir y obrar la verdad y el espectáculo cotidiano de la traición manifiesta o encubierta de este ideal, el corazón no logra dominar su angustia y nuestra voz tiembla. A pesar de todo y de todos, veritas Domini manet in aeternum, la verdad del Señor permanece eternamente (Sal 116, 2), y quiere resplandecer cada vez más ante los ojos y ser escuchada por los corazones. En muchos se ha difundido un poco la sensación de que las horas por que atraviesa el mundo son tremendas. […] Y no obstante las voces clamorosas o astutas de los más violentos, estamos bien seguros que la victoria espiritual será de Jesucristo qui pendet a ligno. (Juan XXIII. Radiomensaje de Navidad, 22 de diciembre de 1960)

… juzga la idea de pastor que tiene Francisco

  • Hay que denunciar las imprudencias

En muchas regiones, por desgracia, los sacerdotes están obligados, a vivir, por razón de su oficio, en un mundo en el que reina una atmósfera de excesiva libertad y sensualidad. Y es demasiado verdadera para ellos la expresión de Santo Tomás de Aquino: “Es a veces muy difícil vivir bien en la cura de almas, por razón de los peligros exteriores” (Suma Teológica, I, c.). Añádase a ello que muchas veces se hallan moralmente solos, poco comprendidos y poco sostenidos por los fieles a los que se hallan dedicados. A todos, pero singularmente a los más aislados y a los más expuestos, Nos les dirigimos aquí un cálido llamamiento para que su vida íntegra sea un claro testimonio rendido a esta virtud que San Pío X llamaba “ornamento insigne de nuestro Orden”. Y con viva insistencia, Venerables Hermanos, os recomendamos que procuréis a vuestros sacerdotes, en la mejor forma posible, condiciones de vida y de trabajo tales que sostengan su generosidad. Necesario es, por lo tanto, combatir a toda costa los peligros del aislamiento, denunciar las imprudencias, alejar las tentaciones de ocio o los peligros de exagerada actividad.(Juan XXIII. Encíclica Sacerdotii nostri primordia, 1 de agosto de 1959)

… juzga la idea de marginados que tiene Francisco

  • Hay que reconocer la dignidad de los hombres, hechos amigos de Dios por la gracia sobrenatural

Si, por otra parte, consideramos la dignidad de la persona humana a la luz de las verdades reveladas por Dios, hemos de valorar necesariamente en mayor grado aún esta dignidad, ya que los hombres han sido redimidos con la sangre de Jesucristo, hechos hijos y amigos de Dios por la gracia sobrenatural y herederos de la gloria eterna. (Juan XXIII. Encíclica Pacem in terris, n. 10, 11 de abril de 1963)

  • ¡No olvidéis los enfermos del alma!

Vosotros queréis aliviar los sufrimientos físicos, pero, bien lo sabemos, no olvidéis que al margen de vuestra actividad están, por desgracia, los más necesitados y los enfermos más contagiosos que son los pecadores obstinados y rebeldes. […] La confusión que reina en este punto en algunos sectores exige el esfuerzo de todas las almas cristianas de buen sentido para ser inexorables y decididas en un ejercicio difícil y paciente de verdadera caridad, y no desaprovechar ocasión para edificar, recordar, corregir, elevar. Jugar con el fuego es siempre perjudicial: et qui amat periculum in illo peribit (Eccl 3, 27). (Juan XXIII. Discurso a los delegados de las obras de misericordia de Roma, 21 de febrero de 1960)

… juzga la idea de “Pan de Vida” que tiene Francisco

  • Jesús alimenta nuestras almas con su cuerpo y sangre

Según las palabras del Divino Maestro la Eucaristía da la verdadera vida a los hombres. “En verdad en verdad os digo que si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tendréis vida en vosotros”, y “el que come este pan vivirá para siempre” (Jn 6, 53, 58). Son palabras muy claras y solemnes. Jesús con su cuerpo y sangre alimenta nuestras almas para que vivan de su vida. (Juan XXIII. Mensaje al Congreso Eucarístico Nacional de Brasil, 2 de abril de 1960)

… juzga la idea de propiedad privada que tiene Francisco

  • El derecho a la propiedad privada es garantía de la dignidad de la persona humana

También surge de la naturaleza humana el derecho a la propiedad privada de los bienes, incluidos los de producción, derecho que, como en otra ocasión hemos enseñado, constituye un medio eficiente para garantizar la dignidad de la persona humana y el ejercicio libre de la propia misión en todos los campos de la actividad económica, y es, finalmente, un elemento de tranquilidad y de consolidación para la vida familiar, con el consiguiente aumento de paz y prosperidad en el Estado. (Juan XXIII, Encíclica Pacem in Terris, nn.21, 11 de abril de 1963)

  • El derecho de propiedad privada es un derecho contenido en la misma naturaleza humana

Tales nuevos aspectos de la economía moderna han contribuido a divulgar, la duda sobre si, en la actualidad, ha dejado de ser válido, o ha perdido, al menos, importancia, un principio de orden económico y social enseñado y propugnado firmemente por nuestros predecesores; esto es, el principio que establece que los hombres tienen un derecho natural a la propiedad privada de bienes, incluidos los de producción. Esta duda carece en absoluto de fundamento. Porque el derecho de propiedad privada, aún en lo tocante a bienes de producción, tiene un valor permanente, ya que es un derecho contenido en la misma naturaleza, la cual nos enseña la prioridad del hombre individual sobre la sociedad civil, y , por consiguiente, la necesaria subordinación teológica de la sociedad civil al hombre. (Juan XXIII, Encíclica Mater et Magistra, nn.108-109, 15 de mayo de 1961)

  • Como enseñó Pío XII la Iglesia defiende el principio de la propiedad privada por un alto fin ético-social

Nos es grato, por tanto, repetir las observaciones que en esta materia hizo nuestro predecesor, de feliz memoria, Pío XII: “Al defender la Iglesia el principio de la propiedad privada, persigue un alto fin ético-social. No pretende sostener pura y simplemente el actual estado de cosas, como si viera en él la expresión de la voluntad divina; ni proteger por principio al rico y al plutócrata contra el pobre e indigente. Todo lo contrario: La Iglesia mira sobre todo a lograr que la institución de la propiedad privada sea lo que debe ser, de acuerdo con los designios de la divina Sabiduría y con lo dispuesto por la naturaleza” (Radiomensaje del 1 de sept. de 1944; cf Acta Apostolicae Sedis 36 (1944) p. 253). Es decir, la propiedad privada debe asegurar los derechos que la libertad concede a la persona humana y, al mismo tiempo, prestar su necesaria colaboración para restablecer el recto orden de la sociedad. (Juan XXIII, Encíclica Mater et Magistra, n.110, 15 de mayo de 1961)

  • La negación que algunos hacen del carácter natural del derecho de propiedad es extraña

Como ya hemos dicho, en no pocas naciones los sistemas económicos más recientes progresan con rapidez y consiguen una producción de bienes cada día más eficaz. En tal situación, la justicia y la equidad exigen que, manteniendo a salvo el bien común, se incremente también la retribución del trabajo, lo cual permitirá a los trabajadores ahorrar con mayor facilidad y formarse así un patrimonio. Resulta, por tanto, extraña la negación que algunos hacen del carácter natural del derecho de propiedad, que halla en la fecundidad del trabajo la fuente perpetua de la eficacia; constituye, además, un medio eficiente para garantizar la dignidad de la persona humana y el ejercicio libre de la propia misión en todos los campos de la actividad económica; y es, finalmente, un elemento de tranquilidad y de consolidación para la vida familiar, con el consiguiente aumento de paz y prosperidad en el Estado. (Juan XXIII, Encíclica Mater et Magistra, n.112, 15 de mayo de 1961)

  • La historia y la experiencia demuestran que los regímenes políticos que no reconocen la propiedad privada violan la libertad humana

Por otra parte, en vano se reconocería al ciudadano el derecho de actuar con libertad en el campo económico si no le fuese dada al mismo tiempo la facultad de elegir y emplear libremente las cosas indispensables para el ejercicio de dicho derecho.
Además, la historia y la experiencia demuestran que en los regímenes políticos que no reconocen a los particulares la propiedad, incluida la de los bienes de producción, se viola o suprime totalmente el ejercicio de la libertad humana en las cosas más fundamentales, lo cual demuestra con evidencia que el ejercicio de la libertad tiene su garantía y al mismo tiempo su estímulo en el derecho de propiedad. (Juan XXIII, Encíclica Mater et Magistra, n.109, 15 de mayo de 1961)

… juzga la idea de Francisco de que el Corán es un libro de paz

  • La paz no puede establecerse ni consolidarse si no se respeta fielmente el orden establecido por Dios

La paz en la tierra, suprema aspiración de toda la humanidad a través de la historia, es indudable que no puede establecerse ni consolidarse si no se respeta fielmente el orden establecido por Dios. (Juan XXIII. Encíclica Pacem in terris, n. 1, 11 de abril de 1963)

  • No habrá paz en la sociedad humana más que cuando primero exista en el interior de cada hombre

Porque la paz no puede darse en la sociedad humana si primero no se da en el interior de cada hombre, es decir, si primero no guarda cada uno en sí mismo el orden que Dios ha establecido. A este respecto pregunta San Agustín:
¿Quiere tu alma ser capaz de vencer las pasiones? Que se someta al que está arriba y vencerá al que está abajo; y se hará la paz en ti; una paz verdadera, cierta, ordenada. ¿Cuál es el orden de esta paz? Dios manda sobre el alma; el alma, sobre la carne; no hay orden mejor (Miscelanea Augustiniana…: Sancti Augustini, Sermones post Maurino reperti p.633 – Roma 1930). (Juan XXIII. Encíclica Pacem in terris, n. 165, 11 de abril de 1963)

  • Las relaciones internacionales deben ordenarse según una norma de libertad

Hay que indicar otro principio: el de que las relaciones internacionales deben ordenarse según una norma de libertad. El sentido de este principio es que ninguna nación tiene derecho a oprimir injustamente a otras o a interponerse de forma indebida en sus asuntos. (Juan XXIII. Encíclica Pacem in terris, n. 120, 11 de abril de 1963)

  • Es bien conocida la cruel persecución que durante muchos años vienen padeciendo, en numerosos países, algunos de ellos de rancia civilización cristiana

Ni la justicia ni la paz podrán existir en la tierra mientras los hombres no tengan conciencia de la dignidad que poseen como seres creados por Dios y elevados a la filiación divina; por Dios, decimos, que es la primera y última causa de toda la realidad creada. El hombre, separado de Dios, se torna inhumano para sí y para sus semejantes, porque las relaciones humanas exigen de modo absoluto la relación directa de la conciencia del hombre con Dios, fuente de toda verdad, justicia y amor.
Es bien conocida la cruel persecución que durante muchos años vienen padeciendo en numerosos países, algunos de ellos de rancia civilización cristiana, tantos hermanos e hijos nuestros, para Nos queridísimos. Esta persecución, que demuestra a los ojos de todos los hombres la superioridad moral de los perseguidos y la refinada crueldad de los perseguidores, aun cuando todavía no ha despertado en éstos el arrepentimiento, sin embargo, les ha infundido gran preocupación. (Juan XXIII. Encíclica Mater et Magistra, n. 215-216, 15 de mayo de 1961)

… juzga la idea de Francisco de que la dirección espiritual es un carisma de laicos

  • La dirección de las almas es una de las principales ocupaciones del sacerdote

El altar, queridos hijos, es el punto de atracción de los ojos y del corazón. El proclama la significación característica de nuestra vida y de ahí nacen en toda su amplitud las principales ocupaciones del sacerdote: las confesiones, dirección de las almas, la enseñanza del catecismo, el cuidado de los enfermos, el contacto diligente, prudente y paciente con los fieles de todas las edades y condiciones, en circunstancias de duda, dolor, calamidades públicas y miseria. (Juan XXIII. Discurso al clero romano, n. 1, 24 de noviembre de 1960)

… juzga la idea de familias irregulares que tiene Francisco

  • La procreación de hijos sólo es lícita dentro del sacramento del matrimonio

En esta materia hacemos una grave declaración: la vida humana se comunica y propaga por medio de la familia, la cual se funda en el matrimonio uno e indisoluble, que para los cristianos ha sido elevado a la dignidad de sacramento. Y como la vida humana se propaga a otros hombres de una manera consciente y responsable, se sigue de aquí que esta propagación debe verificarse de acuerdo con las leyes sacrosantas, inmutables e inviolables de Dios, las cuales han de ser conocidas y respetadas por todos. (Juan XXIII. Encíclica Mater et magistra, n. 193, 15 de mayo de 1961)

  • La fidelidad conyugal es deber sagrado de cada uno de los cónyuges

1. Los católicos se opongan con valentía a cualquier teoría o predicación divorcista, y, de manera especial los que ejerzan alguna autoridad pública, procuren por todos los medios proteger eficazmente el bien de la indisolubilidad.
2. La fidelidad conyugal es un derecho y un deber sagrado de cada uno de los cónyuges. (Juan XXIII. De los artículos del Título VIII, Del matrimonio, del Sínodo Romano, 28 de junio de 1960)

… juzga la idea de familia que tiene Francisco

  • La familia se funda en el matrimonio uno e indisoluble

Además tienen los hombres pleno derecho a elegir el estado de vida que prefieran, y, por consiguiente, a fundar una familia, en cuya creación el varón y la mujer tengan iguales derechos y deberes, o seguir la vocación del sacerdocio o de la vida religiosa.
Por lo que toca a la familia, la cual se funda en el matrimonio libremente contraído, uno e indisoluble, es necesario considerarla como la semilla primera y natural de la sociedad humana. De lo cual nace el deber de atenderla con suma diligencia tanto en el aspecto económico y social como en la esfera cultural y ética; todas estas medidas tienen como fin consolidar la familia y ayudarla a cumplir su misión. A los padres, sin embargo, corresponde antes que a nadie el derecho de mantener y educar a los hijos. (Juan XXIII. Encíclica Pacem in terris, n. 15-17, 11 de abril de 1963)

  • Del vínculo indisoluble nasce una familia ordenada y armónica

Finalmente, a la misma concordia a que hemos invitado a los pueblos, a sus gobernantes y a las clases sociales, invitamos también con ahínco y afecto paterno a todas las familias para que la consigan y la consoliden. Pues si no hay paz, unidad y concordia en la familia, ¿cómo se podrá obtener en la sociedad civil? Esta ordenada y armónica unidad que debe reinar siempre dentro de las paredes del hogar nace del vínculo indisoluble y de la santidad propia del matrimonio cristiano y contribuye en gran parte al orden, al progreso y al bienestar de toda la sociedad civil. (Juan XXIII. Encíclica Ad Petri, 29 de junio de 1959)


… juzga la idea de Francisco de que las sectas hacen parte de la Iglesia

  • No puede haber perfecta unión de los fieles con Cristo sino en una misma fe

Pero se advierte bien que para San León no puede haber perfecta unión de los fieles con Cristo cabeza y de los fieles entre sí, como miembros de un mismo organismo visible, si a los vínculos espirituales de las virtudes, del culto y de los sacramentos no se añade la profesión externa de la misma fe: “Gran sostén es la fe íntegra, la fe verdadera, a la cual nada puede ser añadido ni quitado por nadie, porque la fe, si no es única, no existe de hecho”. Porque a la unidad de la fe le es indispensable la unión de los maestros de la verdad divina. (Juan XXIII. Encíclica Aeterna Dei sapientia, 11 de noviembre de 1961)

  • La Iglesia Católica es única en el mundo, divina y humana a la vez

La Iglesia es una institución única en el mundo; divina y humana a la vez, con veinte siglos de existencia y, sin embargo, siempre joven, persigue incansablemente, a través de las actividades humanas, fines sobrenaturales que escapan fácilmente a observadores superficiales. (Juan XXIII. Discurso a la Asociación de la Prensa Extranjera en Italia, 24 de octubre de 1961)

… juzga los métodos educativos de la juventud que tiene Francisco

  • La esencia de la educación es la colaboración con la gracia

Es un principio de la pedagogía católica que la esencia de la educación consiste en la colaboración con la divina gracia para la formación del verdadero y perfecto cristiano. (Juan XXIII. Mensaje al VII Congreso Interamericano de Educación Católica, 10 de enero de 1960)

  • Hay que orientar el comportamiento total del joven

La catequesis intelectual será poco eficaz si no va acompañada de una educación que comprenda, junto con la inteligencia, la voluntad y el corazón del adolescente: la religión abarca al hombre entero; es el comportamiento total de su vida lo que hay que orientar en función del mensaje cristiano poniendo en práctica toda una pedagogía de la vida espiritual para que el joven adquiera conciencia de la correspondencia que existe entre las verdades que se le enseña a creer y las aspiraciones interiores que brotan de su personalidad hacia ideales de justicia, de caridad y de rectitud moral. (Juan XXIII. Mensaje al VII Congreso Interamericano de Educación Católica, 10 de enero de 1960)

… juzga las ideas pro-comunistas de Francisco pronunciadas con los Movimientos Populares

  • Dios quiere que en las relaciones sociales haya desigualdad de clases y quien lo niega, va contra las leyes de la naturaleza

Esta concorde unión entre pueblos y naciones es menester promoverla cada vez más entre las clases sociales de ciudadanos, porque si esto no se logra puede haber —como estamos viendo— mutuos odios y discordias y de aquí nacerán tumultos, perniciosas revoluciones y a veces muertes, así como también el progresivo debilitamiento de la riqueza y la crisis de la economía pública y privada. A este respecto, justamente observaba nuestro mismo predecesor [León XIII]: «(Dios) quiere que en la comunidad de las relaciones humanas haya desigualdad de clases, pero juntamente una cierta igualdad por amistosas intenciones» (Epíst. Permoti Nos; A.L., vol. XV, 1895, p. 259). En efecto, «como en el cuerpo los diversos miembros se combinan y constituyen el temperamento armónico que se llama simetría, del mismo modo la naturaleza exige que en la convivencia civil… las clases se integren mutuamente y, colaborando entre sí, lleguen a un justo equilibrio. Absolutamente la una tiene necesidad de la otra: no puede subsistir el capital sin el trabajo, ni éste sin el capital. La concordia engendra la belleza y el orden, de las cosas» (Encícl. Rerum novarum; A.L., vol. XI, 1891, p, 109). Quien se atreve, por tanto, a negar la desigualdad de las clases sociales va contra las leyes de la misma naturaleza. Pero quien es contrario a esta amigable e imprescindible cooperación entre las mismas clases tiende; sin duda, a perturbar y dividir la sociedad humana, con grave peligro y daño del bien público y privado. Como sabiamente afirmaba nuestro predecesor, de feliz memoria, Pío XII: «En un pueblo digno de este nombre, todas las desigualdades que no se derivan del arbitrio de los hombres, sino de la misma naturaleza de las cosas —hablamos de desigualdades de cultura intelectual y espiritual, de bienes materiales, de posición social, y dejando siempre a salvo la caridad y la justicia mutua—, no se oponen lo más mínimo a los vínculos de comunidad y fraternidad» (Radiomensaje de Navidad 1944; “Discorsi e radiomessaggi di S. S. Pio XII”, vol. VI, p. 239). Pueden ciertamente las clases y diversas categorías de ciudadanos tutelar los propios derechos, con tal de que esto se haga no con violencia, sino legítimamente, sin invadir injustamente los derechos ajenos, también inderogables. Todos son hermanos; así que todas las cuestiones deben arreglarse amistosamente con mutua caridad fraterna. (Juan XXIII. Encíclica Ad Petri Cathedram, 29 de junio 1959)

… juzga la idea de una Iglesia pobre para los pobres que tiene Francisco

  • Jesucristo tenía una caja para su Iglesia

Verdad es que, al recomendar esta santa pobreza, no entendemos en modo alguno, Venerables Hermanos, aprobar la miseria a la que se ven reducidos, a veces, los ministros del Señor en las ciudades o en las aldeas. En el Comentario sobre la exhortación del Señor al desprendimiento de los bienes de este mundo, San Beda el Venerable nos pone precisamente en guardia contra toda interpretación abusiva: “Mas no se crea —escribe— que esté mandado a los santos el no conservar dinero para su uso propio o para los pobres; pues se lee que el Señor mismo tenía, para formar su Iglesia, una caja… ; sino más bien que no se sirva a Dios por esto, ni se renuncie a la justicia por temor a la pobreza”. (Juan XXIII. Encíclica Sacerdotii nostri primordia, n. 1, 1 de agosto de 1959)

… juzga la visión de la Iglesia hacia los divorciados en segunda unión que tiene Francisco

  • Hagamos de todo para librar a las almas del pecado mortal

Y en verdad que el Cura de Ars no vivía sino para los pobres pecadores, como él decía, con la esperanza de verlos convertirse y llorar. Su conversión era el fin al que convergían todos sus pensamientos y la obra en la que consumía todo su tiempo y todas sus fuerzas. Y todo esto porque bien conocía él por la práctica del confesionario toda la malicia del pecado y sus ruinas espantosas en el mundo de las almas. Hablaba de ello en términos terribles: “Si tuviésemos fe y si viésemos un alma en estado de pecado mortal, nos moriríamos de terror”. (Juan XXIII. Encíclica Sacerdotii nostri primordia, 1 de agosto de 1950)

… juzga la idea de anticlericalismo que tiene Francisco

  • Cuando se trata de destruir la religión, se comienza atacando al sacerdote

No es de maravillar que sea el primer expuesto en la persecución de los enemigos de la Iglesia, porque, decía el Cura de Ars, cuando se trata de destruir la religión, se comienza atacando al sacerdote. (Juan XXIII. Encíclica Sacerdotii nostri primordia, 1 de agosto de 1959)

… juzga las palabras de Francisco en su primera aparición pública

  • Cuando se trata de destruir la religión, se comienza atacando al sacerdote

No es de maravillar que sea el primer expuesto en la persecución de los enemigos de la Iglesia, porque, decía el Cura de Ars, cuando se trata de destruir la religión, se comienza atacando al sacerdote. (Juan XXIII. Encíclica Sacerdotii nostri primordia, 1 de agosto de 1959)

  • Condena a la afirmación de que Pedro no tuvo más autoridad que los demás apóstoles

El bienaventurado apóstol Pedro no tuvo más autoridad que los demás apóstoles, y no fue cabeza de los otros apóstoles. Asimismo, Cristo no dejó cabeza alguna a la Iglesia ni hizo a nadie vicario suyo. […] Todos los sacerdotes, sea el Papa, o el arzobispo o un simple sacerdote, tienen por institución de Cristo la misma jurisdicción y autoridad […].
[Censura: Los artículos mencionados] Declaramos sentencialmente que son, como contrarios a la Sagrada Escritura y enemigos de la fe católica, heréticos o hereticales y erróneos. (Denzinger-Hünermann 942.944.946. Juan XXII, Constitución Licet iuxta doctrina, 23 de octubre de 1327)

  • Todos los obispos están sometidos al Romano Pontífice

Hay en la Iglesia católica unidad de régimen. Porque, así como los fieles cristianos están sujetos a los sacerdotes, y los sacerdotes a los Obispos, a quienes “el Espíritu Santo puso… para regir la Iglesia de Dios”, así también todos los sagrados Pastores y cada uno de ellos se hallan sometidos al Romano Pontífice, como a quien se le ha de reconocer por el sucesor de Pedro. A él, Cristo Nuestro Señor lo constituyó piedra fundamental de su Iglesia y a él sólo, peculiarmente, le concedió la potestad de atar y de desatar, sin restricción, sobre la tierra, de confirmar a sus hermanos y de apacentar el rebaño todo. (Juan XXIII. Encíclica Ad Petri Cathedram, 29 de junio del 1959)

… juzga el hecho de Francisco no haberse ofendido con la Cruz en forma de símbolo comunista

  • La oposición entre el comunismo y el cristianismo es radical

El Sumo Pontífice [Pío XI] manifiesta además que la oposición entre el comunismo y el cristianismo es radical. Y añade qué los católicos no pueden aprobar en modo alguno la doctrina del socialismo moderado. En primer lugar, porque la concepción socialista del mundo limita la vida social del hombre dentro del marco temporal, y considera, por tanto, como supremo objetivo de la sociedad civil el bienestar puramente material; y en segundo término, porque, al proponer como meta exclusiva de la organización social de la convivencia humana la producción de bienes materiales, limita extraordinariamente la libertad, olvidando la genuina noción de autoridad social. (Juan XXIII. Encíclica Mater et Magistra, n. 34, 15 de mayo del año 1961)

… juzga la idea de que los cristianos deben abajarse siempre que tiene Francisco

  • La Iglesia es Madre y Maestra de los pueblos

Madre y Maestra de pueblos, la Iglesia católica fue fundada como tal por Jesucristo para que, en el transcurso de los siglos, encontraran su salvación, con la plenitud de una vida más excelente, todos cuantos habían de entrar en el seno de aquélla y recibir su abrazo. A esta Iglesia, columna y fundamente de la verdad (1Tim 3,15), confió su divino fundador una doble misión, la de engendrar hijos para sí, y la de educarlos y dirigirlos, velando con maternal solicitud por la vida de los individuos y de los pueblos, cuya superior dignidad miró siempre la Iglesia con el máximo respeto y defendió con la mayor vigilancia. (Juan XXIII. Encíclica Mater et Magistra, n. 1, 15 de mayo de 1961)

… juzga las ideas presentes en la Laudato Sí´

  • Su doctrina social tiene por principio el hombre elevado a un orden sobrenatural

La Iglesia católica enseña y proclama una doctrina de la sociedad y de la convivencia humana que posee indudablemente una perenne eficacia. El principio capital, sin duda alguna, de esta doctrina afirma que el hombre es necesariamente fundamento, causa y fin de todas las instituciones sociales; el hombre, repetimos, en cuanto es sociable por naturaleza y ha sido elevado a un orden sobrenatural. De este trascendental principio, que afirma y defiende la sagrada dignidad de la persona, la santa Iglesia, con la colaboración de sacerdotes y seglares competentes, ha deducido, principalmente en el último siglo, una luminosa doctrina social para ordenar las mutuas relaciones humanas. (Juan XXIII. Encíclica Mater et magistra, n. 218-220, 15 de mayo de 1961)

  • La base única de los preceptos morales es Dios y no conceptos humanos divergentes entre sí

Los hombres, y principalmente las supremas autoridades de los Estados, tienen en su actuación concepciones de vida totalmente distintas. Hay, en efecto, quienes osan negar la existencia de una ley moral objetiva, absolutamente necesaria y universal y, por último, igual para todos. Por esto, al no reconocer los hombres una única ley de justicia con valor universal, no pueden llegar en nada a un acuerdo pleno y seguro. Porque, aunque el término justicia y la expresión exigencias de la justicia anden en boca de todos, sin embargo, estas palabras nos tienen en todos la misma significación; más aún, con muchísima frecuencia, la tienen contraria. […] Ahora bien, la base única de los preceptos morales es Dios. Si se niega la idea de Dios, esos preceptos necesariamente se desintegran por completo. El hombre, en efecto, no consta sólo de cuerpo, sino también de alma, dotada de inteligencia y libertad. El alma exige, por tanto, de un modo absoluto, en virtud de su propia naturaleza, una ley moral basada en la religión, la cual posee capacidad muy superior a la de cualquier otra fuerza o utilidad material para resolver los problemas de la vida individual y social, así en el interior de las naciones como en el seno de la sociedad internacional. (Juan XXIII. Encíclica Mater et magistra, n. 205-206; 208, 15 de mayo de 1961)

  • La doctrina de Cristo une el cielo y la tierra, la vida terrena y la eterna

La doctrina de Cristo une, en efecto, la tierra con el cielo, ya que considera al hombre completo, alma y cuerpo, inteligencia y voluntad, y le ordena elevar su mente desde las condiciones transitorias de esta vida terrena hasta las alturas de la vida eterna, donde un día ha de gozar de felicidad y de paz imperecederas. (Juan XXIII. Encíclica Mater et magistra, n. 1-2, 15 de mayo de 1961)

  • Grande injuria es nivelar la religión católica con las demás

Tampoco faltan los que, si bien no impugnan de propósito la verdad, adoptan, sin embargo, ante ella una actitud de negligencia y sumo descuido, como si Dios no les hubiera dado la razón para buscarla y encontrarla. Tan reprobable modo de actuar conduce, como por espontáneo proceso, a esta absurda afirmación: todas las religiones tienen igual valor, sin diferencia alguna entre lo verdadero y lo falso. “Este principio —para usar las palabras de nuestro mismo predecesor— lleva necesariamente a la ruina todas las religiones, particularmente la católica, la cual, siendo entre todas la única verdadera, no puede ser puesta al mismo nivel de las demás sin grande injuria”. Por lo demás, negar la diferencia que existe entre cosas tan contradictorias entre sí, derechamente conduce a la nefasta conclusión de no admitir ni practicar religión alguna. ¿Cómo podría Dios, que es la verdad, aprobar o tolerar la indiferencia, el descuido, la ignorancia de quienes, tratándose de cuestiones de las cuales depende nuestra eterna salvación, no se preocupan lo más mínimo de buscar y encontrar las verdades necesarias ni de rendir a Dios el culto debido solamente a Él? (Juan XXIII. Encíclica Ad Petre Cathedram, 29 de junio de 1959)

  • El mandamiento dado por Dios para dominar los bienes naturales tiene en vista satisfacer con ellos las necesidades humanas y no destruirlos

Ahora bien, como se recuerda en el Génesis, el Creador dio a la primera pareja humana dos mandamientos, que se complementan mutuamente: el primero, propagar la vida, “creced y multiplicaos” (Gen 1, 28); el segundo, dominar la naturaleza: “Llenad a la tierra y enseñoreaos de ella” (Ibíd.). El segundo de estos preceptos no se dio para destruir los bienes naturales, sino para satisfacer con ellos las necesidades de la vida humana. (Juan XXIII. Encíclica Mater et Magistra, n. 196-197, 15 de mayo de 1961)

  • Riesgo de buscar soluciones fuera del orden moral, por ejemplo, para solucionar problemas de falta de recursos para mantener la vida no se puede violar los preceptos de la procreación de la vida humana

Dios, en su bondad y sabiduría, ha otorgado a la naturaleza una capacidad casi inagotable de producción y ha enriquecido al hombre con una inteligencia tan penetrante que le permite utilizar los instrumentos idóneos para poner todos los recursos naturales al servicio de las necesidades y del provecho de su vida. Por consiguiente, la solución clara de este problema [demográfico] no ha de buscarse fuera del orden moral establecido por Dios, violando la procreación de la propia vida humana, sino que, por el contrario, debe procurar el hombre, con toda clase de procedimientos técnicos y científicos, el conocimiento profundo y el dominio creciente de las energías de la naturaleza. Los progresos hasta ahora realizados por la ciencia y por la técnica abren en este campo una esperanza casi ilimitada para el porvenir. […] En esta materia hacemos una grave declaración: la vida humana se comunica y propaga por medio de la familia, la cual se funda en el matrimonio uno e indisoluble, que para los cristianos ha sido elevado a la dignidad de sacramento. Y como la vida humana se propaga a otros hombres de una manera consciente y responsable, se sigue de aquí que esta propagación debe verificarse de acuerdo con las leyes sacrosantas, inmutables e inviolables de Dios, las cuales han de ser conocidas y respetadas por todos. Nadie, pues, puede lícitamente usar en esta materia los medidos o procedimientos que es lícito emplear en la genética de las plantas o de los animales. La vida del hombre, en efecto, ha de considerarse por todos como algo sagrado, ya que desde su mismo origen exige la acción creadora de Dios. Por tanto, quien se aparta de lo establecido por Él, no sólo ofende a la majestad divina y se degrada a sí mismo y a la humanidad entera, sino que, además, debilita las energías íntimas de su propio país. (Juan XXIII. Encíclica Mater et Magistra, n. 189; 193-194, 15 de mayo de 1961)

  • Una concepción ecológica que respeta el orden establecido por Dios en la naturaleza hace con que el hombre vea su intrínseca dignidad, superior a todas las demás criaturas, en virtud de la cual pone a su servicio los recursos naturales, como quien recibe un don de Dios

La paz en la tierra, suprema aspiración de toda la humanidad a través de la historia, es indudable que no puede establecerse ni consolidarse si no se respeta fielmente el orden establecido por Dios. El progreso científico y los adelantos técnicos enseñan claramente que en los seres vivos y en las fuerzas de la naturaleza impera un orden maravilloso y que, al mismo tiempo, el hombre posee una intrínseca dignidad, por virtud de la cual puede descubrir ese orden y forjar los instrumentos adecuados para adueñarse de esas mismas fuerzas y ponerlas a su servicio. Pero el progreso científico y los adelantos técnicos lo primero que demuestran es la grandeza infinita de Dios, creador del universo y del propio hombre. Dios hizo de la nada el universo, y en él derramó los tesoros de su sabiduría y de su bondad, por lo cual el salmista alaba a Dios en un pasaje con estas palabras: “¡Oh Yahvé, Señor nuestro, cuán admirable es tu nombre en toda la tierra! (Sal 8,1). Y en otro texto dice: “¡Cuántas son tus obras, oh Señor, cuán sabiamente ordenadas!”(Sal 104 (v. 103), 24). De igual manera, Dios creó al hombre a su imagen y semejanza, dotándole de inteligencia y libertad, y le constituyó señor del universo, como el mismo salmista declara con esta sentencia: “Has hecho al hombre poco menor que los ángeles, 1e has coronado de gloria y de honor. Le diste el señorío sobre las obras de tus manos. Todo lo has puesto debajo de sus pies(Sal 8,5-6). (Juan XXIII. Encíclica Pacem in Terris, n. 1-3, 11 de abril de 1963)

  • Sólo la ley moral basada en la religión posee capacidad para resolver los problemas de la vida individual y social, tanto en el interior de las naciones como en el seno de la sociedad internacional

De aquí procede claramente el hecho de que los pueblos utilicen en gran escala las energías humanas y los recursos naturales en detrimento más bien que en beneficio de la humanidad y de que, además, se cree en los individuos y en las naciones un sentimiento profundo de angustia que retrasa el debido ritmo de las empresas de mayor importancia. La causa de esta situación parece provenir de que los hombres, y principalmente las supremas autoridades de los Estados, tienen en su actuación concepciones de vida totalmente distintas. Hay, en efecto, quienes osan negar la existencia de una ley moral objetiva, absolutamente necesaria y universal y, por último, igual para todos. Por esto, al no reconocer los hombres una única ley de justicia con valor universal, no pueden llegar en nada a un acuerdo pleno y seguro. […] Para que la confianza recíproca entre los supremos gobernantes de las naciones subsista y se afiance más en ellos, es imprescindible que ante todo reconozcan y mantengan unos y otros las leyes de la verdad y de la justicia. Ahora bien, la base única de los preceptos morales es Dios. Si se niega la idea de Dios, esos preceptos necesariamente se desintegran por completo. El hombre, en efecto, no consta sólo de cuerpo, sino también de alma, dotada de inteligencia y libertad. El alma exige, por tanto, de un modo absoluto, en virtud de su propia naturaleza, una ley moral basada en la religión, la cual posee capacidad muy superior a la de cualquier otra fuerza o utilidad material para resolver los problemas de la vida individual y social, así en el interior de las naciones como en el seno de la sociedad internacional. (Juan XXIII. Encíclica Mater et Magistra, n. 204-205; 207-208, 15 de mayo de 1961)

  • El desorden que existe en las sociedades humanas, en contraste con el orden del universo, es consecuencia de una crisis moral, del abandono de los preceptos de la ley eterna escrita en lo más íntimo de los corazones

Resulta, sin embargo, sorprendente el contraste que con este orden maravilloso del universo ofrece el desorden que reina entre los individuos y entre los pueblos. Parece como si las relaciones que entre ellos existen no pudieran regirse más que por 1a fuerza. Sin embargo, en lo más íntimo del ser humano, el Creador ha impreso un orden que la conciencia humana descubre y manda observar estrictamente. “Los hombres muestran que los preceptos de la ley están escritos en sus corazones, siendo testigo su conciencia” (Rom 2, 15). Por otra parte, ¿cómo podría ser de otro modo? Todas las obras de Dios son, en efecto, reflejo de su infinita sabiduría, y reflejo tanto más luminoso cuanto mayor es el grado absoluto de perfección de que gozan. Pero una opinión equivocada induce con frecuencia a muchos al error de pensar que las relaciones de los individuos con sus respectivas comunidades políticas pueden regularse por las mismas leyes que rigen las fuerzas y los elementos irracionales del universo, siendo así que tales leyes son de otro género y hay que buscarlas solamente allí donde las ha grabado el Creador de todo, esto es, en la naturaleza del hombre. (Juan XXIII. Encíclica Pacem in Terris, n. 4-6, 11 de abril de 1963)

  • La sociedad tiene que ser una realidad de orden principalmente espiritual ―y no naturalista―, cuyos valores morales deben impregnar el relacionamiento entre los hombres en todos sus elementos

La sociedad humana, venerables hermanos y queridos hijos, tiene que ser considerada, ante todo, como una realidad de orden principalmente espiritual: que impulse a los hombres, iluminados por la verdad, a comunicarse entre sí los más diversos conocimientos; a defender sus derechos y cumplir sus deberes; a desear los bienes del espíritu; a disfrutar en común del justo placer de la belleza en todas sus manifestaciones; a sentirse inclinados continuamente a compartir con los demás lo mejor de sí mismos; a asimilar con afán, en provecho propio, los bienes espirituales del prójimo. Todos estos valores informan y, al mismo tiempo, dirigen las manifestaciones de la cultura, de la economía, de la convivencia social, del progreso y del orden político, del ordenamiento jurídico y, finalmente, de cuantos elementos constituyen la expresión externa de la comunidad humana en su incesante desarrollo. El orden vigente en la sociedad es todo él de naturaleza espiritual. Porque se funda en la verdad, debe practicarse según los preceptos de la justicia, exige ser vivificado y completado por el amor mutuo, y, por último, respetando íntegramente la libertad, ha de ajustarse a una igualdad cada día más humana. Sin embargo, este orden espiritual, cuyos principios son universales, absolutos e inmutables, tiene su origen único en un Dios verdadero, personal y que trasciende a la naturaleza humana. Dios, en efecto, por ser la primera verdad y el sumo bien, es la fuente más profunda de la cual puede extraer su vida verdadera una convivencia humana rectamente constituida, provechosa y adecuada a la dignidad del hombre. A esto se refiere el pasaje de Santo Tomás de Aquino: El que la razón humana sea norma de la humana voluntad, por la que se mida su bondad, es una derivación de la ley eterna, la cual se identifica con la razón divina… Es, por consiguiente, claro que la bondad de la voluntad humana depende mucho más de la ley eterna que de la razón humana. (Juan XXIII. Encíclica Pacem in Terris, n. 36-38, 11 de abril de 1963)

  • El hombre tiene que ajustar sus actividades personales al orden moral, obedeciendo a los designios providenciales de Dios relativos a la eterna salvación, conjugando plenamente las realidades científicas, técnicas y profesionales con los bienes superiores del espíritu

Todas estas cualidades deben ser consideradas insuficientes por completo para dar a las relaciones de la vida diaria un sentido más humano, ya que este sentido requiere necesariamente como fundamento la verdad; como medida, la justicia; como fuerza impulsora, la caridad, y como hábito normal, la libertad. Para que los hombres puedan practicar realmente estos principios han de esforzarse, lo primero, por observar, en el desempeño de sus actividades temporales, las leyes propias de cada una y los métodos que responden a su específica naturaleza; lo segundo, han de ajustar sus actividades personales al orden moral y, por consiguiente, han de proceder como quien ejerce un derecho o cumple una obligación. Más aún: la razón exige que los hombres, obedeciendo a los designios providenciales de Dios relativos a nuestra salvación y teniendo muy en cuenta los dictados de la propia conciencia, se consagren a la acción temporal, conjugando plenamente las realidades científicas, técnicas y profesionales con los bienes superiores del espíritu. (Juan XXIII. Encíclica Pacem in Terris, n. 149-150, 11 de abril de 1963)

  • La crisis del planeta es consecuencia del abandono de la ley moral, de la falta de coherencia entre la fe y la conducta de los que se dicen cristianos

Es también un hecho evidente que, en las naciones de antigua tradición cristiana, las instituciones civiles florecen hoy con un indudable progreso científico y poseen en abundancia los instrumentos precisos para llevar a cabo cualquier empresa; pero con frecuencia se observa en ellas un debilitamiento del estímulo y de la inspiración cristiana. Hay quien pregunta, con razón, cómo puede haberse producido este hecho. Porque a la institución de esas leyes contribuyeron no poco, y siguen contribuyendo aún, personas que profesan la fe cristiana y que, al menos en parte, ajustan realmente su vida a las normas evangélicas. La causa de este fenómeno creemos que radica en la incoherencia entre su fe y su conducta. Es, por consiguiente, necesario que se restablezca en ellos la unidad del pensamiento y de la voluntad, de tal forma que su acción quede animada al mismo tiempo por la luz de la fe y el impulso de la caridad. La inconsecuencia que demasiadas veces ofrecen los cristianos entre su fe y su conducta, juzgamos que nace también de su insuficiente formación en la moral y en la doctrina cristiana. Porque sucede con demasiada frecuencia en muchas partes que los fieles no dedican igual intensidad a la instrucción religiosa y a la instrucción profana; mientras en ésta llegan a alcanzar los grados superiores, en aquélla no pasan ordinariamente del grado elemental. Es, por tanto, del todo indispensable que la formación de la juventud sea integral, continua y pedagógicamente adecuada, para que la cultura religiosa y la formación del sentido moral vayan a la par con el conocimiento científico y con el incesante progreso de la técnica. (Juan XXIII. Encíclica Pacem in Terris, n. 151-153, 11 de abril de 1963)

  • Los católicos, en sus relaciones con los no católicos, deben ser siempre consecuentes consigo mismos y no aceptar jamás compromisos que puedan dañar la integridad de la religión o de la moral

Los principios hasta aquí expuestos brotan de la misma naturaleza de las cosas o proceden casi siempre de la esfera de los derechos naturales. Por ello sucede con bastante frecuencia que los católicos, en la aplicación práctica de estos principios, colaboran de múltiples maneras con los cristianos separados de esta Sede Apostólica o con otros hombres que, aun careciendo por completo de la fe cristiana, obedecen, sin embargo, a la razón y poseen un recto sentido de la moral natural. En tales ocasiones procuren los católicos ante todo ser siempre consecuentes consigo mismos y no aceptar jamás compromisos que puedan dañar la integridad de la religión o de la moral. Deben, sin embargo, al mismo tiempo, mostrarse animados de espíritu de comprensión para las opiniones ajenas, plenamente desinteresados y dispuestos a colaborar lealmente en la realización de aquellas obras que sean por naturaleza buenas o al menos puedan conducir al bien […] En efecto, si los católicos, por motivos puramente externos, establecen relaciones con quienes o no creen en Cristo o creen en El de forma equivocada, porque viven en el error, pueden ofrecerles una ocasión o un estímulo para alcanzarla verdad. En segundo lugar, es también completamente necesario distinguir entre las teorías filosóficas falsas sobre la naturaleza, el origen, el fin del mundo y del hombre y las corrientes de carácter económico y social, cultural o político, aunque tales corrientes tengan su origen e impulso en tales teorías filosóficas. Porque una doctrina, cuando ha sido elaborada y definida, ya no cambia. Por el contrario, las corrientes referidas, al desenvolverse en medio de condiciones mudables, se hallan sujetas por fuerza a una continua mudanza. (Juan XXIII. Encíclica Pacem in Terris, n. 157-159, 11 de abril de 1963)

  • La esperanza para nuestra época es colaborar con la difusión de la doctrina de la Iglesia Católica, cuya luz ilumina, enciende, inflama; cuya voz amonestadora sirve para todos los tiempos; cuya virtud ofrece siempre remedios tan eficaces como adecuados para las necesidades de la humanidad y las preocupaciones y ansiedades de la vida presente

Aunque hay que reconocer que nuestro siglo padece gravísimos errores y está agitado por profundos desórdenes, sin embargo, es una época la nuestra en la cual se abren inmensos horizontes de apostolado para los operarios de la Iglesia, despertando gran esperanza en nuestros espíritus. Venerables hermanos y queridos hijos hemos deducido una serie de principios y de normas a cuya intensa meditación y realización, en la medida posible a cada uno, os exhortamos insistentemente. Porque, si todos y cada uno de vosotros prestáis con ánimo decidido esta colaboración, se habrá dado necesariamente un gran paso en el establecimiento del reino de Cristo en la tierra, el cual “es reino de verdad y de vida, reino de santidad y de gracia, reino de justicia, de amor y de paz” (Prefacio de la festividad de Cristo Rey); reino del cual partiremos algún día hacia la felicidad eterna, para la que hemos sido creados por Dios y a la cual deseamos ardientemente llegar. Se trata, en efecto, de la doctrina de la Iglesia católica y apostólica, madre y maestra de todos los pueblos, cuya luz ilumina, enciende, inflama; cuya voz amonestadora, por estar llena de eterna sabiduría, sirve para todos los tiempos; cuya virtud ofrece siempre remedios tan eficaces como adecuados para las crecientes necesidades de la humanidad y para las preocupaciones y ansiedades de la vida presente. (Juan XXIII. Encíclica Mater et Magistra, n. 260-262, 15 de mayo de 1961)

  • Ni la justicia ni la paz podrán existir en la tierra mientras los hombres no tengan conciencia de la dignidad que poseen como seres creados por Dios y elevados a la filiación divina: el hombre, separado de Dios, se torna inhumano para sí y para sus semejantes

Porque la teoría más falsa de nuestros días es la que afirma que el sentido religioso, que la naturaleza ha infundido en los hombres, ha de ser considerado como pura ficción o mera imaginación, la cual debe, por tanto, arrancarse totalmente de los espíritus por ser contraria en absoluto al carácter de nuestra época y al progreso de la civilización. Lejos de ser así, esa íntima inclinación humana hacia la religión resulta prueba convincente de que el hombre ha sido, en realidad, creado por Dios y tiende irrevocablemente hacia Él, como leemos en San Agustín: “Nos hiciste, Señor, para ti, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti” (Confesiones. I, 1). Por lo cual, por grande que llegue a ser el progreso técnico y económico, ni la justicia ni la paz podrán existir en la tierra mientras los hombres no tengan conciencia de la dignidad que poseen como seres creados por Dios y elevados a la filiación divina; por Dios, decimos, que es la primera y última causa de toda la realidad creada. El hombre, separado de Dios, se torna inhumano para sí y para sus semejantes, porque las relaciones humanas exigen de modo absoluto la relación directa de la conciencia del hombre con Dios, fuente de toda verdad, justicia y amor. (Juan XXIII. Encíclica Mater et Magistra, n. 214-215, 15 de mayo de 1961)

  • Hay que valorar el progreso de acuerdo con su genuina naturaleza: bienes instrumentales puestos al servicio del hombre, para que éste alcance su fin supremo, que es facilitar su perfeccionamiento personal, en el orden natural y en el sobrenatural

Por este motivo, nuestra preocupación de Pastor universal de todas las almas nos obliga a exhortar insistentemente a nuestros hijos para que en el ejercicio de sus actividades y en el logro de sus fines no permitan que se paralice en ellos el sentido de la responsabilidad u olviden el orden de los bienes supremos. Es bien sabido que la Iglesia ha enseñado siempre, y sigue enseñando, que los progresos científicos y técnicos y el consiguiente bienestar material que de ellos se sigue son bienes reales y deben considerase como prueba evidente del progreso de la civilización humana. Pero la Iglesia enseña igualmente que hay que valorar ese progreso de acuerdo con su genuina naturaleza, esto es, como bienes instrumentales puestos al servicio del hombre, para que éste alcance con mayor facilidad su fin supremo, el cual no es otro que facilitar su perfeccionamiento personal, así en el orden natural como en el sobrenatural. Deseamos, por ello, ardientemente que resuene como perenne advertencia en los oídos de nuestros hijos el aviso del divino Maestro: “¿Qué aprovecha al hombre ganar todo el mundo si pierde su alma? ¿O qué podrá dar el hombre a cambio de su alma?” (Mt 16,26). (Juan XXIII. Encíclica Mater et Magistra, n. 245-247, 15 de mayo de 1961)

… juzga la idea de una “Iglesia horizontal” que tiene Francisco

  • Pedro está por encima de todos los que gobiernan el Cuerpo Místico

Sobre esta verdad, que es fundamental para la unidad católica, la del vínculo divino, indisoluble entre el poder de Pedro y el de los Apóstoles, San León cree oportuno insistir: “Se extiende ciertamente también a los demás Apóstoles este poder de atar y desatar (Mat. 16, 19), y fue transmitido a todos los cabezas de la Iglesia; pero no en vano se recomienda a una sóla persona lo que debe ser comunicado a los demás. Pues este poder se le confía a Pedro singularmente, justamente, porque la figura de Pedro está por encima de todos los que gobiernan la Iglesia” (Serm. 4, 2, de natali ipsius). (Juan XXIII. Encíclica Aeterna Dei sapientia, 11 de noviembre de 1961)

  • En la Iglesia hay unidad de régimen

Como está a la vista de todos, hay en la Iglesia católica unidad de régimen. Porque, así como los fieles cristianos están sujetos a los sacerdotes, y los sacerdotes a los Obispos, a quienes “el Espíritu Santo puso… para regir la Iglesia de Dios”, así también todos los sagrados Pastores y cada uno de ellos se hallan sometidos al Romano Pontífice, como a quien se le ha de reconocer por el sucesor de Pedro. A él, Cristo Nuestro Señor lo constituyó piedra fundamental de su Iglesia, y a él sólo, peculiarmente, le concedió la potestad de atar y de desatar, sin restricción, sobre la tierra, de confirmar a sus hermanos y de apacentar el rebaño todo. (Juan XXIII. Encíclica Ad Petri Cathedram, 29 de junio de 1959)

… juzga la idea sobre ofrecer rosarios que tiene Francisco

  • El sacerdote necesita darse de lleno a la oración

Tal vez por haber descuidado algunas de estas prescripciones [fidelidad a la oración], algunos miembros del clero poco a poco se han visto víctimas de la inestabilidad exterior, del empobrecimiento interior y expuestos un día, sin defensa, a las tentaciones de la vida. […] Con San Pío X “tenemos, pues, que estar persuadidos de que el sacerdote, para poder estar a la altura de su dignidad y de su deber, necesita darse de lleno a la oración… Mucho más que nadie, debe obedecer al precepto de Cristo: Es preciso orar siempre, precepto del que San Pablo se hace eco con tanta insistencia: Perseverar en la oración, velando en ella con acción de gracias. Orad sin cesar” (Exhortación Haerent animo: Acta Pii X, 4, 248-249). Y de buen grado, como para concluir este punto, hacemos Nuestra la consigna que Nuestro inmediato Predecesor Pío XII, ya en el alba de su Pontificado, daba a los sacerdotes: “¡Orad, orad más y más, orad con mayor insistencia!” (Discurso, 24 de junio 1939). (Juan XXIII. Encíclica Sacerdotii nostri primordia, n. 27, 1 de agosto de 1980)

… juzga la idea de la fe como revolución que tiene Francisco

  • La formación de los jóvenes requiere piedad para combatir la indisciplina

Aconsejamos también a los jóvenes a contemplar atentamente a este ínclito Santo [San Gabriel de la Dolorosa], pues él, en el breve tiempo que vivió sobre la tierra, experimentó y venció sus mismas dificultades. Esta exhortación es tanto más oportuna dado que los jóvenes son por naturaleza enemigos de la disciplina, amantes del placer y olvidadizos de las cosas de otra vida (Col 3, 1), y demasiado ansiosos de lo material. Aunque San Gabriel en su vida en el siglo no fue ajeno a las diversiones, sin embargo, éstas no le apartaron nunca de Dios. Por su ejemplo, nuestros queridísimos jóvenes aprenderán a “servir al Señor con alegría” (cf. Sal 99, 1), a la vez que a ordenar los afectos del corazón y los actos de la vida según las normas de la modestia y de la templanza. Que él sea para ellos, de una manera especial, maestro de integridad de costumbres, hoy cuando tantos peligros amenazan la virtud de la castidad y en todas partes surgen incentivos para el mal, por medio de los modernos adelantos técnicos. Por tanto, para salir victoriosos en la lucha por la castidad, honren con viva piedad a la Virgen María Inmaculada y confíen en su protección, como solía hacer San Gabriel. (Juan XXIII, Carta al General de los Pasionistas en el centenario de San Gabriel de la Dolorosa, 27 de febrero de 1962)

… juga la idea de igualdad como fuente de justicia y felicidad que tiene Francisco

  • Cuando hay concordia entre las clases, hay un justo equilibrio

Esta concorde unión entre pueblos y naciones es menester promoverla cada vez más entre las clases sociales de ciudadanos, porque si esto no se logra puede haber —como estamos viendo— mutuos odios y discordias y de aquí nacerán tumultos, perniciosas revoluciones y a veces muertes, así como también el progresivo debilitamiento de la riqueza y la crisis de la economía pública y privada. A este respecto, justamente observaba nuestro mismo predecesor: “[Dios] quiere que en la comunidad de las relaciones humanas haya desigualdad de clases, pero juntamente una cierta igualdad por amistosas intenciones” (Epístola Encíclica Permoti Nos). En efecto, “como en el cuerpo los diversos miembros se combinan y constituyen el temperamento armónico que se llama simetría, del mismo modo la naturaleza exige que en la convivencia civil… las clases se integren mutuamente y, colaborando entre sí, lleguen a un justo equilibrio. Absolutamente la una tiene necesidad de la otra: no puede subsistir el capital sin el trabajo, ni éste sin el capital. La concordia engendra la belleza y el orden de las cosas” (Encíclica Rerum novarum). Quien se atreve, por tanto, a negar la desigualdad de las clases sociales va contra las leyes de la misma naturaleza. Pero quien es contrario a esta amigable e imprescindible cooperación entre las mismas clases tiende, sin duda, a perturbar y dividir la sociedad humana, con grave peligro y daño del bien público y privado. (Juan XXIII. Encíclica Ad Petre cathedram, 29 de junio de 1959)

  • Independiente de la clase social todos deben vivir según la fraternidad cristiana

Por último, trabajadores y empresarios deben regular sus relaciones mutuas inspirándose en los principios de solidaridad humana y cristiana fraternidad, ya qué tanto la libre competencia ilimitada que el liberalismo propugna como la lucha de clases que el marxismo predica son totalmente contrarias a la naturaleza humana y a la concepción cristiana de la vida. (San Juan XXIII. Encíclica Mater et Magistra, n. 23, 15 de mayo de 1961)

  • Cuidado con las ideologías que siembran discordia entre las clases sociales

Queridos hijos e hijas. Es aquí, en este esplendor que proviene del celestial modelo, donde hay que ver cuál ha de ser la actitud y la disposición para ejecutar y entregarse al trabajo, peso y honor de la vida de cada hombre. Erradas ideologías, exaltando por un lado la libertad desenfrenada y por otro la supresión de la personalidad, procuran despojar de su grandeza al trabajador reduciéndolo a un instrumento de lucha o abandonándolo a sí mismo; se procura sembrar la lucha y la discordia, contraponiendo a las diversas clases sociales; se intenta, por último, separar a las masas trabajadoras de aquél Dios que es el único protector y defensor de los humildes y de quien recibimos la vida, el movimiento y la existencia, como si la condición de los trabajadores haya de eximirles del deber de conocerle, de honrarle y servirle. […] Queridos hijos e hijas, mirad confiadamente de frente, sobre los caminos que se abren a vuestro paso. La Iglesia cuenta con vosotros para difundir desde el campo del trabajo la doctrina y la paz de Cristo. Sea siempre el trabajo para vosotros una noble misión de la que solo Dios pueda ser el inspirador y premio. Reine en las relaciones recíprocas de la vida social la verdadera caridad, el respeto mutuo, y deseo de colaboración, un clima familiar y fraterno según las luminosas enseñanzas de la Epístola de San Pablo leídas en la misa de hoy: “Cualquier cosa que hagáis o digáis hacedlo todo en nombre de Nuestro Señor Jesucristo dando por Él gracias a Dios Padre. Que todo lo que hagáis sea hecho de corazón, como para el Señor y no para los hombres, sabiendo que del Señor obtendréis la merced de la herencia. Servid a Cristo Señor”. (Juan XXIII. Radiomensaje a los trabajadores en la festividad de San José Obrero, 1 de mayo de 1960)

… juzga la interpretación del milagro de la multiplicación de los panes y peces que tiene Francisco

  • Cristo manifestó su poder providente al alimentar las muchedumbres con el pan

Pero gracias a la multiplicación de este indispensable alimento material Cristo ha querido, dos veces en su vida mortal, manifestar su poder a las muchedumbres que le seguían. Y si se sirvió del milagro para luego encaminar los espíritus hacia las realidades espirituales, no por eso ha dejado de saciar primero los cuerpos hambrientos. (Juan XXIII. Discurso a los participantes de la X Conferencia Internacional de la FAO, 3 de mayo de 1960)

… juzga la idea de Comunismo que tiene Francisco

  • La oposición entre comunismo y cristianismo es radical. Los católicos no pueden de forma alguna aprobar el socialismo moderado

El Sumo Pontífice [Pío XI] manifiesta además que la oposición entre el comunismo y el cristianismo es radical. Y añade qué los católicos no pueden aprobar en modo alguno la doctrina del socialismo moderado. En primer lugar, porque la concepción socialista del mundo limita la vida social del hombre dentro del marco temporal, y considera, por tanto, como supremo objetivo de la sociedad civil el bienestar puramente material; y en segundo término, porque, al proponer como meta exclusiva de la organización social de la convivencia humana la producción de bienes materiales, limita extraordinariamente la libertad, olvidando la genuina noción de autoridad social. (Juan XXIII. Encíclica Mater et Magistra, n. 34, 15 de mayo de 1961)

… juzga la idea de origen de los Salmos que tiene Francisco

  • Páginas que respiran una atmósfera de catolicidad

Gran alegría es para todo sacerdote sentirse, recitando el oficio divino dulcemente elevado por esta atmósfera de catolicidad, de universalidad que respiran sus páginas, donde todo brilla y todo canta. Pues con los Salmos —que son un verdadero placer, un sabio consejo y un suave descanso del espíritu— se mezclan pasajes de otros libros del Antiguo Testamento, y, también, la fértil doctrina de los cuatro evangelios, la incomparable sublimidad de las cartas paulinas y de otros escritos del Nuevo Testamento. Todo esto está contenido en el Breviario, fuente inexhausta e inagotable de luz y de gracia. (Juan XXIII. Exhortación Apostólica Sacrae Laudis, 6 de enero de 1962)

… juzga la idea de “cultura del encuentro” que tiene Francisco

  • La catequesis consiste en transmitir el patrimonio de la Iglesia a los demás

La glorificación de hoy [Canonización de Maria Bertila Boscardin] presupone asimismo el estudio del catecismo, que infunde en el alma inocente el amor a la verdadera sabiduría, y lo guarda para las conquistas de la madurez.
Como recordamos a una peregrinación reciente de Bérgamo, “la enseñanza del catecismo es semilla cotidiana en cada parroquia, familia y escuela, que permite a los inocentes afianzarse en el espíritu y la gracia de Cristo, y tiene en honor el patrimonio, que es verdadera y pura esencia del cristianismo perfecto.” (Juan XXIII. Homilía de canonización de Maria Bertila Boscardin, 11 de mayo 1961) 

… juzga la idea de vender las iglesias para dar a los pobres que tiene Francisco

  • El espíritu sobrenatural: punto de distinción de las obras de caridad de la Iglesia

Lo que asegura a vuestras obras de caridad su verdadero valor, que da tanta gloria a Dios y merece sus predilecciones en la tierra y en el cielo, es el espíritu sobrenatural. Aquí está el punto de distinción de todas las otras instituciones asistenciales o filantrópicas, a las que Nos agrada rendir un homenaje de respeto y de felicitación. Pues Nos complace pensar que también el alma de estas instituciones aspira a ponerse en perfecto acuerdo con la doctrina del Pater Noster y de las Bienaventuranzas.
Pero, mientras para las instituciones puramente civiles la asistencia es el fin que alcanzar, para las cristianas es un medio, muy valioso, por cierto, pero sólo un medio para cumplir el doble precepto de la caridad: “Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente… Amarás al prójimo como a ti mismo” (Mt 22, 37, 39). Por la caridad el cristiano se acerca más a Dios y santifica intensamente la propia alma.
Al comentar el Evangelio de las bodas de Caná, con ocasión de la Estación en Santo Espíritu en Sassia, el primer Domingo después de la Octava de Epifanía de 1208, nuestro antiguo y glorioso predecesor, Inocencio III, empleando amablemente la forma alegórica, subraya: “Por cierto, si la obra de misericordia no va acompañada del sentimiento de caridad, socorre, es verdad, a aquel que la recibe, pero no aprovecha al que la practica. Y por esto sólo es agua y no vino, porque, como dice el Apóstol, “aunque repartiere mi hacienda a los pobres, si no tengo caridad, nada me aprovecha” (1 Co 13, 3). Al contrario, si la misericordia procede de la caridad, entonces el agua se convierte en vino, porque la acción de la caridad transforma en calor lo que antes era frío; vuelve sabroso lo que antes era insípido, y luminoso lo que antes era oscuro; así el agua se convierte moralmente en vino; y una cosa buena por naturaleza, se hace mejor, hasta el punto de merecer el premio eterno.”(Juan XXIII. Discurso a los delegados de las obras de misericordia de Roma, 21 de febrero de 1960)

… juzga la idea de paternidad responsable que tiene Francisco

  • No se puede ir contra los planes de Dios

Esta propagación [de la vida] debe verificarse de acuerdo con las leyes sacrosantas, inmutables e inviolables de Dios, las cuales han de ser conocidas y respetadas por todos. Nadie, pues, puede lícitamente usar en esta materia los medidos o procedimientos que es lícito emplear en la genética de las plantas o de los animales.
La vida del hombre, en efecto, ha de considerarse por todos como algo sagrado, ya que desde su mismo origen exige la acción creadora de Dios. Por tanto, quien se aparta de lo establecido por Él, no sólo ofende a la majestad divina y se degrada a sí mismo y a la humanidad entera, sino que, además, debilita las energías íntimas de su propio país. (Juan XXIII. Encíclica Mater et magistra, n.193-195; 199, 15 de mayo de 1961)

 … juzga la idea de felicidad que tiene Francisco

  • El que quiera la verdadera alegría, huya del pecado

El que quiera merecer las complacencias del Señor Jesús y de su Madre, que camine rectamente por el camino del bien sin vacilaciones ni componendas; que huya del pecado, origen de toda desgracia y desequilibrio, incluso material, y obre el bien, es decir, practique la caridad, las obras de misericordia, la justicia, la honradez, y todo esto a la luz esplendorosa de la Eucaristía, que debe penetrar suavemente las mentes y voluntades. Sólo así el hombre tiene la verdadera alegría interior, la verdadera paz. (Juan XXIII. Radiomensaje a la ciudad de Turín, 27 de marzo de 1960)

  • La santidad es fuente de alegría

Esto es todo: saber santificarse y sacrificarse con Cristo y por amor a Cristo. Todos los siglos proporcionan brotes de santidad, que son la única fuente de verdadera alegría. (Juan XXIII. Homilía en la beatificación del Padre Inocencio Berzo, 12 de noviembre de 1961)

… juzga la idea de ascetismo, silencio y penitencia que tiene Francisco

  • Peligra gravemente la salvación eterna del que no busca la mortificación

Muchos, por desgracia, en vez de la mortificación y de la negación de sí mismos, impuestas por Jesucristo a todos sus seguidores con las palabras: “Si alguno quiere venir en pos de Mí, niéguese a sí mismo, tome todos los días su cruz y sígame” (Lc 9, 23), buscan más bien los placeres desenfrenados de la tierra y desvían y debilitan las energías más nobles del espíritu. Contra este modo de vivir desarreglado, que desencadena a menudo las más bajas pasiones y lleva a grave peligro de la salvación eterna es preciso que los cristianos reaccionen con la fortaleza de los mártires y de los santos que han ilustrado siempre la Iglesia Católica. (Juan XXIII. Encíclica Paenitentiam Agere, n. 21, 1 de julio de 1962) 

  • El Evangelio exige de los cristianos intensa mortificación de las pasiones

No es ajeno a este propósito recordar aquí a todos, tanto a los poderosos como a los humildes, que es absolutamente inseparable del sentido que la sabiduría cristiana tiene de la vida la voluntad de vivir sobriamente y de soportar, con la gracia de Dios, el sacrificio. Mas, por desgracia, hoy se ha apoderado de muchos un afán inmoderado de placeres. No son pocos, en efecto, los hombres para quienes el supremo objeto de la vida en anhelar los deleites y saciar la sed de sus pasiones, con grave daño indudablemente del espíritu y también del cuerpo. Ahora bien, quien considere esta cuestión, aun en el plano meramente natural del hombre, ha de confesar que es medida sabia y prudente usar de reflexión y templanza en todas las cosas y refrenar las pasiones. Quien, por su parte, considera dicha cuestión desde el punto de vista sobrenatural, sabe que el Evangelio, la Iglesia católica y toda la tradición ascética exigen de los cristianos intensa mortificación de las pasiones y paciencia singular frente a las adversidades de la vida. (Juan XXIII. Encíclica Mater et Magistra, n. 234 y 235, 15 de mayo de 1961) 

… juzga la idea de Curia Romana que tiene Francisco

  • Trabajo asiduo, prudente y fiel

Ya que hemos hecho mención de los motivos de alegría, no podemos por menos deexpresaros el consuelo que hemos experimentado durante la visita, realizada estos últimos días, a la sede de cada uno de los dicasterios de la Curia Romana. Gratísima nos ha sido, efectivamente, la visión directa y completa de la preciosa colaboración que se nos da por un numeroso conjunto de eclesiásticos especializados, a los que se agregan algunos seglares; para el despacho de los negocios concernientes al Gobierno de la Iglesia. Este testimonio de estima y de benevolencia de nuestra parte creemos que es el premio merecido de un trabajo asiduo, prudente y fiel, que desde hace tiempo conocemos por experiencia. (Juan XXIII. Discurso en el consistorio secreto para la creación de nuevos cardenales, 8 de enero de 1960)

  • Necesaria y atenta ponderación

¿Quién no conoce la necesaria y atenta ponderación con que la Curia Romana suele examinar los problemas grandes y pequeños que se le presentan? (Juan XXIII. Discurso a los peregrinos venecianos, 8 de mayo de 1962)

… juzga la idea de Papa que tiene Francisco

  • Poder de atar y desatar sin restricción

Y además, como está a la vista de todos, hay en la Iglesia católica unidad de régimen. Porque, así como los fieles cristianos están sujetos a los sacerdotes, y los sacerdotes a los Obispos, a quienes “el Espíritu Santo puso… para regir la Iglesia de Dios”, así tambiéntodos los sagrados Pastores y cada uno de ellos se hallan sometidos al Romano Pontífice, como a quien se le ha de reconocer por el sucesor de Pedro. A él, Cristo Nuestro Señor lo constituyó piedra fundamental de su Iglesia y a él sólo, peculiarmente, le concedió la potestad de atar y de desatar, sin restricción, sobre la tierra, de confirmar a sus hermanos y de apacentar el rebaño todo. (Juan XXIII. Encíclica Ad Petri Cathedram, 29 de junio del 1959)

… juzga la idea de libertad religiosa que tiene Francisco

  • O se está con Cristo y su Iglesia, o bien sin Él y deliberadamente contra su Iglesia

El gran problema planteado al mundo, desde hace casi dos mil años, subsiste inmutable. Cristo, radiante siempre en el centro de la historia y de la vida; los hombres, o están con Él y con su Iglesia, y en tal caso gozan de la luz, de la bondad, del orden y de la paz, o bien están sin Él o contra Él, y deliberadamente contra su Iglesia: se tornan motivos de confusión, causando asperezas en las relaciones humanas, y persistentes peligros de guerras fratricidas. (San Juan XXIII, Discurso Apertura del Concilio Vaticano II, 11 de octubre 1962) 

  • La paz y la concordia brotan de la verdad evangélica

De la consecución de esta verdad [que brota del Evangelio] plena, íntegra y sincera, debe necesariamente brotar la unión de las inteligencias, de los espíritus y de las acciones. En efecto, todas las discordias, desacuerdos y disensiones brotan de aquí, como de su primera fuente, a saber, de que la verdad o no se la conoce, o —lo que todavía es peor—, por muy examinada y averiguada que sea, se la impugna ya por las ventajas y provechos que con frecuencia se espera lograr de falsas opiniones, ya por la reprobable ceguedad, que impulsa a los hombres a excusar con facilidad e indulgencia excesiva sus vicios e injustas acciones. Es, pues, necesario que todos, tanto los ciudadanos privados como quienes tienen en sus manos el destino de los pueblos, amen sinceramente la verdad si quieren gozar de la concordia y de la paz, de la que solamente puede derivarse la verdadera prosperidad pública y privada. (Juan XXIII, Carta Encíclica Ad Petri Cathedram, n. 10-11)

… juzga la idea de formación de las conciencias que tiene Francisco

  • La luz de la Iglesia ilumina, enciende, inflama y amonesta

Se trata, en efecto, de la doctrina de la Iglesia católica y apostólica, madre y maestra de todos los pueblos, cuya luz ilumina, enciende, inflama; cuya voz amonestadora, por estar llena de eterna sabiduría, sirve para todos los tiempos; cuya virtud ofrece siempre remedios tan eficaces como adecuados para las crecientes necesidades de la humanidad y para las preocupaciones y ansiedades de la vida presente. (San Juan XXIII, Encíclica Mater et Magistra, n.262, 15 de mayo de 1961)

  • La Iglesia alimenta el sensus fidei por la enseñanza de la verdad

A esta Iglesia, columna y fundamente de la verdad (1 Tim 3,15), confió su divino fundador una doble misión, la de engendrar hijos para sí, y la de educarlos y dirigirlos, velando con maternal solicitud por la vida de los individuos y de los pueblos, cuya superior dignidad miró siempre la Iglesia con el máximo respeto y defendió con la mayor vigilancia. (San Juan XXIII, Encíclica Mater et Magistra, n. 1, 15 de mayo de 1961)

… juzga la idea de vida contemplativa que tiene Francisco

  • A los religiosos de clausura corresponde la primacía en el servicio de Dios

Desde aquí Nos place enviar un saludo especialmente paternal a nuestras amadas hijas, a quienes la vida del claustro retiene en cada una de las casas de Roma y del mundo. A las religiosas de clausura corresponde la primacía en el servicio de Dios, que es plegaria incesante, desprendimiento absoluto de todo y de todos, amor al sacrificio, expiación por los pecados del mundo. (San Juan XXIII, Sínodo diocesano de Roma, Discurso a las religiosas de Roma, 29 de enero de 1960) 

… juzga la idea de Caritas material que tiene Francisco

  • ¡No olvidéis los enfermos del alma!

Vosotros queréis aliviar los sufrimientos físicos, pero, bien lo sabemos, no olvidáis que al margen de vuestra actividad están, por desgracia, los más necesitados y los enfermos más contagiosos que son los pecadores obstinados y rebeldes. […] La confusión que reina en este punto en algunos sectores exige el esfuerzo de todas las almas cristianas de buen sentido para ser inexorables y decididas en un ejercicio difícil y paciente de verdadera caridad, y no desaprovechar ocasión para edificar, recordar, corregir, elevar. Jugar con el fuego es siempre perjudicial: et qui amat periculum in illo peribit (Eccl 3, 27). (San Juan XXIII. Discurso a los delegados de las obras de misericordia de Roma, 21 de febrero de 1960)

  • La Iglesia tiene el deber de ofrecer la verdad a los pueblos

La difusión de la verdad y de la caridad de Cristo es la verdadera misión de la Iglesia, que tiene el deber de ofrecer a los pueblos “en la medida más grande posible, las sustanciales riquezas de su doctrina y de su vida, mantenedoras de un orden social cristiano”. Ella, por ende, en los territorios de Misión, provee con toda largueza posible aun a las iniciativas de carácter social y asistencial que son de suma conveniencia a las comunidades cristianas y a los pueblos entre los que ellas viven. Mas cuídese bien de no agobiar el apostolado misionero con un conjunto de instituciones de orden puramente profano. Bastará con aquellos servicios indispensables de fácil mantenimiento y de utilidad práctica, cuyo funcionamiento pueda lo antes posible ser puesto en manos del personal local, y que se dispongan las cosas de tal suerte que al personal propiamente misionero se le ofrezca la posibilidad de dedicar las mejores energías al ministerio de la enseñanza de la santificación y de la salvación. (San Juan XXIII, Princeps Pastorum, n. 12, 28 de noviembre de 1959) 

… juzga la idea de que Dios nunca condena que tiene Francisco

  • Las culpas graves atraen los castigos de Dios

Todos los cristianos tienen realmente el deber y la necesidad de violentarse a sí mismos o para rechazar a sus propios enemigos espirituales o para conservar la inocencia bautismal, o para recobrar la vida de la gracia perdida mediante la transgresión de los divinos preceptos. Pues si es cierto que todos aquellos que se han hecho miembros de la Iglesia mediante el santo bautismo participan de la belleza que Cristo le ha conferido, según las palabras de San Pablo: “Cristo amó a la Iglesia y se entregó a sí mismo por ella a fin de santificarla, limpiándola con el lavado de agua mediante la palabra de vida, para presentársela a sí gloriosa, sin mancha y sin arruga, o cualquier otra cosa, para que siga siendo santa e inmaculada” (Ef 5, 26-27), es verdad también que cuantos han manchado con graves culpas la cándida vestidura bautismal, deben temer mucho los castigos de Dios si no procuran hacerse de nuevo cándidos y esplendorosos mediante la sangre del Cordero (cf. Ap 7, 14), mediante el Sacramento de la penitencia y la práctica de las virtudes cristianas. (San Juan XXIII. Carta Encíclica Paenitentiam Agere, 1 de julio de 1962) 

… juzga la idea de filiación divina que tiene Francisco

  • Grande injuria es poner la Iglesia Católica al mismo nivel de las demás

Tampoco faltan los que, si bien no impugnan de propósito la verdad, adoptan, sin embargo, ante ella una actitud de negligencia y sumo descuido, como si Dios no les hubiera dado la razón para buscarla y encontrarla. Tan reprobable modo de actuar conduce, como por espontáneo proceso, a esta absurda afirmación: todas las religiones tienen igual valor, sin diferencia alguna entre lo verdadero y lo falso.Este principio—para usar las palabras de nuestro mismo predecesor— lleva necesariamente a la ruinatodas las religiones, particularmente la católica, la cual, siendo entre todas la única verdadera, no puede ser puesta al mismo nivel de las demás sin grande injuria”. Por lo demás, negar la diferencia que existe entre cosas tan contradictorias entre sí, derechamente conduce a la nefasta conclusión de no admitir ni practicar religión alguna. (San Juan XXIII. Carta Encíclica Ad Petri Cathedram, n. 10-11)

… juzga la idea bien y mal de Francisco:

  • Cristo, centro de la Historia, criterio absoluto del Bien

El gran problema planteado al mundo, desde hace casi dos mil años, subsiste inmutable. Cristo, radiante siempre en el centro de la historia y de la vida; los hombres, o están con El y con su Iglesia, y en tal caso gozan de la luz, de la bondad, del orden y de la paz, o bien están sin El o contra El, y deliberadamente contra su Iglesia: se tornan motivos de confusión, causando asperezas en las relaciones humanas, y persistentes peligros de guerras fratricidas. (San Juan XXIII, Discurso Apertura del Concilio Vaticano II, 11 de octubre de 1962)