San Ireneo de Lyon…

… juzga la idea de Francisco de que se puede interpretar la verdad en contra del Magisterio infalible

  • No es necesario buscar en otros la verdad que es tan fácil recibir de la Iglesia

No es preciso buscar en otros la verdad que tan fácil es recibir de la Iglesia, ya que los Apóstoles depositaron en ella, como en un rico almacén, todo lo referente a la verdad, a fin de que “cuantos lo quieran saquen de ella el agua de la vida” (Ap 22, 17). Esta es la entrada a la vida. “Todos los demás son ladrones y bandidos” (Jn 10,1; 8-9). Por eso es necesario evitarlos, y en cambio amar con todo afecto cuanto pertenece a la Iglesia y mantener la Tradición de la verdad. Entonces, si se halla alguna divergencia aun en alguna cosa mínima, ¿no sería conveniente volver los ojos a las Iglesias más antiguas, en las cuales los Apóstoles vivieron, a fin de tomar de ellas la doctrina para resolver la cuestión, lo que es más claro y seguro? Incluso si los Apóstoles no nos hubiesen dejado sus escritos, ¿no hubiera sido necesario seguir el orden de la Tradición que ellos legaron a aquellos a quienes confiaron las Iglesias? (San Ireneo de Lyon. Tratado contra los herejes, L. 3, cap. 4, n. 4, 1-4,2)

… juzga la idea de Judas que tiene Francisco

  • Los fariseos habían fabricado leyes porque violaban la ley de Dios

Como Isaías escribe: “Este pueblo me honra con sus labios, pero su corazón está lejos de mí. En vano me honran, cuando enseñan doctrinas y preceptos humanos” (Is 29, 13). Llama preceptos humanos y no ley dada por Moisés a las tradiciones que los padres de aquéllos (fariseos) habían fabricado, por defender las cuales violaban la Ley de Dios, y por eso tampoco obedecían a su Verbo. Esto es lo que Pablo afirmó acerca de ellos: “Ignorando la justicia de Dios, y tratando de imponer su propia justicia, no se sometieron a la justicia de Dios. Pues el fin de la Ley es Cristo, para justificar a todos los creyentes” (Rom 10, 3-4). Más, ¿cómo podría Cristo ser fin de la Ley, si no fuese también su principio? Pues, quien decidió el fin, también llevó a cabo el principio; y es el mismo que dijo a Moisés: “He visto la aflicción de mi pueblo en Egipto, y he bajado para liberarlo” (Ex 3, 7-8): desde el principio el Verbo de Dios se habituó a subir y bajar para salvar a quienes el mal tiene sometidos. (San Ireneo de Lyon. Contra los herejes, L. IV, 2.4)

  • Cristo no abolió los preceptos naturales de la Ley

El Señor no abolió los preceptos naturales de la Ley, por los cuales se justifica el ser humano, los cuales incluso guardaban antes de la Ley aquellos que fueron justificados por la fe y agradaban a Dios; por el contrario, los amplió y llevó a la perfección (Mt 5, 17), como lo muestran sus palabras: “Se dijo a los antiguos: No cometerás adulterio. Pero yo os digo: todo aquel que viere a una mujer para desearla, ya ha cometido adulterio con ella en su corazón” (Mt 5, 27-28). Y añadió: “Se ha dicho: No matarás. Pero yo os digo: todo el que sin motivo se enoje contra su hermano, es reo de juicio” (Mt 5, 21-22). Y: “Se ha dicho: No perjurarás. Pero yo os digo que no debéis jurar en absoluto. Que vuestras palabras sean: Sí, sí, y no, no” (Mt 5, 33-34.37). Y otras cosas parecidas. (San Ireneo de Lyon. Contra los herejes, L. IV, 3.1)

  • La perfección de la ley fue cumplida en la Iglesia

Sus servidores habrían sido mentirosos y no habrían sido enviados por el Señor, si Cristo no hubiese venido tal como ellos habían predicado, y si no se hubiesen cumplido sus palabras. Por eso decía: “No penséis que he venido a abolir la Ley o los profetas. No he venido a abolirlos, sino a darles cumplimiento. En verdad, en verdad os digo, el cielo y la tierra pasarán antes de que deje de cumplirse una iota o un acento de la Ley y los profetas, hasta que todo se cumpla” (Mt 5, 17-18). En efecto, cumplió todas las promesas en su venida, y en su Iglesia sigue cumpliendo el Nuevo Testamento predicho por la Ley, hasta el fin de los siglos. Así lo predicó su Apóstol Pablo en la Carta a los Romanos: “Ahora, sin la Ley, se ha manifestado la justicia del Señor, de la cual dan testimonio la Ley y los profetas” (Rm 3,21). “El justo vivirá de la fe” (Rm 1,17). Y que el justo viviría por la fe, ya había sido anunciado por los profetas (Hab 2,4). (San Ireneo de Lyon. Contra los herejes, L. IV c. 34.2)

… juzga las actitudes de Francisco con los pecadores públicos, cambiando el protocolo Vaticano

  • Un consejo de Dios Misericordioso: “Enderezad vuestra conducta”

Esto mismo dice Isaías: “¿Para qué quiero ese montón de sacrificios vuestros? dice el Señor. Estoy harto” (Is 1, 10). Y, una vez que ha rechazado los holocaustos, oblaciones y sacrificios, así como las fiestas, los sábados, las solemnidades y todas las costumbres que las acompañaban, les indica qué cosas son aceptables para la salvación: “Lavaos, purificaos, quitad de mi vista la maldad de vuestros corazones; dejad de hacer el mal, aprended a hacer el bien; buscad el derecho, salvad al oprimido, haced justicia al huérfano, defended a la viuda. Entonces venid y disputemos, dice el Señor” (Is 1, 16-18). […] Mas, como Dios está lleno de misericordia, no los privó de un buen consejo. Pues, aunque dijo por Jeremías: “¿Para qué me ofrecéis incienso de Saba y canela de tierras lejanas? No me agradan vuestros holocaustos y sacrificios” (Jr 6, 20); en seguida añadió: “Escuchad la Palabra del Señor, todos los hombres de Judá. Esto dice el Señor Dios de Israel: Enderezad vuestros caminos y vuestra conducta, y os haré habitar en este lugar. No os fijéis de palabras mentirosas, porque no os serán de ningún provecho, cuando decís: ‘¡Templo del Señor! ¡Templo del Señor!’” (Jr 7, 2-4). (San Ireneo de Lyon. Contra los herejes, 4, 17, 1-2)

… juzga el modo de reformar la Iglesia que defiende Francisco

  • Es necesario amar con afecto todo cuanto pertenece a la Iglesia y evitar a los ladrones y bandidos

No es preciso buscar en otros la verdad que tan fácil es recibir de la Iglesia, ya que los Apóstoles depositaron en ella, como en un rico almacén, todo lo referente a la verdad, a fin de que “cuantos lo quieran saquen de ella el agua de la vida” (Ap 22,17). Esta es la entrada a la vida. “Todos los demás son ladrones y bandidos” (Jn 10,1 Jn 8-9). Por eso es necesario evitarlos, y en cambio amar con todo afecto cuanto pertenece a la Iglesia y mantener la Tradición de la verdad. Entonces, si se halla alguna divergencia aun en alguna cosa mínima, ¿no sería conveniente volver los ojos a las Iglesias más antiguas, en las cuales los Apóstoles vivieron, a fin de tomar de ellas la doctrina para resolver la cuestión, lo que es más claro y seguro? Incluso si los Apóstoles no nos hubiesen dejado sus escritos, ¿no hubiera sido necesario seguir el orden de la Tradición que ellos legaron a aquellos a quienes confiaron las Iglesias? Muchos pueblos bárbaros dan su asentimiento a esta ordenación, y creen en Cristo, sin papel ni tinta (cf. 2 Jn 12) en su corazón tienen escrita la salvación por el Espíritu Santo. (San Ireneo de Lyon. Tratado contra los herejes, L. 3, cap. 4, n. 4,1-4,2)

… juzga la idea que tiene Francisco de dialogar con el mundo

  • Los Apóstoles no buscaron la opinión del momento, sino manifestar la verdad

Los Apóstoles, enviados a buscar a los errantes, a devolver la vista a los ciegos y a llevar la salud a los enfermos, ciertamente no les hablaban según la opinión del momento, sino manifestando la verdad. Pues si, cuando unos ciegos estuvieran a punto de caer en el precipicio, un hombre cualquiera los indujera a continuar por tan peligroso camino como si fuese el correcto y los llevara hasta su término, ciertamente no obraría con rectitud. ¿Qué médico, si quiere curar al enfermo, le da la medicina que a éste le gusta y no la adecuada para devolverle la salud? Y que el Señor vino como médico de los enfermos, él mismo lo dijo: “No tienen necesidad de médico los sanos, sino los enfermos. No vine a llamar a los justos, sino a los pecadores, para que se arrepientan” (Lc 5, 31-32, Mt 9,12-13). ¿Cómo se aliviarán estos enfermos? ¿Y cómo se arrepentirán los pecadores? ¿Acaso manteniéndose en su estado? ¿No será más bien por un cambio a fondo y alejándose de su anterior modo de vivir en la transgresión, que provocó en ellos esa grave enfermedad y tantos pecados? (San Ireneo de Lyon. Contra los herejes, lib. 3, cap. 5, n. 2)

… juzga la idea modernista de Francisco de que la fe se construye y no se recibe

  • La Iglesia predica, enseña y transmite la fe con una misma voz

La Iglesia, extendida por el orbe del universo hasta los confines de la tierra, recibió de los Apóstoles y de sus discípulos la fe […]. Esta predicación y esta fe, y, extendida por toda la tierra, con cuidado la custodia como si habitara en una sola familia. Conserva una misma fe, como si tuviese una sola alma y un solo corazón (Ac 4, 32), y la predica, enseña y transmite con una misma voz, como si no tuviese sino una sola boca. Ciertamente son diversas las lenguas, según las diversas regiones, pero la fuerza de la Tradición es una y la misma. (San Ireneo de Lyon. Contra los herejes, I, 10, 1-2)

… juzga la idea de Francisco de que Dios no condena nunca

  • El mismo Dios premia a los justos y prepara el castigo de los malos

El mismo Padre que preparó para los justos el reino al que su Hijo hace entrar a quienes son dignos, así también preparó el horno de fuego para quienes por mandato del Señor serán arrojados en él por los ángeles que enviará el Hijo del Hombre. (San Ireneo de Lyon. Contra los herejes, 4, 40, 2)

… juzga la idea de Francisco de que solamente se puede evangelizar con dulzura

  • Los Apóstoles no buscaron agradar a los hombres, sino manifestar la verdad

Los Apóstoles, enviados a buscar a los errantes, a devolver la vista a los ciegos y a llevar la salud a los enfermos, ciertamente no les hablaban según la opinión del momento, sino manifestando la verdad. Pues sí, cuando unos ciegos estuvieran a punto de caer en el precipicio, un hombre cualquiera los indujera a continuar por tan peligroso camino como si fuese el correcto y los llevara hasta su término, ciertamente no obraría con rectitud. ¿Qué médico, si quiere curar al enfermo, le da la medicina que a éste le gusta y no la adecuada para devolverle la salud? Y que el Señor vino como médico de los enfermos, él mismo lo dijo: “No tienen necesidad de médico los sanos, sino los enfermos. No vine a llamar a los justos, sino a los pecadores, para que se arrepientan” (Lc 5, 31-32, Mt 9,12-13). ¿Cómo se aliviarán estos enfermos? ¿Y cómo se arrepentirán los pecadores? ¿Acaso manteniéndose en su estado? ¿No será más bien por un cambio a fondo y alejándose de su anterior modo de vivir en la transgresión, que provocó en ellos esa grave enfermedad y tantos pecados? (San Ireneo de Lyon. Contra los herejes, lib. 3, cap. 5, n. 2)

… juzga la idea de anunciar el Evangelio que tiene Francisco

  • Los Apóstoles no predicaban según la opinión del momento, sino manifestando la verdad

Los Apóstoles, enviados a buscar a los errantes, a devolver la vista a los ciegos y a llevar la salud a los enfermos, ciertamente no les hablaban según la opinión del momento, sino manifestando la verdad. (San Ireneo de Lyon. Contra los herejes, III, 5, 2)

  • Jesús vino llamar los pecadores para que se arrepientan

Pues si, cuando unos ciegos estuvieran a punto de caer en el precipicio, un hombre cualquiera los indujera a continuar por tan peligroso camino como si fuese el correcto y los llevara hasta su término, ciertamente no obraría con rectitud. ¿Qué médico, si quiere curar al enfermo, le da la medicina que a éste le gusta y no la adecuada para devolverle la salud? Y que el Señor vino como médico de los enfermos, él mismo lo dijo: “No tienen necesidad de médico los sanos, sino los enfermos. No vine a llamar a los justos, sino a los pecadores, para que se arrepientan” (Lc 5, 31-32; Mt 9, 12-13). ¿Cómo se aliviarán estos enfermos? ¿Y cómo se arrepentirán los pecadores? ¿Acaso manteniéndose en su estado? ¿No será más bien por un cambio a fondo y alejándose de su anterior modo de vivir en la transgresión, que provocó en ellos esa grave enfermedad y tantos pecados? (San Ireneo de Lyon. Contra los herejes, III, 5, 2)

… juzga la idea de Francisco de que Jesús es solamente misericordia

  • Dios no deja de ser bueno al ejercer la justicia ni se muestra inmisericorde al ser justo

Otro error consistió en arrancar al Padre el juicio y el castigo, pensando que ese poder es impropio de Dios. Por eso imaginaron haber encontrado a un Dios “bueno y sin ira”, así como a otro Dios “cuyo oficio es juzgar” y “otro para salvar”. Esos pobres no se dieron cuenta de que a uno y a otro lo privan de la sabiduría y de la justicia. Pues, si el juez no fuera al mismo tiempo bueno, ¿cómo daría al premio a quienes lo merecen y reprenderá a quienes lo necesitan? Un juez de este tipo no sería ni sabio ni justo. Y si fuese un Dios bueno y únicamente bueno, pero sin juicio para juzgar quiénes merecen esa bondad, un tal Dios no sería ni justo ni bueno, pues su bondad sería impotente; ni podría ser salvador universal si carece de discernimiento. Marción por su parte, al partir a Dios en dos, a los cuales llamó al primero “bueno” y al segundo “justo”, acabó matando a Dios desde las dos partes. Porque si el Dios “justo” no es a la vez “bueno”, tampoco puede ser Dios aquel a quien le falta la bondad; y por otra parte, si es “bueno” pero no “justo”, del mismo modo sufriría que le arrebataran el ser Dios. ¿Y cómo pueden decir que el Padre universal es sabio, si al mismo tiempo no es juez? Pues si es sabio, puede discernir. Ahora bien, discernir supone juzgar, y de juzgar se sigue el juicio con discernimiento justo; pues la justicia lleva al juicio, y cuando un juicio se hace con justicia, remite a la sabiduría. […] Es Señor, juez, justo y soberano sobre todas las cosas. Pero también es misericordioso, bueno y paciente para salvar a quienes conviene. No deja de ser bueno al ejercer la justicia, ni se disminuye su sabiduría. Salva a quienes debe salvar, y juzga con justo juicio a quienes son dignos. Ni se muestra inmisericorde al ser justo, porque lo previene y precede su bondad. El Dios benigno “hace salir su sol sobre todos y llueve sobre justos y pecadores” (Mt 5, 45). Juzgará por igual a cuantos recibieron su bondad, mas no se comportaron de manera semejante según la dignidad del don recibido, sino que se entregaron a placeres y pasiones carnales en contra de su benevolencia, muchas veces hasta llegar a blasfemar contra aquel que los hizo objeto de tantos beneficios. (San Ireneo de Lyon. Contra los herejes, L. III, 25, 3; 25, 4)

  • El Señor es bueno y justo, no suporta nada injusto, y castiga con justicia

[Jesucristo] también nos enseñó que, fieles a nuestra vocación, debemos adornarnos con las obras de justicia, para que descanse en nosotros el Espíritu Santo; éste es el vestido de bodas, del que el Apóstol afirma: “No queremos despojarnos, sino revestirnos, a fin de que lo mortal sea absorbido en la inmortalidad” (2 Cor 5, 4). Pues a quienes fueron invitados al banquete divino, pero por su conducta no acogieron al Espíritu Santo, se les echó a las tinieblas exteriores (Mt 22, 13). Es muy claro que es el mismo Rey que invitó a todo tipo de fieles a la boda de su Hijo, a quienes ofreció un banquete incorruptible, es quien condena a las tinieblas exteriores a quienes no tienen el traje de bodas, es decir a quienes lo desprecian. Como en el Antiguo Testamento “la mayor parte de ellos no lo agradó” (1 Cor 10, 5), así también en el Nuevo, “muchos son los llamados y pocos los escogidos” (Mt 22, 14). No es uno el Padre que juzga, otro el que otorga la luz eterna y un tercero el que manda echar a las tinieblas exteriores a quienes no llevan el traje de bodas; sino que es uno y el mismo Padre de nuestro Señor, el cual llamó también a los profetas. En su inmensa misericordia también invita a los indignos, pero observa a los invitados para ver si llevan el traje debido que corresponda a la boda de su Hijo, porque no se complace en nada que sea malo o indebido. Como el Señor dijo al que había sido curado: “Mira que has recibido la salud. Ya no peques más, no sea que te pase algo peor” (Jn 5, 14). El es bueno y justo, puro e inmaculado, y por ello no soportará nada injusto o abominable en su tálamo de esposo. Este es el Padre de nuestro Señor, por cuya providencia todo sucede, y que administra todas las cosas con su mandato. Da gratuitamente a quien conviene, distribuye los dones según los méritos, y castiga con justicia a los ingratos insensibles a su benignidad. (San Ireneo de Lyon. Contra los herejes, L. IV, 36, 5)

  • Quienes desprecian a Dios y no le obedecen, serán arrojados a la perdición eterna

Si es el mismo aquel a quien los profetas anunciaron, el Hijo de Dios nuestro Señor Jesucristo, cuya venida trae consigo una mayor gracia y premio a quienes le recibieron, es claro que es también el mismo Padre aquel a quien los profetas predicaron, y que el Hijo, al venir, no nos dio a conocer a otro Padre sino al mismo que desde el principio había sido anunciado. De éste sacó la libertad para aquellos que de modo legítimo, con ánimo dispuesto y de todo corazón lo sirven. En cambio ha separado de la vida y arrojado a la perdición eterna a quienes desprecian a Dios y no le obedecen, sino que por una gloria humana, han puesto su riqueza en los actos de pureza exterior —los cuales la Ley les había dado como una sombra o trazo que delineaba lo eterno con rasgos temporales, y las cosas celestes con figuras terrenas. Estos fingen observar más de lo que está prescrito, prefiriendo sus propias observancias al mismo Dios: están por dentro llenos de hipocresía, arden en deseos y en todo tipo de malicia (Mt 23, 28). A éstos los arrojará a la perdición eterna, separándolos de la vida. (San Ireneo de Lyon. Contra los herejes, L. IV, 11, 4)

… juzga la idea de Francisco de que Jesús vino al mundo para aprender a ser hombre

  • Llevar los hombres a la comunión con Dios por la filiación divina

Porque tal es la razón por la que el Verbo se hizo hombre, y el Hijo de Dios, Hijo del hombre: para que el hombre al entrar en comunión con el Verbo y al recibir así la filiación divina, se convirtiera en hijo de Dios. (San Ireneo de Lyon citado por el Catecismo de la Iglesia Católica. Contra los herejes, 3, 19, 1)

… juzga la idea de familias irregulares que tiene Francisco

  • Quien no cumple los mandamientos es castigado, quien los cumple es premiado

Pues en un principio Dios amonestó a los seres humanos por medio de los preceptos naturales que desde el inicio inscribió en su naturaleza, es decir por el Decálogo —ya que, si alguien no los cumple, no obtendrá la salvación—, y nada más les pidió entonces, como dice Moisés en el Deuteronomio: “Estos son todos los mandamientos que el Señor dirigió desde el monte a toda la comunidad de los hijos de Israel, nada más añadió, las escribió en dos tablas de piedra que me entregó” (Dt 5, 22), y ordenó que observaran estos preceptos quienes quisieran seguirlo (Dt 19,17). […] Mas si alguno, mirando la desobediencia de los israelitas desviados, juzgare débil la Ley, hallará en nuestra vocación que “muchos son los llamados, y pocos los elegidos” (Mt 22, 14). Muchos son lobos por dentro, aunque por fuera se visten con piel de oveja (Mt 7,15). Dios siempre ha protegido, por una parte la libertad y decisión del ser humano, y por otra su exhortación a él: por ello quienes no obedecen son justamente juzgados por su desobediencia, y quienes obedecen y creen reciben la corona incorruptible. (San Ireneo de Lyon. Contra los herejes, lib. IV, cap. 15, n. 1-2)

… juzga la idea de Francisco de que las sectas hacen parte de la Iglesia

  • Como se desarrolla una herejía

A partir de éstos de que he hablado, ya se han fabricado muchos engendros de herejías, por este motivo: muchos de ellos, más aún todos ellos, quieren ser maestros y así se separan de la herejía en la que estaban, e insisten en enseñar otros dogmas a partir de otras opiniones, componiendo luego otras nuevas a partir de las otras para poder proclamarse inventores de cualquier opinión que les agrada. (San Ireneo de Lyon. Contra los herejes, L. I, 28, 1)

  • Pongamos un ejemplo: a partir de Saturnino y Marción nacieron los Continentes

[Enkrateîs o Encratitas], los cuales predican la abstinencia del matrimonio, destruyendo el plan de Dios sobre su antiguo plasma, al que de modo indirecto acusan de haberlo hecho hombre y mujer para engendrar seres humanos (Gen 1, 27-28) [….]. Taciano fue el primero al que se le ocurrió esta blasfemia. Este fue discípulo de Justino, pero mientras estuvo con él, no anduvo con estas teorías. Mas después que el maestro sufrió el martirio, aquél se separó de la Iglesia y, presumiendo con orgullo de haber sido discípulo de tal maestro, se sentía superior a los demás, y por ello inventó una doctrina con sus propios rasgos. […] Otros, en cambio, han salido de los grupos de Basílides y Carpócrates. Predican el amor libre y la poligamia, se sienten libres para comer los idolotitos, porque dicen que Dios no se ocupa de esas cosas. ¿Y qué más decir? Son innumerables aquellos que de un modo y otro se han apartado de la verdad (2 Tim 2, 18). (San Ireneo de Lyon. Contra los herejes, L. I., 28, 1-2)

… juzga la visión de la Iglesia hacia los divorciados en segunda unión que tiene Francisco

  • Un consejo de Dios Misericordioso: “Enderezad vuestra conducta”

Esto mismo dice Isaías: “¿Para qué quiero ese montón de sacrificios vuestros? dice el Señor. Estoy harto” (Is 1, 10). Y, una vez que ha rechazado los holocaustos, oblaciones y sacrificios, así como las fiestas, los sábados, las solemnidades y todas las costumbres que las acompañaban, les indica qué cosas son aceptables para la salvación: “Lavaos, purificaos, quitad de mi vista la maldad de vuestros corazones; dejad de hacer el mal, aprended a hacer el bien; buscad el derecho, salvad al oprimido, haced justicia al huérfano, defended a la viuda. Entonces venid y disputemos, dice el Señor” (Is 1, 16-18). […] Mas, como Dios está lleno de misericordia, no los privó de un buen consejo. Pues, aunque dijo por Jeremías: “¿Para qué me ofrecéis incienso de Saba y canela de tierras lejanas? No me agradan vuestros holocaustos y sacrificios” (Jr 6, 20); en seguida añadió: “Escuchad la Palabra del Señor, todos los hombres de Judá. Esto dice el Señor Dios de Israel: Enderezad vuestros caminos y vuestra conducta, y os haré habitar en este lugar. No os fijéis de palabras mentirosas, porque no os serán de ningún provecho, cuando decís: ‘¡Templo del Señor! ¡Templo del Señor!’” (Jr 7, 2-4). (San Ireneo de Lyon. Contra los herejes, Lib. 4, c. 17, 1-2)

… juzga las ideas presentes en la Laudato Sí´

  • Quien no se une a la Iglesia no participa del Espíritu de Dios

En la Iglesia Dios puso […] todos los otros efectos del Espíritu. De éste no participan quienes no se unen a la Iglesia, sino que se privan a sí mismos de la vida por su mala doctrina y pésima conducta. Pues donde está la Iglesia ahí se encuentra el Espíritu de Dios, y donde está el Espíritu de Dios ahí está la Iglesia y toda la gracia, ya que el Espíritu es la verdad. Por tanto, quienes no participan de él, ni nutren su vida con la leche de su madre (la Iglesia), tampoco reciben la purísima fuente que procede del cuerpo de Cristo. ‘Cavan para sí mismos cisternas agrietadas’ (Jr 2,13), se llenan de pozos terrenos y beben agua corrompida por el lodo; porque huyen de la fe de la Iglesia para que no se les convenza de error, y rechazan el Espíritu para no ser instruidos. (San Ireneo de Lyon. Contra herejes, III, 24, 1)

… juzga la interpretación del milagro de la multiplicación de los panes y peces que tiene Francisco

  • El que no está de acuerdo con los evangelistas deprecia a Cristo y se condena

Nosotros no hemos conocido la Economía de nuestra salvación, sino por aquellos a través de los cuales el Evangelio ha llegado hasta nosotros: ellos primero lo proclamaron, después por voluntad de Dios nos lo transmitieron por escrito para que fuese “columna y fundamento” (1Tm 3,15) de nuestra fe. […] Y todos ellos nos han transmitido a un solo Dios Creador del cielo y de la tierra anunciado por la Ley y los profetas, y a un solo Cristo Hijo de Dios. Pero si alguien no está de acuerdo con ellos, desprecia por cierto a quienes han tenido parte con el Señor (He 3,4), desprecia al mismo Cristo Señor y aun al Padre (Lc 10,16), y se condena a sí mismo (Tt 3,11), porque resiste (2Tm 2,25) a su salvación, cosa que hacen todos los herejes. (San Ireneo de Lyon. Contra herejes, III 1,1;1, 2)

… juzga la idea de que nuestros pecados nos aproximan de Jesucristo que tiene Francisco

  • Si lo más valioso es amar a Dios, debemos conseguirlo luchando por ello

Corred de modo que lo alcancéis. Todo aquel que compite se priva de todo, y eso para recibir una corona corruptible, en cambio nosotros por una incorruptible. Yo corro de esta manera, y no al acaso; yo no lucho como quien apunta al aire; sino que mortifico mi cuerpo y lo someto al servicio, no vaya a suceder que, predicando a otros, yo mismo me condene. […] Cuanto más luchamos por algo, nos parece tanto más valioso; y cuanto más valioso, más lo amamos. Pues no amamos de igual manera lo que nos viene de modo automático, que aquello que hemos construido con mucho esfuerzo. Y como lo más valioso que podía sucedernos es amar a Dios, por eso el Señor enseñó y el Apóstol transmitió que debemos conseguirlo luchando por ello. De otro modo nuestro bien sería irracional, pues no lo habríamos ganado con ejercicio. (San Ireneo de Lyon. Contra herejes, IV, 37, 7)

… juzga la idea de que el clamor del pueblo expresa la voluntad de Dios que tiene Francisco

  • Los Apóstoles no buscaron agradar a los hombres, sino manifestar la verdad

Los Apóstoles, enviados a buscar a los errantes, a devolver la vista a los ciegos y a llevar la salud a los enfermos, ciertamente no les hablaban según la opinión del momento, sino manifestando la verdad. Pues si, cuando unos ciegos estuvieran a punto de caer en el precipicio, un hombre cualquiera los indujera a continuar por tan peligroso camino como si fuese el correcto y los llevara hasta su término, ciertamente no obraría con rectitud. ¿Qué médico, si quiere curar al enfermo, le da la medicina que a éste le gusta y no la adecuada para devolverle la salud? Y que el Señor vino como médico de los enfermos, él mismo lo dijo: “No tienen necesidad de médico los sanos, sino los enfermos. No vine a llamar a los justos, sino a los pecadores, para que se arrepientan” (Lc 5, 31-32, Mt 9,12-13). ¿Cómo se aliviarán estos enfermos? ¿Y cómo se arrepentirán los pecadores? ¿Acaso manteniéndose en su estado? ¿No será más bien por un cambio a fondo y alejándose de su anterior modo de vivir en la transgresión, que provocó en ellos esa grave enfermedad y tantos pecados? (San Ireneo. Contra los herejes, lib. 3, cap. 5, n. 2)

… juzga la idea de que podemos enorgullecernos de nuestros pecados que tiene Francisco

  • En las debilidades el hombre se descubre débil y mortal

En su segunda Carta a los Corintios el Apóstol muestra con toda claridad que el hombre fue dejado a su propia debilidad, no fuese a suceder que, por orgullo, se apartase de la verdad […]. “Te basta mi gracia, porque el poder se perfecciona en la debilidad. Por este motivo me glorío en mis debilidades, a fin de que habite en mí el poder de Cristo” (2 Co 12, 9). ¡Cómo! —te dirá alguno—, ¿el Señor quiso que su Apóstol fuese abofeteado y que sufriera tal debilidad? Sí, te dice la Palabra, “porque el poder se perfecciona en la debilidad”, haciendo mejor a aquel que por su debilidad descubre la potencia de Dios. Pues, ¿de qué otra manera el hombre podía reconocerse débil y mortal por naturaleza, y a Dios inmortal y poderoso, si no hubiese aprendido por propia experiencia lo que son uno y otro? (San Ireneo de Lyon. Contra los herejes, 5, 1.5, 3)

… juzga la idea de que no se puede encontrar a Dios que tiene Francisco

  • La Iglesia mantiene la tradición de la verdad

Siendo, pues, tantos los testimonios, ya no es preciso buscar en otros la verdad que tan fácil es recibir de la Iglesia, ya que los Apóstoles depositaron en ella, como en un rico almacén, todo lo referente a la verdad, a fin de que “cuantos lo quieran saquen de ella el agua de la vida” (Ap 22,17). Esta es la entrada a la vida. “Todos los demás son ladrones y bandidos” (Jn 10, 1.8-9). Por eso es necesario evitarlos, y en cambio amar con todo afecto cuanto pertenece a la Iglesia y mantener la Tradición de la verdad. (San Ireneo de Lyon. Contra haereses. L.III, c.4, n.1: PG 7, 855)

… juzga la idea neo-quietista de Francisco

  • Nuestro punto de encuentro: Dios está en la Iglesia y la Iglesia está en Dios

En efecto, “en la Iglesia Dios puso apóstoles, profetas, doctores” (1Co 12,28), y todos los otros efectos del Espíritu. De éste no participan quienes no se unen a la Iglesia, sino que se privan a sí mismos de la vida por su mala doctrina y pésima conducta. Pues donde está la Iglesia ahí se encuentra el Espíritu de Dios, y donde está el Espíritu de Dios ahí está la Iglesia y toda la gracia, ya que el Espíritu es la verdad. (San Ireneo de Lyon, Contra herejes Liv.3 ch.24)

… juzga la idea de amor fraterno que tiene Francisco

  • Un consejo de Dios Misericordioso: “Enderezad vuestra conducta”

Esto mismo dice Isaías: “¿Para qué quiero ese montón de sacrificios vuestros? dice el Señor. Estoy harto” (Is 1, 10). Y, una vez que ha rechazado los holocaustos, oblaciones y sacrificios, así como las fiestas, los sábados, las solemnidades y todas las costumbres que las acompañaban, les indica qué cosas son aceptables para la salvación: “Lavaos, purificaos, quitad de mi vista la maldad de vuestros corazones; dejad de hacer el mal, aprended a hacer el bien; buscad el derecho, salvad al oprimido, haced justicia al huérfano, defended a la viuda. Entonces venid y disputemos, dice el Señor” (Is 1, 16-18). […] Mas, como Dios está lleno de misericordia, no los privó de un buen consejo. Pues, aunque dijo por Jeremías: “¿Para qué me ofrecéis incienso de Saba y canela de tierras lejanas? No me agradan vuestros holocaustos y sacrificios” (Jr 6, 20); en seguida añadió: “Escuchad la Palabra del Señor, todos los hombres de Judá. Esto dice el Señor Dios de Israel:Enderezad vuestros caminos y vuestra conducta, y os haré habitar en este lugar. No os fijéis de palabras mentirosas, porque no os serán de ningún provecho, cuando decís: ¡Templo del Señor! ¡Templo del Señor!’” (Jr 7, 2-4). (San Ireneo. Contra los herejes, Lib. 4, c. 17, 2-3)

… juzga la idea de Curia Romana que tiene Francisco

  • Fundada y constituida por Pedro y Paulo

Pero como sería demasiado largo enumerar las sucesiones de todas las Iglesias en este volumen, indicaremos sobre todo las de las más antiguas y de todos conocidas, la de laIglesia fundada y constituida en Roma por los dos gloriosísimos Apóstoles Pedro y Pablo, la que desde los Apóstoles conserva la Tradición y “la fe anunciada” (Rm 1, 8) a los hombres por los sucesores de los Apóstoles que llegan hasta nosotros. Así confundimos a todos aquellos que de un modo o de otro, o por agradarse a sí mismos o por vanagloria o por ceguera o por una falsa opinión, acumulan falsos conocimientos. Es necesario que cualquier Iglesia esté en armonía con esta Iglesia, cuya fundación es la más garantizada —me refiero a todos los fieles de cualquier lugar—, porque en ella todos los que se encuentran en todas partes han conservado la Tradición apostólica. (San Ireneo de Lyon. Adversus Haereses, L. II, 3, 2)

… juzga la idea de omnipotencia de Dios que que tiene Francisco

  • Dios no está sujeto a las cosas que ha hecho, sino éstas a Él

Por consiguiente, ni la naturaleza de todas las cosas creadas, ni la debilidad de la carne, son más fuertes que la voluntad divina. Dios no está sujeto a las cosas que ha hecho, sino éstas a él, y en todo sirven a su voluntad. Por eso dice el Señor: ‘Lo que es imposible para los hombres, es posible para Dios’ (Lc 18, 27). […] Mas la incredulidad de éstos no puede anular la fidelidad de Dios (Rom 3, 3). (San Ireneo de Lyon, Contra los herejes, Libro 5, 1.7) 

… juzga la idea del papel de las religiones no cristianas que tiene Francisco

  • Quien no se une a la Iglesia no participa del Espíritu de Dios

En la Iglesia Dios puso […] todos los otros efectos del Espíritu. De éste no participan quienes no se unen a la Iglesia, sino que se privan a sí mismos de la vida por su mala doctrina y pésima conducta. Pues donde está la Iglesia ahí se encuentra el Espíritu de Dios, y donde está el Espíritu de Dios ahí está la Iglesia y toda la gracia, ya que el Espíritu es la verdad. Por tanto, quienes no participan de él, ni nutren su vida con la leche de su madre (la Iglesia), tampoco reciben la purísima fuente que procede del cuerpo de Cristo. ‘Cavan para sí mismos cisternas agrietadas’ (Jr 2,13), se llenan de pozos terrenos ybeben agua corrompida por el lodo; porque huyen de la fe de la Iglesia para que no se les convenza de error, y rechazan el Espíritu para no ser instruidos. (San Ireneo, Contra herejes, III, 24, 1)

… juzga la idea de Cristo en el Juicio que tiene Francisco

  • El mismo Dios prepara el premio y el castigo

El mismo Padre que preparó para los justos el reino al que su Hijo hace entrar a quienes son dignos, así también preparó el horno de fuego para quienes por mandato del Señor serán arrojados en él por los ángeles que enviará el Hijo del Hombre. (San Ireneo de Lyon. Contra haereses. L.IV, c.40, n.2)

… juzga la idea de condenación eterna que tiene Francisco

  • Los que repudian la luz vivirán en las tinieblas eternas

Dios, que de antemano conoce todas las cosas, preparó para unos y para otros sendas moradas: con toda bondad otorga la luz de la incorrupción a aquellos que la buscan; en cambio aparta de sí a quienes la desprecian y rechazan, huyendo por su cuenta y cegándose. Para quienes repudian la luz y escapan de él, ha preparado las tinieblas correspondientes, a las que los entregará como justo castigo. Sujetarse a Dios es el descanso eterno. Por eso quienes huyen de la luz tendrán un puesto digno de su fuga, y quienes huyen del descanso eterno también tendrán la morada que merecen los desertores. En Dios todo es bien, y por eso quienes por propia decisión huyen de Dios, a sí mismos se defraudan y privan de sus bienes. Y por ello quienes a sí mismo se han defraudado en cuanto a los bienes de Dios, en consecuencia caerán en su justo juicio. Quienes se escapan del descanso, justamente vivirán en su castigo, y quienes huyeron de la luz vivirán en tinieblas. Así como sucede con la luz de este mundo: quienes se fugan de ella, por sí mismos se esclavizan a la obscuridad, de manera que es su propia culpa si quedan privados de la luz y deben habitar en las sombras de la noche. La luz no es la causa de ese modo de vivir, como antes dijimos. De igual modo, quienes evaden la luz eterna que contiene en sí todos los bienes, por su propia culpa vivirán en las tinieblas eternas, privados de todo bien, pues ellos mismos han construido su propio tipo de morada. (San Ireneo de Lyon. Contra los herejes. Libro IV, cap. 39, n. 4)