San Atanasio de Alejandría…

… juzga la idea de Francisco de que Jesús vino al mundo para aprender a ser hombre

  • Elevarnos a la divinidad

Porque el Hijo de Dios se hizo hombre para hacernos Dios. (San Atanasio de Alejandría. De Incarnatione, 54, 3. PG 25, 192B)

  • Padeció en su propia carne para ofrecerse como víctima al Padre

Y si está escrito que “se humilló” con referencia a la encarnación, es evidente que “fue exaltado” también con referencia a la misma. Como hombre tenía necesidad de esta exaltación, a causa de la bajeza de la carne y de la muerte. Siendo imagen del Padre y su Verbo inmortal, tomó la forma de esclavo, y como hombre soporto en su propia carne la muerte, para ofrecerse así a sí mismo como ofrenda al Padre en favor nuestro. Y así también, como hombre, está escrito que fue exaltado por nosotros en Cristo, así también todos nosotros en Cristo somos exaltados, y resucitados de entre los muertos y elevados a los cielos “en los que penetro Jesús como precursor nuestro. (San Atanasio de Alejandría. Oratio contra Arianos I, 95B. PG 26)

… juzga la idea de Francisco de que la buena voluntad suple la Teología

  • El que se aparta de la fe de la Iglesia deja de ser cristiano

Siempre resultará provechoso esforzarse en profundizar el contenido de la antigua tradición, de la doctrina y la fe de la Iglesia católica, tal como el Señor nos la entregó, tal como la predicaron los apóstoles y la conservaron los santos Padres. En ella, efectivamente, está fundamentada la Iglesia, de manera que todo aquel que se aparta de esta fe deja de ser cristiano y ya no merece el nombre de tal. (San Atanasio. Epistola I ad Serapionem, 28: PG 26, 594-595)

… juzga la idea que tiene Francisco de que Jesucristo fingía sus enfados

  • No invocamos a criatura alguna, sino al hijo verdadero y natural de Dios hecho hombre

Convenía que el Señor, al revestirse de carne humana, se revistiese con ella tan totalmente que tomase todas las afecciones que le eran propias, de suerte que así como decimos que tenía su propio cuerpo, así también se pudiera decir que eran suyas propias las afecciones de su cuerpo, aunque no las alcanzase su divinidad. Si el cuerpo hubiese sido de otro, sus afecciones serien también de aquel otro. Pero si la carne era del Verbo, pues “el Verbo se hizo carne” (Jn 1, 14), necesariamente hay que atribuirle también las afecciones de la carne, pues suya es la carne. Y al mismo a quien se le atribuyen los padecimientos-como el ser condenado, azotado, tener sed, ser crucificado y morir-, a él se atribuye también la restauración y la gracia. Por esto se afirma de una manera lógica y coherente que tales sufrimientos son del Señor y no de otro, para que también la gracia sea de él, y no nos convirtamos en adoradores de otro, sino del verdadero Dios. No invocamos a creatura alguna, ni a hombre común alguno, sino al hijo verdadero y natural de Dios hecho hombre, el cual no por ello es menos Señor, Dios y Salvador. (San Atanasio de Alejandría. Contra Arianos, Discorso III, no. 32-33)

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