“¡Recen por mí!”

“Recen por mí”, palabras que el Papa Francisco pronuncia con mucha frecuencia delante de los auditorios más dispares. Y cuánto más lo hace, más suscita asombro en no pocos católicos, pues no es raro que esto ocurra no sólo delante de fieles de la Santa Iglesia, sino con excomulgados, cismáticos, infieles, comunistas, ateos y demás…

Cuando alguien le dijo: “Santidad, quisiera preguntarle por qué pide tan insistentemente que se rece por usted. No es normal, habitual, escuchar a un Papa pedir tanto que recen por él”, suponemos que haciendo gala de gran humildad, respondió: “Me considero limitado, con muchos problemas, incluso pecador —lo saben—, y tengo que pedir esto. Me sale de dentro” (Conferencia de Prensa durante vuelo de regreso a Roma, 28 de julio de 2013). No lo juzgaremos por sus actos. Es cierto, sin embargo, que sería motivo de perplejidad que León IX pidiese a Miguel Cerulario —promotor del gran cisma— sus oraciones por él; o León X a Lutero.

Este es un asunto de mucha transcendencia, que levanta dudas y necesita aclaraciones…

Francisco

 Os pido finalmente que recéis por mí y que se rece por mí —lo necesito mucho—, para que el Señor me asista en mi ministerio de Obispo de Roma y de sucesor de Pedro. (Discurso a la Delegación del Patriarcado Ecuménico de Constantinopla, 28 de junio de 2013)

Pidiéndole que rece por mí, aprovecho la ocasión para expresar, señor presidente, mis sentimientos más altos de estima. (Carta al Presidente de la Federación Rusa, Vladímir Putin, 4 de septiembre de 2013)

Construyendo sobre nuestro momento de oración común durante la visita a Roma de Vuestra Santidad, continuamos orando a Dios para que también todos sus hijos, nacidos a una nueva vida por medio del agua del bautismo e iluminados por la fe, puedan llegar a ser una sola cosa en el amor. Por mi parte, aseguro a Vuestra Santidad mi continua oración por todos los cristianos en Egipto y en todo el Oriente Medio. (Carta a Su Santidad Tawadros II, Papa de Alejandría y Patriarca de la Sede de San Marcos, 5 de mayo de 2014)

Y les pido un favor: recen por mí. También yo lo necesito, lo necesito mucho. Gracias. (Discurso a los líderes de otras religiones y otras denominaciones cristianas, 21 de septiembre de 2014)

Y nunca olvidemos de rezar unos por otros. (Palabras a Bartolomé en la iglesia patriarcal de San Jorge, 30 de noviembre de 2014)

Todos los días rezo por vosotros y vuestras intenciones. Os doy las gracias porque sé que vosotros, en vuestros sufrimientos, rezáis por mí y por mi servicio a la Iglesia. (Carta a los cristianos de Oriente Medio, 21 de diciembre de 2014)

El encuentro fue tan cordial, que concluyó con estas sinceras palabras: “Rece por mí”. “Rece usted por mí”. “Lo hago”. (Encuentro con Raúl Castro, 10 de mayo de 2015)

Que tengan un buen fin día del periodista. Un día de mucho trabajo, pero buen festejo. Que Dios los bendiga y recen por mí, no se olviden.(Francisco a periodistas, 8 de junio de 2015)

Os aseguro mi oración y pido, por favor, a todos vosotros que recéis por mí y por mí ministerio. Gracias. (Discurso a la Delegación de la Republica Checa con ocasión del 600 aniversario de la muerte de Jan Hus, 15 de junio de 2015)

Por favor, por favor les pido, que no se olviden rezar por mí. Muchas gracias. (Encuentro con las autoridades civiles en el viaje apostólico a Bolivia, 8 de julio de 2015)

Por favor, les pido que recen por mí. Y si alguno de ustedes no puede rezar, con todo respeto le pido que me piense bien y me mande buena onda. Gracias. (Discurso en el II Encuentro Mundial de los Movimientos Populares – Bolivia, 9 de julio de 2015)

Que Dios los bendiga y recen por mí. (Encuentro con representantes de la sociedad civil en el viaje apostólico a Paraguay, 11 de julio de 2015)

Enseñanzas del Magisterio

Tabla de contenido


I – Las oraciones son eficaces cuando unidas a Cristo y a su Cuerpo que es la Iglesia Católica
II – Fuera de la gracia y de la Iglesia las oraciones no son meritorias, ni eficaces, ni agradables a Dios 


I – Las oraciones son eficaces cuando unidas a Cristo y a su Cuerpo que es la Iglesia Católica


Catecismo Mayor de San Pío X
-Las oraciones son eficaces cuando se las reza en nombre de Cristo

Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos
-La dignidad de la oración cristiana se radica en Cristo

Catecismo de la Iglesia Católica
-La oración es comunión con Cristo y con la Iglesia que es su Cuerpo

Congregación para la Doctrina de la Fe
-La oración cristiana debe ser hecha dentro de la comunión de los santos

León XIII
-La comunión de los santos es una recíproca participación de beneficios entre los fieles

Santo Tomás de Aquino
-El Señor apoya las súplicas que hacen los que están en la unidad de la Iglesia

Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos
-La oración cristiana no puede darse sin la acción del Espíritu Santo

Catecismo Romano
-Es necesario que el Espíritu Santo oriente nuestras oraciones
-La costumbre de orar en espíritu en manera alguna la observan los infieles


II – Fuera de la gracia y de la Iglesia las oraciones no son meritorias, ni eficaces, ni agradables a Dios


Catecismo Mayor de San Pío X
-Los que están en pecado mortal o fuera de la Iglesia son excluidos de la comunión de los bienes espirituales

Catecismo Romano
-Los hombres esclavos de sus culpas y apartados de la gracia de Dios no participan del fruto espiritual

León X
-Las excomuniones privan al hombre de las comunes oraciones espirituales de la Iglesia

Catecismo Mayor de San Pío X
-Hay que estar en estado de gracia para que nuestras oraciones sean eficaces

Santo Tomás de Aquino
-La oración no es meritoria sin la gracia santificante

Catecismo de la Iglesia Católica
-Si el corazón está alejado de Dios, la oración es vana

San Cipriano de Cartago
-Jesucristo no se complace con la oración de los cismáticos

San Bernardo de Claraval
-No tiene sentido la oración por los enterrados en pecado y por los excomulgados

Catecismo Romano
-La oración de los empedernidos en el pecado no es oída por Dios

San Alfonso María de Ligorio
-Dios no oye, ni siquiera en la hora de la muerte, al pecador obstinado


I – Las oraciones son eficaces cuando unidas a Cristo y a su Cuerpo que es la Iglesia Católica


Catecismo Mayor de San Pío X

  • Las oraciones son eficaces cuando se las reza en nombre de Cristo

¿En qué nombre hemos de pedir las gracias que necesitamos?
Hemos de pedir a Dios las gracias que necesitamos en nombre de Jesucristo, como el mismo nos lo ha enseñado y como lo practica la Iglesia, terminando todas las oraciones con estas palabras: per Dominum nostrum Iesum Christum, esto es, por Nuestro Señor Jesucristo.
¿Por qué hemos de pedir a Dios las gracias en nombre de Jesucristo?
Hemos de pedir a Dios las gracias en nombre de Jesucristo porque siendo Él nuestro medianero, sólo por medio de Él podemos acercarnos al trono de Dios. (Catecismo Mayor de San Pío X, n. 261-262)

Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos

  • La dignidad de la oración cristiana se radica en Cristo

La oración, que se dirige a Dios, ha de establecer conexión con Cristo, Señor de todos los hombres y único Mediador, por quien tenemos el único acceso a Dios. Pues de tal manera él une a sí a toda la comunidad humana, que se establece una íntima unión entre la oración de Cristo y la de todo el género humano. Pues en Cristo y solo en Cristo la religión del hombre alcanza su valor salvífico y su fin. Una especial y estrechísima unión se da entre Cristo y aquellos hombres a los que él ha hecho miembros de su Cuerpo, la Iglesia, mediante el sacramento del Bautismo. Todas las riquezas del Hijo se difunden así de la cabeza a todo el cuerpo: la comunicación del Espíritu, la verdad, la vida y la participación de su filiación divina que se hacía patente en toda su oración mientras estaba en el mundo. También el sacerdocio de Cristo es participado por todo el cuerpo celestial, de tal forma que los bautizados, por la regeneración y la unción del Espíritu Santo, quedan consagrados como templo espiritual y sacerdocio sanioso y son depurados para el culto del Nuevo Testamento que brota no de nuestras energías, sino de los méritos y donación de Cristo. […] En Cristo radica, por tanto, la dignidad de la oración cristiana, al participar ésta de la misma piedad para con el Padre y de la misma oración que el Unigénito expresó con palabras en su vida terrena y es continuada ahora incesantemente por la Iglesia y por sus miembros en representación de todo el género humano y para su salvación. (Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos. Ordenación General de la Liturgia de las Horas, Importancia de la Liturgia de las Horas u Oficio Divino en la vida de la Iglesia, II, 6-7, 2 de febrero de 1971)

Catecismo de la Iglesia Católica

  • La oración es comunión con Cristo y con la Iglesia que es su Cuerpo

La oración es la relación viva de los hijos de Dios con su Padre infinitamente bueno, con su Hijo Jesucristo y con el Espíritu Santo. […] Así, la vida de oración es estar habitualmente en presencia de Dios, tres veces Santo, y en comunión con Él. Esta comunión de vida es posible siempre porque, mediante el Bautismo, nos hemos convertido en un mismo ser con Cristo (cf. Rm 6, 5). La oración es cristiana en tanto en cuanto es comunión con Cristo y se extiende por la Iglesia que es su Cuerpo. Sus dimensiones son las del Amor de Cristo (cf. Ef 3, 18-21). (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2565)

Congregación para la Doctrina de la Fe

  • La oración cristiana debe ser hecha dentro de la comunión de los santos

La oración cristiana, incluso hecha en soledad, tiene lugar siempre dentro de aquella “comunión de los santos” en la cual y con la cual se reza, tanto en forma pública y litúrgica como en forma privada. Por tanto, debe realizarse siempre en el espíritu auténtico de la Iglesia en oración y, como consecuencia, bajo su guía, que puede concretarse a veces en una dirección espiritual experimentada. El cristiano, también cuando está solo y ora en secreto, tiene la convicción de rezar siempre en unión con Cristo, en el Espíritu Santo, junto con todos los santos para el bien de la Iglesia. (Congregación para la Doctrina de la Fe. Carta a los Obispos sobre algunos aspectos de la meditación cristiana, n. 7, 15 de octubre de 1989)

León XIII

  • La comunión de los santos es una recíproca participación de beneficios entre los fieles

La comunión de los santos no es otra cosa que una reciproca participación de ayuda, de expiación, de oraciones, de beneficios entre los fieles o los que triunfan en la patria celeste, o expían en el fuego del purgatorio, o todavía pelegrinan en la tierra, de todos los cuales resulta una sola ciudad, que tiene a Cristo por cabeza y por forma la caridad. (Denzinger-Hünermann 3363. León XIII. Encíclica Mirae Caritatis, 28 de mayo de 1902)

Santo Tomás de Aquino

  • El Señor apoya las súplicas que hacen los que están en la unidad de la Iglesia

El Señor apoya, no sólo la excomunión, sino también las súplicas que hacen los que están unidos en la unidad de la Iglesia, cuando añade: “Dígoos además que si dos de vosotros se convinieren sobre la tierra”, o recibiendo a un penitente, o rechazando a un soberbio, o sobre cualquier otro asunto de que trataren, pero que no sea opuesto a la unidad de la Iglesia, “les será hecho por mi Padre, que está en los cielos”. Por las palabras: “Que está en los cielos”, manifiesta que está sobre todas las cosas y que de esta manera puede conceder lo que se le pide. O también: “Está en los cielos”, es decir, en los santos; lo que prueba que El concederá a los santos lo que le pidieren porque tienen ellos en sí mismos a Aquel a quien piden; de aquí resulta confirmada la sentencia de los que convienen porque Dios habita con ellos y por eso sigue: “Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy en medio de ellos”. (Glosa citada por Santo Tomás de Aquino. Catena Aurea in Mt 18, 18-20)

Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos

  • La oración cristiana no puede darse sin la acción del Espíritu Santo

La unidad de la Iglesia orante es realizada por el Espíritu Santo, que es el mismo en Cristo, en la totalidad de la Iglesia y en cada uno de los bautizados. El mismo “Espíritu viene en ayuda de nuestra flaqueza” y “aboga por nosotros con gemidos inefables” (Rm 8, Rm 26); siendo el Espíritu del Hijo, nos infunde “el espíritu de adopción, por el que clamamos: Abba, Padre” (Rm 8, 15; cf. Ga 4, 6; 1Co 12, 3; Ep 5, 18; Jud 1, 20). No puede darse, pues oración cristiana sin la acción del Espíritu Santo, el cual, realizando la unidad de la Iglesia nos, lleva al Padre por medio del Hijo. (Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos. Ordenación General de la Liturgia de las Horas, Importancia de la Liturgia de las Horas u Oficio Divino en la vida de la Iglesia, II, 8, 2 de febrero de 1971)

Catecismo Romano

  • Es necesario que el Espíritu Santo oriente nuestras oraciones

El Autor de nuestras oraciones es el Espíritu Santo, con cuya dirección es necesario que sean oídas nuestras oraciones. Porque hemos recibido el espíritu de adopción de hijos de Dios por el cual clamamos Aba, Padre. Este mismo Espíritu ayuda nuestra flaqueza e ignorancia en este ejercicio de orar, ―Y aun él mismo, dice el Apóstol, pide por nosotros con gemidos inexplicables. (Catecismo Romano, IV, VII, V)

  • La costumbre de orar en espíritu en manera alguna la observan los infieles

Mas importa muchísimo orar debidamente. Pues aunque la oración es un bien muy provechoso, de nada sirve si no se practica como se debe, porque muchas veces pedimos y no recibimos, como enseña Santiago, porque pedimos mal. […] Hemos de orar, pues, en espíritu y verdad. Porque tales los quiere el Padre celestial, que le adoren en espíritu y verdad. Ora de esta manera el que hace oración con íntimo y ardiente afecto del alma. No excluimos la oración vocal de este modo espiritual de pedir. Pero con todo nos parece que de justicia se debe la primacía a la oración que nace de un corazón fervoroso, la cual es la que oye Dios, a quien están patentes los pensamientos ocultos de los hombres, aunque no se pronuncie con la boca. […] Esta costumbre de orar en espíritu, propia de los cristianos, en manera alguna la observan los infieles, de quienes nos dice así Cristo nuestro Señor: “Cuando oréis no queráis hablar mucho, como hacen los gentiles; que se imaginan haber de ser oídos a fuerza de palabras. No queráis, pues, imitarlos; que bien sabe vuestro Padre lo que habéis menester, antes de pedírselo”. […] Tampoco oran en verdad los hipócritas, de cuyo modo de orar nos aparta Cristo Señor nuestro por estas palabras: “Cuando oráis, no habéis de ser como los hipócritas, que de propósito se ponen a orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las calles, para ser vistos de los hombres; en verdad os digo, que ya recibieron su recompensa. Tú, al contrario, cuando hubieres de orar, entra en tu aposento, y cerrada la puerta, ora en secreto a tu Padre, y tu Padre, que ve lo más secreto, te premiará”. (Catecismo Romano, IV, VII, I)


II – Fuera de la gracia y de la Iglesia las oraciones no son meritorias, ni eficaces, ni agradables a Dios


Catecismo Mayor de San Pío X

  • Los que están en pecado mortal o fuera de la Iglesia son excluidos de la comunión de los bienes espirituales

¿Entran todos los hijos de la Iglesia en esta comunión de bienes?
En la comunión de los bienes internos entran los cristianos que están en gracia de Dios; pero los que están en pecado mortal no participan de estos bienes.
¿Por qué no participan de estos bienes los que están en pecado mortal?
Porque la gracia de Dios es la que junta a los fieles con Dios y entre sí; por esto, los que están en pecado mortal, como no tienen la gracia de Dios, son excluidos de la comunión de los bienes espirituales. […]
¿Quiénes son los que no pertenecen a la comunión de los Santos?
No pertenecen a la comunión de los santos en la otra vida los condenados, y en ésta, los que están fuera de la verdadera Iglesia.
¿Quiénes están fuera de la verdadera Iglesia?
Está fuera de la verdadera Iglesia los infieles, los judíos, los herejes, los apóstatas, los cismáticos y los excomulgados. (Catecismo Mayor de San Pío X, 219-220; 225-226)

Catecismo Romano

  • Los hombres esclavos de sus culpas y apartados de la gracia de Dios no participan del fruto espiritual

Mas de tantas y tan grandes dádivas y bienes que Dios concede a toda la Iglesia, solamente gozan los que haciendo una vida verdaderamente cristiana, son justos y amados de Dios. Pero los miembros muertos, esto es, los hombres enredados de sus culpas y apartados de la gracia de Dios, aunque no están privados del beneficio de ser aun miembros de este cuerpo; mas como son miembros muertos, no perciben el fruto espiritual que llega a los virtuosos y justos. (Catecismo Romano, I, X, 26)

León X

  • Las excomuniones privan al hombre de las comunes oraciones espirituales de la Iglesia

[Errores de Martín Lutero] Las excomuniones son solo penas externas y no privan al hombre de las comunes oraciones espirituales de la Iglesia. […] [Censura del Sumo Pontífice] Condenamos, reprobamos y de todo punto rechazamos todos y cada uno de los antedichos artículos o errores, respectivamente, según se previene, como heréticos, escandalosos, falsos u ofensivos a los oídos piadosos o bien engañosos de las mentes sencillas, y opuestos a la verdad católica. (Denzinger-Hünermann 1473; 1492. León X. Bula Exurge Domine, 15 de junio de 1520)

Catecismo Mayor de San Pío X

  • Hay que estar en estado de gracia para que nuestras oraciones sean eficaces

¿Cuál es la primera y mejor disposición para hacer eficaces nuestras oraciones?
La primera y mejor disposición para hacer eficaces nuestras oraciones es estar en gracia de Dios o desear, al menos, ponerse en tal estado. (Catecismo Mayor de San Pío X, n. 267)

Santo Tomás de Aquino

  • La oración no es meritoria sin la gracia santificante

Sin la gracia santificante no es meritoria la oración, lo mismo que no lo es ningún otro acto virtuoso. Y es que aun la misma oración con que se impetra la gracia santificante procede de una cierta gracia como de don gratuito, pues incluso el mismo orar es don de Dios, como dice San Agustín en el libro De Perseverantia. (Santo Tomás de Aquino. Suma Teológica, II-II, q. 83, a. 15)

Catecismo de la Iglesia Católica

  • Si el corazón está alejado de Dios, la oración es vana

¿De dónde viene la oración del hombre? Cualquiera que sea el lenguaje de la oración (gestos y palabras), el que ora es todo el hombre. Sin embargo, para designar el lugar de donde brota la oración, las Sagradas Escrituras hablan a veces del alma o del espíritu, y con más frecuencia del corazón (más de mil veces). Es el corazón el que ora. Si este está alejado de Dios, la expresión de la oración es vana. […] La oración cristiana es una relación de Alianza entre Dios y el hombre en Cristo. Es acción de Dios y del hombre; brota del Espíritu Santo y de nosotros, dirigida por completo al Padre, en unión con la voluntad humana del Hijo de Dios hecho hombre. (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2563-2564)

San Cipriano de Cartago

  • Jesucristo no se complace con la oración de los cismáticos

Cuando el Señor aconsejaba la paz y la unión a sus discípulos, les decía así: “Yo os digo que si dos de vosotros se conformaren sobre la tierra, cualquier cosa que pidiereis se os otorgaré por mi Padre, que está en los cielos. Donde quiera que estuvieren congregados dos o tres en mi nombre, allí soy con ellos”. En lo que nos da a entender que no a la muchedumbre, sino a los unánimes se concede el buen despacho de sus oraciones. […] Mas ¿cómo podrá vivir de acuerdo con nadie aquel que no vive de acuerdo con la Iglesia, y con todos los hermanos? ¿Cómo podrán juntarse dos o tres en nombre de Jesucristo, después de separados de Jesucristo y de su Evangelio? No fuimos nosotros los que nos apartamos de ellos, sino que ellos fueron los que se apartaron de nosotros, cuando hicieron brotar después cismas y herejías […]. El Señor sólo habla de su Iglesia, y de los que están en ella, al decir que si fueren concordes […]. Con decir pues: “Donde quiera que estuvieren congregados dos o tres en mi nombre, allí soy con ellos”, no quiso dividir la Iglesia el que estableció y levantó la Iglesia; sólo si dio en rostro a los pérfidos con su espíritu de cizaña, y recomendó la paz a los fieles, manifestando que antes se avendría con dos o tres, los cuales orasen de conformidad, que con muchos que entre sí fuesen discordes; y que más podrían los ruegos de pocos, pero bien unidos, que los de la muchedumbre adherida a cismas y partidos. (San Cipriano de Cartago. De la unidad de la Iglesia, XII: PL 4, 508-509)

San Bernardo de Claraval

  • No tiene sentido la oración por los enterrados en pecado y por los excomulgados

El duodécimo grado [de la soberbia] puede ser denominado costumbre de pecar; costumbre en la que se pierde el temor de Dios y se incurre en desprecio. Dice el apóstol Juan: No digo que se ore por uno como éste. Entonces tú, apóstol, ¿quieres que se desespere? Todo lo contrario; que el que le ama, ore. No piense en orar, pero tampoco deje de llorar. ¿Qué estoy diciendo? ¿Quedará algún resquicio de esperanza allí donde la oración ya no tiene sentido? Escucha a alguien que cree y espera, pero que ya no ora: Señor, si hubieses estado aquí, no habría muerto mi hermano. […] ¿Harás tú maravillas con los muertos? ¿Se alzarán las sombras para darte gracias? Y sobre el que lleva cuatro días encerrado: ¿Se anuncia en el sepulcro tu misericordia o tu fidelidad en el reino de la muerte? He llamado muerto a aquel que, excusando sus pecados, ha incurrido ya en el octavo grado. En efecto, un muerto, puesto que no existe, es incapaz de confesar sus pecados. Quien traspasa el umbral del décimo grado de soberbia, que es el tercero comenzando a contar por el octavo, se le expulsa de la fraternidad del monasterio y se le saca a enterrar en el sepulcro de la libertad de pecar. Después de pasar el cuarto, contando siempre a partir del octavo, se es ya cadáver de cuatro días; y al incurrir en el quinto por la costumbre de pecar, se le entierra. Consideren ellos mismos el gran peligro en que se encuentran; porque la Iglesia […] no se atreve a orar públicamente por ellos. Y el día de Viernes Santo, que ora expresamente por toda clase de pecadores, no hace mención alguna de los excomulgados. (San Bernardo de Claraval. Tratado de los grados de la humildad y del orgullo, cap. 21, n. 51-52; 55-56)

Catecismo Romano

  • La oración de los empedernidos en el pecado no es oída por Dios

El último grado [de la oración] es el de aquellos que no sólo no están arrepentidos de sus fechorías y maldades, sino que añadiendo pecados a pecados, con todo no se avergüenzan de pedir muchas veces a Dios perdón de los pecados, en los cuales quieren continuar, cuando en tal disposición ni aún a otro hombre osarían pedir les perdonase. La oración de estos no es oída de Dios. Porque así está escrito de Antíoco: “Hacia este malvado oración al Señor, de quien no había de alcanzar misericordia”. (Catecismo Romano, IV, III)

San Alfonso María de Ligorio

  • Dios no oye, ni siquiera en la hora de la muerte, al pecador obstinado

¡Cuán infeliz el pecador obstinado que resiste a la voz divina! El ingrato, en vez de rendirse y enternecerse por el llamamiento de Dios, se endurece más, como el yunque por los golpes del martilló (Jb 41, 15). Y en justo castigo de ello, así seguirá en la hora de morir, a las puertas de la eternidad. El corazón duro mal se hallará al fin. Por amor a las criaturas —dice el Señor—, los pecadores me volvieron la espalda. En la muerte recurrirán a Dios y Dios les dirá: “¿Ahora recurrís a Mí? Pedid auxilio a las criaturas, ya que ellas han sido vuestros dioses” (Jer 2, 28). Esto dirá el Señor, pues aunque acudan a Él, no será con afecto de verdadera conversión. Decía San Jerónimo que él tenía por cierto, según la experiencia se lo manifestaba, que no alcanzaría buen fin el que hasta el fin hubiera tenido mala vida. […] ¡Cosa digna de admiración! Dios no cesa de amenazar al pecador con el castigo de la mala muerte. “Entonces me llamarán, y no oiré” (Pr 1, 28). ¿Por ventura oirá Dios su clamor cuando viniere sobre él la angustia? (Jb 27, 9). Me reiré en vuestra muerte y os escarneceré (Pr 1, 26). El reír de Dios es no querer usar de su misericordia. “Mía es la venganza, y Yo les daré el pago a su tiempo, para que resbale su pie” (Dt 32, 35). Lo mismo dice en otros lugares; y, con todo, los pecadores viven tranquilos y seguros, como si Dios les hubiese prometido para la hora de la muerte el perdón y la gloria. Sabido es que, cualquiera que fuere la hora en que el pecador se convierta, Dios lo perdonará, como tiene ofrecido. Más no ha dicho que en el trance de morir se convertirá el pecador. Antes bien, muchas veces ha repetido que quien vive en pecado, en pecado morirá (Jn 8, 21, 24), y que si en la muerte le busca, no le encontrará (Jn 7, 34). (San Alfonso María de Ligorio. Preparación para la muerte, 6, 2-3)


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5 thoughts on ““¡Recen por mí!”

  1. Totalmente de acuerdo con Al pie de la cruz. Todo es “pose”, todo esta estudiado. Que lo que tenga que hacer lo haga rápido. Esta purificación por la que pasara la Iglesia es necesaria. La Iglesia como cuerpo místico de Cristo pasara por la pasión, muerte y resurrección. Que Dios nos ayude a superar la prueba, manteniéndonos fieles. Gracias a los Sacerdotes del Dencinger.

  2. El “Recen por mí” Bergogliano además de ser un signo de falsa humildad es como una democratización, entendida como lo que es actualmente, una falsa representación.
    De esa manera Bergoglio hace creer al “orante” que es participe de los “logros Bergoglianos” y por otro lado se hace así mismo representante de la “espiritualidad” a secas, aglomera en su persona la representación de un collage de herejías, las pone al servicio y hace participes de una espiritualidad politizada, donde el mismo ya habla de pecados comunales entre estratos sociales y para el cual ya ha comenzado a enardecer a las masas.
    El pervertidor no separa bien del mal, quedaría expuesto, el mezcla y confunde.
    En este reino de la iniquidad los únicos perseguidos y excluidos del aglomerado espiritista son los tradicionalistas, el que quiera ver que abra los ojos.

Dentro de la gravedad del momento presente, el "Denzinger-Bergoglio" es consciente de la importancia de oír y dar voz al Pueblo de Dios mediante los comentarios contenidos en esta página. No significa, sin embargo, que todos ellos expresen nuestras ideas. De forma diferente a otras páginas que censuran las intervenciones de sus lectores, queremos dar libertad para que cada uno opine sobre la actual situación de la Iglesia. Pero, dado el caráter peculiar de nuestra página debemos evitar los foros paralelos.

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