85 – “¿Quién nos enseña a amar? Solo el Espíritu Santo. Puedes hacer mil cursillos de catequesis o de espiritualidad, o mil cursos de yoga o de zen que nada de eso será capaz de darte jamás la libertad del hijo”

En los Hechos de los Apóstoles encontramos la interesante historia de un etíope, ministro de la reina Candaces, que había viajado a Jerusalén para adorar al Dios verdadero. Sin embargo, este alto funcionario de la corte regresaba a su patria lleno de inquietudes con respecto a las Escrituras, que meditaba sin alcanzar su verdadero sentido. Dentro de una carroza, leyendo el rollo del profeta Isaías, se detenía en esta parte: “Como cordero fue llevado al matadero, como oveja muda ante el esquilador, así no abre su boca. En su humillación no se le hizo justicia. ¿Quién podrá contar su descendencia? Pues su vida ha sido arrancada de la tierra.” (Is 53, 7-8)

El mismo Espíritu Santo que le inspiraba el deseo de conocer la buena nueva sobre el Hijo, también preparaba una maravillosa respuesta a sus preguntas: envió el Diácono Felipe para instruirle en la fe, mandando que se acercara y se pegara a la carroza. He aquí la descripción de los Hechos: “Felipe se acercó corriendo, le oyó leer el profeta Isaías, y le preguntó: ‘¿Entiendes lo que estás leyendo?’ Contestó: ‘¿Y cómo voy a entenderlo si nadie me guía?’ E invitó a Felipe a subir y a sentarse con él.” (Hch 8, 30-31)

Entonces le explicó la verdad sobre Jesucristo y sus palabras abrieron el alma del hombre para la fe, tanto que pidió el bautismo en aquel mismo instante. Tras cumplir con su misión el Espíritu arrebató a Felipe para evangelizar la ciudad de Azot, mientras “el eunuco continuó su camino lleno de alegría.” (Hch 8, 39)

Este episodio de la Iglesia naciente indica el modo de obrar de Dios: Él inspira las almas para que unas instruyan a otras y así mueve los corazones para la realización de sus planes. Este modo habitual del obrar divino explica la necesidad irrenunciable que tiene la Iglesia de la predicación y de la catequesis.

Hay quien defiende, no sin razón, la actuación directa del Espíritu Santo en las almas, prescindiendo de la enseñanza doctrinal. No cabe duda que eso puede pasar, pero lo extraordinario no abole lo normal, que, por cierto, no puede ser infelizmente equiparado, ni siquiera por una licencia coloquial, con otros métodos gravemente contrarios a la religión cristiana. Por todo ello, conviene que estudiemos bien ese tema y encontremos en la doctrina magisterial las respuestas que necesitamos.

Francisco

Cita A

Entonces, ¿quién nos enseña a amar? ¿Quién nos libra de esa torpeza? Solo el Espíritu Santo.Ya puedes hacer mil cursillos de catequesis o de espiritualidad, o mil cursos de yoga o de zen o de todas esas cosas, que nada de eso será capaz de darte jamás la libertad del hijo. “Solo el Espíritu Santo mueve tu corazón para decir Padre”. Solo el Espíritu Santo es capaz de eliminar, de romper esa dureza del corazón y hacer un corazón… ¿blando? —no sé, no me gusta la palabra—, ¿dócil? Sí, dócil al Señor, dócil a la libertad del amor. (Homilía en Santa Marta, 9 de enero de 2015)

Enseñanzas del Magisterio

Tabla de contenido

I – La catequesis es necesaria para la actuación del Espíritu Santo en la Iglesia
II – Los Pastores no pueden prescindir de la catequesis confiando en que los fieles aprenderán por sí mismos los misterios de la fe
III – La catequesis no puede ser comparada al yoga o zen, que en realidad son prácticas contrarias a la religión
IV – El objeto esencial de la catequesis es la trasmisión del misterio de Cristo. Su importancia en la Iglesia no puede ser infravalorada


I – La catequesis es necesaria para la actuación del Espíritu Santo en la Iglesia


León XIII
-La Providencia quiere que seamos enseñados para que el Espíritu Santo derrame gracias más ricas y abundantes

Juan Pablo II
-El Espíritu Santo es el maestro interior de la catequesis
-Catequesis, hacer crecer lo que el Espíritu Santo ha sembrado en el bautismo

CELAM
-La acción del Espíritu Santo se profundiza en la catequesis y se comunica en la educación

Congregación para el Clero
-La Iglesia, animada por el Espíritu Santo, ha sido enviada a ser maestra de la fe
-La acción del Espíritu Santo es fecundar constantemente la Iglesia


II – Los Pastores no pueden prescindir de la catequesis confiando en que los fieles aprenderán por sí mismos los misterios de la fe


Código de Derecho Canónico
-Es deber de los pastores cuidar de la catequesis

Pío X
-El principal ministerio de quien gobierna la Iglesia es enseñar a los fieles las cosas sagradas
-La divina semilla de la fe no llega a crecer si es abandonada a sí misma
-La ignorancia de las cosas divinas produce grandes estragos en las almas

Juan Pablo II
-La catequesis es una de las tareas primordiales de la Iglesia
-Deber sagrado y derecho imprescriptible

Concilio Vaticano II
-Los cristianos tienen el derecho a la educación cristiana para contribuir al crecimiento del Cuerpo Místico
-Que la fe ilustrada por la doctrina se haga activa en los hombres

León XIII
-Hay que inducir a las muchedumbres a que se instruyan en lo tocante a la religión

Congregación para el Clero
-La catequesis debe conducir a la comprensión de toda la verdad


III – La catequesis no puede ser comparada al yoga o zen, que en realidad son prácticas contrarias a la religión


Sagrada Escritura
-Todo es basura comparado con la excelencia del conocimiento de Cristo

Congregación para la Doctrina de la Fe
-Prácticas que proponen abandonar la idea de Dios Uno y Trino

Sínodo de los Obispos
-La catequesis es una respuesta adecuada a las sectas y nuevos movimientos religiosos

Juan Pablo II
-Prácticas gnósticas: una moda cultural que siembra confusión e incertidumbre entre los católicos

XLVIII Congreso Eucarístico Internacional
-Sincretismo, buscar la vida al lado de la muerte

San Agustín
-En todas estas creencias se ha de temer y evitar la sociedad con los demonios


IV – El objeto esencial de la catequesis es la trasmisión del misterio de Cristo. Su importancia en la Iglesia no puede ser infravalorada


Santo Tomás de Aquino
-La instrucción acerca de lo divino es necesaria para la salvación

Catecismo Mayor de San Pío X
-La catequesis es la doctrina enseñada por Cristo y transmitida por la Iglesia

Congregación para el Clero
-La catequesis se propone hacer madurar la primera adhesión a Cristo

Juan Pablo II
-El objeto esencial y primordial de la catequesis es el misterio de Cristo

Concilio Vaticano II
-Las palabras de la revelación esclarecen el misterio contenido en ellas

Sagrada Escritura
-Cristo ordena a los Apóstoles la enseñanza
-El Salvador quiere que todos lleguen al conocimiento de la verdad
-La fe nace del mensaje que se escucha


I – La catequesis es necesaria para la actuación del Espíritu Santo en la Iglesia


León XIII

  • La Providencia quiere que seamos enseñados para que el Espíritu Santo derrame gracias más ricas y abundantes

Estos peligros, a saber, la confusión de licencia y libertad, la pasión por discutir y mostrar contumacia sobre cualquier asunto posible, el supuesto derecho a sostener cualquier opinión que a uno le plazca sobre cualquier asunto, y a darla a conocer al mundo por medio de publicaciones, tienen a las mentes tan envueltas en la oscuridad que hay ahora más que nunca una necesidad mayor del oficio magisterial de la Iglesia, no sea que las personas se olviden tanto de la conciencia como del deber. […]
En primer lugar, se deja de lado toda guía externa por ser considerada superflua e incluso negativa para las almas que luchan por la perfección cristiana —siendo su argumento que el Espíritu Santo derrama gracias más ricas y abundantes que antes sobre las almas de los fieles, de manera que, sin intervención humana, Él les enseña y los guía por cierta inspiración oculta. Sin embargo, es signo de un no pequeño exceso de confianza el querer medir y determinar el modo de la comunicación divina a la humanidad, ya que ésta depende completamente de su propio bien parecer y Él es el más libre dispensador de sus propios dones. […] Más aun, como lo muestra la experiencia, estas mociones e impulsos del Espíritu Santo son las más de las veces experimentados a través de la mediación de la ayuda y luz de una autoridad magisterial externa. […] Ciertamente pertenece a la ley ordinaria de la providencia amorosa de Dios que, así como Él ha decretado que los hombres se salven en su mayoría por el ministerio de los hombres, ha querido también que aquellos a quienes Él llama a las alturas de la santidad sean guiados hacia allá por hombres; y por eso declara San Crisóstomo que “somos enseñados por Dios a través de la instrumentalidad de los hombres” (Homilia I, in Inscr. Altar).  (León XIII. Carta Testem Benevolentiae al Card. James Gibbons, 22 de enero1899)

Juan Pablo II

  • El Espíritu Santo es el maestro interior de la catequesis

Al final de esta Exhortación Apostólica, la mirada se vuelve hacia Aquél que es el principio inspirador de toda la obra catequética y de los que la realizan: el Espíritu del Padre y del Hijo: el Espíritu Santo. Al exponer la misión que tendría este Espíritu en la Iglesia, Cristo utiliza estas palabras significativas: “Él os lo enseñará y os traerá a la memoria todo lo que yo os he dicho” (Jn 14, 26), y añade: “Cuando viniere Aquél, el Espíritu de verdad, os guiará hacia la verdad completa…, os comunicará las cosas venideras” (Jn 16, 13). El Espíritu es, pues, prometido a la Iglesia y a cada fiel como un Maestro interior que, en la intimidad de la conciencia y del corazón, hace comprender lo que se había entendido pero que no se había sido capaz de captar plenamente. La catequesis, que es crecimiento en la fe y maduración de la vida cristiana hacia la plenitud, es por consiguiente una obra del Espíritu Santo, obra que sólo Él puede suscitar y alimentar en la Iglesia. […] Ante todo está claro que la Iglesia, cuando ejerce su misión catequética —como también cada cristiano que la ejerce en la Iglesia y en nombre de la Iglesia— debe ser muy consciente de que actúa como instrumento vivo y dócil del Espíritu Santo. Invocar constantemente este Espíritu, estar en comunión con Él, esforzarse en conocer sus auténticas inspiraciones debe ser la actitud de la Iglesia docente y de todo catequista. (Juan Pablo II. Exhortación Apostólica Catechesis Tradendae, n. 72, 16 de octubre de 1979)

  • Catequesis, hacer crecer lo que el Espíritu Santo ha sembrado en el bautismo

La finalidad específica de la catequesis no consiste únicamente en desarrollar, con la ayuda de Dios, una fe aún inicial, en promover en plenitud y alimentar diariamente la vida cristiana de los fieles de todas las edades. Se trata en efecto de hacer crecer, a nivel de conocimiento y de vida, el germen de la fe sembrado por el Espíritu Santo con el primer anuncio y transmitido eficazmente a través del bautismo. (Juan Pablo II. Exhortación Apostólica Catechesis Tradendae, n. 20, 16 de octubre de 1979)

CELAM

  • La acción del Espíritu Santo se profundiza en la catequesis y se comunica en la educación

La acción del Espíritu se expresa en la oración y al escuchar la Palabra de Dios; se profundiza en la catequesis, se celebra en la liturgia, se testimonia en la vida, se comunica en la educación y se comparte en el diálogo que busca ofrecer a todos los hermanos la vida nueva que, sin mérito de nuestra parte, recibimos en la Iglesia como operarios de la primera hora. (III Conferencia General de Episcopado Latinoamerico y del Caribe. Documento de Puebla, n. 566, 28 de enero de 1979)

Congregación para el Clero

  • La Iglesia, animada por el Espíritu Santo, ha sido enviada a ser maestra de la fe

La catequesis es una acción esencialmente eclesial. El verdadero sujeto de la catequesis es la Iglesia que, como continuadora de la misión de Jesucristo Maestro y animada por el Espíritu, ha sido enviada para ser maestra de la fe. Por ello, la Iglesia, imitando a la Madre del Señor, conserva fielmente el Evangelio en su corazón, lo anuncia, lo celebra, lo vive y lo transmite en la catequesis a todos aquellos que han decidido seguir a Jesucristo. […] La Iglesia, al transmitir —en la iniciación cristiana— la fe y la vida nueva actúa como madre de los hombres, que engendra a unos hijos concebidos por obra del Espíritu Santo y nacidos de Dios. (Congregación para el Clero. Directorio General para la catequesis, n. 78-79, 25 de agosto 1997)

  • La acción del Espíritu Santo es fecundar constantemente la Iglesia

Dios ha dispuesto que la revelación se transmitiera a todos los pueblos, a todas las generaciones, y permaneciese íntegra para siempre. Para cumplir este designio divino, Jesucristo instituyó la Iglesia sobre el fundamento de los Apóstoles y, enviándoles de parte del Padre el Espíritu Santo, les mandó predicar el Evangelio por todo el mundo. […] El Espíritu Santo fecunda constantemente la Iglesia en esta vivencia del Evangelio, la hace crecer continuamente en la inteligencia del mismo, y la impulsa y sostiene en la tarea de anunciarlo por todos los confines del mundo. (Congregación para el Clero. Directorio General para la catequesis, n. 42-43, 25 de agosto 1997)


II – Los Pastores no pueden prescindir de la catequesis confiando en que los fieles aprenderán por sí mismos los misterios de la fe


Código de Derecho Canónico

  • Es deber de los pastores cuidar de la catequesis

Es un deber propio y grave, sobre todo de los pastores de almas, cuidar la catequesis del pueblo cristiano, para que la fe de los fieles, mediante la enseñanza de la doctrina y la práctica de la vida cristiana, se haga viva, explícita y operativa. (Código de Derecho Canónico 773)

Pío X

  • El principal ministerio de quien gobierna la Iglesia es enseñar a los fieles las cosas sagradas

Lejos estamos de afirmar que la malicia del alma y la corrupción de las costumbres no pueden existir con la ciencia de la Religión. Pluguiese a Dios que los hechos demostrasen lo contrario. Pero entendemos que cuando al espíritu lo envuelven las espesas tinieblas de la ignorancia, no pueden darse ni la rectitud de la voluntad ni las buenas costumbres, pues si caminando con los ojos abiertos puede apartarse el hombre del buen camino, el que padece de ceguera está en peligro cierto de desviarse. Añádase que en quien no está enteramente apagada la antorcha de la fe, todavía queda esperanza de que se enmiende y sane la corrupción de costumbres; mas cuando la ignorancia se junta a la depravación, ya no queda espacio para el remedio, sino abierto el camino de la ruina. Puesto que de la ignorancia de la religión proceden tantos y tan graves daños, y, por otra parte, son tan grandes la necesidad y utilidad de la formación religiosa, ya que, en vano sería esperar que nadie pueda cumplir las obligaciones de cristiano, si no las conoce. Conviene averiguar hora a quién compete preservar a las almas de aquella perniciosa ignorancia e instruirlas en ciencia tan indispensable. Lo cual, Venerables Hermanos, no ofrece dificultad alguna, porque ese gravísimo deber corresponde a los pastores de almas que, efectivamente, se hallan obligados por mandato del mismo Cristo a conocer y apacentar las ovejas, que les están encomendadas. Apacentar es, ante todo, adoctrinar: Os daré pastores según mi corazón, que os apacentarán con la ciencia y con la doctrina (Jr 3,15). Así hablaba Jeremías, inspirado por Dios. Y, por ello, decía también el apóstol San Pablo: No me envió Cristo a bautizar, sino a predicar (1Co 1,17), advirtiendo así que el principal ministerio de cuantos ejercen de alguna manera el gobierno de la Iglesia consiste en enseñar a los fieles en las cosas sagradas. (Pío X. Carta Encíclica Acerbo Nimis, n. 5, 15 de abril de 1905)

  • La divina semilla de la fe no llega a crecer si es abandonada a sí misma

Si la fe languidece en nuestros días hasta parecer casi muerta en una gran mayoría, es que se ha cumplido descuidadamente, o se ha omitido del todo, la obligación de enseñar las verdades contenidas en el Catecismo. Inútil sería decir, como excusa, que la fe es dada gratuitamente y conferida a cada uno en el bautismo. Porque, ciertamente, los bautizados en Jesucristo, fuimos enriquecidos con el hábito de la fe, mas esta divina semilla no llega a crecer… y echar grandes ramas, abandonada a sí misma y como por nativa virtud. Tiene el hombre, desde que nace, facultad de entender; mas esta facultad necesita de la palabra materna para convertirse en acto, como suele decirse. También el hombre cristiano, al renacer por el agua y el Espíritu Santo, trae como en germen la fe; pero necesita la enseñanza de la Iglesia para que esa fe pueda nutrirse, crecer y dar fruto. (Pío X. Carta Encíclica Acerbo Nimis, n. 16, 15 de abril de 1905)

  • La ignorancia de las cosas divinas produce grandes estragos en las almas

Observad, os lo rogamos y pedimos, cuán grandes estragos produce en las almas la sola ignorancia de las cosas divinas. Tal vez hayáis establecido, en vuestras diócesis, muchas obras útiles y dignas de alabanza, para el bien de vuestra grey; pero, con preferencia a todas ellas, y con todo el empeño, afán y constancia que os sean posibles, cuidad esmeradamente de que el conocimiento de la Doctrina cristiana penetre por completo en la mente y en el corazón de todos. Comunique cada cual al prójimo —repetimos con el apóstol San Pedro— la gracia según la recibió, como buenos dispensadores de los dones de Dios, los cuales son de muchas maneras (1 P 4, 10). (Pío X. Carta Encíclica Acerbo Nimis, n. 27, 15 de abril de 1905)

Juan Pablo II

  • La catequesis es una de las tareas primordiales de la Iglesia

La catequesis ha sido siempre considerada por la Iglesia como una de sus tareas primordiales, ya que Cristo resucitado, antes de volver al Padre, dio a los Apóstoles esta última consigna: hacer discípulos a todas las gentes, enseñándoles a observar todo lo que Él había mandado. Él les confiaba de este modo la misión y el poder de anunciar a los hombres lo que ellos mismos habían oído, visto con sus ojos, contemplado y palpado con sus manos, acerca del Verbo de vida. Al mismo tiempo les confiaba la misión y el poder de explicar con autoridad lo que Él les había enseñado, sus palabras y sus actos, sus signos y sus mandamientos. Y les daba el Espíritu para cumplir esta misión. Muy pronto se llamó catequesis al conjunto de esfuerzos realizados por la Iglesia para hacer discípulos, para ayudar a los hombres a creer que Jesús es el Hijo de Dios, a fin de que, mediante la fe, ellos tengan la vida en su nombre, para educarlos e instruirlos en esta vida y construir así el Cuerpo de Cristo. La Iglesia no ha dejado de dedicar sus energías a esa tarea. (Juan Pablo II. Exhortación Apostólica Catechesis Tradendae, n. 1, 16 de octubre de 1979)

  • Deber sagrado y derecho imprescriptible

Es evidente, ante todo, que la catequesis ha sido siempre para la Iglesia un deber sagrado y un derecho imprescriptible. Por una parte, es sin duda un deber que tiene su origen en un mandato del Señor e incumbe sobre todo a los que en la Nueva Alianza reciben la llamada al ministerio de Pastores. Por otra parte, puede hablarse igualmente de derecho: desde el punto de vista teológico, todo bautizado por el hecho mismo de su bautismo, tiene el derecho de recibir de la Iglesia una enseñanza y una formación que le permitan iniciar una vida verdaderamente cristiana. (Juan Pablo II. Exhortación Apostólica Catechesis Tradendae, n. 14, 16 de octubre de 1979)

Concilio Vaticano II

  • Los cristianos tienen el derecho a la educación cristiana para contribuir al crecimiento del Cuerpo Místico

Todos los cristianos, en cuanto han sido regenerados por el agua y el Espíritu Santo han sido constituidos nuevas criaturas, y se llaman y son hijos de Dios, tienen derecho a la educación cristiana. La cual no persigue solamente la madurez de la persona humana arriba descrita, sino que busca, sobre todo, que los bautizados se hagan más conscientes cada día del don de la fe, mientras son iniciados gradualmente en el conocimiento del misterio de la salvación; aprendan a adorar a Dios Padre en el espíritu y en verdad, ante todo en la acción litúrgica, adaptándose a vivir según el hombre nuevo en justicia y en santidad de verdad, y así lleguen al hombre perfecto, en la edad de la plenitud de Cristo y contribuyan al crecimiento del Cuerpo Místico. […] Por lo cual, este Santo Concilio recuerda a los pastores de almas su gravísima obligación de proveer que todos los fieles disfruten de la educación cristiana y, sobre todo, los jóvenes, que son la esperanza de la Iglesia. (Concilio Vaticano II. Declaración Gravissimum Educationis, n. 2, 28 de octubre de 1965)

  • Que la fe ilustrada por la doctrina se haga activa en los hombres

Vigilen atentamente que se dé con todo cuidado a los niños, adolescentes, jóvenes e incluso a los adultos la instrucción catequética, que tiende a que la fe, ilustrada por la doctrina, se haga viva, explícita y activa en los hombres y que se enseñe con el orden debido y método conveniente, no sólo con respecto a la materia que se explica, sino también a la índole, facultades, edad y condiciones de vida de los oyentes, y que esta instrucción se fundamente en la Sagrada Escritura, Tradición, Liturgia, Magisterio y vida de la Iglesia. Procuren, además, que los catequistas se preparen debidamente para la enseñanza, de suerte que conozcan totalmente la doctrina de la Iglesia y aprendan teórica y prácticamente las leyes psicológicas y las disciplinas pedagógicas. (Concilio Vaticano II. Decreto Christus Dominus, cap. II, n. 14)

León XIII

  • Hay que inducir a las muchedumbres a que se instruyan en lo tocante a la religión

Conviene con frecuentes sermones y exhortaciones inducir a las muchedumbres a que se instruyan con todo esmero en lo tocante a la religión, y para esto recomendamos mucho que en escritos y sermones oportunos se explanen los principales y santísimos dogmas que encierran toda la filosofía cristiana, con lo cual se llega a sanar los entendimientos por medio de la instrucción y a fortalecerlos así contra las múltiples formas del error como contra los varios modos con que se presentan atractivos los vicios en esa tan grande libertad de publicaciones y curiosidad tan grande de saber. […] Aunadas las fuerzas de una y otra clase, trabajad, Venerables Hermanos, para que todos los hombres conozcan bien y amen a la Iglesia. (León XIII. Carta Encíclica Humanum Genus, 20 de abril de 1884)

Congregación para el Clero

  • La catequesis debe conducir a la comprensión de toda la verdad

El que se ha encontrado con Cristo desea conocerle lo más posible y conocer el designio del Padre que Él reveló. El conocimiento de los contenidos de la fe (fides quae) viene pedido por la adhesión a la fe (fides qua). Ya en el orden humano, el amor a una persona lleva a conocerla cada vez más. La catequesis debe conducir, por tanto, a “la comprensión paulatina de toda la verdad del designio divino”, introduciendo a los discípulos de Jesucristo en el conocimiento de la Tradición y de la Escritura, que es la “ciencia eminente de Cristo” (Flp 3, 8). (Congregación para el Clero. Directorio General para la catequesis, n. 85, 25 de agosto 1997)


III – La catequesis no puede ser comparada al yoga o zen, que en realidad son prácticas contrarias a la religión


Sagrada Escritura

  • Todo es basura comparado con la excelencia del conocimiento de Cristo

Todo lo considero pérdida comparado con la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor. Por él lo perdí todo, y todo lo considero basura con tal de ganar a Cristo y ser hallado en él, no con una justicia mía, la de la ley, sino con la que viene de la fe de Cristo, la justicia que viene de Dios y se apoya en la fe. Todo para conocerlo a Él, y la fuerza de su resurrección, y la comunión con sus padecimientos, muriendo su misma muerte, con la esperanza de llegar a la resurrección de entre los muertos. (Fl 3, 8-11)

Congregación para la Doctrina de la Fe

  • Prácticas que proponen abandonar la idea de Dios Uno y Trino

Con la actual difusión de los métodos orientales de meditación en el mundo cristiano y en las comunidades eclesiales, nos encontramos ante un poderoso intento, no exento de riesgos y errores, de mezclar la meditación cristiana con la no cristiana. Las propuestas en este sentido son numerosas y más o menos radicales: algunas utilizan métodos orientales con el único fin de conseguir la preparación psicofísica para una contemplación realmente cristiana; otras van más allá y buscan originar, con diversas técnicas, experiencias espirituales análogas a las que se mencionan en los escritos de ciertos místicos católicos; otras incluso no temen colocar aquel absoluto sin imágenes y conceptos, propio de la teoría budista, en el mismo plano de la majestad de Dios, revelada en Cristo, que se eleva por encima de la realidad finita; para tal fin, se sirven de una “teología negativa” que trascienda cualquier afirmación que tenga algún contenido sobre Dios, negando que las criaturas del mundo puedan mostrar algún vestigio, ni siquiera mínimo, que remita a la infinitud de Dios. Por esto, proponen abandonar no sólo la meditación de las obras salvíficas que el Dios de la Antigua y Nueva Alianza ha realizado en la historia, sino también la misma idea de Dios, Uno y Trino, que es Amor, en favor de una inmersión “en el abismo indeterminado de la divinidad”. Estas propuestas u otras análogas de armonización entre meditación cristiana y técnicas orientales deberán ser continuamente examinadas con un cuidadoso discernimiento de contenidos y de métodos, para evitar la caída en un pernicioso sincretismo. (Congregación para la Doctrina de la Fe. Carta a los Obispos sobre algunos aspectos de la meditación cristiana, n. 12, 15 de octubre de 1989)

Sínodo de los Obispos

  • La catequesis es una respuesta adecuada a las sectas y nuevos movimientos religiosos

De muchas maneras, con su creciente influencia, las sectas y los nuevos movimientos religiosos constituyen un desafío para la Iglesia. Una respuesta adecuada a ese desafío requiere, ante todo, la proclamación del Evangelio a los individuos, así como una catequesis de los miembros de la Iglesia, según las experiencias y los deseos de cada localidad, concentrándose en las verdades fundamentales y no en teorías secundarias. (Sínodo de los Obispos. Asamblea Especial para la Oceanía. Lineamenta, cap. 3, n. 24, 1997)

Juan Pablo II

  • Prácticas gnósticas: una moda cultural que siembra confusión e incertidumbre entre los católicos

Otro fenómeno de nuestra cultura contemporánea es que, mientras continúa avanzando la secularización de muchos aspectos de la vida, se percibe también una nueva demanda de espiritualidad, expresión de la condición religiosa del hombre y signo de su búsqueda de respuestas a la crisis de valores de la sociedad occidental. A este esperanzador panorama hemos de responder ofreciendo con entusiasmo a los hombres y mujeres de nuestro tiempo las riquezas de las que somos ministros y dispensadores, contribuyendo así a saciar “en lo más profundo de su corazón la nostalgia de la verdad absoluta y la sed de alcanzar la plenitud de su conocimiento”. Hay que tener presente, sin embargo, que no faltan desviaciones que han dado origen a sectas y movimientos gnósticos o pseudorreligiosos, configurando una moda cultural de vastos alcances que, a veces, encuentra eco en amplios sectores de la sociedad y llega incluso a tener influencia en ambientes católicos. Por eso, algunos de ellos, en una perspectiva sincretista, amalgaman elementos bíblicos y cristianos con otros extraídos de filosofías y religiones orientales, de la magia y de técnicas psicológicas. Esta expansión de las sectas y de nuevos grupos religiosos que atraen a muchos fieles y siembran confusión e incertidumbre entre los católicos es motivo de inquietud pastoral. En este campo, es necesario analizar profundamente el problema y encontrar líneas pastorales para afrontarlo. […] Además de pensar en la influencia negativa de dichos grupos religiosos fundamentalistas, habría que preocuparse de ver cómo se pueden contrarrestar las causas que empujan a muchos fieles a abandonar la Iglesia. (Juan Pablo II. Discurso a obispos argentinos en visita “Ad limina”, n. 5, 7 de febrero de 1995)

XLVIII Congreso Eucarístico Internacional

  • Sincretismo, buscar la vida al lado de la muerte

Un buen número de cristianos van a misa, en realidad no para buscar la vida de Dios en el sacramento de la Eucaristía, sino por otras intenciones totalmente humanas, por razones totalmente sociales. Y en las horas sombrías de sus vidas, van hacia los sacrificios paganos o hacia la magía negra para buscar ahí la vida y la paz. Esas personas se encuentran, entonces, con el sincretismo religioso buscando la vida del lado de la muerte. (XLVIII Congreso Eucarístico Internacional, cap. 3, n. 2, 11 de octubre de 2004)

San Agustín

  • En todas estas creencias se ha de temer y evitar la sociedad con los demonios

El cristiano debe huir y repudiar en absoluto todas las artes de esta clase de superstición engañosa o perniciosa, como de sociedad pestilente de hombres y demonios constituida con ciertos pactos de infidelidad y de pérfida amistad. El Apóstol dice: No es que el ídolo sea algo, más porque las cosas que se inmolan por los gentiles, se inmolan a los demonios y no a Dios, por esto, no quiero que os hagáis socios de los demonios. Lo que dijo el Apóstol de los demonios y de los sacrificios que se ofrecen en su honor, eso mismo ha de sentirse de todos los signos de imágenes que arrastran o al culto de los ídolos, o a adorar como a Dios a la criatura y a sus partes; o pertenecen a la solicitud de remedios y de otras observancias. Todas estas cosas no fueron instituidas, por decirlo así, públicamente por Dios para amar a Dios y al prójimo, sino por los privados apetitos de las cosas temporales, que disipan los corazones de los miserables. En todas estas creencias se ha de temer y evitar la sociedad con los demonios que con su príncipe el diablo no intentan otra cosa más que obstruirnos y cercarnos el paso de la patria. (San Agustín. Tratado sobre la Doctrina Cristiana. Libro II, cap. 23, n. 36)


IV – El objeto esencial de la catequesis es la trasmisión del misterio de Cristo. Su importancia en la Iglesia no puede ser infravalorada


Santo Tomás de Aquino

  • La instrucción acerca de lo divino es necesaria para la salvación

Del exacto conocimiento de la verdad de Dios depende la total salvación del hombre, pues en Dios está la salvación. Así, pues, para que la salvación llegara a los hombres de forma más fácil y segura, fue necesario que los hombres fueran instruidos, acerca de lo divino, por revelación divina. Por todo ello se deduce la necesidad de que, además de las materias filosóficas, resultado de la razón, hubiera una doctrina sagrada, resultado de la revelación. (Santo Tomás de Aquino. Suma Teológica, I, q. 1, a. 1)

Catecismo Mayor de San Pío X

  • La catequesis es la doctrina enseñada por Cristo y transmitida por la Iglesia

¿Qué es la doctrina cristiana?
Doctrina cristiana es la doctrina que nos enseñó Nuestro Señor Jesucristo para mostrarnos el camino de la salvación.
¿Es necesario aprender la doctrina enseñada por Jesucristo?
Es necesario aprender la doctrina enseñada por Jesucristo, y faltan gravemente los que descuidan aprenderla.
¿De quién hemos de recibir y aprender la doctrina cristiana?
La doctrina cristiana la hemos de recibir y aprender de la Santa Iglesia Católica.
¿Cómo estamos ciertos de que la doctrina cristiana que recibimos de la Santa Iglesia es realmente verdadera?
Estamos ciertos que la doctrina cristiana que recibimos de la Iglesia Católica es realmente verdadera porque Jesucristo, divino Autor de esta doctrina, la confió por medio de sus Apóstoles a la Iglesia fundada por Él, a la cual constituyó Maestra infalible de todos los hombres y prometió su divina asistencia hasta el fin del mundo. (Catecismo Mayor de San Pío X. Lección preliminar, n. 4-9)

Congregación para el Clero

  • La catequesis se propone hacer madurar la primera adhesión a Cristo

Toda la acción evangelizadora busca favorecer la comunión con Jesucristo. A partir de la conversión “inicial” de una persona al Señor, suscitada por el Espíritu Santo mediante el primer anuncio, la catequesis se propone fundamentar y hacer madurar esta primera adhesión. Se trata, entonces, de ayudar al recién convertido a “conocer mejor a ese Jesús en cuyas manos se ha puesto: conocer su ‘misterio’, el Reino de Dios que anuncia, las exigencias y las promesas contenidas en su mensaje evangélico, los senderos que Él ha trazado a quien quiera seguirle”. (Congregación para el Clero. Directorio General para la catequesis, n. 80, 25 de agosto 1997)

Juan Pablo II

  • El objeto esencial y primordial de la catequesis es el misterio de Cristo

El objeto esencial y primordial de la catequesis es, empleando una expresión muy familiar a San Pablo y a la teología contemporánea, “el misterio de Cristo”. Catequizar es, en cierto modo, llevar a uno a escrutar ese Misterio en toda su dimensión. […] En la catequesis, el cristocentrismo significa también que, a través de ella se transmite no la propia doctrina o la de otro maestro, sino la enseñanza de Jesucristo, la Verdad que Él comunica o, más exactamente, la Verdad que Él es. Así pues hay que decir que en la catequesis lo que se enseña es a Cristo, el Verbo encarnado e Hijo de Dios y todo lo demás en referencia a Él; el único que enseña es Cristo, y cualquier otro lo hace en la medida en que es portavoz suyo, permitiendo que Cristo enseñe por su boca. La constante preocupación de todo catequista, cualquiera que sea su responsabilidad en la Iglesia, debe ser la de comunicar, a través de su enseñanza y su comportamiento, la doctrina y la vida de Jesús. No tratará de fijar en sí mismo, en sus opiniones y actitudes personales, la atención y la adhesión de aquel a quien catequiza; no tratará de inculcar sus opiniones y opciones personales como si éstas expresaran la doctrina y las lecciones de vida de Cristo. […] Esta doctrina no es un cúmulo de verdades abstractas, es la comunicación del Misterio vivo de Dios. La calidad de Aquel que enseña en el Evangelio y la naturaleza de su enseñanza superan en todo a las de los “maestros” en Israel, merced a la unión única existente entre lo que Él dice, hace y lo que es. (Juan Pablo II. Exhortación Apostólica Catechesis Tradendae, n. 5-7, 16 de octubre de 1979)

Concilio Vaticano II

  • Las palabras de la revelación esclarecen el misterio contenido en ellas

Dispuso Dios en su sabiduría revelarse a Sí mismo y dar a conocer el misterio de su voluntad, mediante el cual los hombres, por medio de Cristo, Verbo encarnado, tienen acceso al Padre en el Espíritu Santo y se hacen consortes de la naturaleza divina. En consecuencia, por esta revelación, Dios invisible habla a los hombres como amigos, movido por su gran amor y mora con ellos, para invitarlos a la comunicación consigo y recibirlos en su compañía. Este plan de la revelación se realiza con hechos y palabras intrínsecamente conexos entre sí, de forma que las obras realizadas por Dios en la historia de la salvación manifiestan y confirman la doctrina y los hechos significados por las palabras, y las palabras, por su parte, proclaman las obras y esclarecen el misterio contenido en ellas. (Concilio Vaticano II. Constitución Dogmática Dei Verbum, cap. 1, n. 2, 18 de noviembre de 1965)

Sagrada Escritura

  • Cristo ordena a los Apóstoles la enseñanza

Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado. (Mt 28, 19-20)

  • El Salvador quiere que todos lleguen al conocimiento de la verdad

Esto es bueno y agradable a los ojos de Dios, nuestro Salvador, que quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad. (1 Tm 2, 3-4)

  • La fe nace del mensaje que se escucha

No todos han prestado oídos al Evangelio. Pues Isaías afirma: “Señor, ¿quién ha creído nuestro mensaje?” Así, pues, la fe nace del mensaje que se escucha, y la escucha viene a través de la palabra de Cristo. (Rm 10, 16-17)


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