XVI Sínodo de Toledo (693)…

… juzga la idea de inmortalidad del alma que tiene Francisco

  • Recibiremos la bienaventuranza eterna o la condenación perpetua

Dándonos ejemplo a nosotros con su resurrección que así como Él vivificándonos, después de dos días al tercer día resucitó vivo de entre los muertos, así nosotros también al fin de este siglo creamos que debemos resucitar en todas partes, no con figura aérea, o entre sombras de una visión fantástica, como afirmaba la opinión condenable de algunos (Contra el patriarca Eutiquio de Constantinopla; cf. Gregorio I Magno, Moralia XIV 56, n. 72), sino en la sustancia de la verdadera carne, en la cual ahora somos y vivimos, y en la hora del juicio presentándonos delante de Cristo y de sus santos ángeles, cada uno dará cuenta (2 Cor 5, 10) de lo propio de su cuerpo, tal como obró, bueno o malo, para recibir de Él o el reino de la bienaventuranza eterna por los actos propios, o la sentencia de condenación perpetua por sus crímenes. (Denzinger-Hünermann 574. Sergio I. XVI Sínodo de Toledo, mayo de 693, Confesión de fe, n. 35)