XV Sínodo de Cartago

… juzga la idea de gracia que tiene Francisco

  • Sin la gracia de Dios nada podemos hacer

Igualmente plugo: Quienquiera dijere que la gracia de Dios por la que se justifica el hombre por medio de Nuestro Señor Jesucristo, solamente vale para la remisión de los pecados que ya se han cometido, pero no de ayuda para no cometerlos, sea anatema. Igualmente, quien dijere que la misma gracia de Dios por Jesucristo Señor nuestro solo nos ayuda para no pecar en cuanto por ella se nos revela y se nos abre la inteligencia de los preceptos para saber que debemos desear, que evitar, pero que por ella no se nos da que amemos también y podamos hacer lo que hemos conocido debe hacerse, sea anatema. Porque diciendo el Apóstol: “La ciencia hincha, mas la caridad edifica” (1 Cor 8); muy impío es creer que tenemos la gracia de Cristo para la ciencia que hincha y no la tenemos para la caridad que edifica, como quiera que una y otra cosa son don de Dios, lo mismo el saber que debemos hacer que el amar a fin de hacerlo, para que, edificando la caridad, no nos pueda hinchar la ciencia. Y como de Dios está escrito: “El que enseña al hombre la ciencia” (Sal 93, 10), así también esta: “La caridad es de Dios” (1 Jn 4, 7). Igualmente plugo: Quienquiera dijere que la gracia de la justificación se nos da a fin de que más fácilmente podamos cumplir por la gracia lo que se nos manda hacer por el libre albedrío, como si, aun sin dársenos la gracia, pudiéramos, no ciertamente con facilidad, pero pudiéramos al menos cumplir los divinos mandamientos, sea anatema. De los frutos de los mandamientos hablaba, en efecto, el Señor, cuando no dijo: Sin mí, mas difícilmente podéis obrar, sino que dijo: “Sin mí, nada podéis hacer” (Jn 15, 5). (Denzinger-Hünermann 225-227. XV Sínodo de Cartago, cánones sobre la gracia, 1 de mayo de 418)

… juzga la idea de Francisco de que las sectas hacen parte de la Iglesia

  • Condena de la doctrina pelagiana

Plugo a todos los obispos… congregados en el santo Concilio de la Iglesia de Cartago: Quienquiera que dijere que el primer hombre, Adán, fue creado mortal, de suerte que tanto si pecaba como si no pecada tenía que morir en el cuerpo, es decir, que saldría del cuerpo no por castigo del pecado, sino por necesidad de la naturaleza, sea anatema. (Denzinger-Hünermann 222. XV Sínodo de Cartago, 1 de mayo del 418)

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