Santa Teresa del Niño Jesús…

… juzga la idea humanística que Francisco tiene de la familia

  • La Doctora de la Iglesia consideraba sus padres más dignos del cielo que de la tierra

El buen Dios me dio un padre y una madre más dignos del cielo que de la tierra. (Santa Teresa de Niño Jesús. Carta al Padre Bellière, carta 261, 26 de julio de 1997).

  • Luis Martin parecía no pertenecer ya a esta tierra

Y yo escuchaba bien, pero miraba más a papá que al predicador. ¡Me decía tantas cosas su hermoso rostro…! A veces sus ojos se llenaban de lágrimas que trataba en vano de contener. Tanto le gustaba a su alma abismarse en las verdades eternas, que parecía no pertenecer ya a esta tierra… Sin embargo, su carrera estaba aún muy lejos de terminar: tenían que pasar todavía largos años antes de que el hermoso cielo se abriera ante sus ojos extasiados y de que el Señor enjugara las lágrimas de su servidor fiel y cumplidor… (Santa Teresa del Niño Jesús. Historia de un alma, Manuscrito A, n. 17v, enero de 1895)

  • “No tenía más que mirarlo para saber cómo rezan los santos”

Luego subíamos para rezar las oraciones en común, y la reinecita se ponía solita junto a su rey, y no tenía más que mirarlo para saber cómo rezan los santos… (Santa Teresa del Niño Jesús. Historia de un alma, manuscrito A, n. 18r, enero de 1895)

  • Hogar impregnado de un perfume virginal

Él la hizo (Santa Teresa del Niño Jesús) nacer en una tierra santa e impregnada toda ella como de un perfume virginal. (Santa Teresa del Niño Jesús. Historia de un alma, manuscrito A, n. 3v, enero de 1895)

… juzga la idea de gracia que tiene Francisco

  • La Doctora de la Pequeña Vía reconoce haber recibido gracias muy especiales

Podemos decir muy bien, sin vanagloria, que hemos recibido gracias y luces muy especiales. Vivimos en la verdad; vemos las cosas bajo su verdadera luz. (Santa Teresa del Niño Jesús. Últimas conversaciones, n. 9.5.1, 9 de mayo)

… juzga la idea que Francisco tiene sobre el sufrimiento humano

  • Esencia de la santidad

La santidad no consiste en decir cosas hermosas, ni consiste siquiera en pensarlas o en sentirlas… Consiste en sufrir, y en sufrir toda clase de sufrimientos. “¡La santidad hay que conquistarla a punta de espada! ¡Hay que sufrir…, hay que agonizar…!” Vendrá un día en que las sombras desaparecerán, y entonces no quedará ya nada más que la alegría, la embriaguez… ¡Aprovechémonos de nuestro único momento de sufrir…! No miremos más que al instante presente… Un instante es un tesoro… Un solo acto de amor nos hará conocer mejor a Jesús…, nos acercará a él por toda la eternidad… (Santa Teresa de Lisieux. Carta 89 a Celina)

  • El grado de perfección es proporcional al de sufrimiento

Más tarde, cuando se ofreció ante mis ojos el horizonte de la perfección, comprendí que para ser santa había que sufrir mucho, buscar siempre lo más perfecto y olvidarse de sí misma. Comprendí que en la perfección había muchos grados, y que cada alma era libre de responder a las invitaciones del Señor y de hacer poco o mucho por él, en una palabra, de escoger entre los sacrificios que él nos pide. Entonces, como en los días de mi niñez, exclamé: “Dios mío, yo lo escojo todo. No quiero ser santa a medias, no me asusta sufrir por ti, sólo me asusta una cosa: conservar mi voluntad. Tómala, ¡pues yo escojo todo lo que tú quieres…!”   (Santa Teresa de Lisieux. Historia de un alma, manuscrito A, cap. I)

… juga la idea de igualdad como fuente de justicia y felicidad que tiene Francisco

  • La perfección consiste no en la igualdad sino en ser lo que Dios quiere

Durante mucho tiempo me he preguntado por qué tenía Dios preferencias, por qué no recibían todas las almas las gracias en igual medida. […] Jesús ha querido darme luz acerca de este misterio. Puso ante mis ojos el libro de la naturaleza y comprendí que todas las flores que él ha creado son hermosas, y que el esplendor de la rosa y la blancura del lirio no le quitan a la humilde violeta su perfume ni a la margarita su encantadora sencillez… Comprendí que si todas las flores quisieran ser rosas, la naturaleza perdería su gala primaveral y los campos ya no se verían esmaltados de florecillas… Eso mismo sucede en el mundo de las almas, que es el jardín de Jesús. Él ha querido crear grandes santos, que pueden compararse a los lirios y a las rosas; pero ha creado también otros más pequeños, y éstos han de conformarse con ser margaritas o violetas destinadas a recrear los ojos de Dios cuando mira a sus pies. La perfección consiste en hacer su voluntad, en ser lo que él quiere que seamos… (Santa Teresa del Niño Jesús. Manuscritos autobiográficos, Manuscrito “A” dedicado a la Madre Inés de Jesús, cap. 1)

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