San Roberto Belarmino…

… juzga la idea de “conversión del papado” que tiene Francisco

  • ¿El barco puede aventurarse en olas sin un piloto?

Y si existía la necesidad de una cabeza, incluso en los días de los Apóstoles, para evitar un cisma, según el argumento de San Jerónimo contra Joviniano, ¿cómo habría sobrevivido la Iglesia si no fuera infalible, donde fueron innumerables los fieles? ¿El barco puede aventurarse en las olas sin un capitán? ¿Y la manada puede pastar sin pastor? (San Roberto Belarmino. Sermon 12, Discurso sobre la antiguedad de la Iglesia)

  • Calvino considera que la autoridad reside en el conjunto de los obispos

Calvino, al contrario, en la obra de las Institutas, Libro 4, cap. 11, pf. 6, atribuye el sumo poder eclesiástico al conjunto de los ancianos, los cuales quiere que un obispo presida como un cónsul al senado. Y, además, en el mismo lugar, enseña abiertamente que es mayor la autoridad del conjunto de los ancianos que la del obispo. Al pueblo, Calvino atribuye algo, pero menos que al conjunto de los ancianos. (San Roberto Belarmino. La monarquía eclesiástica del romano pontífice, c. V)

  • Juan Brentius concede el sumo poder a los príncipes seglares

Finalmente, Juan Brentius, en los prolegómenos contra Pedro Soto, concede el sumo poder a los mejores, esto es, a los aristócratas, pero él no quiere que sean obispos, sino príncipes seculares, los cuales afirman que son los más nobles miembros de la Iglesia. (San Roberto Belarmino. La monarquía eclesiástica del romano pontífice, c. V)

  • La verdad es proclamada por un Doctor de la Iglesia: ni el pueblo, ni los príncipes seglares o eclesiásticos detentan el régimen de la Iglesia, sino el Papa

Sin embargo, todos los doctores católicos concuerdan en lo siguiente: que el régimen eclesiástico confiado por Dios a los hombres sea, de hecho, el monárquico, pero templado, moderado, como dijimos encima, por la aristocracia y por la democracia. De eso tratan principalmente el bienaventurado Tomás de Aquino, en el cuarto libro de la Suma contra los Gentiles, capítulo 76, Juan de Turrecrem, en Libro 2, sobre la Iglesia, cap. 2, y Nicolau Sanderos, en los libros sobre la monarquía visible de la Iglesia. Insistiendo sobre sus pasos, trajimos aquí cuatro proposiciones que defenderemos con todas nuestras fuerzas. La primera será que el régimen de la Iglesia no está principalmente junto al pueblo. La segunda, que no está junto a los príncipes seculares; la tercera, que no está especialmente junto a los príncipes eclesiásticos. La cuarta es que está principalmente junto a un único sumo presidente y sacerdote de toda la Iglesia. (San Roberto Belarmino. La monarquía eclesiástica del romano pontífice, c. V)

… juzga la idea de Francisco de que Dios ama al pecador sin condiciones

  • El mal ladrón rechazó la gracia de Dios y encontró su perdición definitiva

Si algún hombre quiere conocer el poder de la gracia de Dios, que ponga sus ojos en el buen ladrón. […] Con la asistencia de la gracia de Dios, cuando las puertas del cielo parecían cerradas para él, y las fauces del infierno abiertas para recibirlo, y el pecador mismo tan alejado como parece posible de la vida eterna, fue iluminado repentinamente de lo alto, sus pensamientos se dirigieron hacia el canal apropiado, y confesó que Cristo era inocente y el Rey del mundo por venir, y, como ministro de Dios, reprobó al ladrón que lo acompañaba, lo persuadió de que se arrepintiera, y se encomendó humilde y devotamente a Cristo. […] Por otro lado, en orden a permitirnos ver la magnitud de la debilidad humana, el mal ladrón no se convierte ni por la inmensa caridad de Cristo, quien oró tan amorosamente por sus ejecutores, ni por la fuerza de sus propios sufrimientos, ni por la admonición y ejemplo de su compañero, ni por la inusual oscuridad, el partirse de las rocas, o la conducta de aquellos que, después de la muerte de Cristo, volvieron a la ciudad golpeándose el pecho. […] Si uno de los ladrones cooperó con la gracia de Dios en el último momento, el otro la rechazó, y encontró su perdición definitiva. (San Roberto Belarmino. Comentario a las Siete Palabras de Jesús en la Cruz, cap. VI)

… juzga la idea de condenación eterna que que tiene Francisco

  • Después de la muerte no hay lugar para el arrepentimiento

Y todo lector de historia, u observador de lo que sucede alrededor, no puede sino saber que la regla es que los hombres terminen una vida perversa con una muerte miserable, mientras que es una excepción que el pecador muera de manera feliz; y, por el otro lado, no sucede con frecuencia que aquellos que viven bien y santamente lleguen a un fin triste y miserable, sino que muchas personas buenas y piadosas entran, después de su muerte, en posesión de los gozos eternos. Son demasiado presuntuosas y necias aquellas personas que, en un asunto de tal importancia como la felicidad eterna o el tormento eterno, osan permanecer en un estado de pecado mortal incluso por un día, viendo que pueden ser sorprendidas por la muerte en cualquier momento, y que después de la muerte no hay lugar para el arrepentimiento, y que una vez en el infierno ya no hay redención. (San Roberto Belarmino. Comentario a las siete palabras de Jesús. Cap. VI, n. 26) 

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