San Justino Romano…

… juzga el modo de reformar la Iglesia que defiende Francisco

  • Reúnen rebaños de niños con el fin de usar torpemente de ellos

Al modo como de los antiguos se cuenta que mantenían rebaños de bueyes, cabras, ovejas o de caballos de pasto, así se reúnen ahora rebaños de niños con el único fin de usar torpemente de ellos, y una muchedumbre, lo mismo de afeminados que de andróginos y pervertidos, está preparada por cada provincia para semejante abominación. Por ello perciben ustedes tasas, contribuciones y tributos, siendo así que el deber de ustedes sería extirparlos de raíz de su imperio. […] Hay también quienes prostituyen a sus propios hijos y mujeres; otros se mutilan públicamente para la sodomía. (San Justino Romano. Apología Prima)

… juzga la idea de Francisco de que Jesús es solamente misericordia

  • Nadie ni nada pasan inadvertidos a Dios

Profesamos doctrinas como la de que no es posible que un malhechor, un avaro o un conspirador, pasen inadvertidos a Dios —como tampoco pasa un hombre virtuoso. Por el contrario, cada uno camina, según el mérito de sus acciones, hacia el castigo o hacia la salvación eterna. Si todos los hombres fuesen conscientes de esto, nadie escogería la maldad por un momento, sabiendo que así emprendía la marcha hacia su condena eterna en el fuego, sino que por todos los medios se contendría y se adornaría con las virtudes, para alcanzar los bienes de Dios y verse libre de la pena. Quienes, por miedo a las leyes y castigos decretados por vosotros, tratan de ocultarse al cometer sus crímenes, los cometen conscientes de que sois hombres, y que de vosotros es posible esconderse. Si supieran y estuvieran persuadidos de que nadie puede ocultar a Dios, no ya una acción, sino tampoco un pensamiento, al menos por el castigo que les amenaza, se moderarían. (San Justino de Roma. Las obras del cristiano, Apología)

… juzga la idea de libertad religiosa que tiene Francisco

  • Hay hombres que se reconocen cristianos, pero enseñan los preceptos del error

En efecto, hay hombres que se reconocen cristianos y confiesan por Señor y Cristo a Jesús, el que fue crucificado; pero, por otra parte, no enseñan sus preceptos, sino los de los espíritus del error (cf. 1 Tm 1, 4). […] Hay, pues, amigos, y los ha habido, muchos (cf. Mt 24, 5) que han enseñado a decir y hacer cosas impías y blasfemas, no obstante presentarse en nombre de Jesús (cf. Mt 24,5) […] Nosotros no tenemos nada en común con ellos, pues sabemos que son ateos, impíos, injustos e inicuos, y que, en lugar de dar culto a Jesús, sólo de nombre le confiesan. Se llaman a sí mismos cristianos, a la manera que los de las naciones atribuyen el nombre de Dios a obras de sus manos y toman parte en inicuas y ateas ceremonias. (San Justino de Roma. Dialogus cum Tryphone judaeo, n.35)