San Gregorio de Nisa…

… juzga la idea de Francisco de que el Corán es un libro de paz

  • Cristo es la Paz, la luz verdadera sin mezcla posible de error

Él es nuestra paz, él ha hecho de los dos pueblos una sola cosa. Teniendo en cuenta que Cristo es la paz, mostraremos la autenticidad de nuestro nombre de cristianos se, con nuestra manera de vivir, ponemos de manifiesto la paz que reside en nosotros y que es el mismo Cristo. Él ha dado muerte al odio, como dice el Apóstol. No permitamos, pues, de ningún modo que este odio reviva en nosotros, antes demostremos que está del todo muerto. Dios, por nuestra salvación, le dio muerte de una manera admirable; ahora, que yace bien muerto, no seamos nosotros quienes lo resucitemos en perjuicio de nuestras almas, con nuestras iras y deseos de venganza.
Ya que tenemos a Cristo, que es la paz, nosotros también matemos el odio, de manera que nuestra vida sea una prolongación de la de Cristo, tal como lo conocemos por la fe. […] Además, considerando que Cristo es la luz verdadera sin mezcla posible de error alguno, nos damos cuenta de que también nuestra vida ha de estar iluminada con los rayos de la luz verdadera. Los rayos del sol de justicia son las virtudes que de él emanan para iluminarnos, para que dejemos las actividades de las tinieblas y nos conduzcamos como en pleno día, con dignidad. Y, apartando de nosotros las ignominias que se cometen a escondidas y obrando en todo a plena luz, nos convirtamos también nosotros en luz y, según es propio de la luz, iluminemos a los demás con nuestras obras. (San Gregorio de Nisa. Tratado de sobre el perfecto modelo del Cristiano: PG 46, 259-262)

… juzga la idea de que nuestros pecados nos aproximan de Jesucristo que tiene Francisco

  • La fe sin las obras de justicia no es suficiente para la salvación

Pablo, uniendo la virtud a la fe y tejiéndolas juntas, construye de ellas la coraza del hoplita, armando al soldado propia y seguramente de ambos lados. Un soldado no puede considerarse satisfactoriamente armado cuando una parte de la armadura no está unida a la otra. La fe sin las obras de justicia no son suficientes para la salvación, ni tampoco sin embargo, es justo vivir seguro en sí mismo para la salvación, si se separa de la fe. (San Gregorio de Nisa. Homilías sobre el Eclesiastés, 8)

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