San Francisco de Sales…

… juzga la idea de la Iglesia como una ONG que tiene Francisco

  • No se puede poner más cuidado en distribuir el pan material que el pan del cielo

Los apóstoles, encargados de predicar el Evangelio por todo el mundo y de distribuir el pan del cielo a las almas, creyeron, muy acertadamente, que habrían obrado mal si se hubiesen distraído de este santo ejercicio para practicar la virtud de socorrer a los pobres, aunque esta virtud sea muy excelente. Cada vocación tiene necesidad de practicar alguna especial virtud: unas son las virtudes del prelado, otras las del príncipe, otras las del soldado, otras las de una mujer casada, otras las de una viuda; y, aunque todos han de tener todas las virtudes, no todos, empero, las han de practicar igualmente, sino que cada uno ha de ejercitarse, particularmente, en aquellas que exige el género de vida a que ha sido llamado. (San Francisco de Sales. Introducción a la vida devota, parte III, cap. 1)

… juzga la idea de “conversión del papado” que tiene Francisco

  • …y turban la fuente cristalina del Evangelio, de tal manera que ni San Pedro puede encontrar en ella sus llaves ni a nosotros nos dejan beber el agua de la santa obediencia que debemos al Vicario de Cristo

“Et tibi dabo claves regni caelorum”. No se podría hablar con mayor claridad. […] Pero los ministros [protestantes] tratan por todos los medios de turbar la fuente cristalina del Evangelio, de tal manera que ni San Pedro puede encontrar en ella sus llaves ni a nosotros nos dejan gustar y beber el agua de la santa obediencia que debe al vicario de Nuestro Señor. No obstantes, se han apresurado a decir que San Pedro había recibido esta promesa de Nuestro Señor, pero en nombre de la Iglesia, sin que por ello haya recibido personalmente ningún privilegio. Bueno, pues si esto no es violar las Escrituras, no creo que nunca puedan ser violadas. Porque ¿no era a San Pedro a quien expresar su intención que decirle: Et ego dico tibi, Dabo tibi? Y puesto que acababa de hablar inmediatamente de la Iglesia, habiendo dicho: Portae inferi non praevalebunt adversus eam, podría haber dicho: Et dabo illi claves regni, si su intención hubiera sido dárselas a toda la Iglesia. Ahora bien, no es illi lo que dice, sino dabo tibi. […] En la promesa y en la colación de la misma, Nuestro Señor ha preferido siempre a San Pedro, expresado en unos términos que obligan a creer que es el jefe de la Iglesia. (San Francisco de Sales. Las controversias, Parte II, c. 6, a. 3)

  • Hay que recurrir a Pedro no como a un hombre docto, sino como al pastor general

Cuando se encuentra revestido de sus ornamentos pontificios, es decir, cuando se dirige a toda la Iglesia como pastor en materia de fe y de costumbres, entonces solo hay en su palabra doctrina y verdad. […] Hay que recurrir a él no como a hombre docto, porque en eso, normalmente, sería superado por otros hombres, sino como jefe y pastor general de la Iglesia, y, como tal, honrar, obedecer y abrazar firmemente su doctrina, porque entonces lleva sobre su pecho el urim y el tummim: la doctrina y la verdad. Tampoco hay que creer que siempre y en todas partes sea infalible su juicio, sino solamente cuando se refiere a la fe y a las acciones necesarias para toda la Iglesia; porque en los casos particulares que dependen del factor humano, sin duda puede equivocarse, si bien no deberíamos controlarle sino con respeto, sumisión y discreción. Los teólogos han dicho en pocas palabras que puede equivocarse in quaestionibus facti, non iuris; que se puede equivocar extra cathedram, fuera de la silla de Pedro, es decir, como doctor particular, pero no cuando está in cathedram, es decir, cuando quiere hacer una instrucción y decreto para enseñar a toda la Iglesia, cuando quiere confirmar a sus hermanos como pastor supremo y quiere conducirlos a los pastos de la fe; porque en estos casos no es el hombre el que determina, resuelve y define, sino que es el Espíritu Santo bendito quien por el hombre, según la promesa hecha por nuestro Señor a sus apóstoles, enseña toda la verdad a la Iglesia, […] conduce y lleva su Iglesia a plena verdad. (San Francisco de Sales. Las controversias, parte II, c. 6, a. 15)

  • Si el supremo pastor extravía las ovejas ¿quién las guiará?

Cuando San Pedro fue puesto como fundamento de la Iglesia y a la Iglesia le fue asegurada que las puertas del infierno no prevalecerían contra ella (Mt 16, 18) ¿no fue decirle a San Pedro que, como piedra fundamental del gobierno y administración eclesiástica, no podía desmoronarse y romperse por infidelidad o error, que es la principal puerta del infierno? Porque ¿quién no sabe que, si se desmoronan los cimientos, si a ellos se les pudiera dar un zarpazo, todo el edificio caería? Si el pastor introdujera a sus ovejas en pastos venenosos, ¿no se perdería inmediatamente todo el rebaño? Las ovejas siguen al pastor; si él si pierde, todo se pierde. Así también, si el pastor supremo en el ministerio puede conducir a sus ovejas a pastos venenosos, claramente se ve que todo el rebaño puede perecer en seguida; porque, si el supremo pastor puede conducirlas hacia el mal, ¿quién las reconducirá? Si él se extravía, ¿quién las guiará? En verdad, a nosotros solo compete seguirle, no guiarle; de lo contrario, las ovejas se convertirían en pastores. (San Francisco de Sales. Las controversias, parte II, c. 6, a. 14)

  • El Papa y la Iglesia conforman un solo todo

La Iglesia o el Papa, porque todo es uno, puede emplear sus fuerzas, las de la Iglesia, y las de los príncipes cristianos sus hijos espirituales, en la justa defensa y conservación de los derechos de la Iglesia contra todos aquellos que lo quieran violar, y destruir. (San Francisco de Sales. Cartas espirituales, lib. VII, epístola 48)

  • San Pedro es el primero, el gobernador y confirmador de los demás

Si la Iglesia es comparada a un edificio (Mt 26, 18) como efectivamente los es, su roca y fundamento ministerial está en San Pedro. Si la consideráis semejante a una familia (1 Tm 3, 15), sólo Nuestro Señor es quien paga tributo como jefe de la casa, y después de él San Pedro como su lugarteniente (Mt 27, 26). Si a una navecilla, San Pedro es en ella el patrón y en ella enseña nuestro Señor (Lc 5, 8). Si a una pesca San Pedro, es en ella el primero, y los verdaderos discípulos de nuestro Señor no pescan sino con él (Lc 5, 10; 21, 3). Si a las redes y anzuelos (Mt 13, 4-7), es San Pedro quien los echa al mar y quien los saca (Lc 5, 5-7), los demás discípulos son sus ayudantes; San Pedro es quien les lleva al puerto y quien presenta los peces a nuestro Señor (Jn 21, 11). ¿Decís que es semejante a una Legación? San Pedro es en ella el primero (Mt 10, 2; 5). ¿Decís que es una cofradía? San Pedro es en ella el primero, el gobernador y confirmador de los demás (Lc 22, 32). ¿Preferís que sea un Reino? San Pedro tiene las llaves de él (Mt 16, 19). ¿Queréis que sea una dehesa o aprisco de ovejas y corderos? San Pedro es en él el pastor y apacentador general (Jn 1, 41). (San Francisco de Sales. Las controversias, parte II, c. 6, a. 8)

  • Nuestro Señor ha dicho en términos singulares a San Pedro lo que dice de manera general a los otros

Una gran prueba en contra, según creen los adversarios, es que, según San Pablo, nadie puede poner otro fundamento que el ya puesto: Jesucristo (cf. 1 Cor 3, 11); además, en otra parte dice: “Ya no sois extraños ni forasteros, sino conciudadanos de los santos y familiares de Dios, edificados sobre el cimiento de los Apóstoles y profetas, siendo la piedra angular el mismo Cristo” (cf. Ef 2, 19-20). […] Por consiguiente, dicen: “Si los doce Apóstoles son fundamento de la Iglesia, ¿cómo atribuyen ustedes este título a San Pedro en particular? Y si San Pablo dice que nadie puede ponerse como fundamento, nadie más que Nuestro Señor, ¿cómo atrevéis a decir que por las palabras: “Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia”, San Pedro fue establecido como fundamento de la Iglesia? ¿Por qué no decís mejor —dice Calvino— que la piedra sobre la que está fundada la Iglesia no es otra que Nuestro Señor?” Y también Lutero dice: “¿Por qué no reconocéis que tales palabras son, más bien, la confesión de la fe que hizo San Pedro?” […] De todas maneras, no es un buen razonamiento el decir que todos los Apóstoles son llamados, en general, fundamento de la Iglesia, también lo es San Pedro, al igual que los demás. Bien al contrario, puesto que nuestro Señor ha dicho en particular y en términos singulares a San Pedro lo que posteriormente se dice de manera general de los otros, debemos concluir que en San Pedro se da una propiedad particular de fundamento y que él en particular ha sido lo que es todo el colegio apostólico. (San Francisco de Sales. Las controversias, Parte II, c. 6, a. 2)

  • Pedro es el supremo jefe de la Iglesia, los otros, delegados y comisionados

Veamos cuál es la razón general por la que apóstoles son llamados fundamento de la Iglesia; es porque ellos son los que por su predicación han implantado la fe y la doctrina cristiana, […] los primeros que han convertido el mundo a la religión cristiana, los que han arrojado los fundamentos de la salvación de los hombres y la semilla de su bienaventurada inmortalidad. […] En cuanto a la autoridad y el gobierno, San Pedro precede a los demás, de la misma manera que la cabeza está por encima de los demás miembros. Porque ha sido constituido pastor ordinario y supremo jefe de la Iglesia, los otros han sido pastores delegados y comisionados, con tan plenos poderes y autoridad sobre todo el resto de la Iglesia que San Pedro, a no ser que San Pedro fuera el jefe de todos y su pastor, como lo es de toda la cristiandad. De esta manera fueron fundamento de la Iglesia, junto con él, en cuanto a la conversión de las almas y a la doctrina, pero desiguales en lo referente a la autoridad y al gobierno, puesto que San Pedro era el jefe ordinario no solamente del resto de la Iglesia, sino también de los mismos apóstoles; porque nuestro Señor había edificado sobre él toda la Iglesia. (San Francisco de Sales. Las controversias, parte II, c. 6, a. 2)

  •  Los Apóstoles fueron iguales en el apostolado, no en la dignidad

Sabemos muy bien que nuestro Señor concedió a sus apóstoles unas facultades muy amplias para tratar con el mundo respecto a su salvación cuando les dijo: “Como me envió mi Padre, así también os envío yo; recibid el Espíritu Santo; a quienes perdonareis, etc.” (cf. Jn 20 21). Esa fue la colación de la promesa que les había hecho a todos en general: quaecumque alligaveris, etc. (cf. Mt 18, 18). Pero ¿dijo a alguno de ellos: “¿Apacienta mis ovejas?” Este encargo sólo recibió San Pedro; fueron todos iguales en cuanto al apostolado, pero en lo que se refiere a la dignidad pastoral sólo San Pedro recibió esta institución: Pasce oves meas (Jn 21, 17). (San Francisco de Sales. Las controversias, parte II, c. 6, a. 5)

  • ¿Atacar la dignidad del Papa puede ser bueno?

Los ministros [protestantes], señalando los abusos por parte de la Iglesia, merecieron el reconocimiento por parte de todos. Pero llenar el aire y la tierra de injurias, invectivas, ultrajes, calumnias contra el Papa, y no solo tocante a su persona, sino incluso a su dignidad, atacando la sede que todos los padres antiguos honraron; querer juzgarlo contra el parecer de la Iglesia, decir incluso que dicha dignidad es anticristiana, ¿quién podría pensar que sea bueno? (San Francisco de Sales. Las controversias, Parte II, c. 6, a. 15)

… juzga la idea de marginados que tiene Francisco

  • Un prelado no puede poner más cuidado en distribuir el pan material que el pan del cielo

Los apóstoles, encargados de predicar el Evangelio por todo el mundo y de distribuir el pan del cielo a las almas, creyeron, muy acertadamente, que habrían obrado mal si se hubiesen distraído de este santo ejercicio para practicar la virtud de socorrer a los pobres, aunque esta virtud sea muy excelente. Cada vocación tiene necesidad de practicar alguna especial virtud: unas son las virtudes del prelado, otras las del príncipe, otras las del soldado, otras las de una mujer casada, otras las de una viuda; y, aunque todos han de tener todas las virtudes, no todos, empero, las han de practicar igualmente, sino que cada uno ha de ejercitarse, particularmente, en aquellas que exige el género de vida a que ha sido llamado. (San Francisco de Sales. Introducción a la vida devota, parte III, cap. 1)

… juzga la idea de que el hombre es el centro de la vida cristiana que tiene Francisco

  • No basta practicar la caridad para ser un buen cristiano

Los pecadores no vuelan hacia Dios por las buenas acciones, pero son terrenos y rastreros; las personas buenas, pero que todavía no han alcanzado la devoción, vuelan hacia Dios por las buenas oraciones, pero poco, lenta y pesadamente; las personas devotas vuelan hacia Dios, con frecuencia con prontitud y por las alturas. En una palabra, la devoción no es más que una agilidad y una viveza espiritual, por cuyo medio la caridad hace sus obras en nosotros, o nosotros por ella, pronta y afectuosamente, y, así como corresponde a la caridad el hacernos cumplir general y universalmente todos los mandamientos de Dios, corresponde también a la devoción hacer que los cumplamos con ánimo pronto y resuelto.
Por esta causa, el que no guarda todos los mandamientos de Dios, no puede ser tenido por bueno ni devoto, porque, para ser bueno es menester tener caridad y, para ser devoto, además de la caridad se requiere una gran diligencia y presteza en los actos de esta virtud. (San Francisco de Sales. Introducción a la vida devota, parte I, cap. 1)

… juzga la idea de Iglesia cerrada y enferma que tiene Francisco

  • La Iglesia es inmutable, estable y perpetua

Esto mismo enseña San Pablo cuando llama a la Iglesia columna y fundamento de la verdad (1 Th 3, 15). ¿No quiere esto decir que la verdad está firmemente sostenida por la Iglesia? En otros lugares, la verdad solamente se sostiene a intervalos, y con frecuencia cae, pero en la Iglesia permanece firme, sin vacilaciones, inmutable, sin vicisitudes; en pocas palabras, estable y perpetua. (San Francisco de Sales. Carta Abierta a los protestantes: defensa de la autoridad de la Iglesia, n. 126)

  • Decir que la Iglesia yerra equivale a decir que Dios yerra

¿Quién me hará conocer la recta de entre tantas [verdades] malas? ¿Quién me hará ver la verdad auténtica en medio de tantas vanidades patentes y enmascaradas? Cada cual quiere embarcarse en la nave del Espíritu Santo, pero no hay más que una, y esa sola llegará a buen puerto: las otras naufragarán. ¡Qué peligrosa elección! […] Quien considere que el testimonio que Dios dio de la Iglesia es auténtico, comprenderá que decir que la Iglesia yerra equivale a decir que Dios yerra, o que es su gusto y voluntad que erremos, lo que sería una gran blasfemia. (San Francisco de Sales. Carta Abierta a los protestantes: defensa de la autoridad de la Iglesia, n. 126)

… juzga la idea que Francisco tiene sobre el sufrimiento humano

  • La mejor señal de que agradamos a Dios

La mejor señal para saber si estamos agradando a Dios es la inquebrantable resolución de sufrir cualquier otro mal, antes que decir, hacer o pensar algo que disguste a Nuestro Señor. (San Francisco de Sales citado por San Alfonso María de Ligorio. Práctica del amor a Jesucristo, p. 134)

  • Felices las almas que beben el cáliz del sufrimiento

¡O que felices son las almas que valientemente beben del cáliz del sufrimiento con Nuestro Señor!, que se mortifican llevando su cruz; que sufren amorosamente y reciben con sumisión todos los acontecimientos. Pero, Dios mío, ¡cuán pocos hacen estas cosas! (San Francisco de Sales. Sermón para la fiesta de San Juan de la Puerta Latina)

  • Camino que nos conduce directo a Dios

Así debemos hacer, tomar el camino de la cruz y de las aflicciones, pues este es el camino seguro que nos conduce directo a Dios y a la perfección de su amor. Si somos fieles en beber valientemente del cáliz, dejándonos crucificar con Él en esa vida, su divina bondad no se olvidará de nos glorificar eternamente en la otra vida. (San Francisco de Sales. Sermón para la fiesta de San Juna Puerta Latina)

  • La voluntad del Padre y la de Cristo fue redimirnos por la cruz

Cualquiera acción de la vida de Nuestro Señor, aún la más pequeña, era infinitamente suficiente para operar nuestra salvación. Sin embargo, la voluntad de Dios Padre y la suya propia fue de nos redimir por medio de la Cruz. (San Francisco de Sales, Sermón para el día de la invención de la Santa Cruz)

… juzga la idea de que podemos enorgullecernos de nuestros pecados que tiene Francisco

  • El alma que ha consentido en el pecado ha de lavarse cuanto antes

El alma que ha consentido en el pecado ha de tener horror de sí misma y ha de lavarse cuanto antes, por el respeto que debe a la divina Majestad, que le está mirando. ¿Por qué pues, hemos de morir de muerte espiritual, teniendo, como tenemos, un remedio tan excelente? (San Francisco de Sales. Introducción a la vida devota, 2, 19)

… juzga la idea de origen de los Salmos que tiene Francisco

  • La Sagrada Escritura es regla de la fe cristiana

La Sagrada Escritura es de tal manera regla de nuestra fe cristiana, que quien no cree todo lo que ella contiene o creyere algo que de alguna manera la contradijera es considerado como infiel. […] Pero estoy perdiendo el tiempo; todos estamos de acuerdo sobre esto, y si alguien estuviera tan desesperado que llegara a contradecirnos, no sabiendo apoyar su propia contradicción nada más que en las mismas Escrituras, se contradice a sí mismo, antes que contradecir las Escrituras, sirviéndose de ellas al mismo tiempo que protesta no quererse servir de las mismas. (San Francisco de Sales. Meditaciones sobre la Iglesia, Parte II, cap. 1, a. 1. Madrid, BAC, 1985, p. 171)

… juzga la idea de obediencia religiosa que tiene Francisco

  • Debemos querer lo que Dios quiere, o sea, lo que quieren los superiores

No deseéis, pues, nada más que lo que Dios quiere y haced lo que os diga el que os mande, con tal que no haya pecado en ello. Quered lo que quieren los superiores y querréis lo que Dios quiere: con ello seréis de veras obedientes y dichosos. (San Francisco de Sales. Epistolario, fragm. 46, I)

… juzga la idea de condenación eterna que tiene Francisco

  • Considerar la eternidad de las llamas basta para hacer intolerable el infierno

Los condenados están dentro del abismo infernal como en una ciudad infortunada, en la cual padecen tormentos indecibles, en todos sus sentidos y en todos sus miembros, pues, por haberlos empleado en pecar, han de padecer en ellos las penas debidas al pecado. […] Además de todos estos tormentos, todavía hay otro mayor, que es la privación y la pérdida de la gloria de Dios, que jamás podrán contemplar. […] ¡Oh Dios mío, qué pesar, el verse privado para siempre de la visión de tu dulce y suave rostro!
Considera, sobre todo, la eternidad de las llamas, que, por sí sola hace intolerable el infierno.
¡Ah!, si un mosquito en la oreja, si el calor de una ligera fiebre es causa de que nos parezca larga y pesada una noche corta, ¡cuán espantosa será la noche de la eternidad, en medio de tantos tormentos! De esta eternidad nace la desesperación eterna, las blasfemias y la rabia infinita. (San Francisco de Sales. Meditación 7, cap. 15)