Pontificio Consejo para el Diálogo Interreligioso…

… juzga la idea de Francisco de que el Corán es un libro de paz

  • Lo que hace los delitos contra las comunidades étnicas y religiosas aún más atroces es el intento de justificarlos en el nombre de la religión

Para algunos de ustedes y también para las personas de otras comunidades religiosas, la alegría de la fiesta se ensombrece por el recuerdo de los seres queridos que perdieron su vida o sus bienes, o sufrieron física, mental y espiritualmente incluso, a causa de la violencia. Las comunidades étnicas y religiosas en varios países del mundo han pasado por diversos y enormes sufrimientos injustos: asesinato de algunos de sus miembros, la destrucción de sus patrimonios culturales y religiosos, la emigración forzada de sus hogares y ciudades, el abuso sexual y violación de sus mujeres, esclavitud de algunos de sus miembros, la trata de personas, el comercio de órganos, e incluso ¡la venta de cadáveres!
Todos somos conscientes de la gravedad de estos delitos en sí mismos. Sin embargo, lo que los hace aún más atroces es el intento de justificarlos en el nombre de la religión
. (Pontificio Consejo para el Diálogo Interreligioso. Mensaje para el mes del Ramadán, n. 2-3, 12 de junio de 2015)

… juzga las ideas presentes en la Laudato Sí´

  • Es proprio de la Nueva Era preferir las religiones orientales y divinizar al mundo

La Nueva Era muestra una notable preferencia por las religiones orientales o precristianas, a las que se considera incontaminadas por las distorsiones judeocristianas. De aquí el gran respeto que merecen los antiguos ritos agrícolas y los cultos de fertilidad. ‘Gaia’, la Madre Tierra, se presenta como alternativa a Dios Padre, cuya imagen se ve vinculada a una concepción patriarcal del dominio masculino sobre la mujer. Se habla de Dios, pero no se trata de un Dios personal. El Dios del que habla la Nueva Era no es ni personal ni trascendente. Tampoco es el Creador que sostiene el universo, sino una ‘energía impersonal’, inmanente al mundo, con el cual forma una ‘unidad cósmica’: ‘Todo es uno’. Esta unidad es monista, panteísta o, más exactamente, panenteísta. Dios es el ‘principio vital’, ‘el espíritu o alma del mundo’, la suma total de la conciencia que existe en el mundo. En cierto sentido, todo es Dios. Su presencia es clarísima en los aspectos espirituales de la realidad, de modo que cada mente y espíritu es, en cierto sentido, Dios. […] No hay alteridad entre Dios y el mundo. El mundo mismo es divino y está sometido a un proceso evolutivo que lleva de la materia inerte a una ‘conciencia superior y perfecta’. […] El libro de James Lovelock sobre la hipótesis Gaia afirma que ‘todo el ámbito de la materia viva de la tierra, desde las ballenas hasta los virus y desde los robles hasta las algas, podría considerarse como una única entidad viviente, capaz de manipular la atmósfera de la tierra para adaptarla a sus necesidades generales y dotada de facultades y poderes que superan con mucho los de sus partes constitutivas’. (Consejo Pontificio de la Cultura y Consejo Pontificio para el Diálogo Interreligioso. Jesucristo portador del agua de la vida, Una reflexión cristiana sobre la Nueva Era, n. 2.3.4.2 – 2.3.4.3, 3 de febrero de 2003)

  • La igualdad de seres lleva a la igualdad de religiones y éstas igualan Buda a Cristo

[Para la Nueva Era] Jesús de Nazaret no fue el Cristo, sino sencillamente una de las muchas figuras históricas en las que se reveló esa naturaleza “crística”, al igual que Buda y otros. Cada realización histórica del Cristo muestra claramente que todos los seres humanos son celestes y divinos y los conduce hacia esa realización. (Consejo Pontificio de la Cultura y Consejo Pontificio para el Diálogo Interreligioso. Jesucristo portador del agua de la vida, una reflexión cristiana sobre la Nueva Era, n. 2.3.4.2, 3 de febrero de 2003) 

  • La creciente convicción de que existe cierta verdad de fondo, un núcleo de verdad, en el centro de toda experiencia religiosa ha llevado a la idea de que se pueden y deben captar los elementos característicos de las diversas religiones para llegar a una forma universal de religión

Hoy, juntamente con mons. Fitzgerald, tengo el honor de presentar un documento relativo a este fenómeno, elaborado por don Peter Fleetwood, entonces oficial del Consejo pontificio para la cultura, y por la doctora Teresa Osório Gonçalves del Consejo pontificio para el diálogo interreligioso; por tanto, fruto de una auténtica y larga colaboración interdicasterial, precisamente para ayudar a responder “con dulzura y respeto”, como recomendaba el apóstol san Pedro (cf. 1 P 3, 15), a este desafío religioso y, al mismo tiempo, cultural. […] Las razones de ese cambio son muchas y diversas, pero entran todas en el ámbito del cambio cultural general de formas tradicionales de religión a expresiones más personales e individuales de lo que ahora se llama “espiritualidad”. Al parecer, son tres los motivos que han dado origen a ese cambio. El primero es la sensación de que las religiones tradicionales o institucionales no pueden dar lo que antes se creía que podían dar. Algunas personas, en su visión del mundo, no logran encontrar espacio para creer en un Dios trascendente personal; y a muchos la experiencia los ha llevado a preguntarse si este Dios tiene poder para realizar cambios en el mundo o incluso si existe. Las tristes experiencias que han afectado al mundo entero han vuelto muy escépticas a algunas personas con respecto a la religión. […] Hay otra razón para explicar cierta inquietud y cierto rechazo con respecto a la Iglesia tradicional. No olvidemos que en la antigua Europa las religiones paganas precristianas eran muy fuertes y a menudo se producían lamentables conflictos vinculados al cambio político, pero inevitablemente calificados como opresión cristiana de las antiguas religiones. Uno de los pasos más significativos en lo que se podría llamar el ámbito “espiritual” en el siglo pasado, más o menos, fue una vuelta a las formas precristianas de religión. […] La compleja serie de fenómenos conocidos con el término de religiones “neopaganas” pone de manifiesto la necesidad, que sienten muchos, de inventar modos nuevos para “contraatacar” al cristianismo y volver a una forma más auténtica de religión, vinculada más íntimamente a la naturaleza y a la tierra. Por eso, se debe reconocer que en la religión neopagana no hay sitio para el cristianismo. Guste o no, se produce una lucha para conquistar la mente y el corazón de la gente en la relación entre el cristianismo, las antiguas religiones precristianas y sus “primas” de origen más reciente. El tercer motivo de un desengaño generalizado con respecto a la religión institucional deriva de una creciente obsesión en la cultura occidental por las religiones orientales y los caminos de sabiduría. Cuando ha resultado más fácil viajar fuera del propio continente, muchos europeos aventureros han comenzado a explorar lugares que antes sólo conocían repasando las páginas de textos antiguos. La atracción de lo exótico los ha puesto en contacto más estrecho con las religiones y las prácticas esotéricas de varias culturas orientales, desde el antiguo Egipto hasta la India y Tibet. La creciente convicción de que existe cierta verdad de fondo, un núcleo de verdad en el centro de toda experiencia religiosa, ha llevado a la idea de que se pueden y deben captar los elementos característicos de las diversas religiones para llegar a una forma universal de religión. Una vez más, en ese ámbito hay poco espacio para las religiones institucionales, en particular, el judaísmo y el cristianismo. (Consejo Pontificio de la Cultura y Consejo Pontificio para el Diálogo Interreligioso. Intervención del Cardenal Paul Poupard en la presentación del documento “Jesucristo, portador de agua viva. Una reflexión Cristiana sobre la ‘Nueva Era’”, 3 de febrero de 2003)

… juzga la idea de mandar “buenas ondas” que tiene Francisco

  • La concepción de la materia como ondas o energías es central en el pensamiento de la Nueva Era. Dios no es más que una vibración de energía.

El paso del modelo mecanicista de la física clásica al “holístico” de la moderna física atómica y subatómica, basado en la concepción de la materia como ondas o cuantos de energía en lugar de partículas, es central para el pensamiento de la Nueva Era. El universo es un océano de energía que constituye un todo único o entramado de vínculos. La energía que anima al organismo único del universo es el “espíritu”. No hay alteridad entre Dios y el mundo. El mundo mismo es divino y está sometido a un proceso evolutivo que lleva de la materia inerte a una “conciencia superior y perfecta”. El mundo es increado, eterno y autosuficiente. El futuro del mundo se basa en un dinamismo interno, necesariamente positivo, que conduce a la unidad reconciliada (divina) de todo cuanto existe. Dios y mundo, alma y cuerpo, inteligencia y sentimiento, cielo y tierra son una única e inmensa vibración de energía. (Pontificio Consejo de la Cultura y Pontificio Consejo para el Dialogo Interreligioso. Una reflexión cristiana sobre la Nueva Era, n. 2, 3 de febrero de 2003)

  • Necesidad de personas que sepan orientar sobre los peligros de la Nueva Era

No pocos grupos de la Nueva Era aprovechan cualquier oportunidad para exponer su filosofía y sus actividades. Convendría abordar con cuidado los encuentros con este tipo de grupos, incluyendo siempre personas capaces tanto de explicar la fe y la espiritualidad católicas, como de reflexionar críticamente sobre el pensamiento y las prácticas de la Nueva Era. Es sumamente importante comprobar las credenciales de las personas, grupos e instituciones que pretenden ofrecer orientación e información sobre la Nueva Era. (Pontificio Consejo de la Cultura y Pontificio Consejo para el Dialogo Interreligioso. Una reflexión cristiana sobre la “Nueva Era”, n. 4, 3 de febrero de 2003)

  • Peligro de los llamados “grupos de oración” de la Nueva Era: gradualmente atraen para un culto falso

Algunos grupos locales de la Nueva Era califican sus encuentros como “grupos de oración”. Quienes sean invitados a dichos grupos deben buscar los signos de una espiritualidad auténticamente cristiana y comprobar que no haya ceremonias de iniciación de ningún tipo. Tales grupos se aprovechan de la falta de preparación teológica o espiritual de las personas para atraerlas gradualmente a lo que en realidad puede ser una forma de culto falso. Hay que educar a los cristianos respecto al verdadero objeto y contenido de la oración —dirigida al Padre, por medio de Jesucristo, en el Espíritu Santo—, para juzgar rectamente la intención de un “grupo de oración”. (Pontificio Consejo de la Cultura y Pontificio Consejo para el Dialogo Interreligioso. Una reflexión cristiana sobre la “Nueva Era”, n. 4, 3 de febrero de 2003)

  • Es necesario alertar contra los que crean confusión situando la religiosidad de la Nueva Era al mismo nivel que la fe cristiana

En un ambiente cultural marcado por el relativismo religioso, es necesario alertar contra los intentos de situar la religiosidad de la Nueva Era al mismo nivel que la fe cristiana, haciendo que la diferencia entre fe y creencia parezca relativa y creando mayor confusión entre los desprevenidos. En este sentido, resulta útil a exhortación de San Pablo: “avisar a algunos que no enseñen doctrinas extrañas, ni se dediquen a fábulas y genealogías interminables, que son más a propósito para promover disputas que para realizar el plan de Dios, fundado en la fe” (1 Tim 1, 3-4). […] Es por ello necesario identificar con precisión los elementos que pertenecen al movimiento Nueva Era, que no pueden ser aceptados por quienes son fieles a Cristo y a su Iglesia. (Pontificio Consejo de la Cultura y Pontificio Consejo para el Dialogo Interreligioso. Una reflexión cristiana sobre la Nueva Era, n. 4, 3 de febrero de 2003)

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