Pontificio Consejo para la Cultura…

… juzga la idea de Francisco de que se puede interpretar la verdad en contra del Magisterio infalible

  • La transmisión de la fe y el proceso de la cultura popular están íntimamente ligados

En efecto, en amplios espacios culturales donde la pertenencia a la Iglesia sigue siendo mayoritaria, se observa una ruptura de la transmisión de la fe, íntimamente ligada a un proceso de alejamiento de la cultura popular, profundamente impregnada de cristianismo a lo largo de los siglos. Es también importante tener en cuenta los datos que condicionan este proceso de alejamiento, debilitamiento y oscurecimiento de la fe en el ambiente cultural cambiante donde viven los cristianos, con el fin de presentar propuestas pastorales concretas que respondan a los desafíos de la nueva evangelización. El habitat cultural donde el hombre se halla, influye sobre sus maneras de pensar y de comportarse, así como sobre los criterios de juicio y los valores, y no deja de plantear cuestiones difíciles y a la vez decisivas. (Pontificio Consejo para la Cultura. Documento final de la Asamblea plenaria 2004. ¿Dónde está tu Dios? La fe cristiana ante la increencia religiosa, Introducción, n. 1, 13 de marzo de 2004)

  • Hoy no se trata solamente de llenar de fe las culturas, sino de traer de vuelta la fe perdida por el mundo descristianizado en que vivimos

Se trata, pues, no sólo de injertar la fe en las culturas, sino también de devolver la vida a un mundo descristianizado, cuyas referencias cristianas son a menudo sólo de orden cultural. Estas nuevas situaciones culturales a lo largo del mundo se presentan a la Iglesia, en el umbral del tercer milenio, como nuevos campos de evangelización. (Pontificio Consejo para la Cultura. Para una pastoral de la cultura, n.1, 13 de marzo de 2004)

… juzga la idea de Francisco de renunciar a la propia cultura en beneficio de los refugiados

  • Hoy se observa una ruptura en la transmisión de la fe, ruptura que está íntimamente ligada con un alejamiento de la cultura popular impregnada de cristianismo a lo largo de los siglos

En efecto, en amplios espacios culturales donde la pertenencia a la Iglesia sigue siendo mayoritaria, se observa una ruptura de la transmisión de la fe, íntimamente ligada a un proceso de alejamiento de la cultura popular, profundamente impregnada de cristianismo a lo largo de los siglos. Es también importante tener en cuenta los datos que condicionan este proceso de alejamiento, debilitamiento y oscurecimiento de la fe en el ambiente cultural cambiante donde viven los cristianos, con el fin de presentar propuestas pastorales concretas que respondan a los desafíos de la nueva evangelización. El habitat cultural donde el hombre se halla, influye sobre sus maneras de pensar y de comportarse, así como sobre los criterios de juicio y los valores, y no deja de plantear cuestiones difíciles y a la vez decisivas. (Consejo Pontificio para la Cultura. Documento final de la Asamblea plenaria 2004. ¿Dónde está tu Dios? La fe cristiana ante la increencia religiosa, Introducción, n. 1)

  • Hoy no se trata solamente de llenar de fe las culturas, sino traer de vuelta la fe que ha perdido el mundo descristianizado en que vivimos

Se trata, pues, no sólo de injertar la fe en las culturas, sino también de devolver la vida a un mundo descristianizado, cuyas referencias cristianas son a menudo sólo de orden cultural. Estas nuevas situaciones culturales a lo largo del mundo se presentan a la Iglesia, en el umbral del tercer milenio, como nuevos campos de evangelización. (Pontificio Consejo para la Cultura. Para una pastoral de la cultura, n.1)

  • En el diálogo con los no creyentes no se puede olvidar que vale el mandato de Cristo de proclamar el Evangelio a toda criatura

El diálogo con los no creyentes y la pastoral de la increencia tratan de responder al doble mandato de Cristo a la Iglesia: «Id a todo el mundo y proclamad el Evangelio a toda la creación» (Mc 16,15), «Amaestrad a todas las naciones» (Mt 28,19). Este mandamiento misionero concierne a todos los miembros de la Iglesia, sin excepción. No se puede separar de la vida misma de la Iglesia ni quedar reservado para algunos expertos. Es una misión transversal, que afecta conjuntamente a la catequesis y la enseñanza, la liturgia y la actividad pastoral ordinaria, las familias y las parroquias, los seminarios y las universidades. […] Sin el impulso de una fe vivida en plenitud, las iniciativas pastorales carecen de valor apostólico. Invitando a colocar la santidad en el primer punto de toda programación pastoral, el Santo Padre recuerda la importancia de la oración, la eucaristía dominical, el sacramento de la reconciliación, en definitiva, el primado de la gracia y la escucha y el anuncio de la Palabra. (Pontificio Consejo para la Cultura. Documento final de la Asamblea plenaria 2004. ¿Dónde está tu Dios? La fe cristiana ante la increencia religiosa, II)

  • La cooperación con los no creyentes no exime a los cristianos de su fe

El Islam vive actualmente una fuerte expansión, debido en particular a los movimientos migratorios que provienen de países con fuerte crecimiento demográfico. Los países de tradición cristiana, que tienen, a excepción de África, una demografía escasa o negativa, perciben hoy frecuentemente la presencia creciente de musulmanes como un desafío social, cultural e incluso religioso. […] Una colaboración leal con los musulmanes en el plano cultural puede permitir mantener —en una efectiva reciprocidad— relaciones fructuosas tanto en los países islámicos como con las comunidades musulmanas establecidas en los países de tradición cristiana. Una semejante cooperación no exime a los cristianos de dar cuenta de su fe cristológica y trinitaria con relación a otras expresiones del monoteísmo. (Pontificio Consejo para la Cultura. Para una pastoral de la cultura, 23 de mayo de 1999)

  • La enseñanza católica sufre gran desestabilización con los fenómenos inmigratorios

Los fenómenos de inmigración desestabilizan a veces las escuelas católicas, que toman la presencia masiva de no cristianos como pretexto para una enseñanza laica, en lugar de aprovechar esta oportunidad para proponer la fe, como ha sido práctica habitual en la pastoral misionera de la Iglesia. (Consejo Pontificio de la Cultura. Documento final de la Asamblea plenaria 2004, I, 2.5)

… juzga las ideas presentes en la Laudato Sí´

  • Es proprio de la Nueva Era preferir las religiones orientales y divinizar al mundo

La Nueva Era muestra una notable preferencia por las religiones orientales o precristianas, a las que se considera incontaminadas por las distorsiones judeocristianas. De aquí el gran respeto que merecen los antiguos ritos agrícolas y los cultos de fertilidad. ‘Gaia’, la Madre Tierra, se presenta como alternativa a Dios Padre, cuya imagen se ve vinculada a una concepción patriarcal del dominio masculino sobre la mujer. Se habla de Dios, pero no se trata de un Dios personal. El Dios del que habla la Nueva Era no es ni personal ni trascendente. Tampoco es el Creador que sostiene el universo, sino una ‘energía impersonal’, inmanente al mundo, con el cual forma una ‘unidad cósmica’: ‘Todo es uno’. Esta unidad es monista, panteísta o, más exactamente, panenteísta. Dios es el ‘principio vital’, ‘el espíritu o alma del mundo’, la suma total de la conciencia que existe en el mundo. En cierto sentido, todo es Dios. Su presencia es clarísima en los aspectos espirituales de la realidad, de modo que cada mente y espíritu es, en cierto sentido, Dios. […] No hay alteridad entre Dios y el mundo. El mundo mismo es divino y está sometido a un proceso evolutivo que lleva de la materia inerte a una ‘conciencia superior y perfecta’. […] El libro de James Lovelock sobre la hipótesis Gaia afirma que ‘todo el ámbito de la materia viva de la tierra, desde las ballenas hasta los virus y desde los robles hasta las algas, podría considerarse como una única entidad viviente, capaz de manipular la atmósfera de la tierra para adaptarla a sus necesidades generales y dotada de facultades y poderes que superan con mucho los de sus partes constitutivas’. (Consejo Pontificio de la Cultura y Consejo Pontificio para el Diálogo Interreligioso. Jesucristo portador del agua de la vida, Una reflexión cristiana sobre la Nueva Era, n. 2.3.4.2 – 2.3.4.3, 3 de febrero de 2003)

  • La igualdad de seres lleva a la igualdad de religiones y éstas igualan Buda a Cristo

[Para la Nueva Era] Jesús de Nazaret no fue el Cristo, sino sencillamente una de las muchas figuras históricas en las que se reveló esa naturaleza “crística”, al igual que Buda y otros. Cada realización histórica del Cristo muestra claramente que todos los seres humanos son celestes y divinos y los conduce hacia esa realización. (Consejo Pontificio de la Cultura y Consejo Pontificio para el Diálogo Interreligioso. Jesucristo portador del agua de la vida, una reflexión cristiana sobre la Nueva Era, n. 2.3.4.2, 3 de febrero de 2003) 

  • La creciente convicción de que existe cierta verdad de fondo, un núcleo de verdad, en el centro de toda experiencia religiosa ha llevado a la idea de que se pueden y deben captar los elementos característicos de las diversas religiones para llegar a una forma universal de religión

Hoy, juntamente con mons. Fitzgerald, tengo el honor de presentar un documento relativo a este fenómeno, elaborado por don Peter Fleetwood, entonces oficial del Consejo pontificio para la cultura, y por la doctora Teresa Osório Gonçalves del Consejo pontificio para el diálogo interreligioso; por tanto, fruto de una auténtica y larga colaboración interdicasterial, precisamente para ayudar a responder “con dulzura y respeto”, como recomendaba el apóstol san Pedro (cf. 1 P 3, 15), a este desafío religioso y, al mismo tiempo, cultural. […] Las razones de ese cambio son muchas y diversas, pero entran todas en el ámbito del cambio cultural general de formas tradicionales de religión a expresiones más personales e individuales de lo que ahora se llama “espiritualidad”. Al parecer, son tres los motivos que han dado origen a ese cambio. El primero es la sensación de que las religiones tradicionales o institucionales no pueden dar lo que antes se creía que podían dar. Algunas personas, en su visión del mundo, no logran encontrar espacio para creer en un Dios trascendente personal; y a muchos la experiencia los ha llevado a preguntarse si este Dios tiene poder para realizar cambios en el mundo o incluso si existe. Las tristes experiencias que han afectado al mundo entero han vuelto muy escépticas a algunas personas con respecto a la religión. […] Hay otra razón para explicar cierta inquietud y cierto rechazo con respecto a la Iglesia tradicional. No olvidemos que en la antigua Europa las religiones paganas precristianas eran muy fuertes y a menudo se producían lamentables conflictos vinculados al cambio político, pero inevitablemente calificados como opresión cristiana de las antiguas religiones. Uno de los pasos más significativos en lo que se podría llamar el ámbito “espiritual” en el siglo pasado, más o menos, fue una vuelta a las formas precristianas de religión. […] La compleja serie de fenómenos conocidos con el término de religiones “neopaganas” pone de manifiesto la necesidad, que sienten muchos, de inventar modos nuevos para “contraatacar” al cristianismo y volver a una forma más auténtica de religión, vinculada más íntimamente a la naturaleza y a la tierra. Por eso, se debe reconocer que en la religión neopagana no hay sitio para el cristianismo. Guste o no, se produce una lucha para conquistar la mente y el corazón de la gente en la relación entre el cristianismo, las antiguas religiones precristianas y sus “primas” de origen más reciente. El tercer motivo de un desengaño generalizado con respecto a la religión institucional deriva de una creciente obsesión en la cultura occidental por las religiones orientales y los caminos de sabiduría. Cuando ha resultado más fácil viajar fuera del propio continente, muchos europeos aventureros han comenzado a explorar lugares que antes sólo conocían repasando las páginas de textos antiguos. La atracción de lo exótico los ha puesto en contacto más estrecho con las religiones y las prácticas esotéricas de varias culturas orientales, desde el antiguo Egipto hasta la India y Tibet. La creciente convicción de que existe cierta verdad de fondo, un núcleo de verdad en el centro de toda experiencia religiosa, ha llevado a la idea de que se pueden y deben captar los elementos característicos de las diversas religiones para llegar a una forma universal de religión. Una vez más, en ese ámbito hay poco espacio para las religiones institucionales, en particular, el judaísmo y el cristianismo. (Consejo Pontificio de la Cultura y Consejo Pontificio para el Diálogo Interreligioso. Intervención del Cardenal Paul Poupard en la presentación del documento “Jesucristo, portador de agua viva. Una reflexión Cristiana sobre la ‘Nueva Era’”, 3 de febrero de 2003)

… juzga la idea de mandar “buenas ondas” que tiene Francisco

  • La concepción de la materia como ondas o energías es central en el pensamiento de la Nueva Era. Dios no es más que una vibración de energía.

El paso del modelo mecanicista de la física clásica al “holístico” de la moderna física atómica y subatómica, basado en la concepción de la materia como ondas o cuantos de energía en lugar de partículas, es central para el pensamiento de la Nueva Era. El universo es un océano de energía que constituye un todo único o entramado de vínculos. La energía que anima al organismo único del universo es el “espíritu”. No hay alteridad entre Dios y el mundo. El mundo mismo es divino y está sometido a un proceso evolutivo que lleva de la materia inerte a una “conciencia superior y perfecta”. El mundo es increado, eterno y autosuficiente. El futuro del mundo se basa en un dinamismo interno, necesariamente positivo, que conduce a la unidad reconciliada (divina) de todo cuanto existe. Dios y mundo, alma y cuerpo, inteligencia y sentimiento, cielo y tierra son una única e inmensa vibración de energía. (Pontificio Consejo de la Cultura y Pontificio Consejo para el Dialogo Interreligioso. Una reflexión cristiana sobre la Nueva Era, n. 2, 3 de febrero de 2003)

  • Necesidad de personas que sepan orientar sobre los peligros de la Nueva Era

No pocos grupos de la Nueva Era aprovechan cualquier oportunidad para exponer su filosofía y sus actividades. Convendría abordar con cuidado los encuentros con este tipo de grupos, incluyendo siempre personas capaces tanto de explicar la fe y la espiritualidad católicas, como de reflexionar críticamente sobre el pensamiento y las prácticas de la Nueva Era. Es sumamente importante comprobar las credenciales de las personas, grupos e instituciones que pretenden ofrecer orientación e información sobre la Nueva Era. (Pontificio Consejo de la Cultura y Pontificio Consejo para el Dialogo Interreligioso. Una reflexión cristiana sobre la “Nueva Era”, n. 4, 3 de febrero de 2003)

  • Peligro de los llamados “grupos de oración” de la Nueva Era: gradualmente atraen para un culto falso

Algunos grupos locales de la Nueva Era califican sus encuentros como “grupos de oración”. Quienes sean invitados a dichos grupos deben buscar los signos de una espiritualidad auténticamente cristiana y comprobar que no haya ceremonias de iniciación de ningún tipo. Tales grupos se aprovechan de la falta de preparación teológica o espiritual de las personas para atraerlas gradualmente a lo que en realidad puede ser una forma de culto falso. Hay que educar a los cristianos respecto al verdadero objeto y contenido de la oración —dirigida al Padre, por medio de Jesucristo, en el Espíritu Santo—, para juzgar rectamente la intención de un “grupo de oración”. (Pontificio Consejo de la Cultura y Pontificio Consejo para el Dialogo Interreligioso. Una reflexión cristiana sobre la “Nueva Era”, n. 4, 3 de febrero de 2003)

  • Es necesario alertar contra los que crean confusión situando la religiosidad de la Nueva Era al mismo nivel que la fe cristiana

En un ambiente cultural marcado por el relativismo religioso, es necesario alertar contra los intentos de situar la religiosidad de la Nueva Era al mismo nivel que la fe cristiana, haciendo que la diferencia entre fe y creencia parezca relativa y creando mayor confusión entre los desprevenidos. En este sentido, resulta útil a exhortación de San Pablo: “avisar a algunos que no enseñen doctrinas extrañas, ni se dediquen a fábulas y genealogías interminables, que son más a propósito para promover disputas que para realizar el plan de Dios, fundado en la fe” (1 Tim 1, 3-4). […] Es por ello necesario identificar con precisión los elementos que pertenecen al movimiento Nueva Era, que no pueden ser aceptados por quienes son fieles a Cristo y a su Iglesia. (Pontificio Consejo de la Cultura y Pontificio Consejo para el Dialogo Interreligioso. Una reflexión cristiana sobre la Nueva Era, n. 4, 3 de febrero de 2003)

… juzga la idea de esencia de la divinidad que tiene Francisco

  • “Deus sive natura”: panteísmo que despersonifica el Dios Trino

Esta nueva religiosidad se caracteriza por la adhesión a un dios que, a menudo, carece de rostro o de características personales. A la pregunta por Dios, muchos, se llamen creyentes o no, responden que creen en la existencia de una fuerza o de un ser superior, trascendente, pero sin las características de una persona, mucho menos de un padre. La fascinación por las religiones orientales, trasplantadas a Occidente, va acompañada de esta despersonalización de Dios. En los ambientes científicos, el materialismo ateo del pasado deja lugar a una nueva forma de panteísmo, donde el universo es concebido como algo divino: Deus, sive natura, sive res. El desafío es grande para la fe cristiana, que se funda sobre la revelación del Dios tripersonal, a cuya imagen, cada hombre está llamado a vivir en comunión. La fe en un Dios en tres personas es el fundamento de toda la fe cristiana, así como la constitución de una sociedad auténticamente humana. (Pontificio Consejo para la Cultura. Documento final de la Asamblea Plenaria. ¿Dónde está tu Dios? La fe cristiana ante la increencia religiosa, 13 de marzo de 2004)