Pelagio I…

INICIO DEL PONTIFICADO 16.IV.556 – FIN DEL PONTIFICADO 4.III.561

… juzga la idea de condenación eterna que tiene Francisco

  • Los inicuos permanecen vasos de ira por justísimo juicio

Todos los hombres, en efecto, desde Adán hasta la consumación del tiempo, nacidos y muertos con el mismo Adán y su mujer, que no nacieron de otros padres, sino que el uno fue creado de la tierra y la otra de la costilla del varón (Gn 2,7; Gn 2,22), confieso que entonces han de resucitar y presentarse ante el tribunal de Cristo (Rm 14, 10), a fin de recibir cada uno lo propio de su cuerpo, según su comportamiento, ora bienes, ora males (2 Co 5, 10); y que a los justos, por su liberalísima gracia, como vasos que son de misericordia preparados para la gloria (Rm 9, 23), les dará los premios de la vida eterna, es decir, que vivirán sin fin en la compañía de los ángeles, sin miedo alguno a la caída suya; a los inicuos, empero, que por albedrío de su propia voluntad permanecen vasos de ira aptos para la ruina (Rm 9, 22), que o no conocieron el camino del Señor o, conocido, lo abandonaron cautivos de diversas prevaricaciones, los entregará por justísimo juicio a las penas del fuego eterno e inextinguible, para que ardan sin fin. (Dezinger-Hünermann, 443. Pelagio I. Carta Humani generis a Childeberto, 3 de febrero de 557).

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