La Pontificia Comisión Bíblica…

… juzga la idea de Francisco de que se puede interpretar la verdad en contra del Magisterio infalible

  • Los que enseñan al pueblo sean escrupulosos en no apartarse jamás de la doctrina común o de la tradición de la Iglesia ni siquiera en cosas mínimas

Finalmente, los que instruyen al pueblo cristiano con la predicación sagrada tienen necesidad de suma prudencia. Ante todo, enseñen la doctrina, recordando la recomendación de San Pablo: “Atiende a tu tarea de enseñar, y en esto persevera; haciendo esto, te salvarás tú y tus oyentes” (1 Tim 4, 16). Absténganse absolutamente de proponer novedades vanas o no suficientemente probadas. Nuevas opiniones ya sólidamente demostradas expónganlas, si es preciso, con cautela y teniendo presente las condiciones de los oyentes. Al narrar los hechos bíblicos, no mezclen circunstancias ficticias poco consonantes con la verdad. […] Sea su preocupación poner con claridad las riquezas de la palabra divina “para que los fieles se sientan movidos y enfervorizados para mejorar su propia vida” (Encíclica Divino afflante Spiritu). Sean escrupulosos en no apartarse jamás de la doctrina común o de la tradición de la Iglesia ni siquiera en cosas mínimas, aprovechando los progresos de la ciencia bíblica y los resultados de los estudiosos modernos, pero evitando del todo las temerarias opiniones de los innovadores. (Pontificia Comisión Bíblica. La verdad histórica sobre los Evangelios, n. 4, 21 de abril de 1964)

… juzga la idea de “Pan de Vida” que tiene Francisco

  • Los que enseñan no deben apartarse jamás de la tradición de la Iglesia, ni siquiera en cosas mínimas

Finalmente, los que instruyen al pueblo cristiano con la predicación sagrada tienen necesidad de suma prudencia. Ante todo, enseñen la doctrina, recordando la recomendación de San Pablo: “Atiende a tu tarea de enseñar, y en esto persevera; haciendo esto, te salvarás tú y tus oyentes” (1 Tim 4, 16). […] Esta virtud de la prudencia debe ser ante todo característica de quienes difunden escritos de divulgación para los fieles. Sea su preocupación poner con claridad las riquezas de la palabra divina “para que los fieles se sientan movidos y enfervorizados para mejorar su propia vida” (Encíclica Divino afflante Spiritu; A.A.S. XXXV [1943], p. 320). Sean escrupulosos en no apartarse jamás de la doctrina común o de la tradición de la Iglesia ni siquiera en cosas mínimas, aprovechando los progresos de la ciencia bíblica y los resultados de los estudiosos modernos, pero evitando del todo las temerarias opiniones de los innovadores (cf. Carta Apostólica Quoniam in re biblica; Pío X Acta, III, p. 75). (Pontificia Comisión Bíblica. La verdad histórica sobre los Evangelios, n. 4, 21 de abril de 1964)

… juzga la interpretación del milagro de la multiplicación de los panes y peces que tiene Francisco

  • Los que enseñan al pueblo no pueden proponer novedades vanas, ni mezclar circunstancias ficticias poco consonantes con la verdad

Finalmente, los que instruyen al pueblo cristiano con la predicación sagrada tienen necesidad de suma prudencia. Ante todo, enseñen la doctrina, recordando la recomendación de San Pablo: “Atiende a tu tarea de enseñar, y en esto persevera; haciendo esto, te salvarás tú y tus oyentes” [1 Tm 4, 16]. Absténganse absolutamente de proponer novedades vanas o no suficientemente probadas. Nuevas opiniones ya sólidamente demostradas expónganlas, si es preciso, con cautela y teniendo presente las condiciones de los oyentes. Al narrar los hechos bíblicos, no mezclen circunstancias ficticias poco consonantes con la verdad. Esta virtud de la prudencia debe ser ante todo característica de quienes difunden escritos de divulgación para los fieles. Sea su preocupación poner con claridad las riquezas de la palabra divina “para que los fieles se sientan movidos y enfervorizados para mejorar su propia vida” (Encíclica Divino afflante Spiritu; A.A.S. XXXV (1943), p. 320). Sean escrupulosos en no apartarse jamás de la doctrina común o de la tradición de la Iglesia ni siquiera en cosas mínimas, aprovechando los progresos de la ciencia bíblica y los resultados de los estudiosos modernos, pero evitando del todo las temerarias opiniones de los innovadores (Cf. Carta Apostólica Quoniam in re biblica; Pío X Acta, III, p. 75). Les está severamente prohibido difundir, para secundar un pernicioso afán de novedades, algunas tentativas para la resolución de las dificultades, sin una selección prudente y un serio examen, turbando así la fe de muchos. (Pontificia Comisión Bíblica. La verdad histórica sobre los Evangelios, n. 4, 21 de abril de 1964)

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