El II Sínodo de Orange, 529 (en la Galia)…

… juzga la idea de hacer el bien que tiene Francisco

  • El hombre obra el bien por la gracia de Dios

Can. 6. Si alguno dice que se nos confiere divinamente misericordia cuando sin la gracia de Dios creemos, queremos, deseamos, nos esforzamos, trabajamos, oramos, vigilamos, estudiamos, pedimos, buscamos, llamamos, y no confiesa que por la infusión e inspiración del Espíritu Santo se da en nosotros que creamos y queramos o que podamos hacer, como se debe, todas estas cosas; y condiciona la ayuda de la gracia a la humildad y obediencia humanas y no consiente en que es don de la gracia misma que seamos obedientes y humildes, resiste al Apóstol que dice: Qué tienes que no lo hayas recibido? (1Co 4,7); y Por la gracia de Dios soy lo que soy (1Co 15,10) Cf. S. AUG., De dono pers. 23, 64, y PROSP. DE AQUIT., Contra Coll 2, 6 [PL 45, 1032 Y 1804 resp.] (Denzinger-Hünermann 376. San Félix III, II Sínodo de Orange, 529)

  • Es herético afirmar conseguir la salvación sólo por fuerza de la naturaleza

Can. 7. Si alguno afirma que por la fuerza de la naturaleza se puede pensar, como conviene, o elegir algún bien que toca a la salud de la vida eterna, o consentir a la saludable, es decir, evangélica predicación, sin la iluminación o inspiración del Espíritu Santo, que da a todos suavidad en el consentir y creer a la verdad, es engañado de espíritu herético, por no entender la voz de Dios que dice en el Evangelio: Sin mí nada podéis hacer (Jn 15,5) y aquello del Apóstol: No que seamos capaces de pensar nada por nosotros como de nosotros, sino que nuestra suficiencia viene de Dios (2Co 3,5) Cf. S. AUGUST., De gratia Christi 25, 26 — 26, 27 [PL 44, 373 s]. (Denzinger-Hünermann 377. San Félix III, II Sínodo de Orange, 529 

  • Sin Dios no se hace nada bueno

Can. 20. «El hombre no puede nada bueno sin Dios. Muchos bienes hace Dios en el hombre, que no hace el hombre; ningún bien, empero, hace el hombre que no otorgue Dios que lo haga el hombre» Ibid. 312; S. AUGUST., Contra duas epist. Pelag. 2, 8, 21 [PL 145, 1886; 44 586]. (Denzinger-Hünermann 390. San Félix III, II Sínodo de Orange, 529)