El Pontificio Consejo para los Textos Legislativos…

… juzga la idea de Francisco de que el adulterio realiza en parte el ideal familiar

  • La acción pastoral ha de instruir a católicos unidos por un contrato civil a regularizar su situación con un matrimonio religioso

Se trata de católicos que, por motivos ideológicos y (o) prácticos, contraen solo matrimonio civil, excluyendo o por lo menos difiriendo –por causas diversas: incluso por escasez de clero e ignorancia de la forma extraordinaria del sacramento– el matrimonio religioso. En cualquier caso la acción pastoral ha de dirigirse a convencer y ayudar a esas personas a regular su situación de modo que esta se acomode a su fe y a la moral cristiana. La Exhortación Familiaris consortio recuerda que: “Aun tratándoles con gran caridad e interesándoles en la vida de las respectivas comunidades, los pastores de la Iglesia no podrán admitirles a los sacramentos (Familiaris consortio, n. 82). Obviamente tampoco se excluye en este caso —porque no se trata de fieles que hayan incurrido en pena de excomunión o entredicho— la posibilidad, si se comprometen a vivir continentes en espera de contraer matrimonio canónico, de admitirles privadamente a la sagrada Comunión, si rite dispositi y remoto scandalo. (Pontificio Consejo para los Textos Legislativos. La Eucaristía en el Ordenamiento Jurídico de la Iglesia, 12 de noviembre de 2005)

… juzga la idea de divorciados para padrinos que tiene Francisco

  • La Iglesia no puede promover el escándalo

En efecto, recibir el cuerpo de Cristo siendo públicamente indigno constituye un daño objetivo a la comunión eclesial; es un comportamiento que atenta contra los derechos de la Iglesia y de todos los fieles a vivir en coherencia con las exigencias de esa comunión. En el caso concreto de la admisión a la sagrada Comunión de los fieles divorciados que se han vuelto a casar, el escándalo, entendido como acción que mueve a los otros hacia el mal, atañe a un tiempo al sacramento de la Eucaristía y a la indisolubilidad del matrimonio. Tal escándalo sigue existiendo aún cuando ese comportamiento, desgraciadamente, ya no cause sorpresa: más aún, precisamente es ante la deformación de las conciencias cuando resulta más necesaria la acción de los Pastores, tan paciente como firme, en custodia de la santidad de los sacramentos, en defensa de la moralidad cristiana, y para la recta formación de los fieles. (Pontificio Consejo para los Textos Legislativos. Declaración sobre la admisibilidad a la sagrada comunión de los divorciados que se han vuelto a casar, II, n. 1, 24 de junio de 2000)

… juzga la idea de normas de la Iglesia que tiene Francisco

  • Es comprensible que la Iglesia establezca normas para el más excelso sacramento

Siendo la Eucaristía el más excelso de todos los sacramentos —porque en él no sólo se comunica la gracia divina, sino que se recibe al Autor mismo de la gracia—, es comprensible que el derecho universal de la Iglesia establezca una serie de normas, algunas ya de derecho divino, tanto para proteger y regular el ejercicio de ese derecho como para limitarlo, cuando así lo exigen la veneración debida al Cuerpo y la Sangre de Cristo, la recta formación de las conciencias y el bien común de la sociedad eclesial. (Pontificio Consejo para los Textos Legislativos. La Eucaristía en el ordenamiento jurídico de la Iglesia, n. 1, 12 de noviembre de 2005)

… juzga la idea de acceso a los sacramentos y comunión y divorciados de segunda unión de Francisco

  • Necesidad de adecuadas disposiciones para recibir los sacramentos

«Los fieles tienen derecho a recibir de los Pastores sagrados la ayuda de los bienes espirituales de la Iglesia, principalmente la palabra de Dios y los sacramentos» (CIC, can. 213; CCEO, can. 16). A este derecho fundamental de todos los fieles, clérigos y laicos, que es un derecho público derivado de la misma condición de «persona in Ecclesia Christi» (cfr. CIC, can. 96), corresponde un deber de la Jerarquía –obligación de justicia, no sólo de caridad–, que el can. 843 formula así: «Los ministros sagrados no pueden negar los sacramentos a quienes los pidan de modo oportuno, estén bien dispuestos y no les sea prohibido por el derecho recibirlos» (§ 1; cfr. CCEO, can. 381, § 2). (Pontificio Consejo para los Textos Legislativos. La Eucaristía en el ordenamiento jurídico de la Iglesia)

  • Comunión frecuente, sólo sin conciencia de pecado grave

Todo fiel, si está debidamente preparado (rite dispositus), tiene el derecho –y el deber según lo que dijo Jesús en el discurso sobre el pan de la vida en la sinagoga di Cafarnaún, (Jn 6, 55)– de recibir la Sagrada Eucaristía (cfr. cann. 213; 912), por lo menos una vez al año (can. 920). Se trata aquí de la expresión mínima de un derecho-deber, que se une al deber de participar cada domingo o fiesta di precepto en la celebración de la Santa Misa y a la recomendación de recibir la Comunión, si el alma está en gracia porque no es consciente de pecado grave. (Pontificio Consejo para los Textos Legislativos. La Eucaristia en el ordenamiento jurídico de la Iglesia)

  • La obstinación en pecado grave manifiesto cierra las puertas de los sacramentos

«Todo bautizado a quien el derecho no se lo prohíba, puede y debe ser admitido a la sagrada comunión» (CIC, can. 912). Siendo la Eucaristía el más excelso de todos los sacramentos –porque en él no sólo se comunica la gracia divina, sino que se recibe al Autor mismo de la gracia–, es comprensible que el derecho universal de la Iglesia establezca una serie de normas, algunas ya de derecho divino, tanto para proteger y regular el ejercicio de ese derecho como para limitarlo, cuando así lo exigen la veneración debida al Cuerpo y la Sangre de Cristo, la recta formación de las conciencias y el bien común de la sociedad eclesial. (Pontificio Consejo para los Textos Legislativos. La Eucaristia en el ordenamiento jurídico de la Iglesia)

  • Casos de estado pecado que cierran las puertas de la Eucaristía

En el tercer supuesto enunciado en el canon –«los que obstinadamente persistan en un manifiesto pecado grave»– es, como bien se sabe, el que ha provocado más comentarios contrapuestos y aun polémicos, sobre todo por quienes, con una interpretación reductiva y meramente positivista de la norma, han pretendido contraponerla a la doctrina del Magisterio. Y, sin embargo, la norma es clara en la determinación de los tres requisitos para que el ministro del Sacramento niegue la Comunión: que se trate de pecado grave, que sea pecado manifiesto en el fuero externo –no oculto– y que el fiel persevere obstinadamente en ese estado. Entre los que se encuentran en esta situación irregular están incluidos: a) las llamadas «uniones libres»; b) los que contraen sólo matrimonio civil y c) los divorciados que se vuelven a casar civilmente. (Pontificio Consejo para los Textos Legislativos. La Eucaristia en el ordenamiento jurídico de la Iglesia)

  • La comunión debe ser negada a quien es públicamente indigno

Los Pastores deben cuidar de explicar a los fieles interesados el verdadero sentido eclesial de la norma, de modo que puedan comprenderla o al menos respetarla. Pero cuando se presenten situaciones en las que esas precauciones no hayan tenido efecto o no hayan sido posibles, el ministro de la distribución de la Comunión debe negarse a darla a quien sea públicamente indigno. Lo hará con extrema caridad, y tratará de explicar en el momento oportuno las razones que le han obligado a ello. (Pontificio Consejo para los Textos Legislativos. La Eucaristia en el ordenamiento jurídico de la Iglesia)

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