El Pontificio Consejo Justicia y Paz…

… juzga la idea de una Iglesia pobre para los pobres que tiene Francisco

  • La Iglesia es conciente que no es posible erradicar la pobreza de la tierra

Jesús dice: “Pobres tendréis siempre con vosotros, pero a mí no me tendréis siempre” (Mt 26,11; cf. Mc 14,3-9; Jn 12,1-8) no para contraponer al servicio de los pobres la atención dirigida a Él. El realismo cristiano, mientras por una parte aprecia los esfuerzos laudables que se realizan para erradicar la pobreza, por otra parte pone en guardia frente a posiciones ideológicas y mesianismos que alimentan la ilusión de que se pueda eliminar totalmente de este mundo el problema de la pobreza. Esto sucederá sólo a su regreso, cuando Él estará de nuevo con nosotros para siempre. (Pontificio Consejo Justicia y Paz. Compendio de la doctrina social de la Iglesia, n. 183, 26 de mayo de 2006)

… juzga las ideas presentes en la Laudato Sí´

  • Lo mismo se aplica a la doctrina social de la Iglesia

En cuanto parte de la enseñanza moral de la Iglesia, la doctrina social reviste la misma dignidad y tiene la misma autoridad de tal enseñanza. Es Magisterio auténtico, que exige la aceptación y adhesión de los fieles. El peso doctrinal de las diversas enseñanzas y el asenso que requieren depende de su naturaleza, de su grado de independencia respecto a elementos contingentes y variables, y de la frecuencia con la cual son invocados. (Pontificio Consejo Justicia y Paz. Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, n. 80, 26 de mayo de 2006)

  • Su fin primordial y único es ayudar al hombre a alcanzar la salvación

Con su doctrina social la Iglesia “se propone ayudar al hombre en el camino de la salvación”: se trata de su fin primordial y único. No existen otras finalidades que intenten arrogarse o invadir competencias ajenas, descuidando las propias, o perseguir objetivos extraños a su misión. (Pontificio Consejo Justicia y Paz. Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, n. 69, 26 de mayo de 2006

  • El objeto de la doctrina social es el hombre, confiado por Cristo a la Iglesia

El objeto de la doctrina social es esencialmente el mismo que constituye su razón de ser: el hombre llamado a la salvación y, como tal, confiado por Cristo al cuidado y a la responsabilidad de la Iglesia. (Pontificio Consejo Justicia y Paz. Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, n. 81, 26 de mayo de 2006)

  • La doctrina social es de naturaleza teológico-moral

La doctrina social, por tanto, es de naturaleza teológica, y específicamente teológico-moral, ya que “se trata de una doctrina que debe orientar la conducta de las personas”. “Se sitúa en el cruce de la vida y de la conciencia cristiana con las situaciones del mundo y se manifiesta en los esfuerzos que realizan los individuos, las familias, operadores culturales y sociales, políticos y hombres de Estado, para darles forma y aplicación en la historia”. (Pontificio Consejo Justicia y Paz. Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, n. 73, 26 de mayo de 2006)

  • La doctrina social de la Iglesia no pertenece al ámbito de ideologías ni se pronuncia según parámetros socioeconómicos

La doctrina social de la Iglesia “no pertenece al ámbito de la ideología, sino al de la teología y especialmente de la teología moral”. No se puede definir según parámetros socioeconómicos. No es un sistema ideológico o pragmático, que tiende a definir y componer las relaciones económicas, políticas y sociales, sino una categoría propia: es “la cuidadosa formulación del resultado de una atenta reflexión sobre las complejas realidades de la vida del hombre en la sociedad y en el contexto internacional, a la luz de la fe y de la tradición eclesial. Su objetivo principal es interpretar esas realidades, examinando su conformidad o diferencia con lo que el Evangelio enseña acerca del hombre y su vocación terrena y, a la vez, trascendente, para orientar en consecuencia la conducta cristiana”. (Pontificio Consejo Justicia y Paz. Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, n. 72, 26 de mayo de 2006)

  • La misión de la Iglesia no es de orden político, económico o social

La Iglesia no se hace cargo de la vida en sociedad bajo todos sus aspectos, sino con su competencia propia, que es la del anuncio de Cristo Redentor: “La misión propia que Cristo confió a su Iglesia no es de orden político, económico o social. El fin que le asignó es de orden religioso. Pero precisamente de esta misma misión religiosa derivan funciones, luces y energías que pueden servir para establecer y consolidar la comunidad humana según la ley divina”. Esto quiere decir que la Iglesia, con su doctrina social, no entra en cuestiones técnicas y no instituye ni propone sistemas o modelos de organización social: ello no corresponde a la misión que Cristo le ha confiado. (Pontificio Consejo Justicia y Paz. Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, n. 68, 26 de mayo de 2006)

  • Las raíces de la doctrina social están en la Sagrada Escritura y Tradición

En su continua atención por el hombre en la sociedad, la Iglesia ha acumulado así un rico patrimonio doctrinal. Éste tiene sus raíces en la Sagrada Escritura, especialmente en el Evangelio y en los escritos apostólicos, y ha tomado forma y cuerpo a partir de los Padres de la Iglesia y de los grandes Doctores del Medioevo, constituyendo una doctrina en la cual, aun sin intervenciones explícitas y directas a nivel magisterial, la Iglesia se ha ido reconociendo progresivamente. (Pontificio Consejo Justicia y Paz. Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, n. 87, 26 de mayo de 2006)

  • Las circunstancias de incertidumbre no comportan aplicaciones prácticas

Las autoridades llamadas a tomar decisiones para hacer frente a los riesgos contra la salud y el medio ambiente, a menudo se encuentran ante situaciones en las que los datos científicos disponibles son contradictorios o cuantitativamente escasos: puede ser oportuno entonces hacer una valoración según el “principio de precaución”, que no comporta la aplicación de una regla, sino una orientación para gestionar situaciones de incertidumbre. […] Las circunstancias de incertidumbre y provisionalidad hacen especialmente importante la transparencia en el proceso de toma de decisiones. (Pontificio Consejo Justicia y Paz. Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, n. 469, 26 de mayo de 2006)

  • El fin del hombre trasciende el universo creado, pues es Dios mismo

La persona humana, en sí misma y en su vocación, trasciende el horizonte del universo creado, de la sociedad y de la historia: su fin último es Dios mismo, que se ha revelado a los hombres para invitarlos y admitirlos a la comunión con Él. (Pontificio Consejo Justicia y Paz. Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, n. 47, 26 de mayo de 2006)

  • Sin relación con Dios, la naturaleza pierde su significado profundo

La actitud que debe caracterizar al hombre ante la creación es esencialmente la de la gratitud y el reconocimiento: el mundo, en efecto, orienta hacia el misterio de Dios, que lo ha creado y lo sostiene. Si se coloca entre paréntesis la relación con Dios, la naturaleza pierde su significado profundo, se la empobrece. En cambio, si se contempla la naturaleza en su dimensión de criatura, se puede establecer con ella una relación comunicativa, captar su significado evocativo y simbólico y penetrar así en el horizonte del misterio, que abre al hombre el paso hacia Dios, Creador de los cielos y de la tierra. El mundo se presenta a la mirada del hombre como huella de Dios, lugar donde se revela su potencia creadora, providente y redentora. (Pontificio Consejo Justicia y Paz. Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, n. 487, 26 de mayo de 2006)

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