La Congregación del Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos…

… juzga la idea de Francisco de mundanidad dentro de la Iglesia

  • La piedad popular se deteriora cuando se debilitan en las conciencias los valores de la liturgia

La historia muestra, ante todo, que la relación entre liturgia y piedad popular se deteriora cuando en los fieles se debilita la conciencia de algunos valores esenciales de la misma liturgia. (Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos. Directorio sobre la piedad popular y la liturgia, n. 48, 13 de mayo de 2002)

  • La falta de estima por la liturgia disminuye la visión del misterio de Dios

La falta de estima, teórica o práctica, por la liturgia conduce inevitablemente a oscurecer la visión cristiana del misterio de Dios, que se inclina misericordiosamente sobre el hombre caído para acercarlo a sí, mediante la encarnación del Hijo y el don del Espíritu Santo; a no percibir el significado de la Historia de la salvación y la relación que existe entre la Antigua y la Nueva Alianza; a subestimar la Palabra de Dios, única Palabra que salva, de la cual se nutre y a la que se refiere continuamente la liturgia; a debilitar en el espíritu de los fieles la conciencia del valor de la obra de Cristo, Hijo de Dios e Hijo de la Virgen María, el solo Salvador y único Mediador (1 Tim 2, 5; Hech 4, 12); a perder el sensus Ecclesiae. (Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos. Directorio sobre la piedad popular y la liturgia, n. 56, 13 de mayo de 2002)

  • La liturgia es garantía de una correcta escala de valores para la piedad popular

La Palabra de Dios, contenida en la Sagrada Escritura, custodiada y propuesta por el Magisterio de la Iglesia, celebrada en la liturgia, es un instrumento privilegiado e insustituible de la acción del Espíritu en la vida cultual de los fieles. […] Pero “la lectura de la Sagrada Escritura debe estar acompañada de la oración, para que pueda realizarse el diálogo entre Dios y el hombre”; por lo tanto, es muy recomendable que las diversas formas con las que se expresa la piedad popular procuren, en general, que haya textos bíblicos, oportunamente elegidos y debidamente comentados. Para este fin ayudará el modelo que ofrecen las celebraciones litúrgicas, donde la Sagrada Escritura tiene un papel constitutivo, propuesta de maneras diversas, según los tipos de celebración. Sin embargo, como a las expresiones de la piedad popular se les reconoce una legítima variedad de forma y de organización, no es necesario que en ellas la disposición de las lecturas bíblicas sea un calco de las estructuras rituales con las que la liturgia proclama la Palabra de Dios. El modelo litúrgico constituirá, en cualquier caso, para la piedad popular, una especie de garantía de una correcta escala de valores […]. (Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos. Directorio sobre la piedad popular y la liturgia, n. 87-89, 13 de mayo de 2002)

… juzga la idea de Francisco de que dentro de otros cultos se obtienen beneficios espirituales y se da gloria a Dios

  • La piedad popular tiene su origen en el Espíritu Santo y en Cristo su punto de referencia

Según el Magisterio, la piedad popular es una realidad viva en la Iglesia y de la Iglesia: su fuente se encuentra en la presencia continua y activa del Espíritu de Dios en el organismo eclesial; su punto de referencia es el misterio de Cristo Salvador; su objetivo es la gloria de Dios y la salvación de los hombres; su ocasión histórica es el “feliz encuentro entre la obra de evangelización y la cultura”. Por eso el Magisterio ha expresado muchas veces su estima por la piedad popular y sus manifestaciones; ha llamado la atención a los que la ignoran, la descuidan o la desprecian, para que tengan una actitud más positiva ante ella y consideren sus valores; no ha dudado, finalmente, en presentarla como “un verdadero tesoro del pueblo de Dios”. (Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos. Directorio sobre la piedad popular y la liturgia, 13 de mayo de 2002, n. 61)

  • Manifestación del deseo de agradar a Dios, de reparar las ofensas y de hacer penitencia

La piedad popular tiene un sentido casi innato de lo sagrado y de lo trascendente. […] Los documentos del Magisterio ponen de relieve las actitudes interiores y algunas virtudes que la piedad popular valora particularmente, sugiere y alimenta: la paciencia, “la resignación cristiana ante las situaciones irremediables”; el abandono confiando en Dios; la capacidad de sufrir y de percibir el “sentido de la cruz en la vida cotidiana”; el deseo sincero de agradar al Señor, de reparar por las ofensas cometidas contra Él y de hacer penitencia; el desapego respecto a las cosas materiales; la solidaridad y la apertura a los otros, el “sentido de amistad, de caridad y de unión familiar”. (Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos. Directorio sobre la piedad popular y la liturgia, 13 de mayo de 2002, n. 61)

  • Realizadas por miembros vivos de la Iglesia, respetando la disciplina eclesiástica

Las formas auténticas de la piedad popular son también fruto del Espíritu Santo y se deben considerar como expresiones de la piedad de la Iglesia: porque son realizadas por los fieles que viven en comunión con la Iglesia, adheridos a su fe y respetando la disciplina eclesiástica del culto; porque no pocas de dichas expresiones han sido explícitamente aprobadas y recomendadas por la misma Iglesia. (Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos. Directorio sobre la piedad popular y la liturgia, n. 83, 13 de mayo de 2002)

… juzga la oración hecha por Francisco en el encuentro ecuménico e interreligioso de Sarajevo

  • La vida de oración del pueblo de Dios está en la persona de Cristo

Es evidente que la referencia esencial para la fe y la vida de oración del pueblo de Dios está en la persona y en la obra de Cristo: en él tenemos al Maestro de la verdad (cf. Mt 22, 16), al Testigo fiel (cf. Ap 1, 5), al Sumo Sacerdote (cf. He 4, 14), al Pastor de nuestras almas (cf. 1 P 2, 25), al Mediador único y perfecto (cf. 1 Tm 2, 5 He 8, 6 He 9, 15 He 12, 24): por medio de él el hombre va al Padre (cf. Jn 14, 6), asciende a Dios la alabanza y la súplica de la Iglesia y desciende sobre la humanidad todo don divino. (Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos. Directorio sobre la piedad popular y la liturgia, n. 77, 15 de noviembre de 2000)

  • En Cristo radica la dignidad de la oración cristiana

La oración, que se dirige a Dios, ha de establecer conexión con Cristo, Señor de todos los hombres y único Mediador, por quien tenemos el único acceso a Dios. Pues de tal manera él une a sí a toda la comunidad humana, que se establece una unión íntima entre la oración de Cristo y la de todo el género humano. Pues en Cristo y sólo en Cristo la religión del hombre alcanza su valor salvífico y su fin. […] En Cristo radica, por tanto, la dignidad de la oración cristiana, al participar ésta de la misma piedad para con el Padre y de la misma oración que el Unigénito expresó con palabras en su vida terrena y es continuada ahora incesantemente por la Iglesia y por sus miembros en representación de todo el género humano y para su salvación. (Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos. La Liturgia de las Horas u Oficio Divino, n. 6-7, 1 de noviembre de 1970)

… juzga las palabras de Francisco en su primera aparición pública

  • En el ministerio de la bendición hay una jerarquía: en presencia de un ministro ordenado, los laicos deben cederles la presidencia

El ministerio de la bendición está unido a un peculiar ejercicio del sacerdocio de Cristo y, según el lugar y el oficio propio de cada cual en el pueblo de Dios, se ejerce del modo siguiente:
a) Compete al Obispo principalmente presidir aquellas celebraciones que atañen a toda la comunidad diocesana y se hacen con particular solemnidad y gran concurrencia del pueblo […].
b) Compete a los presbíteros, como requiere la naturaleza de su servicio al pueblo de Dios, presidir las bendiciones […]; por tanto, pueden celebrar todas las bendiciones contenidas en este libro, con tal que no esté presente un Obispo que las presida.
c) Compete a los diáconos, […] en calidad de ministros de la palabra, del altar y de la caridad, presidir algunas celebraciones, como se indica en su lugar correspondiente. Pero siempre que está presente algún sacerdote, es mejor que se le ceda a él la presidencia […].
d) [Los] laicos, hombres y mujeres, por la eficacia del sacerdocio común, del que se han hecho partícipes por el bautismo y la confirmación, ya sea en virtud de su propio cargo (como padres con respecto a sus hijos), ya sea en virtud de un ministerio extraordinario, ya sea porque desempeñan una función peculiar en la Iglesia, […] pueden celebrar algunas bendiciones, con el rito y las fórmulas previstos para ellos, según se indica en cada una de las bendiciones.
Pero en presencia del sacerdote o del diácono, deben cederles a ellos la presidencia. (Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos. Bendicional, Orientaciones generales, n. 18. Comisión Episcopal de Liturgia. Bendicional, Ripollet (Barcelona), Coeditores Litúrgicos, 1986, p. 19-20)

… juzga la idea de pedir oraciones a no católicos y ateos que tiene Francisco

  • La dignidad de la oración cristiana se radica en Cristo

La oración, que se dirige a Dios, ha de establecer conexión con Cristo, Señor de todos los hombres y único Mediador, por quien tenemos el único acceso a Dios. Pues de tal manera él une a sí a toda la comunidad humana, que se establece una íntima unión entre la oración de Cristo y la de todo el género humano. Pues en Cristo y solo en Cristo la religión del hombre alcanza su valor salvífico y su fin. Una especial y estrechísima unión se da entre Cristo y aquellos hombres a los que él ha hecho miembros de su Cuerpo, la Iglesia, mediante el sacramento del Bautismo. Todas las riquezas del Hijo se difunden así de la cabeza a todo el cuerpo: la comunicación del Espíritu, la verdad, la vida y la participación de su filiación divina que se hacía patente en toda su oración mientras estaba en el mundo. También el sacerdocio de Cristo es participado por todo el cuerpo celestial, de tal forma que los bautizados, por la regeneración y la unción del Espíritu Santo, quedan consagrados como templo espiritual y sacerdocio sanioso y son depurados para el culto del Nuevo Testamento que brota no de nuestras energías, sino de los méritos y donación de Cristo. […] En Cristo radica, por tanto, la dignidad de la oración cristiana, al participar ésta de la misma piedad para con el Padre y de la misma oración que el Unigénito expresó con palabras en su vida terrena y es continuada ahora incesantemente por la Iglesia y por sus miembros en representación de todo el género humano y para su salvación. (Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos. Ordenación General de la Liturgia de las Horas, Importancia de la Liturgia de las Horas u Oficio Divino en la vida de la Iglesia, II, 6-7, 2 de febrero de 1971)

  • La oración cristiana no puede darse sin la acción del Espíritu Santo

La unidad de la Iglesia orante es realizada por el Espíritu Santo, que es el mismo en Cristo, en la totalidad de la Iglesia y en cada uno de los bautizados. El mismo “Espíritu viene en ayuda de nuestra flaqueza” y “aboga por nosotros con gemidos inefables” (Rm 8, Rm 26); siendo el Espíritu del Hijo, nos infunde “el espíritu de adopción, por el que clamamos: Abba, Padre” (Rm 8, 15; cf. Ga 4, 6; 1Co 12, 3; Ep 5, 18; Jud 1, 20). No puede darse, pues oración cristiana sin la acción del Espíritu Santo, el cual, realizando la unidad de la Iglesia nos, lleva al Padre por medio del Hijo. (Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos. Ordenación General de la Liturgia de las Horas, Importancia de la Liturgia de las Horas u Oficio Divino en la vida de la Iglesia, II, 8, 2 de febrero de 1971)

… juzga la idea de origen de los Salmos que tiene Francisco

  • Cristo está presente cuando la Iglesia suplica y canta Salmos

La obra de la redención de los hombres y de la perfecta glorificación de Dios es realizada por Cristo en el Espíritu Santo por medio de su Iglesia, no solo en la celebración de la Eucaristía y en la administración de los sacramentos, sino también con preferencia a los modos restantes, cuando se desarrolla la Liturgia de las Horas. En ella Cristo está presente en la asamblea congregada, en la Palabra de Dios que se proclama y “cuando la Iglesia suplica y canta Salmos”. (Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos. La Liturgia de las Horas u Oficio Divino, cap. III, n. 13, 1 de noviembre de 1970)

  • El Cuerpo de Cristo participa del honor de la Esposa de Cristo

En la Liturgia de las Horas la Iglesia, desempeñando la función sacerdotal de Cristo su Cabeza, ofrece a Dios, “sin interrupción”, el sacrificio de alabanza, es decir, la primicia de los labios que cantan su nombre. Esta oración es “la voz de la misma Esposa que habla al Esposo; mas aun: es la oración de Cristo, con su Cuerpo al Padre”. “Por tanto, todos aquellos que ejercen esta función, por una parte cumplen la obligación de la Iglesia y por otra participan del altísimo honor de la Esposa de Cristo, ya que, mientras alaban a Dios, están ante su trono en nombre de la Madre Iglesia.” (Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos. La Liturgia de las horas u oficio divino, cap. III, n. 15, 1 de noviembre de 1970)

  • Oración hecha por todo el cuerpo de la Iglesia

La Liturgia de las Horas, como las demás acciones litúrgicas, no es una acción privada, sino que pertenece a todo el cuerpo de la Iglesia, lo manifiesta e influye en él. Su celebración eclesial alcanza el mayor esplendor, y por lo mismo es recomendable en grado sumo, cuando con su obispo, rodeado de los presbíteros y ministros, la realiza una Iglesia particular, en que verdaderamente esta y obra la Iglesia de Cristo, que es una, santa, católica y apostólica. (Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos. La Liturgia de las Horas u Oficio Divino, cap. IV, n. 21, 1 de noviembre de 1970)

  • La fe se alimenta no sólo de las palabras de los Salmos sino también del espíritu de la Iglesia presente en ellos

No solo cuando se lee lo que “fue escrito para nuestra enseñanza” (Rm 15, 4), sino también cuando la Iglesia ora y canta, se alimenta la fe de cuantos participan y las mentes se dirigen a Dios presentándole la ofrenda espiritual y recibiendo de él su gracia con mayor abundancia. (Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos. La Liturgia de las Horas u Oficio Divino, cap. III, n. 14, 1 de noviembre de 1970)

  • Congregados en una misma Iglesia y asociados al himno celestial

Con la alabanza que a Dios se ofrece en las Horas, la Iglesia canta asociándose al himno de alabanza que perpetuamente resuena en las moradas celestiales; y siente ya el sabor de aquella alabanza celestial que resuena de continuo ante el trono de Dios y del Cordero, como Juan la describe en el Apocalipsis. Porque la estrecha unión que se da entre nosotros y la Iglesia celestial, se lleva a cabo cuando “celebramos juntos, con fraterna alegría, la alabanza de la Divina Majestad, y todos los redimidos por la sangre de Cristo de toda tribu, lengua, pueblo y nación (Ap 5,9), congregados en una misma Iglesia, ensalzamos con un mismo cántico de alabanza al Dios Uno y Trino.” (Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos. La Liturgia de las Horas u Oficio Divino, cap. III, n. 16, 1 de noviembre de 1970)

… juzga la idea de que todos se salvan que tiene Francisco

  • Todos fueron redimidos pero no todos acceden a la redención

La sangre de Cristo “redime a todos” pero no todos acceden esta redención.
La expresión “por muchos”, mientras que se mantiene abierta a la inclusión de cada persona humana, refleja también el hecho que esta salvación no ocurre en una forma mecánica sin la participación o voluntad propia de cada persona; más bien, se invita al creyente a aceptar en la fe el don que se ofrece y a recibir la vida sobrenatural que se da a aquellos que participan en este misterio y a vivir así su vida para que sean contados entre los “por muchos”, a quienes se refiere el texto. (Carta del Cardenal Francis Arinze sobre la traducción del “pro multis”, 17 de octubre de 2006)

… juzga la idea de hacer el bien que tiene Francisco

  • Todos fueron redimidos pero no todos acceden a la redención

La sangre de Cristo “redime a todos” pero no todos acceden esta redención.
La expresión “por muchos”, mientras que se mantiene abierta a la inclusión de cada persona humana, refleja también el hecho que esta salvación no ocurre en una forma mecánica sin la participación o voluntad propia de cada persona; más bien, se invita al creyente a aceptar en la fe el don que se ofrece y a recibir la vida sobrenatural que se da a aquellos que participan en este misterio y a vivir así su vida para que sean contados entre los “por muchos”, a quienes se refiere el texto. (Carta del Cardenal Francis Arinze sobre la traducción del “pro multis”, del 17 de octubre de 2006)