Atenágoras de Atenas…

… juzga el modo de reformar la Iglesia que defiende Francisco

  • Los que no rechazan la prostitución deshonran la belleza hecha por Dios

Los que no rechazan la prostitución masculina, cometiendo varones con varones actos torpes; los que ultrajan de mil modos los cuerpos más respetables y más hermosos, deshonrando la belleza hecha por Dios —pues la belleza no nace espontáneamente de la tierra, sino que es producida por la mano y el designio de Dios—; que nos acusan de actos que tienen (en su misma) conciencia, que afirman también ser (las acciones) de sus propios dioses, que se ufanan como si se tratara de cosas augustas y dignas de los dioses. Son ellos los que nos acusan a nosotros, los adúlteros y pederastas insultando a los célibes y monógamos; ellos que viven a modo de peces —pues éstos devoran todo lo que cae en su boca, dando caza el más fuerte al más débil. Esto sí que es alimentarse de carnes humanas, y que, habiendo leyes establecidas, que sus antecesores instituyeron tras maduro examen para toda justicia, se violenta contra ellas a los hombres, de suerte que no bastan los gobernadores por ustedes mandados para llevar adelante los procesos. (Atenágoras de Atenas. La súplica a propósito de los cristianos, n. 34)

… juzga la idea de que el Papa no debe juzgar que tiene Francisco

  • Los que pecan deshonran la belleza hecha por Dios

Los que no rechazan la prostitución masculina, cometiendo varones con varones actos torpes; los que ultrajan de mil modos los cuerpos más respetables y más hermosos, deshonrando la belleza hecha por Dios ―pues la belleza no nace espontáneamente de la tierra, sino que es producida por la mano y el designio de Dios―; que nos acusan de actos que tienen (en su misma) conciencia, que afirman también ser (las acciones) de sus propios dioses, que se ufanan como si se tratara de cosas augustas y dignas de los dioses. Son ellos los que nos acusan a nosotros, los adúlteros y pederastas insultando a los célibes y monógamos; ellos que viven a modo de peces ―pues éstos devoran todo lo que cae en su boca, dando caza el más fuerte al más débil. Esto sí que es alimentarse de carnes humanas, y que, habiendo leyes establecidas, que sus antecesores instituyeron tras maduro examen para toda justicia, se violenta contra ellas a los hombres, de suerte que no bastan los gobernadores por ustedes mandados para llevar adelante los procesos. (Atenágoras de Atenas. La súplica a propósito de los cristianos, 34: PG 6, 967)

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